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    Crítica en serie | Underground (T1)

    Underground

    A la libertad a ritmo de hip-hop

    crítica de Underground / Primera temporada.

    WGN America / 1ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2016. Creadores: Misha Green & Joe Pokaski. Directores: Anthony Hemingway, Romeo Tirone, Kate Woods, Tim Hunter. Guionistas: Misha Green, Joe Pokaski, Jason Wilborn, Jennifer Yale. Reparto: Jurnee Smollett-Bell, Aldis Hodge, Alano Miller, Christopher Meloni, Jessica De Gouw, Amirah Vann, Reed Diamond, Marc Blucas, Renwick D. Scott II, Brady Permenter, Darielle Stewart, Johnny Ray Gill, Andrea Frankle, P.J. Marshall, Toby Nichols, Steven Grossman, Tia Nicholson, Adina Porter, Mykelti Williamson, Theodus Crane, Maceo Smedley, James Lafferty, Jannette Sepwa, Christopher Backus. Fotografía: Kevin McKnight, Evans Brown, Hernan Otaño. Música: Laura Karpman & Raphael Saadiq.

    La esclavitud es todavía un tema espinoso en Estados Unidos. Una suerte de deuda nacional que muchos quieren olvidar y que otros tratan que no desaparezca tan rápido de la conciencia colectiva, porque es relativamente reciente el tiempo en que los blancos podían poseer legalmente a los negros. Tras el arrollador éxito de la estupenda y oscarizada 12 años de esclavitud (12 years a slave, Steve McQueen, 2013), hecha con la intención de ser la cinta-definitiva-sobre-el-tema, el dúo formado por Misha Green y Joe Pokaski ha aprovechado para sacar adelante una serie sobre el asunto, cuya estructura de thriller trata de hacer que no vivamos constantemente en el territorio de los latigazos y abusos. Hay mucho de esto, y descrito con dolorosa verdad, pero los creadores deciden poner el énfasis en una combinación de entretenimiento y gravedad, dureza pero sin asfixiar, ya que al fin y al cabo la idea es que los espectadores quieran volver a este universo semana tras semana. Y lo han hecho, dando a la joven cadena WGN America su arranque más exitoso y un constante crecimiento desde principios de marzo, lo que le garantizó a Underground una segunda temporada el pasado 25 de abril. Más oportunidades para seguir contando las apasionantes historias de esclavos y libertos, gente corrupta y gente idealista, que conviven en un Sur de 1800 al son de música del siglo XXI. Porque ésa es la gran novedad que los responsables han decidido usar para presentar este duro relato. Contrarrestar lo más dificultoso de contemplar con una narración en constante movimiento, una banda sonora donde suena rap y hip-hop y un empaque visual que trata de hacer atractivo lo abyecto, con una cámara nerviosa y sensual. Con esa máxima de entretener en todo momento también se incurre en el mayor error de Underground, su laxa manera de jugar con el tiempo y el espacio. Las elipsis entran a capricho de guión, los personajes recorren largas distancias físicas en apenas minutos de pantalla y esto acaba afectando el Todo de la serie, porque llega un punto en que no se entiende bien cuándo ha pasado esto o aquello y dónde están algunos personajes. Y esa confusión persiste durante más de un episodio, señal de una narración cuestionable. La fuerza de lo contado y la solidez de las interpretaciones compensa estos desbarajustes, y bastante, pero impide que el drama sea todo lo grande que puede ser.

    Porque lo contado además adquiere una relevancia significativa al enmarcarlo en un segmento específico de la historia y en un periodo fascinante: la red clandestina del ferrocarril subterráneo, organizada en Estados Unidos y Canadá para ayudar a los esclavos que escaparan de las plantaciones del sur hacia estados libres o Canadá. Quizá por el miedo a que sólo tuviera una temporada, o por el simple hecho de que así conciben la vida de su serie, Underground no pierde ni un segundo de tiempo. En el cuarto episodio los protagonistas deben improvisar una fuga distinta a la que llevaban planeando desde el primero, y muchos personajes no sobrevivirán los sucesos de la serie, entre los cazados y los asesinados en otras circunstancias. Además de seguir las cuitas de los fugados, los 7 de Macon, la serie también centra su mirada en la plantación de la que han escapado, en una pareja blanca de buen nivel de vida que deciden convertir su hogar en un temporal refugio para esclavos en camino de ser liberados y en la incansable labor de un cazador de fugados, que debe cargar con su hijo cuando es contratado por el dueño de la plantación. La mirada es por tanto una panorámica global, que cubre tanto lo emocional como lo histórico, lo micro y lo macro. Evidentemente, denunciar lo absurdo e injusto de la esclavitud es el fin último y más poderoso, la incuestionable verdad que rige todo esto, pero los responsables están tratando con bastante éxito de crear interesantes niveles de sentido en medio, haciéndose preguntas sobre la libertad y la humanidad.

    Existe además un empeño en hacer de cada episodio una experiencia, algo que funciona a ratos, pero los creadores dan el do de pecho con Cradle (1.7), una dura entrega contada a través de los ojos de varios de los niños de la serie, donde cinco historias dan una idea de lo que era crecer en un ambiente así, donde preservar la inocencia era imposible desde que se tenía conciencia de lo que pasaba y cómo se estructuraba la vida en esa época y lugar. El resto de capítulos tienen una narrativa más clásica que salta de subtrama a subtrama con limpieza, regulando siempre bien el interés de cada pieza del puzle y relacionándolas todas en la última parte de la temporada, estupenda y cargada de emoción y acción. No faltan las sorpresas, los giros de guión y tampoco, para qué negarlo, aquellos instantes donde la credibilidad es cuestionable (varios personajes reciben heridas fatales y sobreviven), y todo esto convierte Underground es una pequeña sorpresa, una que acredita el buen ojo de la cadena para elegir sus proyectos y que hace que la segunda temporada se espere con ansia. Porque esta primera se despide con varios cliffhangers de interés, y de hecho se permite hasta el lujo de ofrecer una escena poscréditos para despedir la temporada que deja sin respiración. La aparición de la mítica Harriet Tubman, parte real de esa red clandestina de liberación, y el apunte a que será parte de los nuevos episodios une la serie con la Historia con rotundidad, porque lamentablemente Green y Pokaski tienen mucho material real para seguir evidenciando la vergüenza mundial que es la esclavitud moderna. | ★★★ |


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla


    En cuerpo y alma

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