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    Crítica en serie | American Horror Story: Hotel

    American Horror Story: Hotel

    La vida eterna era esto

    crítica de American Horror Story: Hotel | Quinta temporada.

    FX / 5ª temporada: 12 capítulos | EE.UU, 2015, 2016. Creadores: Ryan Murphy & Brad Falchuk. Directores: Bradley Buecker, Loni Peristere, Michael Goi, Michael Uppendahl, Ryan Murphy. Guionistas: Ryan Murphy, Brad Falcuk, James Wong, Ned Martel, John J. Gray, Tim Minear, Jennifer Salt, Crytal Liu. Reparto: Lady Gaga, Chloë Sevigny, Wes Bentley, Denis O`Hare, Kathy Bates, Evan Peters, Matt Bomer, Cheyenne Jackson, Sarah Paulson, Angela Bassett, Finn Wittrock, Mare Winningham, Richard T. Jones, Shree Croks, Lennon Henry, Lyric Lennon, Helena Mattsson, Kamila Alves, Christine Estabrook. Fotografía: Michael Goi, Chris Manley. Música: Mac Quayle.

    El mal sabor de boca que dejó American horror story: Freak show, que empezó bien y desbarró hasta límites insospechados, ponía a la franquicia en una posición peliaguda. Las audiencias eran espectaculares y la recepción en el circuito de premios también, aunque ya se convirtió en la primera temporada que no ganaba un Emmy interpretativo y además era la despedida de Jessica Lange, que ha prestado su gigantesco talento a cuatro personajes de distinta procedencia y similar desarrollo. Así, Hotel tenía varios frentes de presión, y no es difícil imaginar a sus creadores mapeando la temporada con la firme intención de que no se derrumbara en la última parte, como les venía pasando. ¿Lo han logrado? Pues sí, aunque la serie está tocada de muerte en algunos aspectos (el desaprovechamiento de intérpretes, el encaje de bolillos de subtramas) y no parece que haya vuelta atrás. Pero lo importante es que, aún con sus arritmias y pasos en falso, Hotel es la mejor temporada de la saga desde Asylum, y eso es decir bastante.

    En esta ocasión, Ryan Murphy y Brad Falchuk tocan la temática de los vampiros pero desde una óptica no habitual. Aquí el vampirismo es un virus que detiene el envejecimiento, pero no da la inmortalidad, y esto convive con el tratamiento de los lugares encantados que la serie exploró en su carta de presentación, la notable Murder House. De hecho, y tras lo dicho y demostrado en Freak show, las entregas de la saga están empezando a colisionar con cada vez más frecuencia, de ahí que Hotel y Murder House estén situadas en la misma ciudad y cronología, y que hasta tres personajes de la primera temporada, más uno de la tercera, pasen por el Hotel Cortez en esta docena de episodios. Para terminar de hacer apetecible la tanda o al menos despertar la curiosidad de la audiencia, hemos asistido al debut en televisión de la popular cantante Lady Gaga, en un rol perfilado expresamente para ella y que le ha reportado un Globo de Oro nada merecido. Su interpretación es estólida en exceso, y lo curioso es que parece que viene por la propia composición del personaje, ya que en los escasos momentos en que La Condesa se mostraba vulnerable –en el estudio de grabación, sangrando en el colchón con Sally o en la última discusión con Donovan–, la actriz ganaba enteros. Eso sí, el tango con la cámara y la importancia de su potencial icónico lo tiene dominado, pero eso ya se sabía por su trabajo en los escenarios.

    American Horror Story: Hotel

    «Lo mejor que siempre se puede decir de esta saga es que une unos elencos de infarto, tiene un valor de producción siempre exquisito y homenajea clásicos del género con todo el amor del mundo, y eso no falla aquí».


    En el resto del amplio reparto, compuesto como siempre de caras nuevas y presencias habituales, existe un claro ganador, y por goleada, en esta temporada. Denis O`Hare, cuyo trabajo merece desde ya todos los reconocimientos, da vida a Liz Taylor, empleada del hotel desde los años 80/90, con un dominio absoluto de su talento como actor. La voz y el cuerpo en una misión clara, dar credibilidad y alma a un personaje que lo requería (sus escenas románticas con Tristan son simplemente impresionantes). Todo un hallazgo para este estupendo intérprete, y un personaje que acabó cogiendo protagonismo hasta ser justamente la reina de la función. A su alrededor, gente como Matt Bomer, Angela Bassett o Cheyenne Jackson hacen lo que pueden con personajes que les quedan muy cortos, Wes Bentley resulta deficiente como el complejo detective John Lowe y el resto (Chloë Sevigny, Kathy Bates, Evan Peters en un nuevo registro, Sarah Paulson y Finn Wittrock con dos roles cada uno, Mare Winningham) están magníficos. Lo mejor que siempre se puede decir de esta saga es que une unos elencos de infarto, tiene un valor de producción siempre exquisito y homenajea clásicos del género con todo el amor del mundo, y eso no falla aquí. Las diferentes historias que cruzan a esta amplia galería de personajes son muy distintas, pero comparten algunos temas subyacentes, temas que además están presentes desde que comenzó este estimulante experimentó en septiembre de 2011. El amor, el deseo, el miedo a la soledad, las acciones instintivas, la pertenencia una familia, sin importar lo heterodoxa que ésta pueda ser... todo servido en el marco de un mundo de terror, donde la sangre fluye a borbotones (esta temporada ha sido especialmente sangrienta) y la muerte y la sexualidad fluida es casi moneda de cambio. Se podría acusar incluso a sus responsables de estar siendo morbosos por el hecho de poder serlo, por encontrarse en una posición privilegiada que viene con un holgado presupuesto, gran libertad creativa y el favor del público, pero lo que algunos llaman vacío a este crítico le parece desafiante. Hay gratuidad tanto en la violencia como en el sexo, eso es innegable, y uno puede acabar harto de ambas cosas porque no aportan nada a la trama más allá de buscar la imagen impactante, pero quizá sea necesario para no olvidar nunca que no debemos sentirnos cómodos en los mundos que proponen Murphy & Falchuk. Son lugares de pesadilla, donde la versión más retorcida de nuestro pasado nos busca, y el peligro de morir está siempre presente. En ese sentido, lo único de lo que no se puede acusar a esta troupe de creativos es de ser complacientes. Repetitivos, puede, pero no acomodados en su éxito.

    American Horror Story: Hotel

    «Tras ir cerrando tramas y despidiendo a personajes en los últimos episodios, el eficaz final se centró en convocar una extraña sensación de ternura y alegría, habida cuenta de que hablamos de un hotel lleno de fantasmas y que todos los personajes son unos asesinos sin piedad».


    Como es costumbre, una anécdota o personaje real ha sido versionado en esta temporada. La propia existencia del Hotel Cortez como arquitectónica trampa mortal y su cabeza pensante James Patrick March están inspirados en la figura de H.H. Homes, pero es que además el cuarto episodio nos trae una de las ideas más retorcidas y brillantes que estos 63 capítulos ha alumbrado nunca, una reunión de fantasmas de asesinos en serie reales que se encuentran cada noche del 31 de octubre. Aileen Wuornos, John Wayne Gacy, Jeffrey Dahmer, el Asesino del Zodiaco y Richard Ramirez encarnados por estupendos intérpretes que ya habían trabajado con Murphy y que cuya presencia sirve para espolear una de las tramas clave de la temporada: la identidad del Asesino de los Diez Mandamientos, que algunos vieron clara desde el comienzo pero que no se reveló (de manera bastante rutinaria y aburrida, para qué negarlo) hasta el octavo episodio, y ahí ya dejó de perder interés el personaje que resulta ser el psicópata. Como suele pasar en estos cuentos de terror, los guionistas son el eslabón más débil, ya que tienen interesantes ideas que a veces no saben desarrollar propiamente en la pantalla. De ahí que haya historias –los niños vampiro, la venganza de Ramona– tan prometedoras como pobres en su ejecución, y que otras más inesperadas adquieran mayor protagonismo cuando sus responsables ven que les funcionando mejor (el personaje de Liz Taylor). Pero lo importante es que, pese a sus fallos, la temporada como un Todo que ha acabado funcionando bastante bien. Tras ir cerrando tramas y despidiendo a personajes en los últimos episodios, el eficaz final se centró en convocar una extraña sensación de ternura y alegría, habida cuenta de que hablamos de un hotel lleno de fantasmas y que todos los personajes son unos asesinos sin piedad. Se puede argumentar en su contra que en la narración no fue nada especial –un personaje cuenta en voz en off lo que pasa y las escenas no ahondan en varios de esos ideales destinos–, pero al lograr que todos los protagonistas obtengan un final feliz (o la versión American horror story de un final feliz), se lo merezcan o no, y el espectador se despida de este mundo con una sonrisa, la historia nos ha ganado. Como público estamos casi cautivados por esta panda de dementes misántropos que solo quieren que los quieran, no estar solos y tener una familia. Mejor no rascar mucho más, y quedarnos con la bizarra postal, preciosa en la superficie. Es lo que sus responsables hacen mejor. | ★★★ |


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla



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