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    Crítica en serie | Hand of God (T1)

    Hand of God

    La fe como excusa

    crítica de Hand of God | Temporada 1.

    Amazon / 1ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2015. Creador: Ben Watkins. Directores: Marc Forster, Richard J. Lewis, Sarah Pia Anderson, Ernest R. Dickerson, Andrew Bernstein, Peter Medak, Mario Van Peebles, Stephen Williams, Brad Anderson. Guionistas: Ben Watkins, Daniel Tuch, Becky Hartman Edwards, Sam Forman, Deborah Schoeneman, Mark Hudis, Ben Cory Jones, Theresa Rebeck & Ali Garfinkel como argumentista. Reparto: Ron Perlman, Dana Delany, Andre Royo, Alona Tal, Garrett Dillahunt, Emayatzy Corinealdi, Julian Morris, Elizabeth McLaughlin, Cleavon McClendon, Johnny Ferro, Elaine Tan, Wes Chatman, Maximilano Hernández, Emilio Rivera, Jon Tenney, Erykah Badu, Hunter Parrish, Tommy Day Carey, Holly Marilyn Solem, Roya Semnanian, Louisa Abernathy, Julian Acosta, Anthony Starke, Kendre Berry, Eric J. Krueger, DJ Robinson, Sean Hartman, Holger Moncada Jr., Obba Babatundé. Fotografía: Rasmus Heise, Matthias Koenigswieser. Música: Marc Streitenfeld.

    Si se revisa la crítica del piloto de Hand of God, se puede notar la incredulidad –nunca mejor dicho– de este crítico ante una propuesta que aunque parecía atractiva auguraba un desarrollo más bien formulaico. Vista la temporada, sí que se pueden apreciar rasgos de manual de guion en el trabajo de la sala que lidera el creador Ben Watkins a la hora de desarollar las diferentes subtramas, pero finalmente ha ganado el talento y la conseguida calidad que tiene Hand of God, un proyecto que nace con ganas de incordiar y que plantea cosas de lo más interesantes. El poder, la fe, la culpa, las cargas de lo masculino, la paternidad o la corrupción son algunos de los temas que integra en su trama, que cuenta cómo un poderoso y corrupto juez tocado por un intenso trauma personal empieza a percibir signos que interpreta como la intervención de Dios en su vida. ¿Dios le habla o no? Sobre esa cuestión van a gravitar esta decena de episodios, cuya construcción se revela más firme de lo que parecía conforme pasa el tiempo, y que logra cimentar un atractivo último grupo de capítulos, hasta la culminación en un cliffhanger que no por previsible es menos efectivo.

    El camino hasta llegar a ese punto final está compuesto de la habitual mezcla de dudas y tenacidad que suelen tener las primeras creaciones de una persona. Tras trabajar durante años como actor, Ben Watkins empezó a escribir en Último aviso (2007-2013), y parece que ha decidido seguir en esa tendencia, algo que a veces sucede en el mundo de la televisión. Su apuesta por la narración semi-coral (la serie tiene ocho protagonistas fijos y unos pocos más como frecuencias presentes, y muchos tienen subtrama propia además del tronco argumental principal) y volver a los mismos puntos argumentales y afrontarlos desde varios ángulos es propio de un principiante, pero el talento interpretativo de los convocados hace que lo que es algo tópico pueda resultar vibrante, real. En especial destacan los trabajos de Dana Delany, Garrett Dillahunt y Emayatzy Corinealdi, espléndidos todos dando tortuosa vida y alma a unos personajes que, como mandan los cánones, están tocados por la desgracia. El juez Pernell Harris como epicentro de una historia que encuentra en su vulnerable estado emocional el ancla sobre la cual construir esta tragedia sobre la (im)posibilidad de las segundas oportunidades.

    Hand of God

    «En una suerte de esquizofrenia entre la calidad y la seguridad es donde vive esta serie, desarrollando las historias de sus personajes punto por punto y llegando a las naturales conclusiones que se podrían adivinar».


    Y es que el hijo de Pernell intentó suicidarse al no aguantar la culpabilidad e impotencia por no haber podido proteger a su mujer de un ataque sexual, uno que él mismo fue obligado a ver. Este durísimo hecho va a trastocar la existencia de la familia para siempre, y de su dolor va a emerger el drama del que nosotros seremos testigos. Un drama que explora la vulnerabilidad del hombre en una sociedad que etiqueta de débil a la mínima, y hurga en las contradicciones de una posición de poder que se ha excedido en su dominio del mismo. A través de escenas cargadas de diálogos que combinan sabiamente humor y gravedad, los personajes desnudan su alma para nosotros, se quedan en lo esencial y muestran lo que les motiva para seguir adelante. Y ahí entra la cuestión de la fe, no solo como asunto religioso sino en su acepción más general. La fe en una idea que puede darnos la gloria, la fe para poder superar un trauma o la fe para encontrar una respuesta al sinsentido en que puede convertirse la vida humana. Para que esto sea más accesible y fácil de consumir para la audiencia, la posible voz de Dios habla en misteriosos mensajes y Hand of God tiene un tono de thriller cargado de tensión y giros inesperados (toda la subtrama de Josh, Pernell y Keith jugando al ratón y al gato, el ataque antisemita). Y es capaz de dar un vuelco a las expectativas de algunos de sus personajes, como el retrato de Alicia y su vulnerabilidad, mucho más interesante que el perfil de atractiva manipuladora al que apuntaba el primer episodio.

    Y en esa suerte de esquizofrenia entre la calidad y la seguridad es donde vive esta serie, desarrollando las historias de sus personajes punto por punto y llegando a las naturales conclusiones que se podrían adivinar. Es una hoja de ruta más o menos clara, y aunque existen excepciones (Crystal en el final de temporada), predomina lo manso, aunque parezca disfrazado de incendiario. Esto no quiere decir que este drama sea malo, pero sí que no abraza todo su potencial, habida cuenta de que tiene en Amazon al compañero perfecto para ello. Libertad de temáticas, contenidos y duración, este portal de contenido online ha ido creciendo en notoriedad y popularidad con apuestas específicas que se estrenan por completo el mismo día. Tras meses de dudas, Hand of God ha sido renovada por una segunda temporada, una estupenda noticia que da la oportunidad a Watkins y su equipo de explorar la aparente conspiración en torno al ataque a Jocelyn. Conforme avanza la tanda, queda más y más claro que los personajes se encuentran en medio de algo más grande que ellos mismos, ya sea por la variante mística de la serie o por las intrigantes revelaciones en torno a los negocios de la ciudad. El alcalde, un poderoso juez, una prostituta de lujo, una gran empresa de construcción... todas posiciones de alto poder que siempre disfrutamos al ver expuestas, diseccionadas en su patetismo y cargadas de problemas. Que estos nos interesen más o menos depende también de la propia disposición de la audiencia, pero está claro que una propuesta como ésta, tan cargada de buenas intenciones y resultado notables debe, al menor, ser vista. Lo plantado de cara a los siguientes episodios promete, y la odisea de la familia Harris y su entorno volverá este año para seguir planteando cuestiones con afán de trascendencia y ofreciendo excelentes interpretaciones. Y eso no es poco. | ★★★ |


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla



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