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  • Malas calles.
    «Good Time», de los hermanos Safdie.

    Down by Earth.
    «Song to Song», de Terrence Malick.

    Dos ventanas al vacío.
    «A Ghost Story», de David Lowery.

    Loyal to the nightmare of my choice.
    «Dunkerque», de Christopher Nolan.

    Sensualidad praxiteliana.
    «Call me by your name», de Luca Guadagnino (Próximamente).

    Festival de Cannes 2016 | Día 9. Críticas: The neon demon / Bacalaureat (Graduation) / The happiest day in the life of Olli Mäki / Pericle il nero

    Léa Seydoux en Cannes

    Keeping it Surreal

    Crónica de la novena jornada de la 69ª edición del Festival de Cannes.

    Comenzaba una de las jornadas más polémicas del festival con el regreso del hombre que nos trajo la gloriosa Drive, Premio a la mejor dirección en 2011. Primero, Cristian Mungiu lanzaba un dardo envenenado contra la necesidad de ciertas personas de planificar el futuro de terceros con su certera Bacalaureat. Posteriormente, mientras el ambiente empezaba a caldearse ante la proximidad de la hora señalada para el estreno más esperado, nos presentábamos en la sección Una cierta mirada con el fin de asistir a las dos películas que hoy se estrenaban. La primera de ellas, The Happiest Day in the Life of Olli Mäki, ofrecía una singular mirada en blanco y negro sobre el mundo del boxeo. La segunda, Pericle Il Nero, construía una singular parodia dramática al género mafioso. Entonces daban las 19:00, la hora de Nicolas Winding Refn había llegado. Los abucheos para The Neon Demon se venían escuchando desde que se estrenara Only God Forgives y Refn diera un golpe de autoridad y autoría al dejar al público con la miel en los labios ante una segunda Drive que nunca llegaría. Sin perder un ápice de esperanza, ni dejarnos intimidar ante habladurías, entramos en la sala y, tras la primera escena introductoria de los títulos de crédito, Refn ya nos había conquistado. Estaba claro que había vuelto para, como dijera Frank Ocean, “Keeping it Surreal”. The Neon Demon supone un cambio definitivo en la lectura e interpretación del lenguaje cinematográfico post posmoderno. Una obra milimetrada hasta el más pequeño detalle escondido entre las luces de neón que se asfixian con el denso humo.

    Bacalaureat

    BACALAUREAT

    Cristian Mungiu, Rumanía, 2016 / COMPETICIÓN.

    A diferencia de su compatriota Cristi Puiu, Cristian Mungiu no hace girar las directrices de su cine en torno a la dualidad ideológica de las clases sociopolíticas presentes en Rumanía. El director de la que posiblemente sea la película más importante del cine rumano de todos los tiempos: 4 meses, 3 semanas, 2 días, pese a referenciar la misma causa histórica: la dictadura brutal de Ceaceuscu y los innumerables traumas que originó en la población, prefiere enfocar su mirada hacia un escenario menos cómico y, si cabe, más dramático que el de su homólogo, contexto en el que se pone de manifiesto que la vida, la muerte y el sufrimiento de un ser humano no valen absolutamente nada para el ojo externo del egoísta ciudadano de a pie. Gracias a esa premisa debemos a Mungiu que el cine de su país haya decidido por fin escapar de la monotemática dictatorial para avanzar hacia un modelo fílmico más desarrollado y abierto a la distribución europea. Con Bacalaureat, el realizador traslada ese desasosiego consustancial a un ámbito mucho más cotidiano y doméstico; centrando su discurso en la figura de un médico que tiene que hacer frente a la paternidad de tal forma que parece que su incapacidad de compromiso, con respecto a su propia vida, y las malas decisiones tomadas son culpa de los demás y no de su irresponsabilidad e ignorancia cívica.

    Eliza, la hija del protagonista del filme, está a un paso de marcharse a estudiar al extranjero y cumplir así uno de los objetivos fundamentales en los que su padre, Romeo, la ha educado durante 18 años. Sin embargo la estadística golpea con fuerza la cómoda rutina de la pequeña familia y, el protagonista, tendrá que enfrentarse a sus principios para salvar sus ansiadas expectativas de futuro, que pasan por escapar de un matrimonio insustancial una vez que su hija haya abandonado el núcleo familiar. Una decisión complicada que lo llevará a replantearse, ahora con el tiempo en su contra, todo por lo que había estado luchando. Un suceso violento desencadena una serie de malas decisiones tomadas por el doctor a consecuencia de la inoportunidad del momento en el que dicho incidente se ha producido: días antes de los exámenes finales para acceder a las becas universitarias. Romeo, bajo presión, no es consciente de que las malas noticias no llegan cuando mejor nos convienen —de ahí lo pernicioso de las mismas—, sino que nos golpean cuando más desprevenidos y confiados estamos. Incapaz de aceptar el proceso de recuperación necesario, el padre de Eliza tratará de arrastrar a ésta hacia una superficialidad y egoísmo para los que no está preparada, originando así una fractura en su relación, suscitada por la falta de afecto y comprensión hacia los sentimientos de la adolescente. El director rumano se aleja por completo de la vastedad temática o la amplitud interpretativa para apoyarse en una dicotomía muy sencilla sobre la que sustenta toda la base argumental de la película. El resultado es un ejercicio muy técnico y narrativo en el que priman los planos introspectivos que indagan, concienzudamente, en la mente de los dos personajes principales, al tiempo que renuncia a la clásica premisa salomónica, tan recurrente en este tipo de situaciones, en beneficio de una mirada más individualizada y realista del dilema. La moralidad con la que afrontar el estilo de vida será la clave de un filme que critica duramente al sistema de gobierno rumano hasta asemejarlo a la ridícula caricatura de un circo de nepotismo y oportunismo indecente. (70 de 100)

    The Happiest Day in the Life of Olli Mäki

    THE HAPPIEST DAY IN THE LIFE OF OLLI MÄKI

    Hymyilevä mies, Juho Kuosmanen, Finlandia, 2016 / UN CERTAIN REGARD.

    El director finés Juho Kuosmanen se estrena en el largometraje de la mejor manera posible: presentando The Happiest Day in the Life of Olli Mäki en la sección Un certain regard del festival de Cannes. La película, rodada en un contrastado blanco y negro muy evocador de la década de los 60, en la que está contextualizada la historia, aborda la temática boxística mediante una levedad dramática inusitada en este tipo de trabajos, donde la testosterona y las manifestaciones de hombría suelen actuar como detonantes de una acción hipertrofiada llena de demostraciones de ego, insultos y golpes bajos. Manteniendo una narrativa muy atemperada, el cineasta se aleja de la violencia gratuita y la reduce a la mínima expresión, necesaria y obligatoria por estar llevando a escena un deporte consistente en dos adversarios golpeándose hasta que uno pierda el sentido o se acabe el tiempo establecido. 

    Olli es la gran esperanza finesa, todo el mundo del boxeo lo pone como favorito para convertirse en el nuevo campeón del mundo de peso pluma. Su representante piensa que el día del combate será el más feliz en la vida de Olli. Kuosmanen presenta a un luchador humilde e introvertido que prefiere mantenerse alejado de las cámaras y los eventos sociales. Lo único que preocupa al protagonista es poder pasar tiempo junto a Raija, de quien dice haberse enamorado durante una rueda de prensa en los prolegómenos del gran combate. Esta noticia no termina de gustar a su manager, quien teme que la distracción pueda nublar el juicio de su atleta y que éste no dedique el tiempo necesario a la preparación de un momento tan importante y en el que hay tanto en juego. Así, mientras el equipo vive los instantes de mayor estrés de su vida, a Olli sólo le preocupa su futuro con Raija. Todo queda pendiente de un desenlace que puede encumbrar al boxeador como el nuevo héroe local, pero antes, éste tendrá que concentrarse y perder peso para no superar el límite permitido. Con un estilo minimalista y elegante, el director nos presenta un gran trabajo muy cuidado y detallista. (70 de 100)

    Pericle il nero

    PERICLE IL NERO

    Stefano Mordini, Italia, 2016 / UN CERTAIN REGARD.

    Coproducida por los hermanos Dardenne, Pericle Il Nero resulta una rara avis dentro del mafioso mundo italiano del crimen organizado. La película de Stefano Mordini adapta la novela negra, Pericles the Black, de Giuseppe Ferrandino, y la convierte en un ejercicio audiovisual de gran oscuridad que se queda a medio camino entre la tosquedad lírica, propia del cine de los 90 sobre la familia italoamericana. y la grotesca comicidad posmoderna. El resultado deviene medio experimental en este thriller sobre la fragilidad del sicario cuando su familia le da la espalda; estudio sobre los efectos de la traición, la lucha territorial y la necesidad de afecto dentro de un mundo de violencia donde lo último que se tiene en cuenta son los sentimientos de sus soldados.

    Mediante una narración en primera persona, la cinta nos lleva de la mano de Pericle, hombre de confianza del napolitano Don Luigi Pizza, uno de los jefes mafiosos más temidos de Bélgica. El apodo del capo, “Pizza”, le viene de su negocio de pizzerías, las cuales distribuye por todo el país adueñándose de los mejores lugares para situar sus restaurantes. Pericle es el hombre encargado de hacer posible la compra de cualquier local que su jefe desee. Para ello dispone de un método de persuasión poco corriente dentro de las maniobras de extorsión que habíamos visto hasta la fecha en el cine. Así, el narrador protagonista nos cuenta, con la mayor normalidad del mundo, que su modus operandi consiste en violar a los propietarios reticentes a vender. Sin intención de causarles ningún daño, simplemente para asustarlos y que cedan a las insinuaciones. A primera vista parece un concepto algo frívolo y casi sacrílego de las “ofertas irrechazables” que puso de moda el género mafioso del pasado siglo; sin embargo, la naturalidad del director consigue que la dosis de sarcasmo paródico no llegue a ser tan absurda que rechacemos el trasfondo formal del trabajo. Manteniendo una distancia prudencial sobre el protagonista, la película lleva a cabo un trabajo introspectivo con la función de evidenciar el modo en el que trabaja la mente de un matón tan particular. Un hombre sin familia a quien se le ofreció el cobijo de un hogar sustitutivo bajo el seno de un hombre dadivoso que lo trató como a un hijo… al menos eso es lo que Pericles pensaba hasta que, un día, la misión se complica y se ataca a la persona indebida. En ese momento se produce el exilio del héroe. Comienzan las traiciones y las mentiras mientras el protagonista se hunde en una crisis de identidad que no le deja pensar con claridad. Justo cuando pensábamos que la cinta tomaría un camino de violencia retributiva y de supervivencia al límite de un hombre contra un poderoso clan, aparece la chica. Entonces todo gira radicalmente y la película comienza a introducir nuevos componentes propios del drama romántico, siempre manteniendo ese aire disfuncional del que el bueno de Pericles es incapaz de desprenderse. El desenlace sí que retomará su tono más clasicista al enfrentar al hombre con la inevitabilidad de su destino en una lucha interior por su identidad. (60 de 100)

    The neon demon

    THE NEON DEMON

    Nicolas Winding Refn, Estados Unidos, Francia, Dinamarca, 2016 / COMPETICIÓN.

    Como un sello grabado a fuego, las siglas NWR se apoderan estratégicamente de la pantalla durante los estremecedores títulos de crédito iniciales de The Neon Demon. Instantes después encontramos a una hermosa mujer con la garganta abierta como si de un grotesco dispensador de caramelos PEZ se tratase, mientras un fotógrafo con semblante homicida dispara insistentemente su cámara sobre ella. Un montaje apabullante nos hipnotiza desde el minuto uno de metraje, consiguiendo nuestra completa sumisión gracias al estilo trágico y valiente, cada vez más enraizado en esa comedida armonía que el director descubrió en Drive, donde mezclaba el frenesí de sus obras anteriores con una moderación flemática y romántica que haría protagonista en sus trabajos sucesivos. El cine de Winding Refn plantea un ejercicio de diferenciación estilística. Siempre recurriendo a la experimentación, el realizador ofrece una mirada extrema del estilo y la armonía, que antepone de manera premeditada y explícita a los elementos esenciales de la forma fílmica. Como fiel representante del neomanierismo, Refn aparenta una inspiración en los clásicos —Melville, Ford, Welles…— mucho mayor de lo que el impacto de esas fuentes repercute realmente en su cine una vez queda analizado formalmente. Con esta técnica, cuyo objetivo principal es el de prolongar la sensación de desencanto hacia los cánones genéricos, pretende establecer un sello personal fundamentado en el concepto de inmovilismo artístico y construido según unos principios irónicos de violencia y desmitificación.

    La representación de la mujer como encarnación del mal, constante objeto de estudio en el mundo de las artes desde que Freud recurriera a su alegoría de “La vagina dentata”, alcanza en esta película una cumbre metafórica de la ritualidad del sexo y la belleza, al trasladar sus directrices hacia el extremadamente competitivo mundo de las “top models”. Se trata de manifestar, o insinuar, alegóricamente la monstruosidad que alberga la belleza. Como Cronenberg, Refn parece cada vez más obsesionado con la estética de lo grotesco, de lo horrible, y no sólo en el evidente proceder violento, demasiado exprimido por el posmodernismo estridente d.T. —después de Tarantino—, sino también en el físico, la maravillosa perfección del cuerpo femenino y su delicadeza que da paso a la aberrante mutación del horror, es la nueva carne extrapolada a un extremismo cromático y lumínico impresionista. El realizador plantea un trabajo absolutamente contemplativo, un poema visual de lectura reflexiva expuesto bajo sutiles movimientos panorámicos de cámara que recorren el espacio flemáticamente, de izquierda a derecha y de arriba abajo, permitiendo que descubramos todos los matices ocultos en el fabuloso lienzo que mezcla con astucia el tenebrismo caravaggista y la intensidad metafísica de Chirico. Refn permuta escenas de temporalidad ordinaria con otras alteradas en las que juega con el silencio del diálogo, los contrastes auditivos de la música y el onirismo de las imágenes, todo para exaltar el misticismo que desprende la figura de Jesse, una nueva modelo que acaba de llegar a Los Ángeles y que todo el mundo asegura que es la gran promesa de la belleza futura. 

    Enmarcando el relato en un barroquismo estético basado en estampados animales, dramáticos dibujos en el papel de las paredes y luces de neón polícromas que iluminan el rostro de las modelos intermitentemente sobre un fondo inexistente —ora negro, ora blanco—, se incide sobre los conceptos de la pureza del atractivo físico, la depredación por la fama, la superficialidad y la pérdida de la inocencia, representada por la alienación de la protagonista; un ente de perfección inenarrable que alberga una sexualidad contenida y virginal. Los peligros del ideal tangible sobre los que descansan las delicadas formas de la venus, residen en los férreos enemigos que desdeñarán la belleza inalcanzable por envidia incontrolable, enemigos que serán vestidos de supermodelos antropofágicas, instrumentos necesarios para que se cumpla el proceso mutacional de la nueva carne. Ríos de sangre emanarán de la vagina de sus amantes enemigas al demonizar el sexo femenino como el causante de todos los problemas del mundo moderno; el cuerpo impuro no es apto para albergar en su interior la sublimidad escultural, y la rechaza su perfección violentamente con la sangre como vehículo. La progresiva esterilización de la imagen le da la oportunidad al realizador de priorizar el estilo sobre el argumento, las formas sobre la narrativa, la hiperrealidad sobre la corporeidad. Los silencios serán otra de las claves para entender el guion, utilizando los largos espacios entre palabras como un potente recurso expresivo; un gesto en apariencia simple pero poderosamente efectivo en un espectador acostumbrado a una cierta abundancia sonora. Puede que The Neon Demon haya acogido algunas de las críticas más airadas del festival pero, pese a ello, ningún asistente de la sala se atrevió a moverse de la butaca, ya no con los créditos finales, sino hasta que la pantalla se fundió a un negro definitivo cortando de raíz esa imagen narcótica que los contuvo con total dependencia. (90 de 100)


    Alberto Sáez Villarino
    © Revista EAM / 69º Festival de Cannes


    El fulgor efímero

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