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    Crítica | The childhood of a leader

    The childhood of a leader

    Formar a un tirano

    crítica de THE CHILDHOOD OF A LEADER (Brady Corbet, Reino Unido, 2015).

    Los debuts en la dirección de actores son siempre algo llamativo. Cuando alguien se ha ganado la vida como intérprete, cuando está dejando o ha dejado una impronta en la gran pantalla a través del arte de la interpretación, la idea de que se ponga tras la cámara suele despertar la curiosidad del respetable. Con esto en mente, podría sorprender a más de uno que el norteamericano de 27 años Brady Corbet se estrene como director con una película como The childhood of a leader, exploración libre y puede que en exceso sutil de la infancia de quien acabará siendo un poderoso líder fascista –algo que sabemos por el título y la prensa alrededor de la cinta–, que se inspira en un relato corto firmado por Jean-Paul Sartre y en la novela de John Fowles “The Magus”, publicada en 1965. Si uno se detiene a contemplar la filmografía del intérprete, verá que tiene algo de sentido que haya decidido dirigir una ópera prima como ésta. Y es que ha trabajado con gente como Michael Haneke, Mia Hansen-Løve, Olivier Assayas, Lars von Trier, Bertrand Bonello o Ruben Östlund, en roles de mayor o menor tamaño, y la atmósfera dura y asfixiante de la cinta que nos ocupa remite tanto al danés como a austríaco, sin dejar de sonar la melodía europea del resto del grupo.

    El argumento nos lleva a principios del siglo XX, poco después del final de la I Guerra Mundial y en plena elaboración del Tratado de Versalles, datos que sabremos a través de susurros y frases dichas en segundo plano, porque lo que le importa al cineasta/co-guionista es comprobar el cambio del joven Prescott (estupendo Tom Sweet), hijo de militares que en su llegada a un pueblo francés debe adaptarse a una nueva vida mientras se cuece un nuevo mundo, algo que simplemente no le gusta. Es un niño que tiene rabietas, y de las grandes. A través de las idas y venidas de su padre y la actitud de su madre ante lo que va sucediendo, el joven aprenderá en varios niveles sobre el poder y sus abusos, sobre la vergüenza y el rencor. El entorno le es hostil y él responde con una pequeña rebelión despiadada, cocinada a fuego lento en un progresiva e incómoda progresión dramática que a veces despierta risas de incomodidad, sobre todo en el duelo que se marca con su Madre, a la que da vida una estupenda Bérénice Bejo y que sin entrar en explicaciones innecesarias se entiende desde el principio, porque viene de un lugar casi instintivo que cualquier espectador puede comprender.

    The childhood of a leader

    «Corbet ha creado una miniatura preciosista que quiere hablar de los grandes temas, pero a la que le falta alma. No es fácil diseccionar sin caer en obviedades la mente infantil, y más cuando todo esto sucede en medio de un momento histórico de tal importancia, aunque es loable por su parte no recurrir al enfoque autoconsciente, pero el gran problema es que el argumento no parece llegar a ningún sitio finalmente». 


    A lo largo de la Historia del Cine han sido muchas y de muy diversa índole las películas que han intentado explicar el comportamiento en la edad adulta de alguien que hace el mal a través de un vistazo a su infancia, periodo clave para la formación de todo ser humano. Así, lo que Corbet cuenta no es especialmente novedoso, pero sí es capaz de promover un interés especial es por el aura de misterio que envuelve a la posibilidad de que el joven protagonista sea uno de esos líderes que destrozarán el mundo dos décadas más adelante, así que estamos haciendo cábalas constantes y dudando de si la figura será real o una ficticia inspiración. El director sabe esto y juega con esa intriga hasta el final, ese desenlace de impecable virtuosismo técnico y palpables ganas de dejar a la platea confusa. Como el final, el principio es también una prueba de potencia escénica y musical de altura que deja el listón muy alto, aunque en el medio reine más bien la funcionalidad que se deriva de poner la cámara al servicio de la acción y manejar la luz de forma naturalista. Llama la atención que se opte por abrir y cerrar la peripecia con tamaña demostración de talento con la cámara si no se va a apostar más por ese cuidado del encuadre y el uso de la música en la mayor parte del metraje. Una medida desconcertante, aunque sin duda sirve para crear expectativas en la audiencia y despedirla con una sensación perdurable.

    El debutante está en una misión, la de ser enigmático y selecto en lo que cuenta para provocar la espera y teorización. The childhood of a leader, dividida en una obertura y cuatro actos de duración y temática imprevisible, decae un poco en interés porque la misión es algo fallida, porque y la perversidad de esa personalidad infantil que está naciendo no es muy comprensible más allá de la justificación más obvia –ya era así desde antes–, así que el suma y sigue de eventos de potencial traumático no añade mucho más que un elemento curioso. El hecho de que la película solo dé nombre a los personajes que lo hace refuerza la idea de que sólo importa la formación de Prescott ya que es una visión casi desde su nivel, y las pocas secuencias en las que no sale el crío sirven para ahondar en la crisis de sus padres, lo cual acaba repercutiendo en él de manera más o menos directa. Así, las casi dos horas de metraje van avanzando entre severas experiencias de aprendizaje que crean una atmósfera malsana aunque nunca del todo peligrosa, como si las Rabietas que dan títulos a los episodios no pudieran ser más que eso, momentos de agitación emocional que se acaban pasando, dejando un poso más cercano a la inquietante normalidad previa que a otra cosa. Cuando es la acción la que nos dice que no será el caso, que en realidad todos esos enfados van a plantar semillas de odio y rencor en su alma y van a hacerle crecer para hacer el mal más puro, es que la labor de los responsables no está lo suficientemente lograda. Es un problema de forma, no de fondo. Deberíamos poder entender esto sin necesidad de que nos lo cuenten. Corbet ha creado una miniatura preciosista que quiere hablar de los grandes temas, pero a la que le falta alma. No es fácil diseccionar sin caer en obviedades la mente infantil, y más cuando todo esto sucede en medio de un momento histórico de tal importancia, aunque es loable por su parte no recurrir al enfoque autoconsciente, pero el gran problema es que el argumento no parece llegar a ningún sitio finalmente. Porque se apuntan temas como la religión, el choque cultural, el sadismo sutil o la venganza contra Padre y Madre como figuras abstractas como elementos que se filtran en la psique de este líder al que alude el título de la cinta, pero la frialdad de su tono y el empeño por no caer en lo complaciente o fácilmente descifrable dificulta saber qué es importante y qué una falsa pista, o incluso si hay falsas pistas. Por todo esto y más lo contado atrapa, aunque no sorprenda, y el final deja con más preguntas que respuestas, aunque la manera en que lo hace confirma la sospecha de que el joven realizador se mueve más por cálculo que por instinto. (★★★)


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Festival de Sevilla 2015


    Ficha técnica
    Reino Unido, Hungría, Francia, 2015. Dirección: Brady Corbet. Guión: Brady Corbet & Mona Fastvold. Música: Scott Walker. Fotografía: Lol Crawley. Productoras: Bow and Arrow Entertainment / FilmTeam / Hepp Film / MACT Productions / Scope Pictures / Unanimous Entertainment. Productores: Jason Cloth, Chris Coen, Brady Corbet, Helena Danielsson, Antoine de Clermont-Tonnerre, Aaron L. Gilbert, Hanga Kurucz, Genevieve Lemal, István Major, Patrick Murray, Matthew Perniciaro, Michael Sherman, Lee Stone, Megan Wynn, Brian Young. Montaje: Dávid Jancsó. Dirección artística: Nóra Takács. Vestuario: Andrea Flesch. Reparto: Tom Sweet, Bérénice Bejo, Liam Cunningham, Yolande Moreau, Stacy Martin, Sophie Curtis, Robert Pattinson. Presentación oficial: Festival de Venecia 2015. Premios: León del Futuro (Premio Luigi De Laurentiis al Mejor Debut) & Mejor Dirección de la Sección Orizzonti.

    Póster: The childhood of a leader
    Feelmakers

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