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    Crítica en serie | Mozart in the Jungle (T2)

    Mozart in the Jungle

    El temporal encanto de un perfume

    crítica de Mozart in the Jungle | Segunda temporada.

    Amazon / 2ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2015. Directores: Paul Weitz, Tricia Brock, Roman Coppola, Adam Brooks, Jason Schwartzman. Guionistas: Roman Coppola, Jason Schwartzman, Alex Timbers, Paul Weitz, Adam Brooks, Kate Gersten, Stuart Blumberg, David Iserson, Rachel Axler, Matt Shire. Reparto: Lola Kirke, Gael García Bernal, Saffron Burrows, Bernadette Peters, Malcolm McDowell, Hannah Dunne, Mark Blum, Debra Monk, Joel Bernstein, John Miller, Brennan Brown, Gretchen Mol, Sandro Isaack, Philip Jackson Smith, Ken Barnett, Aaron Moten, Jason Schwartzman, Jennifer Kim, Peter Vack. Fotografía: Tobias Datum. Música: Roger Neill.

    La burbuja se ha reventado, algo que visto en perspectiva podía pasar (aunque uno no deseaba que fuera tan pronto). La segunda temporada de Mozart in the Jungle es, digámoslo de entrada, inferior a la primera en casi cualquier aspecto. Solo resulta igual de buena en el magnífico trabajo de su elenco y la reivindicación de la música clásica, y si acaso destaca en especial es por el nuevo diseño de cabecera y títulos de créditos finales, que siguen la estela Fantasia (Varios directores, 1940), la extraordinaria rareza de Disney, en cuanto a la intrínseca unión de nota musicales y explosiones de color. En el resto de los elementos, los creadores Roman Coppola, Jason Schwartzman, Alex Timbers y Paul Weitz han entregado un trabajo irregular, que avanza en lo narrativo a trompicones y que tiene la equivocada idea de que ser sutil es lo mismo que ser mínimo. Por eso, existe una trama central de peso (la orquesta amenaza con hacer huelga porque quieren una mejora de las condiciones de trabajo, lo cual rechaza la junta directiva) y el resto es un juego de amoríos y vaivenes sentimentales que aunque tienen su encanto, no dejan de parecer alargados para rellenar minutos. Y es una pena, sobre todo cuando la serie y el maravilloso Gael García Bernal acaban de recibir sendos Globos de Oro en la categoría cómica, lo cual esperamos le garantice al proyecto una tercera temporada.

    En su apariencia más superficial, la serie parecería seguir el camino marcado por la primera y estupenda tanda, uno que combina un sentido del humor excéntrico con un reflejo certero de la sacrificada profesión del músico en pleno siglo XXI. La mezcla de un envoltorio exquisito y el interés de hacer una encantadora comedia romántica en un ambiente peculiar estaban presentes, pero el problema es que pasan los episodios y todo se queda en lo anecdótico, sin llegar casi nunca a lo trascendental. Los múltiples personajes entran y salen de las escenas sin parar, y comentan lo que les pasa y lo que piensan, pero todo parece más un mínimo para pasar a la siguiente escena que otra cosa. Es extraño, y lo peor es que parece hasta el trabajo de un grupo de guionistas perezosos, faltos de ideas. Lo cual es curioso porque en la temporada no paran de suceder cosas, pero es complicado que hagan mella cuando se pasa tan por encima de todo. El interés es resolver la cuestión de la huelga y dilucidar si Rodrigo y Hailey pueden o no estar juntos. Poco más, narrativamente hablando. Pero Mozart in the Jungle no se puede despreciar del todo, ya que hablamos de una serie en la que genios como Mozart, Beethoven o Tchaikovsky son mentados y reconocidos como tal. Una comedia que dedica tiempo de su metraje a uno de los grandes placeres de la vida: escuchar música. Y que hace que músicos y compositores actuales (Anton Coppola, Lang Lang, Emanuel Ax, Joshua Bell, Alan Gilbert, Andrew Andrew) desfilen ante sus cámaras, reivindicándose su talento y poniendo un rostro a lo intangible de su trabajo. Son intenciones tan loables que hacen imposible odiarla, pero que sí hacen una experiencia frustrante el hecho de que la calidad de la historia haya caído así. A falta de mayor fuerza estructural, cuando más brilla todo es cuando se cultivan los pequeños grandes momentos. La visita a la abuela de Rodrigo, Bradford escuchándose entrevistando a su padre de niño, la relación entre Gloria y Pavel y algunas perlas más puntúan el transcurrir de los episodios, que están hechos con tal primor que se pasan volando.

    Hailey ha experimentado la mayor evolución como personaje, entrando de nuevo en el mundo de la soltería (a través de una no muy trabaja salida de Alex de la serie, todo hay que decirlo) y con la determinación de experimentar un poco el mundo. Si Hailey es esa Blair Tindall cuyo libro sirve de inspiración a Mozart in the Jungle, se entiende que los responsables de la comedia dediquen buena parte del tiempo a hacer una crónica de su vida y los cambios experimentados al entrar en la Orquesta. Era nuestro punto de entrada a este curioso mundo, pero la mirada pronto se volvió coral, y la chica no necesitar estar en cada escena ni tener todas las respuestas. La audiencia es la que más sabe, y la que la está viendo crecer y cometer algunos errores. Beber un poco más de la cuenta pero mantener la cabeza fría cuando toca. Y sobre todo maravillarse ante todo lo asombroso que tiene que ofrecer el mundo aquí retratado, donde el talento y el trabajo duro tienen recompensa. Es una filosofía estupenda y es genial que se transmita, pero no debería ahogarse entre tanta crónica rosa y cotilleo. Quizá es que fuera inevitable que una serie que conjuraba algo tan peculiar como lo que conjura ésta acabara por derrumbarse, o al menos una de sus partes. Era un encanto que funciona como una fragancia, embriagadora de entrada pero proclive a no dejar huella cuando pasa el tiempo. Estrenada casi de tapadillo el pasado 30 de diciembre, cuando se había anunciado para enero de 2016, esta segunda tanda ha sido peor, y eso es innegable, pero no todo está perdido. A no ser que sus responsables decidan lo contrario o que Amazon no vea rentable una renovación, tendremos una tercera temporada y una nueva oportunidad para tratar de conjurar esa magia de nuevo. Es difícil de describir qué tenía de grandiosa esta historia en su comienzo, pero el hecho de que de vez en cuando podamos seguir viéndola en chispazos intermitentes aquí y allá prueba que el talento para hacerlo está ahí. | ★★★ |


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla



    El fulgor efímero

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