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    Crítica | Homeland (T5)

    Homeland

    Moderno aroma a viejo cine de espías

    crítica de Homeland | Quinta temporada.

    Showtime / 5ª temporada: 12 capítulos | EE.UU, 2015. Creadores: Alex Gansa & Howard Gordon. Directores: Lesli Linka Glatter, Dan Attias, Keith Gordon, John Coles, Michael Offer, Alex Graves, Tucker Gates, Seith Mann. Guionistas: Alex Gansa, Chip Johannessen, Ted Mann, Patrick Harbinson, Meredith Stiehm, Ron Nyswaner, Benjamin Cavell, Charlotte Stoudt, David Fury, Liz Flahive & Howard Gordon como argumentista. Reparto: Claire Danes, Mandy Patinkin, Rupert Friend, F. Murray Abraham, Miranda Otto, Sebastian Koch, Sara Sokolovic, Alexander Fehling, Nina Hoss, Atheer Adel, Mark Ivanir, René Ifrah, Alireza Bayram, Allan Corduner. Fotografía: David Klein. Música: Sean Callery.

    La fórmula del reinicio le sigue funcionando a Homeland, que se mantieme igual de fresca, imaginativa y tensa en su quinta temporada con un salto temporal de dos años que traslada la acción a Berlín, con nuestra incansable protagonista Carrie Mathison (estupenda Claire Danes, que después de 60 entregas sigue tomándose en serio su trabajo) como exagente de la CIA de vida tranquila. Casi una postal de lo ideal (novio perfecto, estupendo entorno para su hija, trabajo que no le aburre), que va a reventar en mil pedazos cuando un ataque informático resulte en el robo de más de 1.000 documentos de la sede local de la CIA, y que apuntan a posibles violaciones de los derechos de los ciudadanos en estrecha colaboración con la autoridad alemana. La serie se ha dedicado en esta temporada a integrar más que nunca, y con gran eficacia, las ideas clásicas y modernas de la profesión del espía según nos ha sido representada en otros medios. Casi ninguno de nosotros sabe en realidad cómo es ejercer una ocupación así, y seguramente Homeland y toda la literatura y lo audiovisual que tratan de reflejarlo estarán hasta cierto punto equivocados, pero de cara a transmitir una sensación de credibilidad y del riesgo que conllevará dedicarse a algo así, el relato que vertebra esta docena de episodios es una victoria bastante rotunda.

    La era de la hipervigilancia integrada a un proceso fascinante que nos remite –quizá por el clima– al cine europeo de espías, que de hecho tiene su perfecto correlato en la subtrama de la doble agente que trabaja para Rusia y Estados Unidos desde su posición de jefa de estación alemana, y que empieza como un recurso manido de guión para luego adquirir profundidad y hasta trascendencia. La introducción de Allison (espléndida Miranda Otto) en la trama ha acabado proporcionando algunos de los mejores momentos de la tanda, haciendo estupendo uso dramático de los silencios y creando una tensión constante que nunca resultó gratuita. A la vez que esto, la serie ha jugado más que nunca a las tramas paralelas, con la propia Carrie investigando un posible complot para asesinarla, Quinn caído por un discutible azar en medio de una célula terrorista y los tres nuevos personajes fijos (Jonas, Otto y Laura) defendiendo la idea de los derechos internacionales y la vulneración de los mismos en pos de un bien mayor. Si normalmente este thriller gusta de espolear debates, en esta ocasión los guionistas (seis nuevos y cuatro recurrentes) han ido a por todas tratando de crear acciones polémicas en casa frente. Lo mejor que se puede decir de esta opción, que siempre es bienvenida mientras la crítica que hace no sea gratuita ni solo busque generar polémica porque sí, es que queda perfectamente integrada en el desarrollo de los episodios, no parece nunca el resultado de una composición hecha desde el papel. Aunque desde el principio la combinación más sorprendente que Homeland ha sacado adelante es que una serie como ésta, tan presa de los giros de guion extremos, cuide tanto y tan bien el sentimiento, la raíz emocional de lo que pasa. Se logra que las acciones de los personajes tengan repercusiones emocionales y que nosotros las veamos, haciendo así más fácil la identificación como audiencia. El reparto se dedica más bien a eso que a lucirse físicamente en escenas de acción o persecuciones. Son los encargados de hacer palpables esas emociones en un entorno tan cargado de intensidad, y es en el muy buen hacer del elenco y la impecable ejecución técnica donde Homeland brilla, haciendo que esta nueva entrega no muestre signo alguno de agotamiento ni desidia, aunque haya perdido un poco el favor del público que la consumía y comentaba obsesivamente hace apenas tres años.

    Homeland

    «El cambio de escenario le ha insuflado nueva vida a Homeland y le ha permitido facturar una estupenda temporada, una que busca tanto entretenernos como hacernos pensar, y que por el camino hace que nos cuestionemos el tipo de mundo en qué vivimos y cómo puede tambalearse a la mínima».


    Lamentablemente, hemos sido testigos como espectadores de cómo este thriller se ha convertido una vez más en certero cronista de una dolorosa realidad. Con el ataque terrorista en París el pasado 13 de noviembre todavía fresco en la memoria, una subtrama emerge en la última parte de la temporada que documenta la intención (finalmente fracasada) de liberar gas sarín en una concurrida estación de metro. Ha sido extraño ver estas cosas sucediendo paralelamente, ya que era casi como comprobar que realidad y ficción se confundían, aunque por supuesto la ficción tiene un resultado final más feliz. Aunque la nota más límite de toda la historia, una que de hecho ha servido para crear un cliffhanger pausado y no muy enfático, ha sido aquélla que involucraba a Quinn como sujeto de experimentación precisamente con ese gas sarín. Pocas escenas han dado más miedo que ver al personaje sufriendo los efectos casi letales del gas y sin poder hacer nada. Son las consecuencias más feroces de una guerra que se lucha cada día, y que tiene a salvajes y a héroes en cada bando (aunque una serie americana no va a entrar mucho en esas zonas grises, claro está, y al final del día Homeland trata sobre el poderío USA). La lucha que sí propone la serie es más bien en el campo de la teoría, de ahí la importante trama de Laura como periodista americana autoexiliada en Berlín, y cuya toma de contacto con los documentos pirateados la pone en un peligro inminente, uno que la mujer acepta de buen grado porque cree en la libertad de expresión como garantía absoluta para su profesión. El debate que esta historia genera no es nuevo, pero resulta siempre refrescante que se lleve a la práctica con un ejemplo tan claro y lleno de aristas incómodas, uno que no demoniza ni santifica posturas y que hace que podamos entender y/o condenar con un buen número de argumentos. En definitiva y a pesar de algunos puntos más cuestionables (los “superpoderes” de Carrie), el cambio de escenario le ha insuflado nueva vida a Homeland y le ha permitido facturar una estupenda temporada, una que busca tanto entretenernos como hacernos pensar, y que por el camino hace que nos cuestionemos el tipo de mundo en qué vivimos y cómo puede tambalearse a la mínima. Con el acento puesto más que nunca en el aspecto espía del trabajo, los guionistas han tocado una historia autoconclusiva, que no apunta claramente la dirección de la ya confirmada sexta temporada, pero que sí se despide con una duda de supervivencia y una cuestión ética peliaguda. Lo dicho, este thriller tenía ganas de incomodar este año. | ★★★★ |


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla



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