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    Crítica en serie | Black sails (T3)

    Black sails

    Un espectáculo tan moroso como vistoso

    crítica de Black Sails / Tercera temporada.

    Starz / 3ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2016. Creadores: Jonathan E. Steinberg & Robert Levine. Directores: Alik Sakharov, Lukas Ettlin, Stefan Schwartz, Steve Boyum, Rob Bailey. Guionistas: Jonathan E. Steinberg, Robert Levine, Brad Caleb Kane, Dan Shotz, Lisa Schultz Boyd, Marc Berzenski, Josh Rothenberg, Evan Bleiweiss & Tyler Van Patten como argumentista. Reparto: Toby Stephens, Luke Arnold, Toby Schmitz, Hannah New, Clara Paget, Jessica Parker Kennedy, Tom Hopper, Zach McGowan, Hakeem Kae-Kazim, Luke Roberts, Ray Stevenson, Winston Wong, Lise Slabber, Andre Jacobs, Patrick Lyster, Craig Jackson, Louise Barnes, Roland Reed, Richard Lothian, Zethu Dlomo, Anna-Louise Plowman, Moshidi Motshegwa. Fotografía: Gavin Struthers, David Luther. Música: Bear McCreary.

    La tercera temporada de Black sails contiene lo mejor y lo peor que este emocionante drama pirata puede ofrecer. Pero lo curioso es que ambos extremos se han enfatizados, como si su equipo responsable no pudiera ya evitar ir a lo grande en cada una de las decisiones tomadas. Ha sido tan morosa en lo narrativo como espectacular en lo físico, lo cual la ha convertido en una experiencia a ratos frustrante pero siempre hipnótica. Si uno ya ha llegado hasta este punto de la historia, sea cuál sea su razón, está atrapado por la espesa trama –una maraña de subtramas digna de ser estudiada por lo enrevesada y trabajada que está– y por las magníficas escenas de acción, que esta vez se han superado en magnitud y calibre, con momentos tan memorables como la batalla naval de XXII. (3.4) o el largo asalto de los británicos a los piratas del final de temporada, una auténtica lección de planificación y talento en lo práctico. Lo que hay que plantearse es si compensa el ejercicio de funambulismo narrativo que han hecho los guionistas, capaces de coordinar múltiples tramas y apenas hacer avanzar en una decena de episodios la historia central, a pesar de que han sucedido cosas muy importantes.

    La historia se retoma unas semana después de los convulsos acontecimientos que despidieron la segunda temporada, con Flint tomando la consciente decisión de ser un pirata con todas sus consecuencias, y liderando a su tripulación para arrasar con todo y todos en busca del oro del Urca. De vuelta en Londres, Eleanor espera su más que posible sentencia de muerte, hasta que un capitán del ejército decide aprovechar su experiencia para tratar de reconquistar Nassau en nombre del imperio británico. Y en la propia Nassau, el trío formado por Max, Anne y Jack dividen con cautela y discreción el oro, tratando de que no se sepa que está en su posesión. Esto solo es el comienzo, y como siempre en Black sails, las vueltas de campana a las tramas no tardarán en empezar a suceder. Traiciones, giros de guión, nuevas alianzas, viejos personajes y muchas cosas más entran en juego para la ocasión, siendo probablemente la más llamativa la llegada a la trama de otra figura mítica de la piratería, el capitán Barbanegra. Muy bien interpretado por Ray Stevenson, el inolvidable Tito Pullo de Roma (2005-2007), Barbanegra entra en la historia por su pasado con Charles Vane y Eleanor, y todo lo que le sucede parece apuntar que ha llegado para quedarse un tiempo.

    La otra gran novedad de la tanda, y sin duda la mejor, ha sido la introducción en la historia del sorprendente reino del señor Scott, que sin saberlo nosotros lleva años liberando poco a poco esclavos y ha creado para ellos una suerte de oasis tropical que lideran su mujer y su hija. El contraste entre la vida en el sitio y la agitada existencia de nuestros protagonistas, así como de la manera en que los esclavos huidos y los piratas viven su condición de marginales, dará algunas de las mejores charlas de este conjunto de episodios. Y charlar en un término clave en Black sails, porque a eso dedican los personajes buena parte de su tiempo. Después de 28 capítulos y sabiendo algunas cosas más de las circunstancias de producción de esta serie, queda claro que las conversaciones entre los personajes, en las que se sientan y repasan sus opciones, cuentan sus planes y piensan el siguiente movimiento, son más una necesidad que una auténtica solución narrativa. Los guionistas saben que se puede acabar perdiendo el interés y temiendo cada escena donde dos o más estén juntos en una habitación, pero es que desde un punto de vista práctico sería imposible ofrecer el mismo nivel de acción en cada momento. Las alianzas, requiebros de las normas, creación de nuevas reglas y profundizaciones en el pasado dan estatismo a las tramas, pero son el peaje necesario para poder después tener el presupuesto que permita rodar las espectaculares peleas entre navíos o los asaltos a los carruajes en (falso) plano-secuencia. No se puede filmar en el mar de verdad, y con eso queda todo dicho para imaginar el nivel de producción de este drama pirata.

    El espectador vive entonces en una contradicción perpetua, ya que está siendo testigo de algo muy llamativo y de lo más majestuoso, pero se frustra ante el hecho de que estén siendo tan deliberadamente estancos a la hora de hacer avanzar la acción, sobre todo porque esto no casa bien con muchas de las decisiones que toman. Han matado hasta cuatro personajes importantes –uno de hecho es fundamental– sin que el efecto de esto haya sido tan perdurable como debiera, y han avanzado en la mitología general de la historia pirata con una frase demoledora que nos despide hasta el año que viene, en una 4ª tanda ya rodada y que promete la creación de una organización para los piratas en busca de hacer frente a la respuesta del reino inglés. La novela de Stevenson sigue presente de fondo, y de vez en cuando los guionistas gustan de recordárnoslo, cuando logran crear las circunstancias adecuadas para que el efecto de la mención sea más que permanente. Quizá otras subtramas sean más previsibles (Eleanor y el capitán llevan escritos a fuego su futuro romance desde la primera vez que cruzan miradas), pero los creadores Jonathan E. Steinberg & Robert Levine tienen una mano férrea para conducir sus múltiples frentes abiertos y no descuidar a nadie. Eso es encomiable, aunque uno desearía que se equilibraran mejor acción y diálogo. | ★★★ |


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla



    El fulgor efímero

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