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    Crítica en serie | Galavant

    Galavant

    El encanto combinado de lo autoconsciente y lo musical

    crítica de Galavant (2015-) | Primera y segunda temporada.

    ABC / 1ª y 2ª temporada: 18 capítulos | EE.UU, 2015, 2016. Creadores: Dan Fogelman. Directores: John Fortenberry, Chris Koch, James Griffiths, Declan Lowney, Paul Murphy. Guionistas: Dan Fogelman, Kat Likkel, John Hoberg, Scott Weinger, Rick Wiener, Kenny Schwartz, Casey Johnson, David Windsor, Kirker Butler, Kristin Newman, Maggie Bandur, Dan Kopelman, Robin Shorr, Jeremy Hall. Reparto: Joshua Sasse, Timothy Omundson, Vinnie Jones, Mallory Jansen, Karen David, Luke Youngblood, Stuart Davidson, Ben Presley, Darren Evans, Stanley Townsend, Genevieve Allenbury, Sophie McShera, Robert Lindsay, Clare Foster, Kemaal Deen-Ellis, Muzz Khan. Fotografía: Chris Seager, Ashley Rowe, John Pardue, otros. Música: Christopher Lennertz & Alan Menken. Música de las canciones: Alan Menken. Letras: Glenn Slater.

    Galavant es una serie muy curiosa, de esas que suelen surgir en tanto en cuanto en las cadenas en abierto y que lamentablemente tiene la condición de minoritaria tatuada a fuego en la frente. ¿Una comedia musical de humor metarreferencial, nos lleva al siglo XIII para deconstruir el mito del héroe perfecto? Pues eso, en esencia, este delicioso proyecto que acaba de concluir su segunda temporada. 18 episodios emitidos a razón de dos por semana para ocupar los meses de enero de 2015 y 2016, casi como si ABC solo quisiera tener relleno para el mes de vuelta de las vacaciones de Navidad. La cadena ha decidido reunir los talentos musicales del mítico y ocho veces oscarizado Alan Menken —con su letrista desde 2010 Glenn Slater— con un grupo de guionistas con muchas ganas de pasarlo bien, y el resultado tiene el perdurable encanto de la broma cómplice más ingeniosa. Con tres números musicales por capítulo y un reparto comprometido con la causa de ser los payasos más divertidos, esta comedia se ha metido en el bolsillo al respetable con su apuesta por la diversión y su tratamiento deconstructivo de los temas más clásicos (amor, deseo, la noción del héroe, maldad, envidia). Siempre un comentario cínico o una observación irónica que construía las situaciones en algo autoconsciente, y las llevaba a un nivel superior de entretenimiento, uno que garantizaba siempre al menos una sonrisa.

    No se le debe pedir profundidad psicológica en los personajes o que los secundarios sean algo más que apoyo cómico porque no hay tiempo en el formato ni esa es la intención de sus responsables, pero cada episodio dura 21 minutos y el tiempo está bien empleado en la creación de los chistes, ya sean efectivos running gags (la virginidad de Richard, el “dragón” Tad Cooper) u ocurrencias del momento sin mayor repercusión (la visita al bar gay). La idea detrás de Galavant es dar una cachonda vuelta de tuerca a los clásicos cuentos Disney –de nuevo entra Menken y su música, amén del hecho de que ABC sea propiedad de la empresa de dibujos animados– sin salirse a la vez de un patrón más o menos típico en cuanto al fin romántico de las subtramas. Así que en última instancia es algo inofensivo, pero muy divertido si el humor de la serie funciona para el espectador. Pegadiza como todas sus ingeniosas y elaboradas melodías (que bromean no solo con la trama sino con los clichés del subgénero, con la serie en sí, con su repercusión mediática, con su ausencia de premios, con su posibilidad de renovación), esta comedia musical hará las delicias de los fans del género y de cualquiera que tenga una mentalidad abierta a la mezcla genérica.

    Sus metachistes que se atreven con todo, su autoconciencia de producto peculiar y limitado por presupuesto y programación, el carisma de los intérpretes y la apuesta musical son las mejores armas de Galavant, y las exhibe con brillantes colores. Nunca desaprovecha oportunidades para hacer un comentario jocoso y además explora el alma de sus personajes con mimo y calma, constituyéndose como un producto de corte familiar y algo gamberro. El caballero caído en desgracia que es Gary Galavant; la reina llena de rencor que es Madalena; Richard el rey ingenuo e infantil; la aguerrida princesa Isabella o las diferentes encarnaciones del fiel escudero que son Sid y Gareth. Todos vueltas de tuerca a arquetipos de cuentos que tienen la parte justa de vitriolo y corazón para ganarse al respetable. Su entramado es ligero como para verla y sumergirse en ella, pasarlo bien y olvidarse de todo. La cuestión de su regreso por una tercera temporada está en el aire, y esta vez los creativos han preferido cerrar la mayoría de las tramas para no dejar a los fervientes fans con una desilusión, pero a la vez con una sencilla forma de retomar este mundo si se diera la ocasión. La segunda temporada ha sido más floja que la primera (diez capítulos de dilatación de una historia mínima) pero el encanto y frescura no se ha perdido y las series bizarras siempre merecen continuar mientras la originalidad no se pierda. E intuimos que a Galavant y su pandilla les queda cuerda (artística) para rato.  (★★★)


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla


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