Introduce tu búsqueda

  • Especial Festival de San Sebastián.
    Cobertura completa de la 65ª edición.

    Down by Earth.
    «Song to Song», de Terrence Malick.

    Sensualidad praxiteliana.
    «Call me by your name», de Luca Guadagnino.

    Insert Coin.
    «Good Time», de los hermanos Safdie.

    Dos ventanas al vacío.
    «A Ghost Story», de David Lowery.

    Crítica en serie | Getting on (T3)

    Getting on

    El valor de la misericordia

    crítica de Getting on | Tercera temporada.

    HBO / 3ª y última temporada: 6 capítulos | EE.UU, 2015. Creadores: Mark V. Olsen & Will Scheffer. Director: Miguel Arteta. Guionistas: Mark V. Olsen & Will Scheffer. Reparto: Laurie Metcalf, Alex Borstein, Niecy Nash, Mel Rodríguez, Lindsey Kraft, Brandon Fobbs, Ann Guilbert, Mark Harelik, Kasey Mahaffy, Patricia Scanlon, Grant Bowler, Jonathan Silverman, Kurtis Bedford, Marsha Stephanie Blake, Scott Lawrence, Corey Reynolds, Luke Zimmerman. Fotografía: Rodney Taylor.

    La existencia de Getting on ha sido de lo más tumultuosa, y lo más curioso es que esto funciona en sintonía de una peculiar manera con el desarrollo que ha tenido la serie, que recoge el trabajo en el ala de cuidados para mayores en un hospital. Remake de una comedia británica que emitió tres temporadas entre 2009 y 2012 y un total de 15 capítulos, Getting on ha durado tres temporadas y un total de 18 entregas, exhibidas a razón de seis por año (la orden más pequeña que una serie puede recibir para seguir considerándose serie en Estados Unidos) y siempre en noviembre/diciembre y sin un acompañamiento especialmente sólido que garantizara al menos un poco de audiencia por arrastre. Aun así, la serie logró una merecida nominación a los Emmy de 2015 como Mejor acrtiz de reparto en comedia para la magnífica Niecy Nash y puede estar de nuevo presente en la edición de 2016. Y por ella han desfilado una nómina de actrices invitadas de una cierta edad absolutamente envidiable, lo cual demuestra el lamentable estado de roles para mujeres que superan los 50 en Hollywood. Aunque sería injusto no reconocer el mérito de HBO por al menos haber dejado que la serie terminara, por haber dado la oportunidad a los creadores y únicos guionistas Mark V. Olsen & Will Scheffer de deleitarnos durante tres años con las peculiares cuitas emocionales y profesionales de un grupo de personajes muy especial, conectados en la insatisfacción y egoísmo y que en realidad practicaban la misericordia.

    La segunda temporada se despidió con lo que resultó ser una falsa alarma. El anuncio de una investigación sobre posible desfalco que parecía iba a ser el centro de un buen número de los nuevos episodios. Pero no. Ya sea porque nunca fue esa la intención o al saber que la tercera sería la última, los creadores lidian con el asunto de manera hilarante (esa reunión secreta en el cubículo del baño) en el primer capítulo y prosiguen con las que serán las grandes historias de esta media docena de entregas: la vuelta profesional de su caída en desgracia de Jenna; el problema renal de Dawn y la crisis familiar de Didi. Laurie Metcalf, Alex Borstein y Nash se han entregado como nunca en esta despedida, y los guionistas les han escrito justificados momentos de lucimiento para que demuestren tanto sus dotes cómicas como las dramáticas. En ese difícil tono se ha movido siempre Getting on, alternando negra diversión con seco dramatismo, y creando momentos rebosantes de humanidad (las charlas entre Didi y la señora Birdie) sin recurrir a los caminos más obvios. Además, en otro de esos placeres que uno puede permitirse cuando sabe que el fin está fijado, los creadores han maquinado algo muy especial. En el cuarto episodio, dos de las creadoras y protagonistas de la Getting on original, Joanna Scanlan y Vicki Pepperdine, intervienen repitiendo sus papeles de la doctora Pippa Moore y la hermana Den Flixter, personajes que inspiraron a su vez los de Jenna y Dawn. Ver a los dúos Pepperdine/Metcalf y Scanlan/Borstein competir amistosamente para ser la más divertida dentro de los límites de sus roles (nunca de manera evidente, siempre en la estela del poshumor) es toda una delicia para el espectador.

    Lo mejor que se puede decir del resto de elementos de la tanda de episodios es que Olsen y Scheffer se las ingenian para transmitir una sensación de cierre y despedida sin que se note en exceso. La vida continúa en el ala de Billy Barnes, pero poco a poco entendemos que el tiempo que nos queda con los personajes es cada vez menor. Por eso la señora Birdie muere de manera placentera. Por eso Dawn y Patsie aclaran su relación de una vez por todas. Por eso conocemos en profundidad a la familia de Didi, poderosa presencia siempre en fuera de campo durante las dos temporadas anteriores. Por eso el final es uno definitivo y hermoso. Es un camino donde se combina amargura y comicidad de la manera que solo Getting on sabe hacerlo, y que da como resultado una sensación de melancolía casi intangible, signo de que los responsables del proyecto conocen bien las emociones humanas. Y es que sin contar aquellos momentos de comedia más evidente, la serie siempre se ha caracterizado por emanar una credibilidad y naturalidad muy conseguida, a lo que ayuda y mucho el hecho de que esté grabada con cámara en mano y que los guionistas no tengan miedo de que el espectador se pierda con el lenguaje médico o las acciones in media res. Cada capítulo empezaba lanzándonos en medio de una situación ya en progreso, sin apenas contexto, y hasta la última temporada nunca salimos del hospital. El mundo sucedía fuera de las paredes del centro, y como espectadores teníamos que juntar las piezas y entender las conexiones nosotros mismos con la información dada. Un reto de lo más estimulante. La cruda verdad es que seguramente en unos años no muchos se acordarán de esta comedia. Su paso por la pequeña pantalla ha sido discreto, y aunque su calidad fuera bastante alta, simplemente no ha logrado hacerse un hueco en el lugar de los seriales populares ni de culto. Quizá esto último sea cuestión de tiempo. Lo que importa es que mientras existió no hizo concesiones, despegó con un propósito y en ese camino se quedó hasta el final. Estos 18 episodios son la prueba viviente de que HBO, o el mundo del cable en general, puede permitirse ciertos lujos y hacer que la creatividad fluya en toda su potencia. El resultado será mejor o peor, pero al menos no se puede decir que sea un remiendo de partes que buscan conectar con el gran público menos dispuesto a pensar mientras consume televisión. Llegaste y te fuiste pronto, Getting on, pero al menos nos hiciste pasar un inteligente buen rato. | ★★★ |


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla



    El fulgor efímero

    0 comentarios:

    Publicar un comentario

    "Sueñen. Vean cine."

    Estrenos

    Festivales

    • Cuaderno de viaje: análisis visual y narrativo de Twin Peaks

      «Aviso al lector: este texto, como la anterior entrega que publicamos, está plagado de spoilers que detallan información de los capítulos reseñados. Está concebido con la esperanza de ser un acompañamiento a las experiencias de visionado previas de cada uno, y como tal asume la incompletitud de su análisis. Ni ofrece, ni lo pretende, una lectura totalizadora de la serie. Sino una serie de fragmentos rescatados, puestos en una relación más o menos arbitraria y leídos bajo una serie de constantes que se adivinan en Lynch, pero que quizá tengan mucho de las propias inquietudes de quien escribe...».
    • El cine de Maya Deren. Una mirada a su filmografía

      «La consolidación de la mujer en la industria del cine es algo tan reciente y, por desgracia, tan condenado a un inevitable período de reafirmación presumiblemente extenso, que resulta muy difícil establecer una lectura del papel femenino en el cine y, mucho menos, en el cine de vanguardia, pues su relación parece más coincidente que desencadenante. Sólo en las últimas entregas de los grandes festivales, ha sido motivo de indignación y debate la ausencia de una participación femenina más cuantiosa...».
    • El tedio según Sofia Coppola

      «Si nos detenemos a analizar la filmografía de Sofía Coppola, encontramos un denominador común en todas sus historias. Los personajes que retrata la realizadora neoyorquina están embriagados por el aburrimiento, por una sensación de pesadumbre que les arrastra y que, de un modo u otro, actúa como catalizador de sus actos. Puede ser un elemento impuesto, como ocurre en Las vírgenes suicidas, y del que solo hay una manera de escapar; que viene dado por el entorno, como en Lost in translation, donde se materializa en un sentimiento de extrañeza que acaba por unir a dos almas solitarias...».

    Extras

    Premios

    [12][Trailers][slider3top]