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    Cineclub: El reno blanco (1952)

    Valkoinen peura

    La bruja vampiro de las nieves

    El reno blanco (Valkoinen peura, Erik Blomberg, Finlandia, 1952).

    Con el fondo de unas hermosas imágenes de paisajes helados de Laponia, en concreto de la parte de esta región que corresponde a Finlandia, una voz en off entona una nana que nos cuenta el nacimiento de una niña, una joven salvaje, entre la nieve como una cría de reno. Una hipnótica música acompaña el relato y el conjunto adquiere el tono de las leyendas, de los cuentos antiguos narrados al calor de una hoguera mientras fuera del círculo de su calor el viento aúlla frío y despiadado. La fúnebre melodía dará fin con la madre de la niña luchando en una tormenta invernal por llevar a su hija nacida en lo más agreste del horizonte congelado a un lugar seguro, a una choza de nativos que la acogerán mientras la madre muere. La canción nos sirve de introducción a la trama que se desarrollará posteriormente: la joven protagonista, Pirita, sacrificará un reno blanco para ser como él, para correr libre por la montaña nevada como demanda su naturaleza, pero también buscando despertar el deseo sexual de un marido tan cariñoso y afable en su trato como frío a la hora de corresponder a su pasión. Un rito ancestral que también es un encantamiento de amor que acabará afectando a todos los hombres. No hay poder adquirido a través de la magia que no conlleve su peligro y su riesgo. Pirita, una vez casada, recurrirá a un hechicero que le indicará cómo proceder para obtener este poder no humano, pero despertará la maldición intrínseca a su transformación. Pirita atraerá a los hombres, que no podrán resistir su hechizo, pero perseguir al reno, desear a la mujer que los empuja a correr tras ella, los llevará a la muerte. El paso a la madurez, como en los cuentos tradicionales, siempre va ligado a la aparición del mal, simbología aquí del deseo femenino que debe ser reprimido por una sociedad regida por hombres. Pirita resume en sí lo que para ellos sería la tentación y el pecado que deben ser castigados, pero también es la liberación del yugo impuesto por lo masculino, la lucha por una libertad real que deviene metáfora en la forma de ese reno salvaje fruto de la teriantropía, de Pirita y su capacidad de convertirse en el níveo animal. El mito del hombre lobo trasladado a una joven que, como bruja que es por mor de su encantamiento, también devendrá vampiro en su forma maligna, aquella que no puede controlar y que anhela la destrucción de quienes reprimen su condición femenina.

    El reno blanco (Valkoinen peura, dirigida en 1952 por Erik Blomberg), tras su apertura en tono casi místico en su conjunción de cuento infantil y leyenda mítica, pasa enseguida al presente, a una luminosa carrera de renos donde se nos mostrará a la pareja protagonista, a Pirita (interpretada con una fuerza e intensidad sobrenaturales por Mirjami Kuosmanen, coautora del guion junto al director), la joven nacida entre la nieve, y a Aslak, el joven que la enamorará. En dicha carrera solo participarán hombres con la excepción de Pirita, que pronto demostrará ser capaz de derrotarlos a todos salvo a su amado, que la atrapará al final de la competición, cazándola como si fuera un animal, espetándole que un reno es rápido pero un lobo lo es más. Lo femenino debe ser sometido por ley natural a lo masculino porque así está escrito. Es también una alusión al origen de la joven que anticipa su relación posterior, en principio feliz. Blomberg rueda la trepidante carrera imponiendo un ritmo frenético a la secuencia gracias a su excelente montaje, del cual también es responsable, alternando en su realización planos fijos generales con electrizantes planos en movimiento siguiendo los percances, adelantamientos y caídas de los participantes, a la vez que sus exultantes rostros excitados por la velocidad y la rivalidad. Los jóvenes están destinados a casarse, y llega la boda plena de felicidad y buenos augurios. Planos de belleza idílica se apoderan del metraje. Blomberg había dirigido solo documentales hasta entonces y demuestra su querencia por este género en sus cuidadas y hermosas panorámicas por los prístinos y subyugantes paisajes. El mismo Blomberg firmaría también la fotografía, labor que había realizado con anterioridad, por ejemplo en la magnífica La muerte robada (Varastettu kuolema, dirigida por Nyrki Tapiovaara en 1938, en la cual Blomberg también se encargaría del montaje junto al propio Tapiovaara) [CRÍTICA], y que seguiría ejerciendo después de El reno blanco. Pero el venturoso matrimonio pronto será nido de infelicidad para Pirita al no ver colmado su deseo. Acudirá al hechicero Tsalkku-Nilla en busca de una poción de amor, y este le explicará que para que sea efectivo debe sacrificar al primer animal vivo que encuentre a su regreso a casa: de esta forma ningún hombre podrá resistirse a ella, un súcubo. Porque esta otra boda es con el mal y en eso se transformará. Pirita sacrificará así en un altar olvidado al pequeño reno blanco que le ha regalado su marido culminando de esta forma sus nupcias con lo maligno, con lo prohibido, con su libertad.

    Valkoinen peura

    «Una película poderosa y atípica, donde lo fantástico se muestra con toda esa carga que bebe de los cuentos tradicionales y de la herencia europea del relato de terror. Una pequeña joya que sabe abrir la puerta del horror sin ceder nunca a dejar de mostrarnos la belleza del mismo». 


    En la visión patriarcal si la mujer libera su deseo y deja atrás la represión, por fuerza debe ser causa de la maldad intrínseca a su género si no se aviene a obedecer al hombre. El tono verista en la realización de Blomberg, apoyado como se ha indicado en su trabajo como documentalista, lleva a que cuando haga aparición lo fantástico y lo extraño resulte más fulminante, más poderoso al inflamarse sus imágenes de un aire alucinatorio potenciado por una fotografía de marcado carácter expresionista e irreal. Violenta el cuadro impactando y aterrando al espectador. El plano panorámico a cámara lenta siguiendo la carrera de Pirita huyendo entre la nieve es al tiempo uno de los más hermosos y extraños de la película, la bruja escapando de los hombres del pueblo que la persiguen. Un ritmo pausado y contemplativo en la narración solo roto en la carrera de renos inicial y en las breves pero vibrantes escenas más terroríficas, en especial en aquellas en las que Pirita mostrará su rostro más diabólico: el de la bruja transformada en vampiro, el epítome del mal. En la dualidad que suponen la belleza del reno blanco y el monstruoso vampiro reside la verdadera naturaleza de Pirita, el bien y el mal exacerbados por el acoso y la represión ejercida por los miembros masculinos de la tribu. Es así El reno blanco una película poderosa y atípica, donde lo fantástico se muestra con toda esa carga que bebe de los cuentos tradicionales y de la herencia europea del relato de terror. Una pequeña joya que sabe abrir la puerta del horror sin ceder nunca a dejar de mostrarnos la belleza del mismo.


    José Luis Forte
    © Revista EAM / Cáceres


    Ficha técnica
    Finlandia, 1952. Título original: Valkoinen peura. Director: Erik Blomberg. Guion: Erik Blomberg y Mirjami Kuosmanen. Productora: Junior-Filmi. Productor: Aarne Tarkas. Estreno: 27 de julio de 1952. Fotografía: Erik Blomberg. Música: Einar Englund. Montaje: Erik Blomberg. Dirección artística: Osmo Osva. Intérpretes: Mirjami Kuosmanen, Kalervo Nissilä, Åke Lindman, Jouni Tapiola, Arvo Lehesmaa, Tyyne Haarla, Pentti Irjala, Edvin Kajanne, Osmo Osva, Aarne Tarkas, Inke Tarkas. PÓSTER de EL RENO BLANCO: LINK.

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