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  • In sanguis veritas.
    The neon demon, de Nicolas Winding Refn.

    ¿Cuántos poetas se necesitan para elogiar a una ciudad?
    Paterson, de Jim Jarmusch.

    El castigo de Hedoné.
    La doncella, de Park Chan-wook.

    Especial Oscar Race 2017.

    Epicedio appassionato.
    Solo el fin del mundo, de Xavier Dolan.

    D'A 2016 (II) | The event

    The event

    La segunda jornada del D’A coincidió con Sant Jordi, de forma que, al caer en sábado –día comercial por excelencia–, las calles céntricas de Barcelona estuvieron especialmente concurridas. Puesto que las sedes del Festival se ubican entre El Raval y L’Eixample (dos de los barrios más populares de la ciudad), tanto los transeúntes como los que asistíamos al certamen tuvimos que lidiar con unos cambios de temperatura tan bruscos que fueron desde el sol de justicia y los 22 grados al mediodía hasta la lluvia, las ráfagas de viento y los 10 grados a partir de las 19 horas. Toda una “heroicidad” que se vio recompensada con el visionado de dos excelentes películas procedentes de la Europa del Este: The Event (2015), de Sergei Loznitsa, y El tesoro (2015), de Corneliu Porumboiu. La primera, más que un documental, es un ejercicio de estilo hiperrealista, donde el propio discurso –el montaje, los encuadres, la posición de la cámara, la fotografía en blanco y negro…– es el responsable de estructurar las imágenes tomadas in situ en las calles de San Petersburgo durante el agosto de 1991, cuando se produjo el fallido golpe de Estado que intentó acabar con la perestroika de Gorbachev y que, a la práctica, supuso el fin oficial del régimen soviético. Sin guion aparente y con tomas de cámara en mano, estamos ante una obra que, a partir de la inmediatez de un testimonio de urgencia, “recicla” este material de archivo con un fin temático muy claro, esto es, denunciar que Rusia no pasó de la dictadura a la libertad, sino que sus amos simplemente cambiaron de “ropajes” para seguir dominando el país en el marco del nuevo panorama de un capitalismo feroz globalizado. Loznitsa ya había demostrado su pericia en este tipo de lides con Maidan (2014), y es imposible no pensar en la influencia de su compatriota ucraniana Esfir Shub en la concepción del filme, pues fue una verdadera pionera del cine de compilación histórica. En cuanto a El tesoro (2015), Porumboiu, en tanto una de las voces más personales de la nueva ola del cine rumano, repite presencia en el D’A, con otra de sus historias repletas de un costumbrismo humorista a medio camino entre el etnicismo de Kusturica y el minimalismo de Kaurismäki. En este caso, el realizador rumano contrasta el pasado y el presente de su país a través de una fábula irónica sobre la búsqueda de un tesoro mítico, con la referencia a la leyenda de Robin Hood de fondo. El último filme de la jornada tenía que haber sido L’ombre des femmes (2015), del veterano Philippe Garrel, pero problemas técnicos con el sonido en el Aribau Club 1 obligaron a suspender el pase a la media hora del metraje. En un gesto de justicia, los organizadores ofrecieron invitaciones para la segunda proyección del título, prevista para el día 27 de abril. Esperemos poder saber cómo termina esta sugerente historia de amor y traición.

    The event

    The Event (Подія, Sobytie, Sergei Loznitsa, Ucrania, Países Bajos, 2015).

    The Event (2015), de Sergei Loznitsa, es un potente tour de force que explora las posibilidades del cinéma vérité mediante un ejercicio de estilo hiperrealista, a caballo entre el reportaje periodístico y el género documental, donde el propio discurso –el montaje, los encuadres, el ruido de la fotografía…– es el responsable de estructurar y dar sentido a las imágenes tomadas in situ en las calles de San Petersburgo durante el agosto de 1991, cuando se produjo el fallido golpe de Estado que intentó acabar con la perestroika de Gorbachov. En apariencia una sucesión de tomas con cámara al hombro sin orden ni sentido –lo que no deja de redundar en el caos vivido durante esos momentos de incertidumbre–, de hecho Loznitsa las selecciona y ordena con una intencionalidad temática bien definida. Así, aunque la obra carece de un guion aparente, no es casualidad que se inicie con el estallido popular en los espacios abiertos y públicos y que, por el contrario, en su tramo final vaya recluyéndose en el interior del Ayuntamiento y en los lóbregos y burocratizados despachos de la Administración. Y es que “el suceso” al que alude el título del filme, que a la práctica supuso el fin oficial del régimen soviético, en realidad es la transformación de Rusia, no de una dictadura a un régimen verdaderamente democrático, sino de una oligarquía política a una de carácter económico, de forma que sus viejos “amos” del politburó simplemente cambiaron de “ropajes” para seguir dominando el país en un marco nuevo: el del capitalismo neoliberal y globalizado.

    El director ucraniano lleva a cabo una pieza tan directa como metafórica, construyendo su tesis a partir de la inmediatez de un testimonio de urgencia, pero cuyos momentos anecdóticos se encuentran cuidadosamente seleccionados y organizados (léase, por ejemplo, la magnífica escena de la retirada de la bandera comunista, con su irónico punto de vista alejado de cualquier épica). En este sentido, el autor “recicla” todo un amplio material de archivo para exponer con un envoltorio tremendamente objetivo –y, por tanto, dándole mayor efectividad a su mensaje último– sus planteamientos ideológicos. En puridad, Loznitsa ya había demostrado su pericia en este tipo de creaciones con Maidan (2014), en la que recogió las protestas civiles y los enfrentamientos armados producidos entre las facciones europeístas y prorrusas de Ucrania. De ahí que, viendo The Event, es imposible no pensar en el peso de la rigurosa experimentación formal en torno al montaje de la herencia soviética (Einseinstein, Vértov…) y, sobre todo, en la influencia de su compatriota Esfir Shub, verdadera pionera del cine de compilación histórica, como lo prueba su clásica trilogía sobre la Rusia prerrevolucionaria, y que explicaría en parte la adopción del blanco y negro, para darle todavía una pátina más marcada de documento antiguo rescatado del olvido. En definitiva, por tanto, una pieza ineludible para los amantes del cada vez más rico género documental.

    Otras críticas del día:

    Kaili Blues, de Bi Gan. Por Luis Enrique Forero. [Crítica]

    «... Por el camino, el protagonista verá entremezclado el presente, el pasado y los elementos oníricos en realidades paralelas o posibles, llevando de la mano al espectador hacia su atormentada mente. La catarsis narrativa asoma en medio de un miserable salón de peluquería, y cada palabra pronunciada destila una increíble belleza contenida, con precisión de maquinaria suiza. Conviene recordar para el futuro próximo el nombre del director chino, pues esta joya visual y argumental marca el inicio de una excelente carrera cinematográfica. (90/100)».

    El tesoro (Comoara), de Corneliu Porumboiu. Por Alberto Sáez Villarino. [Crítica]

    «En Rumanía existe una ley por la que cualquier tesoro que sea encontrado ha de ser inmediatamente declarado a la policía, para que ésta decida si su contenido forma parte del patrimonio nacional —y por lo tanto, es propiedad instantánea del estado—. Así, el director aprovecha para incluir esta paradójica y controvertida idea de manera hilarante, cambiando completamente el tono serio del comienzo por uno sardónico al final».

    Chronic, de Michel Franco. Por Alberto Sáez Villarino. [Crítica]

    «Finalmente, ni la actuación de Roth, ni los guiños hanekianos salvarán la cinta de un final demasiado fácil y falto de todo rigor narrativo. Algo que termina de hacer insoportable el duro drama del que hemos sido partícipes gracias a la cercana y realista fotografía».

    The Ardennes, de Robin Pront. Por Eva Hernando [Crítica]

    «The Ardennes es un filme sólido, eficientemente interpretado y con personajes muy bien construidos; que despierta interés en todas los diferentes géneros que aborda, con una cuidada fotografía (que recuerdan al citado director danés) y sin detalles de guion que se dejen al azar y perfectamente cerrada. Como si todo esto no fuera suficiente, además se permite sorpresa final de las que consiguen noquear al espectador».

    Feelmakers

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    Críticas

    Classics

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      Por José Luis Forte / «A golpe de escoplo y martillo un hombre perfora el suelo de hormigón de una celda. Cada impacto hace saltar esquirlas y polvo de cemento en una tarea que se nos antoja imposible. Hay poco tiempo, el ruido es infernal, los guardias de la prisión pueden pasar en cualquier momento y solo la casualidad de que haya obras en el edificio permite que los golpes no llamen la atención. Como un péndulo que marca los segundos con una perfección milimétrica, como gotas de agua que fueran cayendo de un grifo inagotable, la secuencia del trabajo se desarrolla maquinalmente, pero es un hombre quien incansable mantiene el hipnótico ritmo».
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      Por Miguel Muñoz Garnica. «Estamos en el sur de Taiwán, a principios de los años cincuenta. Un pueblecito rural de calles sin pavimentar y casas humildes donde las duchas con agua caliente se dan calentando un barreño de agua sobre una hoguera. Un grupo de niños, descalzos y vestidos de blanco, juega con peonzas en la plaza del pueblo».
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