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  • Malas calles.
    «Good Time», de los hermanos Safdie.

    Down by Earth.
    «Song to Song», de Terrence Malick.

    Dos ventanas al vacío.
    «A Ghost Story», de David Lowery.

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    «Dunkerque», de Christopher Nolan.

    Sensualidad praxiteliana.
    «Call me by your name», de Luca Guadagnino (Próximamente).

    Crítica | Brothers de Robert Eggers

    Brothers

    Estados Unidos, 2013-2015. Dirección: Robert Eggers. Guion: Robert Eggers. Productores: Jodi Redmond. Fotografia: Jarin Blashke. Montaje: Louise Ford. Productores ejecutivos: Lay Van Joy, Lauren Haber, Lars Knudsen. Dirección artística: Edward Langlois. Reparto: Ethan Sailor, Griffin Fox Smith, Beth Brown. Duración: 10:40 minutos.

    Todas las familias felices son iguales; las desdichadas, sin embargo lo son cada una a su manera. Estas palabras, que precipitaban el inicio de la obra maestra del ruso León Tolstói, han expresado con una clarividencia sin precedentes cuán honda y poliédrica es la atmósfera de las relaciones humanas. Así lo ha intentado también el Cine desde sus orígenes, pues, al fin y al cabo, no es otra cosa que un instrumento para la expresión de las inquietudes sobre la existencia, la vida y la finitud. Si todas las familias infelices son particulares y ricas en matices, nos encontramos con que uno de los aspectos importantes para la construcción de una obra de arte es la presencia de un conflicto. El conflicto dinamiza el desarrollo de los acontecimientos narrados y fractura un discurso que, de otro modo, estaría lastrado por el terrible pecado de lo predecible. El director estadounidense Robert Eggers es un caso muy particular dentro de la cinematografía internacional actual. Ha decidido adentrarse en el terreno de lo fantástico, la fábula y la literatura de terror desde su primer cortometraje, una adaptación de la archiconocida Hansel y Gretel; y, sin embargo, no ha caído en la siempre tentadora posibilidad del delirio audiovisual, la pirotecnia o el “gore”. Ha sabido implementar con solvencia la carga metaliteraria de la fábula tradicional para dotarla de una inusitada humanidad —algo que, por cierto, formaba parte de la intencionalidad original de los hermanos Grimm, por mucho que le pese a la factoría Disney—. Si ya lo ha demostrado exitosamente con su ópera prima en el terreno del largometraje con la impecable La bruja (2015), conviene hacer una pequeña regresión para hallar cuáles fueron las etapas de su proceso intelectual.

    Unos meses atrás, Eggers estrenaba un cortometraje aparentemente modesto, pero cargado de una incuestionable brillantez. Brothers, en sus casi once minutos de duración, contiene ya todos y cada uno de los elementos aplaudidos en su primera incursión en el largo formato. Esta es una historia, digamos, sencilla, que parte del conflicto. Comienza dentro de este, inclusive a pesar del propio espectador, quien se encuentra con un prólogo críptico en el que dos hermanos, prácticamente idénticos pero separados por un par de años de edad, se golpean el uno al otro, en una suerte de ritual de iniciación. Si la violencia abre el filme, es correcto suponer que esta es una de las señas de identidad que giran alrededor. El paisaje enunciado guarda un fuerte parecido con el de La bruja. En este caso nos encontramos ante una comunidad rural, ganadera, en el presente. El entorno enrarecido, empero, persiste. He aquí uno de los múltiples aciertos de su director: consigue crear un espacio claustrofóbico a cielo abierto. Los dos hermanos —que, repetimos, son casi la misma persona, en términos metacinematográficos— conviven bajo la mano firme de una autoridad materna que no disimula la predilección por el más pequeño. La brutalidad contenida se palpa en cada plano. Los jóvenes parecen ser víctimas de una educación de la crueldad, y cada elemento ofrece un aparato simbólico que apunta hacia el fratricidio, el cainismo. La magnífica mano del director de fotografía Jarin Blaschke obra el milagro de la contención. Y cuando aparece el arma de fuego, nos encontramos con una extensión natural de la mano. He aquí lo maravilloso que encierra este excelente cortometraje, dado que, al igual que la poesía, se basa en la síntesis sin renunciar a un ápice de contenido. La catarsis llega con la sangre y la culpa, como consecuencias de un sustrato contaminado por la desestructuración, la desdicha familiar. Cada uno de los minutos de Brothers exhibe el enorme talento de su director.

    ★★

    El fulgor efímero

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