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    Crítica | From the diary of a wedding photographer, de Nadav Lapid

    From the diary of a wedding photographer

    El matrimonio es una lápida

    crítica de From the diary of a wedding photographer (Myomano shel tzalam hatonot, Nadav Lapid, Israel, 2016).

    Entre una generación de cineastas israelíes dispuestos a cuestionar todo aquello que se nos presenta como arquetipos de una sociedad compleja y conservadora, asfixiada por la influencia de la ortodoxia religiosa judía y el odio irracional de la mayoría musulmana de sus países vecinos, y no amigos, el cine de Nadav Lapid sobresale y va alcanzando una solidez y profundidad que se intuía desde la primera película que fue posible ver en España en plataformas digitales, Policeman; que se presagiaba con La profesora de parvulario, y que se consolida con esta pieza, 40 minutos que nos negamos a llamar mediometraje, From the diary of a wedding photographer. Una cinta cuya escasa duración no está exenta de complejidad, riesgo, contenido y forma. No siendo Lapid un cineasta dado a explicar discursivamente sus intenciones en sus trabajos, dejando que la acción explique por sí sola con sus imágenes el sentido de sus obras, sin necesidad de largos párrafos aclaratorios, este diario filmado de un fotógrafo que no sabe de fotografía y que se enamora de las novias de las bodas en las que trabaja, es un bofetón de derechas y del revés a la institución matrimonial y, de paso, a la tradición judía, no tan separada de la católica en este caso.

    Los primeros minutos son toda una declaración de cómo uno filma o fotografía enlaces como podría dedicarse a vender perritos calientes. Si a quien rueda películas se le suponen unos estudios de cinematografía, y a un fotógrafo conocimientos en objetivos, iluminación, encuadres… el protagonista de nuestra película, «Y», nos muestra su primer vídeo de boda: algo feo, mareante, desenfocado, como si hubiera sido hecho por uno de los invitados borrachos. El protagonista de Lapid busca seducir con la cámara a través de las más bellas de las mujeres, las novias, en contraposición a sus parteneres, los futuros maridos, a quienes ridiculiza o provoca en uno y otro sentido con un propósito: hacerles pensar si merece la pena lo que están haciendo, si realmente existe ese amor que se están cansando de proclamar; si no será más cierto que el matrimonio, al final, no resulta más que una lápida en sus vidas, el fín de la libertad, someterse a la tradición, asumir que sus acciones vienen constreñidas por los antepasados, por la familia, por la religión, en definitiva, como dice uno de los personajes, por ser “judío” (en este caso ser católico sería equivalente). Los personajes asumen un compromiso en el que ese fotógrafo advierte más miedo que deseo, más necesidad de demostrar a los demás que pueden hacer lo que, generaciones y generaciones, hicieron antes, que replantearse hacia dónde van sus vidas. Que las novias escapen, que pidan ser agredidas para demostrar que no hay nada que las conecte a sus parejas, que se rompan los votos mientras se realiza el reportaje fotográfico, es un acto de libertad último y esencial para que esa sociedad cambie, aunque el agente provocador sea nuestro fotógrafo, quien con su objetivo descubre la verdad a quien no quiere ver. Hacer que las novias lloren, que cubran con el velo su rostro y el del fotógrafo buscando una intimidad forzada, que besen con ansia a un tercero, provocando la violencia de los novios para hacerles ver el error inminente, refleja que las estampas y vídeos de esta persona interpuesta buscan el alma de los recién casados borrando todo lo demás. Es así como pueden descubrir la fragilidad y la mentira en la que han iniciado su vida en común.

    Aun predominando los primeros planos, Lapid no desdeña apartar la cámara y distanciarse de la escena, otorgando aire a un espectador convertido en contrayente empático. Sabemos desde el inicio, justo después de que le pida a quien puede ser su hijo (no mayor que el protagonista de La profesora del parvulario) que le prepare en la cámara dos tarjetas de memoria, que hay una conexión entre la mujer que aparece en su apartamento y la novia que, semidesnuda, empieza a colocarse su vestido blanco delante de él, algo que se confirmará definitivamente en la conclusión, aunque hasta entonces sólo habremos visto una espalda desnuda y un cuerpo sin cabeza que se abraza con el fotógrafo. Mientras, en el uso de la imagen, nos acercamos tanto a esos novios que nos asfixiamos. Tan cerca de ellos que podríamos sentirnos el interpelado y, al tiempo, padecer sus mismas dudas, sus interrogantes: “No quiero casarme, ayúdame”. A fuerza de respirar encima de ellos participamos, como hace «Y» del más mínimo contacto, la más mínima renuncia, el más leve reproche, la mirada más alejada del momento. Lapid, en breves retazos, no elude mezclar lo matrimonial con lo político: «no enfoques a la mezquita», «soy judío», «mi familia»; la rabia de los personajes por su presente es la rabia de un país en la encrucijada de liberarse de sus símbolos o permanecer atado a los mismos, evolución, modernidad, frente a matrimonio, religión. «Y» existe para subvertir el orden establecido y fomentar la libertad de unas mujeres obligadas a asumir un papel que no quieren. En el relato de ese día de reportajes, el fotógrafo va desgranando recuerdos de bodas pasadas de ese mismo año, donde no hubo un momento en que la novia quedara libre, un catálogo de experiencias personales fallidas donde no pudo impedir ni plantear, ni tan siquiera a su propia hermana, el error de someterse a una institución represiva. Mientras repasa las últimas ceremonias, hace que los novios posen de la manera ridícula y vergonzante que todos vemos una y otra vez en nuestra experiencia personal, en paisajes «idílicos», en actitudes «románticas», en escenas que, en el momento de una ruptura futura serán las primeras en ser destruidas. En las bodas todo se vuelve artificioso y mecánico, fruto de modas y costumbres en las que puede más el entorno que el individuo. La pregunta clave del filme es sintomática: «¿Cancelamos?». Pero, no lo duden, esas novias no van a quedarse sin «noche de bodas», aunque sea una noche contracorriente y basada en el deseo, alejada de la tradición, liberadas de yugos patriarcales para soltar lastre. En el fondo From the diary of a wedding photographer es una de las películas más reivindicativas de la liberación femenina vista en los últimos tiempos, y la definitiva confirmación de un autor con mayúsculas. | ★★★★ |


    Miguel Martín Maestro
    © Revista EAM / Festivalscope


    Ficha técnica
    Israel, 2016. Título original: Myomano shel tzalam hatonot. Director: Nadav Lapid. Guión: Nadav Lapid. Fotografía: Shai Goldman. Montaje: Era Lapid. Sonido: Aviv Aldema. Productores: Talia Kleinhendler, Osnat Handelsman Keren. Premiére: Semana de la Crítica del Festival de Cannes 2016. Intérpretes: Ohad Knoller, Naama Preis, Dan Shapira, Jacob Zada, Alina Levy. Duración: 40 minutos.

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