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  • In sanguis veritas.
    The neon demon, de Nicolas Winding Refn.

    ¿Cuántos poetas se necesitan para elogiar a una ciudad?
    Paterson, de Jim Jarmusch.

    El castigo de Hedoné.
    La doncella, de Park Chan-wook.

    Especial Oscar Race 2017.

    Epicedio appassionato.
    Solo el fin del mundo, de Xavier Dolan.

    Las 10 mejores películas de la historia de la Semana de la Crítica de Cannes

    El fluir de las lágrimas

    Creada en 1962 por la Unión de Críticos de Cine Francesa, la sección paralela del Festival de Cannes llega en esta nueva cita con el certamen galo a su 55ª edición. Nos encontramos ante un espacio cuyo objetivo es el de mostrar internacionalmente los primeros o segundos trabajos de cineastas prometedores ya sea dentro del formato del largo o del cortometraje. Una selección que ha resultado un interesante foco a directores muy reconocidos posteriormente y que supieron demostrar su talento desde sus inicios. A continuación, elegimos las diez propuestas más interesantes estrenadas en esta prestigiosa muestra.

    The Best Of


    El fluir de las lágrimas (角卡門, Wong gok ka moon, Wong Kar Wai, Hong Kong, 1989)

    De sobra es conocido el romance existente entre el hongkonés Wong Kar Wai y Cannes. El gusto que procesan por el afamado director asiático les llevó incluso a proyectar una copia inacabada de 2046 en 2004 tras la expectación generada por Deseando amar (2000). Y fue precisamente en la Semana de la Crítica donde tan lírico e inconfundible cineasta mostró su primer trabajo, El fluir de las lágrimas. Una cinta que se englobaría dentro de su primera etapa, anterior a Happy Together (1995), y que se caracteriza por su cruda violencia acorde a la producción habitual en su país a finales de los años 80. Y perdidas en una historia de salvajes enfrentamientos entre la Triada con un romance de por medio, se pueden atisbar algunas constantes que rezumarán en la filmografía posterior de un artista ensimismado en el poder fotográfico, la captura del recuerdo olvidado en el tiempo y el ralentí y la estilización como poder enfático de las emociones sumergidas en la persistencia de la memoria. Nos encontramos ante la carta de presentación de uno de los nombres encargados de encarnar una posmodernidad que hará de la fragmentación, la narración críptica y los estereotipos un material de ensayo metacinematográfico con el que confeccionar una filmografía tan estimulante como única.

    El espíritu de la colmena

    El espíritu de la colmena (Víctor Erice, España, 1973)

    Recientemente se ha publicado una encuesta en Caimán Cuadernos de Cine en la que entre 350 críticos se ha llegado a la conclusión de que la segunda mejor película española de la historia, tan solo por detrás de Viridiana (Luis Buñuel, 1961), recae en el título de El espíritu de la colmena. El primer largometraje en solitario del poco prolífico Víctor Erice supone un estudio de la posguerra donde el metacine se eleva como metáfora y la censura es obviada bajo la sutileza de una mirada lúcida que nos dejaría una de las cintas más estudiadas de nuestra filmografía. La liberación, el estancamiento cultural y la frustración se mueven con fluidez dentro de un contexto marcado por una vía de escape que se materializa en la luz proyectada por el cinematógrafo. Una herramienta política que alude a la lírica para combatir valiéndose del testimonio vivido por un director nacido en 1940, la misma fecha en la que se inicia una película que parece querer mostrar todas las losas que cargará España durante los largos años de la dictadura. Una propuesta honesta que abarca lo vivido por un artista que invita a reflexionar, comprender y desencadenarse de un pasado que ha embarrado el camino de la cultura viéndose sucumbida ante la desesperanzada inexistencia de la libertad. Cine político que se interroga sobre sí mismo y que desprende una modernidad inaudita.

    Vanguardia


    Otoshiana

    Otoshiana (おとし穴, Hiroshi Teshigahara, Japón, 1963)

    No fue hasta inicios de la década de los años 50 que el cine japonés llegó a Occidente triunfando en festivales europeos y logrando nominaciones en los Óscar estadounidenses de mano de directores de la talla de Akira Kurosawa y Kenji Mizoguchi. La estela de los jidai-geki (historias ambientadas en épocas pasadas donde no es extraño que aparezca algún samurái), con una mirada más hacia el exterior del primero y más autóctona del segundo, abrieron la veda también a otros cineastas como Kaneto Shindô. Y es quizás por eso que resulta más arriesgado invitar a un cineasta como Hiroshi Teshigahara al certamen galo. El director que marcó con fuerza la nueva ola japonesa con cintas tan transgresoras e incómodas como La mujer de la arena (1964), supo mantenerse a la altura de sus compañeros franceses sin perder su esencia nipona. En este su segundo largometraje titulado Otoshiana, ya supo explorar lo que serían las constantes de su cine, la soledad, el espacio abandonado y la abstracción fantástica que interroga a sus personajes sobre su propia idiosincrasia.

    Boy Meets Girl

    Chico conoce chica (Boy meets girl, Léos Carax, Francia, 1984)

    En 2012 Cannes se conmocionó ante una película tan incalificable como su director. Hablamos de Holy Motors, un filme de Léos Carax que interioriza la historia del celuloide utilizando su evolución estilística dentro de una misma narración que acaba por obtener múltiples tonalidades. Ávido apropiacionista de la filmografía francesa, ya en su ópera prima titulada Boy Meets Girl, filmada en un pulcro blanco y negro, se pudo apreciar, dentro de una historia de amor marcada por lo delicado y lo incomprensible, un romance que deambula entre los ecos del cine mudo, Bresson o el mismísimo Jean-Luc Godard. Un pistoletazo de salida de lo más enérgico de un cineasta capaz de convulsionar a su público con títulos tan desconcertantes como emocionantes.

    El cine que viene, pero que ya es


    Paulina

    Paulina (La Patota) (Santiago Mitre, Argentina, Brasil, Francia, 2015).

    Haciéndose con el Gran Premio dentro de la sección que hoy abarcamos y el de Horizontes Latinos en San Sebastián, Paulina es uno de los filmes latinoamericanos más laureados por la crítica de los últimos años. En él vislumbramos un enfrentamiento en forma de cuento moral en el que un padre y su hija, ambos instruidos en la alta cultura, tratan de afrontar la vileza y la pobreza del mundo desde dos modos de actuar totalmente contrariados. La película, adentrándose desde una perspectiva totalmente atípica en el cine social, acaba por ofrecer un conflicto filosófico en el que trata de hacer un estudio del rumbo que se necesita para cambiar las injusticias del mundo sin dejar de lado la subjetividad que se apodera de la razón. Algo que se palpa en su filmación, haciendo un uso de la cámara pegada a sus personajes sin cerrar el plano y transmitiendo visualmente lo que estos expresan con palabras.

    It follows

    It Follows (David Robert Mitchell, Estados Unidos, 2014)

    Aclamada entre los amantes del cine de género y por la cinefilia en general, It follows supuso no tan solo una sorpresa en Cannes sino también en Sitges. Con un uso de la música propio del terror de los ochenta, David Robert Mitchell nos deja en su segundo largometraje una cinta con ecos a Déjame entrar (Thomas Alfredson, Suecia, 2008) sin dejar de desprender un aura propia. Y es que este filme en el que los adolescentes ocupan todo su metraje abandonados por parte de unos adultos que ni están ni se les espera, juega con un horror venéreo cargado de crítica social hacia el tabú e irresponsabilidad sexual vigente en Estados Unidos. Pero si por algo destaca It follows, es por su magistral uso de la profundidad de campo, sabiendo generar en el espectador el temor y la duda constante sobre un enemigo que se hace palpable gracias a la inteligente unión entre el contenido de la historia y la forma en la que está plasmada.

    The tribe

    The Tribe (Plemya, Плем'я, Miroslav Slaboshpitsky, Ucrania, 2014)

    Galardonada en 2014 como mejor película de la sección, dos años después por fin ha llegado a España (de manera limitada) la crudísima cinta ucraniana The Tribe. Mediante un uso majestuoso de unos planos secuencia en perpetuo movimiento y de prolongada duración, nos adentramos en la decadencia moral de un país que utiliza el cine para interpelarnos directamente sobre el papel de toda una nación abandonada a su violencia por parte tanto de la Unión Europea como de Rusia. Slaboshpitsky, afianzado en la metáfora de las personas con discapacidad auditiva, construye un sistema de poderes y abusos que constituyen la degradación del individuo obligado a formar parte del entramado político gobernado por el más fuerte y a unirse a la cosificación comercial de la mujer. Una cinta tan fría y poderosa como su impactante final. Un trabajo en el que no es necesaria ni una sola palabra para expresar todo un malestar alimentado por una sociedad sumida en un caos mental del que resulta difícil de escapar.

    Respire

    Respire (Mélanie Laurent, Francia, 2014)

    Dada a conocer por su carismática actuación en Malditos bastardos (Quentin Tarantino, Estados Unidos, 2009) dando vida a Shoshanna, Mélanie Laurent está hoy presente en nuestra cartelera codirigiendo junto a Cyril Dion Mañana, un dinámico y esperanzador documental sobre los pequeños cambios que pueden sanar el rumbo del planeta. Por desgracia, no pudimos disfrutar en tierras españolas de su anterior largometraje de ficción tras las cámaras titulado Respire, una sorpresa en la Semana de la Crítica de 2014 que inexplicablemente no encontró distribución. Basada en una novela de Anne-Sophie Brasme, esta relación de amor y odio en el que una adolescente se apodera y dinamita la moral de la otra, nos ofrece una dicotomía entre la personalidad fuerte y la débil que nos retrotrae a la novela Antichrist (2005) de la escritora belga Amélie Nothomb. Un filme equívocamente relacionado en algunos aspectos a La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, Francia, 2014) que brilla con fuerza propia dejándonos entrever a una cineasta prometedora.

    El cine que fue


    Amores perros

    Amores perros (Alejandro G. Iñárritu, México, 2000)

    Siendo uno de los pocos directores que han logrado hacerse con dos premios Óscar seguidos, Alejandro G. Iñárritu ha alcanzado la cúspide de la egolatría con El renacido (2015), filme a medio camino entre el cine de Terrence Malick, Akira Kurosawa y Werner Herzog valiéndose de la cita superficial sin adentrarse a explorar nada nuevo. Antes de su segunda etapa marcada por la marvelización del indie pero sin dejar de ser coherente en Birdman (2014), el cineasta mexicano destacó por sus historias entrecruzadas cargadas de intensidad bajo una dirección en la que el universo creado casa a la perfección con la fuerza de su forma. Así pues, Amores perros, su laureado debut ganador del gran premio de la Semana de la crítica, constituyó el nacimiento de uno de los referentes actuales de la cinematografía mexicana. La influencia tarantiniana traducida en la fragmentación y la violencia nos dejó un trabajo muy vivo donde se abordó a conciencia el amor, la vida y la muerte derrochando una calidad que bien le valió una nominación al Óscar como mejor película de habla no inglesa.

    Clerks

    Clerks (Kevin Smith, Estados Unidos, 1994)

    Rodada con un presupuesto de 27 mil dólares, Kevin Smith concibió su primera película en blanco y negro por falta de presupuesto alquilando la tienda donde trabajaba a su propio jefe y rodando con un equipo muy poco profesional. Y, pese a las dificultades técnicas que pudo ocasionar la realización de un filme bajo esta premisa, Clerks se convirtió una cinta de culto en la que la frescura de sus diálogos logró el reconocimiento de su director, quien acabó llevando a la gran pantalla dos secuelas de su debut a la vez que siguió ideando nuevas películas como la vilipendiada Tusk (2014), entre otras. El absurdo de las relaciones sexuales o los debates acerca de lo inmoral que resulta destruir La Estrella de la Muerte habiendo trabajadores en su interior, se consagraron inmediatamente en el imaginario colectivo de la cinefilia friki más independiente.

    Proyección especial, un guiño a la taquilla


    El orfanato

    El orfanato (J.A. Bayona, España, 2007)

    A cinco meses del estreno mundial de Un monstruo viene a verme y con la preparación de la secuela esperada para 2018 de Jurassic World, el español Juan Antonio Bayona es todo un director de renombre dentro de los terrenos del fantástico y del terror. La internacionalización de Lo imposible (2012) ya demostró su postura por el cine comercial de grandes presupuestos. Pero fue en 2007, en una sesión especial de la Semana de la Crítica, en la que el barcelonés debutó en el largometraje con El orfanato, un filme de terror que sabe crear una oscura atmósfera a partir de un tema recurrente, demostrando una valía técnica que provocó los halagos tanto del público como de la crítica y los académicos españoles y europeos. Con Guillermo Del Toro como testigo y sabiendo sacar lo mejor de Belén Rueda, El orfanato supuso uno de los acercamientos al género más interesantes de los últimos años en nuestro país.

    Torrente, el brazo tonto de la ley

    Torrente, el brazo tonto de la ley (Santiago Segura, España, 1998)

    Muchos se sorprenderán de encontrar dentro de esta prestigiosa sección del festival más importante del mundo el debut como cineasta de Santiago Segura. El éxito de taquilla español convertido en franquicia despierta recelos por parte de muchos cinéfilos. No obstante, cabe destacar que la primera entrega de las aventuras del singular expolicía José Luis Torrente cuenta con una dirección novel más inteligente de lo que su escatológico humor deja entrever en ocasiones. Porque Segura sabe hilar con coherencia la deformación del género de acción ligado al cine de espías, logrando un contraste entre la pulcra elegancia de James Bond españolizando hacia los terrenos más casposos el glamour de quien tiene licencia para matar. La ironía que despierta en sus escenas de seducción, tiroteos, misiones secretas o explosiones son tratadas mediante una estilización que demuestra la valía del cómico español detrás de las cámaras.
    Feelmakers

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