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    Crítica | Alicia a través del espejo

    Alice Through the Looking Glass

    Aprender del pasado (o quizá no)

    crítica de Alicia a través del espejo (Alice Through the Looking Glass, James Bobin, Estados Unidos, 2016).

    «¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?», preguntó Alicia. «Eso depende en gran medida del lugar al que quieras llegar», dijo el Gato. «No me importa mucho el lugar», respondió Alicia. «Entonces tampoco importa el camino que tomes», le contestó el Gato. Este memorable momento de la novela Alicia en el país de las maravillas (Lewis Carroll, 1865) explica perfectamente la encrucijada del estudio Disney a la hora de afrontar la secuela del despropósito que supuso hace seis años la libre adaptación de Tim Burton, la cual tan sólo pareció comprender la esencia del libro del que partía en los dos apartados que fueron reconocidos en los Óscar: el diseño de producción y el vestuario. El resto suponía una mezcolanza de Orgullo y prejuicio, Harry Potter y Las crónicas de Narnia de propósitos incomprensibles. O, peor aún, demasiado comprensibles. Porque hasta un niño sabe que el País de las Maravillas tiene, en el fondo, poco de maravilloso y mucho de locura: no es en absoluto un lugar para amarse, respetarse, descubrir el valor de la amistad y terminar encontrándose a sí mismo. De hecho, terminar perdiéndose en uno mismo es bastante más probable. Y es esa perenne combinación de insensatez y nebulosidad lo que compone el alma de tan original novela y, en menor —pero no inestimable— medida, de la adaptación animada que Clyde Geronimi, Hamilton Luske y Wilfred Jackson dirigieron en 1951. Por desgracia, poco había de esto en la cinta de Tim Burton y, menos todavía, en el Alicia a través del espejo de James Bobin, quizá porque, sencillamente, es demasiado tarde para enmendar el camino.

    Basada en la novela homónima de 1972, esta esperada secuela conserva poco más que el título, tomándose incluso mayores libertades que su predecesora. Así, la locura inadaptable de la obra escrita se resume en una sinopsis abyecta: Alicia vuelve al País de las Maravillas para salvar a la familia del Sombrerero Loco, para lo que habrá de viajar en el tiempo y enmendar el pasado. La mera idea de que el loco por excelencia sea el mejor amigo de la joven es irrisoria. Pero hay más. En la línea de Maléfica (Robert Stromberg, 2014), Cenicienta (Kenneth Branagh, 2015) y El libro de la selva (Jon Favreau, 2016), Alicia a través del espejo da una oportunidad a su clásica villana de redimirse. Esto, que puede ser considerado un acto de cobardía por parte del estudio, es en realidad una muestra incontestable de su afán por profundizar en historias condenadas al eterno contraste entre el blanco y el negro: tan bondadosos han sido siempre Aurora, Cenicienta y Mowgli como horripilantes Maléfica, la Madrastra y Shere Khan. Y, hasta las recientes adaptaciones de acción real, no había más que hablar. Pero, ¿y si todos ellos recorrieron la senda del mal por motivos superiores a sus fuerzas? ¿Y si debieran sus acciones a una vida torturada o una meta loable y no a la mera maldad? Pues bien, este es también el destino que Alicia a través del espejo depara a la siempre genial Reina de Corazones, encontrando el libreto de Linda Woolverton —guionista habitual de la Disney a quien también debemos la primera parte— justificación para explicar incluso su insaciable deseo de cortar cabezas. Pero, a diferencia de los tres títulos anteriormente mencionados, en este caso la resolución resulta tan infantil, predecible y, sobre todo, banal que, pese al carismático trabajo de Helena Bonham Carter, el personaje termina perdiendo por completo su huella de identidad. En consonancia con toda la cinta, claro.

    Alicia a través del espejo

    «Alicia a través del espejo no sólo supera a su predecesora en banalidad narrativa, sino que también hace lo propio en esplendor visual, constituyendo cada escena todo un festín para los sentidos acrecentado por el desarrollado uso del 3D».


    Mientras tanto, la cada vez más sobresaliente Mia Wasikowska, estrella indiscutible de la función pese al peripatético desplante de los créditos, se pierde nuevamente en diálogos y aventuras que piden a voces un toque de honestidad. Los momentos ingeniosos no escasean, pero se diluyen en la puerilidad narrativa generalizada. Por su parte, un Johnny Depp más irreconocible que nunca vuelve a encarnar al Sombrerero Loco y Anne Hathaway hace lo propio con la Reina Blanca, esta vez con un Óscar bajo el brazo gracias a Los miserables (Tom Hooper, 2012). Ninguno va más allá de la caricatura de sí mismo. Como novedad, Sacha Baron Cohen da vida al Señor del Tiempo, sin duda la más importante de la nueva producción a nivel tanto de personaje como de concepto. Precisamente el tiempo, así como la posibilidad de cambiarlo y la necesidad de aceptarlo, se convierte en el corazón de una película que, sorteando las trampas en las que cae cada capítulo de la serie El ministerio del tiempo (así como la práctica totalidad de producciones que se atreven a jugar con él), prefiere concluir con una verdad como un templo: no es posible cambiar el pasado, pero sí aprender de él. Lástima que la onírica complejidad augurada por el tráiler fuera tan sólo una ilusión óptica fruto de la comercialidad. Y es que el espíritu del libro tan sólo asoma la cabeza en el plano visual, repitiendo la gran Colleen Atwood al mando del vestuario y debutando Dan Hennah —a quien debemos nada más y nada menos que la recreación cinematográfica de la Tierra Media— como diseñador de producción, elementos ambos suficientes por sí solos para dar mágica vida al País de las Maravillas y justificar una visita a las salas que, pese a todo, será más que entretenida.

    Alicia a través del espejo no sólo supera a su predecesora en banalidad narrativa, sino que también hace lo propio en esplendor visual, constituyendo cada escena todo un festín para los sentidos acrecentado por el desarrollado uso del 3D. Conviene ahora recordar que Alicia en el País de las Maravillas surgió en pleno apogeo de dicha tecnología, impulsada tan sólo un año antes por el majestuoso —al menos, a nivel visual— Avatar de James Cameron, lo que supuso que su traslación a las tres dimensiones resultara forzada, torpe e indignante. Nada que ver con la secuela, cuya elegante fotografía —obra de Stuart Dryburgh, quien optó al Óscar por El piano (1993) y debió hacerlo por El velo pintado (2006)— saca máximo partido del 3D, contribuyendo a la sumersión del espectador en tan maravilloso mundo aun cuando el guion parezca empeñado en sacarlo de él. Tim Burton se ha retirado a la producción, pero la índole de sus tropezones recientes está más presente que nunca (basten las siempre evocadoras melodías de Danny Elfman como recordatorio). Y James Bobin, que estaba en su salsa en Los Muppets (2010) y El tour de los Muppets (2014) —aparentemente irreverentes y sin embargo bastante más complejas y sinceras—, parece haber podido aportar poco, cayendo Alicia a través del espejo en el error de tomarse demasiado en serio a sí misma. Ya lo decíamos al comienzo de este texto: poco importa el camino que se tome cuando no se sabe adónde se quiere ir. Quizá Burton, Bobin y compañía deberían haberlo tenido más claro, pues el sendero seguido no aparenta ser otro que el del éxito comercial, el cual, considerando que su predecesora es en estos momentos la 22ª película más taquillera de la historia, está asegurado. De lado ha quedado el afán por conquistar al público más exigente más allá de ganarse su sonrisa con un par de entrañables personajes y sugestivos decorados. «No puedes cambiar el pasado, pero sí aprender de él», repite por activa y por pasiva Alicia a través del espejo. Lástima que sus artífices no se hayan —nunca mejor dicho— aplicado el cuento. | ★★ ½ |


    Juan Roures
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2016. Título original: Alice Through the Looking Glass. Director: James Bobin. Guion: Linda Woolverton. Productores: Tim Burton, Joe Roth, John G. Scotti, Jennifer Todd, Suzanne Todd. Productora: Walt Disney Pictures. Fotografía: Stuart Dryburgh. Música: Danny Elfman. Montaje: Andrew Weisblum. Vestuario: Colleen Atwood. Diseño de producción: Dan Hennah. Reparto: Mia Wasikowska, Johnny Depp, Helena Bonham Carter, Anne Hathaway, Sacha Baron Cohen, Michael Sheen, Alan Rickman, Stephen Fry, Timothy Spall, Rhys Ifans, Ed Speleers, Barbara Windsor, John Sessions, Paul Whitehouse, Karol Steele.

    Póster: Alice Through the Looking Glass
    En cuerpo y alma

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