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    Tráiler de A lullaby to the sorrowful mystery de Lav Diaz, sección oficial de la Berlinale 2016

    A lullaby to the sorrowful mystery

    483 minutos, esa es la duración del nuevo experimento sensorial del director filipino Lav Diaz. Toda una experiencia cinematográfica que tuvo su premiere en la competición de la 66ª edición de la Berlinale. Su proyección deparó todo tipo de movimientos: en la butaca, de dentro a fuera de la sala y viceversa. 8 horas de película que le valieron el premio Alfred Bauer a un cineasta que no entiende de fronteras narrativas. Algo que limitará su exhibición en salas pese a su buena acogida en la capital teutona. A lullaby to the sorrowful mystery (Hele Sa Hiwagang Hapis, 2016), es un filme río que narra el viaje de Gregoria de Jesús, una de las lideresas de la rebelión filipina contra España entre 1896 y 1898, en busca del cuerpo de su primer marido, el libertador Andrés Bonifacio. Hazel Orencio, Alessandra de Rossi, Susan Africa y Joel Saracho encabezan el reparto de una película cuyos derechos han sido adquirido por Film Boutique en Europa y que será distribuida en su país natal por ABS-CBN Film Productions. Es probable que llegue a España en la 64ª edición del Festival de San Sebastián. Les dejamos con un extracto de la opinión (crítica completa) de Luis Enrique Forero desde Berlín y su primer tráiler:


    «En A lullaby to the sorrowful mystery hay momentos de una belleza arrolladora».



    En el enorme lienzo que es esta película, algunos de estos personajes —no todos— experimentan un arco de evolución sumamente interesante. El camino de Isagani concluirá con una fuerte reflexión acerca de la necesidad o no de la venganza. En una conversación con Simoun, por quien siente un profundo odio, confiesa haber quemado todas sus obras, preguntándose la utilidad del arte en un tiempo como aquel. Simoun contesta «puede que el artista sea egoísta, pero el arte, por definición, no lo es […]. El arte habla siempre de una cosa: libertad. Y el mundo necesita poetas». En momentos como este, asistimos a la genialidad de la propuesta del director, donde se proyecta también algo de humanidad en semejantes condiciones de barbarie. Y todo este andamiaje, esta cosmología, usa el formato cuadrado y los planos generales y medios, casi siempre fijos, para ofrecer una visión socio-literaria de la independencia filipina. Claro, hay quien ha afirmado que algunos de estos podrían recortarse en un 90% su duración y el mensaje llegaría inalterado al espectador. Es cierto. Entonces hemos de preguntarnos el por qué de esta elección por parte de Diaz. ¿Es un tour de force? ¿un capricho formal? Si nos fijamos en otros, como Apichatpong Weerasethakul, podemos concluir que esta duración corresponde a una intencionalidad de expresión poética totalizante, un camino que ha de recorrerse para llegar a observar los la belleza, porque en A lullaby to the sorrowful mystery hay momentos de una belleza arrolladora. Y se toma su tiempo para enseñarla. Corre, con este gesto, el peligro de perderse en este río descriptivo que abunda en la mayoría del metraje, a pesar de que el guion recurre muy convenientemente al sistema de mostrar los acontecimientos de manera explícita para, más adelante, enunciarlos a modo de recordatorio en un diálogo de los personajes. Estamos ante una película impresionante por lo que pretende elaborar y por su apología a la paciencia y la defensa de la lentitud como un valor necesario. Tiene algunos problemas que lastran un resultado más pulido, tales como algunos ligeros fallos en el vestuario y un director de casting poco eficaz —la pésima calidad de un par de actores hace reflexionar acerca de las decisiones tomadas en el montaje—, y, claro, no será una obra para todos los gustos, ni con opiniones unívocas. Quien suscribe estas letras se abstiene de ponerle una nota, pudiendo alterar la percepción del espectador. Es mejor enfrentarse a la posibilidad de aguantar o no estas ocho horas de visionado. En cualquier caso, sea valorada como una obra maestra o como un ejercicio vacío de contenido, lo que es absolutamente seguro es que no dejará a nadie indiferente. Diaz podría apropiarse de aquellas palabras atribuidas a David Simon, creador de The wire: «que se joda el espectador medio».

    Tráiler en versión original:

    Feelmakers

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