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    Entrevista: Éric Besnard, director de Pastel de pera con lavanda

    Éric Besnard

    «Yo quería mostrar a dos personas que salen de su soledad para ir el uno hacia el otro. Lo que sí que tiene que ver con un cuento es que nosotros, como espectadores, superemos nuestros propios prejuicios para poder entender ese sentido de la película».


    El próximo día 29 de julio se estrena en España Pastel de pera con lavanda, una fábula romántica con detalles reales en torno a Louise, una mujer viuda que debe encargarse del negocio de su marido, y Pierre, un hombre con Síndrome de Asperger. El director y guionista Éric Bernard estuvo en Madrid para presentarla, y nos desgranó algunos de los detalles de esta historia sencilla pero cargada de profundos sentimientos.

    Al final de la película se nos dice que está “basada en un cuento de hadas real…”

    Se trata de un juego de palabras que quizás no se entienda traducido al español: cuando en francés decía que estaba inspirada en un “fée” real, me refería, por un lado, a un “conte de fées”, es decir, efectivamente un cuento de hadas, pero también literalmente, quería decir que estaba basada en un hada (fée) real. Esto se debe a que, para empezar, quería darle la vuelta a algo de lo que estoy harto, que son todos esos carteles que dicen “Inspirado en un hecho real”, como si fuese una garantía de calidad. Y, por otro lado, con ello también quería hacer un homenaje a mi “hada”, que es mi pareja. Ella es psicoanalista y me ha ayudado mucho en la preparación de la documentación de la película, presentándome a gente con problemas como autismo, etc.

    Quizás es por ese asesoramiento de su pareja por lo que este sea uno de los poco trabajos de ficción en los últimos tiempos en los que se trata el Síndrome de Asperger de una manera más seria, sin buscar que los síntomas provoquen momentos cómicos… 

    No quería que fuera una comedia, sino una historia de amor. Soy consciente de que una persona que siempre dice la verdad puede dar lugar a situaciones cómicas, pero como es una película que va fundamentalmente sobre la tolerancia, no quería para nada caricaturizar al personaje de Pierre. Para no provocar molestias, mostré antes la película a personas que saben sobre este tema.

    Ya que hablamos de que se trata fundamentalmente de una historia de amor, en ella encontramos aspectos del romanticismo trágico clásico (una relación casi imposible) con otros de fábula, como comentábamos al principio. ¿Cómo compaginó ambas cosas? 

    Aunque parto de la base de que toda historia de amor es un cuento de hadas, esta no lo es. Lo hubiese sido si al final se abrazaran, se besaran y se fueran juntos. Yo quería mostrar a dos personas que salen de su soledad para ir el uno hacia el otro. Lo que sí que tiene que ver con un cuento es que nosotros, como espectadores, superemos nuestros propios prejuicios para poder entender ese sentido de la película.

    El paisaje y la naturaleza tienen una importancia fundamental en el filme, como si fuese un protagonista más. Incluso parece que los personajes sufren revelaciones mientras pasean por el campo. ¿Qué quería transmitir con ello? ¿Es fundamental que la historia se desarrolle en la Provenza?

    Quería mostrar a un hombre que tuviera la facultad de maravillarse ante lo real, encontrar la belleza en cada cosa. Es algo que se puede descubrir, lo que hay que tener es tiempo para hacerlo, y tiempo es precisamente lo que tiene Pierre. Como se trata de que nosotros descubramos su mirada hacia las cosas, hacía falta mostrarlo. Podría haberlo hecho en muchos lugares, no tiene por qué ser concretamente la Provenza. Incluso en la ciudad seguramente hubiese tenido muchas posibilidades, pero haciéndolo en el campo le daba un “plus” a esta idea.

    Sorprende también el ritmo de la película, que comienza con el encuentro muy inmediato de los dos protagonistas, pero luego se va calmando… 

    Louise en un personaje que siempre está corriendo contra el tiempo. Tiene problemas materiales: el trabajo, los hijos, si llega a fin de mes… Pero se encuentra a Pierre, y con él aprende a ralentizarse, porque él sabe dilatar el tiempo para poder contemplar alrededor, como decíamos antes.

    Hay un tema en la película que parece secundario pero acaba adquiriendo importancia, que es el de que Pierre sea un hacker informático. ¿Qué le aportaba? 

    Incluí ese tema por dos razones: la primera, es que muchas personas que sufren autismo o Asperger se interesan por la informática, debido a su fuerte espíritu matemático generado por esa capacidad de concentración, que les hace centrarse sin distraerse en aquello que les obsesiona. Y, además, les cuesta mucho mirar a la gente, así que la informática permite el contacto sin tener que mirar. Y lo segundo, es porque Pierre, que parece algo discapacitado al principio, poco a poco se convierte en una especie de superhéroe, y el hecho de que sea un hacker añade un punto más a sus destrezas y competencias.

    Con respecto a los dos protagonistas, nos encontramos con una actriz de cine muy conocida como Virginie Efira (acabamos de verla también en nuestras pantallas con Un hombre de altura), y con un actor teatral de la Comedie Française, Benjamin Lavernhe. ¿Fue complicado el trabajo con ambos viniendo de campos diferentes? 

    No, al contrario. Lo más agradable fue la admiración que tenían el uno por el otro, conociendo sus diferencias: él era un joven actor ante una estrella del cine francés, y ella veía la capacidad de trabajo y las posibilidades de este actor de la Comedie Française. Y yo supe aprovechar esa energía y química que provocaban.

    Feelmakers

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