Introduce tu búsqueda

  • Especial Festival de Cannes.
    Cobertura de la 70ª edición.

    Obsesión por los absolutos.
    La ciudad perdida de Z, de James Gray.

    Naderías y pasatiempos.
    Certain Women, de Kelly Reichardt.

    Romper las cuerdas.
    Lady Macbeth, de William Oldroyd.

    Bajo la máscara de la tolerancia.
    Déjame salir, de Jordan Peele.

    Crítica | Respira

    Ein Atem, Christian Zübert

    Las dos Europas

    crítica de Respira (Ein Atem, Christian Zübert, Alemania, 2015).

    No hay nada más expresivo acerca de lo que se ha dado en llamar el fenómeno de las «dos Europas» que la relación entre Alemania y Grecia. Rescatadora frente a rescatada, figura paternalista autoimbuida de sabiduría (entendida como inherente al poderío político-económico) frente a oveja descarriada que se resiste a que sus pasos de vuelta al redil sean dirigidos a distancia por la fría vara germana. La Europa rica, en fin, que saca pecho con condescendencia hacia la (pobrecita) Europa pobre que no ha sabido conducirse por sí misma. El escenario, tan de actualidad mediática, resulta idóneo para el principal fin que motivó la creación de Respira, según lo ha afirmado su propio director: plantear el diálogo entre las dos Europas mediante un ejercicio de sinécdoque, cuya representación del todo es la narración cruzada de dos peripecias femeninas. Tessa es una mujer alemana de clase acomodada, absorbida por su trabajo, madre primeriza de un bebé de pocos meses y en permanente estado de ansiedad. Elena, una chica griega que, harta de la falta de oportunidades en su país, deja atrás a su familia y su novio para probar suerte en Alemania. Ambas cruzan sus historias cuando Elena, justo al descubrir que está embarazada, comienza a trabajar de niñera para Tessa.

    En este punto de partida está uno de los mayores aciertos de Zübert, que para tender el puente entre las dos Europas confrontadas recurre a una conocida problemática común: la presión que ejerce sobre las dos mujeres una sociedad en la que la dictadura del éxito laboral se alía con los automatismos patriarcales. Así, Tessa viene a funcionar como personificación de los «problemas del primer mundo», como ella misma los define en una línea de guion. La imposibilidad de desconectar de las obligaciones de su trabajo. Esa típica neurosis de madre moderna obsesionada por controlar todo lo que sucede en y alrededor de su bebé. La coacción de una mentalidad tradicional (encarnada por la figura de la suegra malcarada) que la empuja a sentirse culpable por no pasar más tiempo con su hija, y cuya herencia es perceptible en un marido poco colaborador en las tareas domésticas. Mientras que sobre Elena pesa la precariedad de un mundo laboral que no le da ninguna facilidad para atender a su embarazo, ese empleo basura que la considera un engranaje más de la cadena de montaje que puede ser sustituido si empieza a dar problemas, y que despacha su crueldad con coletillas tipo «si no te gusta el trabajo, tengo veinte en la puerta que se darían de tortas por él». A lo que hay que sumar los reproches de su familia por no haberse quedado en su país con los suyos y los amagos de autoritarismo machista de su novio.

    Ein Atem, Christian Zübert

    «La cinta plantea un ejercicio de empatía muy relevante para los tiempos que corren. No sólo porque demande despertar la comprensión hacia dos protagonistas que, observadas desde la perspectiva de la otra, alternan a la vez roles de antagonistas. Sino porque pone de manifiesto que la carencia entre ambas de esa empatía, que el espectador sí es capaz de sentir, es lo que se desvela como la raíz de buena parte de sus males».


    Tessa y Elena, en definitiva, funcionan como víctimas de una ansiedad generada por la imposibilidad de cumplir con las exigencias de un sistema que demanda su perfección como trabajadoras, madres y esposas. Ahora bien, Zübert deja que sea el espectador quien cree este punto de conexión entre las dos. Porque la trama de Respira explora, justamente, cómo la incapacidad de ponerse en la piel de la otra precipita el choque entre las dos protagonistas. Especialmente en el caso de Tessa, un personaje capaz de despertar antipatía por su autoritario egoísmo a la vez que compasión por su alienación laboral y familiar. Así, se hila una trama que encuentra sus grandes virtudes en la forma que tiene de retratar a las dos mujeres, sus complejidades y sus contradicciones, insuflándoles la suficiente vida como para trascender su mera condición de figuras retóricas del discurso de fondo. A ello ayuda una estructura de doble narración, que apenas rompe la linealidad cronológica pero sí cambia algo esencial en la película: el paso del punto de vista de una protagonista al de la otra. Su segunda mitad, eso sí, marcada por un punto de giro algo artificial, trata de añadir una intensidad dramática que termina no obstante por disminuir la fuerza expresiva de sus situaciones. Quizá en este cambio de registro esté el principal fallo de Respira, a la que le sienta mejor el tono de cine social intimista sin los punteos de suspense que aparecen en su segunda parte. Con todo, la cinta plantea un ejercicio de empatía muy relevante para los tiempos que corren. No sólo porque demande (y, en el caso de un servidor, consiga) despertar la comprensión hacia dos protagonistas que, observadas desde la perspectiva de la otra, alternan a la vez roles de antagonistas. Sino porque pone de manifiesto que la carencia entre ambas de esa empatía, que el espectador sí es capaz de sentir, es lo que se desvela como la raíz de buena parte de sus males. En lugar de ello, tanto Elena como Tessa, y en esto queda claro lo que tienen representativo de la Europa rica (Alemania) y la Europa pobre (Grecia), parecen demasiado ocupadas en demostrarse la una a la otra que cada una tiene sus propios problemas. Que la solidaridad es un lujo que no pueden permitirse. Pero frente a esta retórica de bandos, cualquier observador con cierta sensibilidad social sabrá identificar que los males de las dos mujeres tienen, en el fondo, una raíz común. Que la psicosis de la madre trabajadora perfecta y la desesperación de la joven (para más inri, con formación de sobra) sin oportunidades no son problemáticas ajenas, sino efectos distintos de un mismo escenario deshumanizador. | ★★★ |


    Miguel Muñoz Garnica
    © Revista EAM / 53º Festival de Gijón.


    Ficha técnica
    Alemania, 2015. Ein Atem. Director: Christian Zübert. Guión: Christian Zübert, Ipek Zübert. Productoras: CL Productions, FunDeMental Studios, Senator Film Köln. Presentación oficial: Festival de Toronto 2015. Productores: Ulf Israel, Kostas Lambropoulos (coproductor), Ipek Zübert (productor asociado). Fotografía: The Chau Ngo. Música: Christoph M. Kaiser, Julian Maas. Montaje: Mona Bräuer. Vestuario: Susan Bollig, Sarah Raible. Diseño de producción: Manfred Döring. Dirección artística: Johannes Lukanow. Reparto: Jördis Triebel, Chara Mata Giannatou, Benjamin Sadler, Apostolis Totsikas, Nike Maria Vassil, Pinelopi Sergounioti, Mary Nanou, Akilas Karazisis, Richard van Weyden. Duración: 110 minutos.

    Póster: Ein Atem, Christian Zübert
    Feelmakers

    0 comentarios:

    Publicar un comentario

    "Sueñen. Vean cine."

    Críticas

    Festivales

    • El cine de Olivier Assayas. Una mirada a su filmografía

      Por Ignacio Navarro / «Todo lo que se necesita para hacer una película es una mujer y una pistola. Esta frase un tanto discutible (por lo sexista) la pronunció Jean-Luc Godard, nada menos que el estandarte de esa corriente tan identificable del cine como fue la Nouvelle Vague...».
    • Las 10 mejores películas de Luis Buñuel

      Por Alberto Sáez Villarino. «A pesar de lo que pudiéramos imaginar, movidos por la falta de preocupación de unos medios de comunicación con cierta tendencia a la holgazanería a la hora de catalogar los estilos y movimientos artísticos, el período surrealista de Buñuel fue considerablemente breve. En realidad, sólo dos películas entran dentro de los esquemas político-estéticos propuestos por André Breton: Un perro andaluz y La edad de oro...».
    • Monstruos que huyen, monstruos que persiguen, monstruos que observan: M, el vampiro de Düsseldorf

      Por Elisenda N. Frisach. «Fue a mediados del siglo pasado, cuando Europa se recuperaba de la Segunda Guerra Mundial mientras se encaminaba a una tercera contienda de alcance planetario –aunque esta vez marcada por un equilibrio del terror conocido como «Guerra Fría»–, que el historiador francés Daniel Halévy publicó su libro Ensayo sobre la aceleración de la historia (1948), donde, entre otras cosas, determinaba el espíritu de nuestra época; un zeitgeist marcado por la constante transitoriedad tecnológica y científica...».

    Classics

    [12][Trailers][slider3top]