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    World of tomorrow, dirigido por Don Hertzfeldt

    World of tomorrow, dirigido por Don Hertzfeldt

    Trazos para una ópera espacial

    crítica de World of tomorrow (Don Hertzfeldt, EE.UU., 2015) / ★★★★★ |.

    Estados Unidos, 2015. Título original: World of tomorrow. Director: Don Hertzfeldt. Guión: Don Hertzfeldt. Fotografía: Don Hertzfeldt. Música: Don Hertzfeldt. Duración: 17 minutos. Productora: Bitter Films. Diseño de producción: Don Hertzfeldt. Diseño de animación: Don Hertzfeldt. Intérpretes: Julia Pott (voz), Winona Mae (voz). Presentación Oficial: 2015, Sundance Film Festival.

    A menudo, se concibe la Poesía como el medio más completo para expresar la sentimentalidad del Ser Humano, su angustia más acuciante por mostrar y nombrar la belleza. Concentrar el ritmo de la música, la narratividad del lenguaje, y evocar paisajes visuales que apelen directamente a la imaginación del lector, en una suerte de gran sinestesia. Y, dentro de la poesía, existe también un subgénero que busca la máxima economía de medios sin renunciar a estos elementos de transmisión emocional: el haiku. Ideado por los poetas japoneses medievales —muy en sintonía con la filosofía Zen, que busca una experiencia meditativa más allá del conocimiento racional—, este tipo de poema supone un sistema paradigmático de minimalismo, del que, sin duda alguna, es deudor el cortometraje World of tomorrow (2015). El director, productor y guionista Don Hertzfeldt (California, EEUU, 1976) ha legitimado, de la mano de su indiscutible talento, el uso de la animación cinematográfica como vehículo para una exhaustiva reflexión acerca de nuestra condición y preocupaciones más profundas. Creador del festival de divulgación The animation show, ha apoyado constantemente la revalorización de esta estética, con plenas cualidades artísticas, pero en una esfera bastante lejana al formalismo tímido y conciliador de los estudios Pixar.

    World of tomorrow, cortometraje premiado en Sundance y nominado a los pasados premios Óscar, inicia con las marcas de identidad de su director: un dibujo sencillo y una pizca de humor negro —factores en los que reconoce la impronta generacional de la cultura televisiva panamericana, con plataformas impulsoras como la franja Adult swim y el canal Locomotion—. Emily, una niña en plena etapa de aprendizaje del lenguaje, recibe una videollamada de una mujer que se presenta como la tercera generación de la propia Emily, dado que en el futuro, su contenido mental será transplantado a un clon exacto de sí misma, otorgándole algo así como la inmortalidad. La voz del futuro, carente prácticamente de emociones humanas (en contraste con la inocencia y el déficit de atención de la pequeña), le explica con lujo de detalles cómo serán los años siguientes en la Civilización, y la invita a viajar a su mismo plano espaciotemporal. A partir de aquí, tal como si se tratase del estallido de una supernova —que divisamos millones de años después de producirse—, el discurso metafísico y la belleza plástica de las imágenes se despliegan con una contundencia arrolladora para mostrarnos lo paradójico que resulta este futuro. Mediante el denominado “outernet”, evolución natural del internet en una compleja red interneuronal, Emily recorre el paisaje visual y emocional de los recuerdos de su proyección futura. «De nuevo crees que recuerdas, porque estás experimentando un recuerdo desde mi punto de vista», le dice su clon al encontrarse con Simon, un extraño monstruo con el que desarrolló un fuerte vínculo afectivo en el pasado. Aquel mundo en perpetua interconexión se describe con una sencilla hermosura en pequeñas fábulas que va escuchando atenta la pequeña Emily —y nosotros, espectadores—: robots en perpetuo movimiento sobre la superficie lunar que, ya sin ninguna actividad que realizar, escriben terribles poemas existencialistas; un humano sin cerebro recluido dentro de una probeta, expuesto en un museo como obra artística, se torna en refugio de los visitantes desamparados. Y la aparente contradicción entre la complejidad discursiva y el minimalismo gráfico se transforma en una simbiosis perfecta, pues asistimos a través de los inocentes y curiosos ojos de Emily a la destrucción de un planeta sobrepoblado de hipervínculos donde, extrañamente, sus habitantes se encuentran más solos y miserables que nunca. Hertzfeldt ha encontrado aquí un equilibrio ejemplar, y ha sido capaz de construir con papel y lápiz una ópera espacial a la altura del mejor Kubrick —el uso de El caballero de la rosa, pieza de Richard Strauss, nos lleva directamente su obra Así habló Zaratustra, omnipresente en 2001: Una odisea del espacio (1968)—. Quien supere sus prejuicios frente a este particular cine de animación, se encontrará con una auténtica obra maestra.

    Pueden ver el cortometraje por 3.99 euros en Vimeo. A continuación, el tráiler.

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