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    Crítica: La clase de esgrima

    Miekkailija

    Floretes contra la opresión

    crítica de La clase de esgrima (Miekkailija, Klaus Härö, Finlandia, 2015).

    Es innegable el reconocimiento artístico del que goza el realizador finés Klaus Härö más allá de las fronteras de su país, con una escueta filmografía formada, hasta el momento, por cinco largometrajes –de los cuales, cuatro de ellos fueron seleccionados por Finlandia como representantes para competir en la categoría de Mejor Película de habla no inglesa en los Oscar–. El conjunto de su obra ha cosechado más de sesenta premios en su paso por los festivales más prestigiosos del mundo –entre ellos, el de Berlín, donde ganó el Oso de Cristal con su ópera prima Elina: As If I Wasn´t There (2002), cinta que también le reportó el premio Ingmar Bergman de los Guldbagge Awards suecos, convirtiéndole en el primer cineasta extranjero que lo ha ganado– y ha contribuido con su notable acogida por parte de crítica y público a acercar la filmografía finlandesa a todos los rincones del globo. Tras siete años de silencio desde su último trabajo estrenado, Cartas al padre Jacob (2009), Härö vuelve a cosechar parabienes con su nueva propuesta La clase de esgrima (2015), filme de corte histórico y basado en hechos reales que acumula todos los ingredientes para convertirse en una de las cintas europeas con mayor aceptación internacional del año. Una buena demostración de su buena sintonía con los académicos de Hollywood fue su nominación al Globo de Oro a la Mejor Película Extranjera, quedándose a un paso de figurar también en la terna de las cinco nominadas al Óscar.

    La clase de esgrima nos transporta a la Estonia de 1950, una vez acabada la Segunda Guerra Mundial, a través de la dramática vivencia de Endel Nelis, el que fuera maestro fundador de una de las escuelas de esgrima más importantes del mundo. Huyendo de su pasado –se vio obligado, como muchos jóvenes de su edad, a colaborar con el ejército alemán, por lo que ahora, una vez acabado el conflicto, es perseguido por la policía secreta de Stalin–, Nelis deja atrás Leningrado para comenzar a trabajar, bajo una falsa identidad, como profesor de un colegio de la ciudad de Haapsalu, donde se le encomienda la educación deportiva. Es así como, de manera un tanto casual, comienza a dar clases de esgrima a un grupo de niños que, en la mayoría de los casos, han perdido a sus padres, víctimas de los horrores de la guerra o del opresivo gobierno de Stalin al frente de la Unión Soviética. El entusiasmo con el que los pequeños reciben a este nuevo docente, convertido casi en una figura paterna para todos ellos, que les enseña valores como el individualismo y la capacidad de superación en unos tiempos en los que los ciudadanos apenas tenían derecho a opinar con libertad, choca rápidamente con el autoritarismo del director del centro, fiel al patriotismo hacia la dictadura comunista soviética. Sus recelos le empujan a indagar sobre quién es en verdad ese maestro que ha traído aires renovados a su mundo, haciendo que el cerco sobre Nelis comience a estrecharse y éste se tenga que debatir entre huir para preservar su libertad (y, tal vez, su vida) o quedarse al lado de esos jóvenes discípulos en los que ha despertado la esperanza en un futuro mejor. Estamos, como puede adivinarse, ante uno de esos dramas sobre educación y enseñanza que tanto suelen calar entre la audiencia, protagonizados por aguerridos profesores que se enfrentan a todo tipo de adversidades, con tal de conservar intactas sus convicciones y manera de pensar y, siendo, en la mayoría de los casos, demasiado “modernos” o contestatarios, suelen gozar del cariño de los estudiantes y el rechazo por parte de las directivas de los centros.

    Miekkailija

    «La clase de esgrima es una película interesante y de visionado fácil a la que pocos defectos importantes se le pueden achacar, pero que tampoco posee la profundidad o un tono algo más tenebroso que, sin duda, le habrían conferido una trascendencia (y excelencia) superior».


    Viendo la cinta de Härö resulta imposible que no vengan a nuestra memoria otros títulos célebres del subgénero tales como Adiós, Mr. Chips (Sam Wood, 1939), El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989), Los chicos del coro (Christophe Barratier, 2004) –obra con la que guarda muchos paralelismos, cambiando la práctica de la esgrima por las clases de canto como elemento desestabilizador dentro de un entorno prohibitivo–, o, incluso, nuestra magnífica La lengua de las mariposas (José Luis Cuerda, 1999), donde el bondadoso maestro encarnado por Fernando Fernán Gómez también era perseguido por su ideología política. La clase de esgrima no aporta nada excesivamente novedoso o rompedor a lo que todas ellas ofrecieron en su día. Es más, el guion de Anna Heinämaa cae en todos y cada uno de los tópicos mil veces empleados –el ablandamiento del inicial carácter arisco de Nelis desde que toma contacto con sus alumnos; la previsible trama romántica con una compañera de docencia que parece estar con la única intención de rellenar un metraje que, con dificultad, sobrepasa los 90 minutos; el torneo final, rodado con emoción y sentido del espectáculo, en el que el modesto equipo de Nelis parte como caballo perdedor pero termina creciéndose ante la adversidad–, pese a que la elegante dirección de Härö, ayudado por una gélida fotografía de Tuomo Hutri, consigue camuflar sus debilidades con eficacia. Märt Avandi ofrece una excelente composición como el heroico profesor, bien acompañado por un grupo de actores infantiles elegidos con esmero –Liisa Koppel como la angelical Marta, es todo un descubrimiento–, pero, sobre todo, merece la pena reencontrarnos con el veterano Lembit Ufsak, inolvidable protagonista de Mandarinas (Zaza Urushade, 2013), en un papel pequeño pero cargado de humanidad. Nunca está de más echar la vista atrás hacia un periodo de la Historia en que la sociedad vivía en continuo miedo a actuar con libertad, sometida por regímenes dictatoriales que coartaban sus ideas, y más si la contención habitual del cine nórdico contribuye para que nos encontremos ante un filme emotivo y sensible, pero que en ningún instante cae en lo lacrimógeno o sentimentaloide. En definitiva, La clase de esgrima es una película interesante y de visionado fácil a la que pocos defectos importantes se le pueden achacar, pero que tampoco posee la profundidad o un tono algo más tenebroso que, sin duda, le habrían conferido una trascendencia (y excelencia) superior. | ★★★ |


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Finlandia. 2015. Título original: Miekkailija. Director: Klaus Härö. Guion: Anna Heinämaa. Productores: Kaarle Aho, Kai Nordberg. Productoras: Coproducción Finlandia-Estonia-Alemania; Making Movies Oy / Allflm / Kick Film. Premios: Nominada al Globo de Oro a Mejor película de habla no inglesa. Fotografía: Tuomo Hutri. Música: Gert Wilden Jr. Montaje: Ueli Christen, Tambet Tasuja. Vestuario: Tiina Kaukanen. Reparto: Märt Avandi, Ursula Ratasepp, Lembit Ufsak, Liisa Koppel, Joonas Koff, Kirill Käro, Kai Nordberg, Egert Kadastu.

    Póster: La clase de esgrima
    El fulgor efímero

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