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    Crítica en serie | Transparent (T2)

    Transparent

    Amor, curiosidad, prozac y dudas

    crítica de Transparent | Segunda temporada.

    Amazon | Estados Unidos. Año de producción: 2015. Dirección: Jill Soloway, Andrea Arnold, Jim Frohna, Marielle Heller, Silas Howard, Stacie Passon. Guion: Jill Soloway, Bridget Bedard, Micah Fitzerman-Blue, Noah Harpster, Ethan Kuperberg, Ali Liebegott, Faith Soloway, Arabella Anderson, Our Lady J. Compañía productora: Amazon. Premios: 2015: 2014: 2 Globos de Oro: Mejor serie de TV - Comedia y Mejor actor (Tambor)/ 2014: Satellite Awards: Mejor Serie de TV - Comedia y Mejor actor (Tambor) / 2015 Emmy: Mejor actor (Tambor), dirección y actor invitado (Whitford) / 2015: Premios Gotham: Nominada a Serie de TV revelación / 2015: Globos de Oro: Nominada a Mejor serie de TV - Comedia y actor (Tambor) / 2015: Satellite Awards: Nominado a Mejor actor serie comedia (Tambor) / 2015: Directors Guild of America (DGA): Nominado a Mejor director serie comedia/ 2015: Critics Choice Awards: Mejor actor comedia (Tambor) / 2015: Sindicato de Actores (SGA): 2 nom. inc. Mejor reparto (Serie TV- Comedia) Productores: Jill Soloway, Victor Hsu, Aaron Miller, Joan Scheckel, Andrea Sperling, Rhys Ernst, Rick Rosenthal, Bridget Bedard, Zackary Drucker, Jennifer Corey, Emily Fenster, Micah Fitzerman-Blue, Esti Giordani, Catherine Haight, Noah Harpster, Blair Skinner. Fotografía: Jim Frohna, John Guleserian. Música: Dustin O'Halloran. Montaje: Catherine Haight, Hilda Rasula, Sunny Hodge. Dirección artística: Macie Vener. Vestuario: Marie Schley, Nancy Gould. Reparto: Jeffrey Tambor, Amy Landecker, Judith Light, Gaby Hoffmann, Jay Duplass, Alexandra Billings, Kathryn Hahn, Carrie Brownstein, Melora Hardin, Rob Huebel, Zackary Arthur, Kiersey Clemons, Emily Robinson, Bradley Whitford, Trace Lysette, Alyvia Alyn Lind, Cherry Jones, Alex MacNicoll, Brett Paesel, Clementine Creevy, Noah Harpster, Hari Nef, Mel Shimkovitz, Tig Notaro, Michaela Watkins, Jason Mantzoukas, Julia Butters, Ali Liebegott, Ethan Sandler. Duración: 10 capítulos, 30 min.

    Decía Anna Karenina que todas las familias felices parecen iguales, pero las infelices lo son cada una a su manera. Sustituyan infeliz por compleja y tendrán a los Pfefferman, la genuina familia judía de Los Ángeles que comenzamos a conocer a fondo en la primera temporada de Transparent. Esta explosiva combinación cómica y dramática de Amazon, ganadora en su lanzamiento de un Globo de Oro a la Mejor Comedia y al Mejor Actor –totalmente merecido por el colosal Jeffrey, Tambor, protagonista a pesar de lo coral del reparto–, acertó en su prisma innovador y su planteamiento naturalista, sacando a la luz del espectador televisivo la visibilización de la transexualidad, la homosexualidad en la tercera edad o los conflictos internos en torno a la monogamia o la fidelidad. Cuando terminó la primera entrega, cada subtrama nos dejó diversos frentes abiertos a cuyos avances estábamos deseando hincar el diente. Un año después, nos hemos encontrado con una propuesta narrativa más sólida y madura, en la que la faceta dramática supera con creces a la humorística –pese a que cada capítulo contiene múltiples destellos cómicos y diálogos hilarantes–, y la profundidad psicológica de los personajes se ha acrecentado. Maura ha apuntalado su identidad como mujer, y de aquel Morty profesor de universidad jubilado sólo quedan un puñado de rasgos físicos masculinos y los viejos miedos acerca de la visibilidad, el encontronazo y la aceptación de miembros de la familia como su anciana madre o su hostil hermana, con las que no tiene apenas relación. La recién divorciada Sarah –una Amy Landecker que se come el papel en esta segunda entrega–, ya lejos de la clandestinidad del armario está a punto de casarse con Tammy, aunque las dudas la acechan; Josh –un Jay Duplass con menor protagonismo en una temporada en la que el componente femenino y la perspectiva de género están mucho más acentuados– prosigue su relación con la rabino, a la que ha dejado recientemente embarazada, y la extravagante Ali –junto a su padre, el personaje más auténtico de Transparent, interpretado con absoluta genialidad por parte de Gaby Hoffman– prosigue sus estudios feministas de forma paralela a la exploración de su fluida y abierta sexualidad.

    La segunda tanda de episodios de Transparent confirma que hay pocas producciones en la actualidad que derrochen a la vez tanta ternura y autenticidad. Una autenticidad que emerge de sus imperfectos e impulsivos personajes, repletos de carencias emocionales, conflictos existenciales acerca de su pasado, presente y futuro, pánico social a la aceptación y frustraciones que deberán resolver a partir del ensayo y error, como todo ser humano. ¿Será Tammy la verdadera alternativa al fracaso matrimonial de Sarah? ¿Cómo será capaz de conducir Josh la compleja relación con su hijo adolescente, fruto de una experiencia sexual en la pubertad con su moralmente reprobable cuidadora? ¿De qué manera guiará Ali el rumbo de sus nuevas atracciones sexuales o su involuntario desdén hacia las relaciones monógamas, además de su incipiente preocupación por sus raíces judías? Y Maura, esa Maura que nos hace sonreír, llorar y emocionarnos a lo largo de toda la serie por su valentía, sufrimiento y carácter, ¿cómo decidirá el camino de su proceso de reasignación de género? ¿Cómo afrontará la pérdida de privilegios patriarcales o el enfrentamiento con el sector más conservador de su familia? También cabe destacar el papel de Judith Light nominada a un Globo de Oro como mejor actriz de reparto, que tras la muerte de su anterior pareja, encaminará su relación con Maura por un sendero menos convencional y no exento de baches. Las emociones contrapuestas, la gestión de los bajos instintos y la conexión sentimental que existe entre todos los protagonistas –esta temporada menos egoístas y con más empatía entre si que en la anterior entrega, como demuestran entrañables escenas como el memorándum de la infancia de los tres hermanos en la piscina o el entramado de confidencias entre Sarah y Ali– componen el curioso tapiz de una familia disfuncional que nos hace cuestionarnos a medida que avanzan sus episodios eso de: ¿pero qué familia no lo es? Bajo el auspicio de una gran banda sonora en la que podemos encontrar a artistas como las Indigo Girls o Alice Boman, los Pfefferman nos conmueven, divierten y encandilan a pesar de todo, pese a su idiotez y egoísmo, sus lastres y sus abruptos vaivenes emocionales. Todo ello gracias a los diálogos y los guiones de un equipo que lidera Jill Soloway, ya experta en complejas amalgamas familiares desde la oscura y excepcional A dos metros bajo tierra (2001-2005).

    Transparent

    «Las permanentes ansias de cambio y la búsqueda de identidad iniciada por todos sus personajes principales son los causantes de la dimensión psicológica que, condimentada con sarcasmo, excelentes actuaciones, y situaciones límite, constituyen los ingredientes más característicos de la serie».


    Parece sorprendente y admirable la capacidad de Transparent para, desde espacios domésticos y cotidianos conocidos, evocar toda clase de sensaciones en el espectador y abrir interrogantes y dilemas sobre una cantidad aplastante de cuestiones. En una misma temporada, esta singular familia judía y sus diálogos provocan que del conflicto, de la tristeza o de la ironía broten temas como la fascinación por el sadomasoquismo como práctica sexual, la exploración del poliamor y las relaciones abiertas, la permanencia social de los privilegios masculinos o las injusticias y las diferencias de perspectiva que existen dentro de la propia comunidad LGTB con respecto a puntos muy variados. Cabe destacar el valor narrativo que tiene un misterioso flashback mostrado a lo largo de toda la temporada y que nos remite hacia la comunidad transgénero de Berlín en los tiempos del Tercer Reich, mostrándonos todo el rechazo familiar y social al que eran sometidos, y cuyo significado otorgará un gran valor a la genealogía de los Pfefferman. Transparent es una serie tan valiente y necesaria para la visibilidad y la configuración de referentes narrativos televisivos para la comunidad trans –de hecho, un director y una guionista trans forman parte del equipo–, como fresca, luminosa y enriquecedora desde el punto de vista dramático. Las permanentes ansias de cambio y la búsqueda de identidad iniciada por todos sus personajes principales son los causantes de la dimensión psicológica que, condimentada con sarcasmo, excelentes actuaciones, y situaciones límite, constituyen los ingredientes más característicos de la serie. «Cuatro cosas que la edad me trajo y de las que podría haber prescindido felizmente: amor, curiosidad, prozac y dudas. Y para colmo la frase ni siquiera es mía. Es de Dorothy Parker», decía la protagonista de la primera novela de Lucía Etxebarría. Como a ella, a Maura, Shelley y a sus tres hijos también les duele crecer, avanzar, seguir luchando, sortear los obstáculos sociales y guiar sus propias vidas. Desde aquí, una servidora está deseando seguir de cerca la evolución de sus existencias. | ★★★★ |


    Andrea Núñez-Torrón Stock
    © Revista EAM / Santiago de Compostela



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