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    Crítica en serie | The affair (T2)

    The affair

    Tan tremendamente humanos

    crítica de The affair (2014-) | Segunda temporada.

    Showtime | Nacionalidad: Estados Unidos. Año de producción: 2015. Dirección: Jeffrey Reiner, Ryan Fleck & Anna Boden, John Dahl, Laura Innes, Scott Winant, Michael Slovis. Guion: Sarah Treem, Alena Smith, Anya Epstein, Sharr White, David Henry Hwang, Abe Sylvia. Premios: 2015: Globos de Oro: Nominada a mejor actriz secundaria (Maura Tierney)/2014: 2 Globos de Oro: Mejor serie de TV - Drama y Mejor actriz (Wilson)/2015: Satellite Awards: Nominada a mejor actor en serie drama (Dominic West)/2014: Satellite Awards: 2 nominaciones incluyendo Mejor serie de TV – Drama/2015: Critics Choice Awards: Nominada a mejor actriz secundaria (Maura Tierney). Productores: Ford Wheeler, Kevin Thompson. Fotografía: Steven Fierberg, Tod Campbell. Música: Marcelo Zarvos. Dirección artística: Jonathan Arkin, Mark Newell. Vestuario: Caroline Duncan. Reparto: Dominic West, Ruth Wilson, Maura Tierney, Joshua Jackson, Julia Goldani Telles, Jake Richard Siciliano, Colin Donnell, Jadon Sand, Mare Winningham, Darren Goldstein, Michael Godere, John Doman, Kathleen Chalfant, Leya Catlett, Deirdre O'Connell, Victor Williams, Nicolette Robinson, Danny Fischer. Duración: 12 capítulos, 60 min.

    «La memoria es el perro más estúpido. Le tiras un palo y te trae cualquier cosa», afirma el protagonista sin nombre de Tokio ya no nos quiere, novela de Ray Loriga que reflexiona de manera ácida y poética acerca de la búsqueda de la identidad y del olvido químico. Lo cierto es que nuestra memoria es un juguete volátil y caprichoso, y según la imaginación y el punto de vista de su dueño, los pedazos que recoge y el puzle resultante en la cabeza de cada cual son diferentes respecto a la historia grabada en la mente de un amante, un cónyuge o del vecino del cuarto. Absolutamente todo es cuestión de perspectiva y, por eso, cada narración puede desdoblarse en tantas miradas como existan en la misma, confundiéndonos, sorprendiéndonos y desvelándonos matices y pinceladas nunca antes sospechadas. Los creadores de la maravillosa The Affair —Hagai Levi y Sarah Treem, responsables de éxitos televisivos como En terapia (2008-2010)— apostaron por una estructura narrativa fragmentaria en la primera temporada de esta serie, convirtiendo una trama de infidelidad, drama, amor y acusaciones criminales en una auténtica autopsia emocional de sus mimados personajes. ¿El resultado? Un experimento sobresaliente sustentado en las fantásticas interpretaciones y en el acierto del inusual formato elegido. Para esta segunda entrega, los guionistas han apostado por sumar a los puntos de vista de Noah —Dominic West— y Alison —la premiada con el Globo de Oro a Mejor Actriz de Drama, Ruth Wilson—, los de sus exparejas: la genial Maura Tierney en el papel de Helen Solloway, y del también notable Joshua Jackson en la piel de Cole Lockhart. Si la primera entrega terminaba con un poderoso cliffhanger, en el que Noah era misteriosamente detenido y acusado de asesinato en su domicilio, esta nueva edición intercala el relato de los episodios previos a ese incidente con la futura preparación del juicio, diferenciada por unos planos oscuros cercanos al uso del blanco y negro.

    The affair

    «Esta segunda tanda ha abierto del todo la brecha para sacar el corazón, palpitante y egoísta, de su dúo principal, enseñándonos también a odiar y aborrecer a aquellos protagonistas a los que tanto llegamos a compadecer o a justificar».


    El desarrollo de The Affair en esta ocasión es un auténtico in crescendo narrativo, dosificado y audaz, que desentraña una gama de tonalidades más turbias con respecto a los sentimientos y secretos de sus dos principales protagonistas. Lejos parece quedar el ardiente verano en Mountauk que desencadenó el adulterio, primero lascivo y luego convertido en romance y duplicidad de separaciones conyugales, en el que Noah Solloway y Alison Bailey unieron sus existencias, nada exentas de problemas y baches. El primero buscaba aislarse del rancio espíritu burgués de su familia política y paliar su fracaso como escritor sumergiéndose en la redacción de una novela exquisita inspirada en los rincones del pueblecito estival, mientras que Alison, la camarera y ex-enfermera de perpetuos ojos tristes, curaba con violentos arañazos en la entrepierna y polvos frenéticos y apasionados con su nueva conquista la cicatriz invisible por la muerte no superada de su hijo de cuatro años, el pequeño Gabriel, fallecido por ahogamiento secundario. Esta pérdida era la grieta que mermaba su matrimonio con el hijo de mejor corazón de los Lockhart, un clan local dueño de un viejo rancho generador de más pérdidas que ganancias, sumido bajo la sombra de la droga y de un mal fario de transmisión hereditaria. Los jugosos diálogos de los guionistas, el gusto minimalista por los detalles y la radiografía de los sentimientos y reacciones de los protagonistas nos hicieron establecer una importante conexión emocional con ellos, ya fuese proveniente de la empatía o del rechazo a sus acciones. Sin embargo, esta segunda tanda ha abierto del todo la brecha para sacar el corazón, palpitante y egoísta, de su dúo principal, enseñándonos también a odiar y aborrecer a aquellos protagonistas a los que tanto llegamos a compadecer o a justificar. Mientras intentamos conocer los pormenores del intrigante asesinato de Scotty Lockhart, aquel joven descarado y cocainómano que traficaba en el puerto y que dejó embarazada a Whitney Solloway, quien a posteriori abortó, nos sumergimos en la nueva vida de Alison y Noah. Una pareja con fuertes altibajos cuyo amor renqueante sobrevive alimentado a base de secretos. Ambos se hallan en proceso de divorcio, y mientras que Noah ha publicado la polémica novela Descent, inspirada en su verano en Montauk y aupada por la crítica literaria, Alison intenta rehacer su vida laboral por diversos senderos muy diferentes entre sí. Asistimos al nacimiento de una niña, a los conflictos paternofiliales entre Noah y sus hijos, —en especial el introvertido Martin—, los amoríos paralelos y las vivencias depresivas y luchadoras de Cole y Helen o la desestructuración progresiva de la asfixiada familia Lockhart. El cóctel da lugar a un buen puñado de historias personales y estrechamente vinculadas entre sí, teñidas de rabia, de lujuria, de soledad y sobre todo, de una especie de incomprensión y aislamiento acerca de las acciones del resto de personajes y sus porqués.

    The affair

    «En la segunda temporada de The Affair (casi) todos escuchan más al demonio que al ángel de su hombro. Y eso los vuelve débiles e imperfectos, en ocasiones insoportables, pero tan tremendamente humanos que sus ecos resonarán en tu cabeza cuando apagues la televisión».


    Si antes cada episodio se hallaba partido en las dos mitades correspondientes al punto de vista de Noah y de Alison, las perspectivas de Helen y Cole —alternas, pues nos encontramos con que cada capítulo muestra variaciones en cuanto a la estructura para mostrar los puntos de vista— enriquecen el hilo argumental de manera significativa, además de permitir que los conozcamos a ellos de manera mucho más profunda. Así, averiguamos que tras la fachada pija y un poco hermética de Helen se halla una mujer divertida, incansable, fuerte y tenaz; y que tras la mirada perdida de Cole se encuentra un hombre arrinconado por sus fracasos personales, egocéntrico en su tristeza, de gran corazón y ansias por cambiar y huir de una familia que lo agota entre maldiciones y excesos. Ni todo es tan blanco ni tan negro; por eso The Affair juega con los millones de grises de la polaridad humana, entre los deseos y la frustración, entre lo que nos gustaría haber sido y en lo que, por mucho que nos pese, nos hemos convertido. Nos hallamos frente a una temporada que se regodea en fantásticas conversaciones, pero también en expresivos silencios, acentuando la facción de mayor intriga de la serie en torno al juicio por supuesto asesinato de Noah —cuyo veredicto deberá aguardar a la tercera entrega de la serie, ya confirmada por Showtime— y las raíces del suceso, que tocan tanto temas trascendentales como triviales. La deriva personal de todos ellos los conducirá a situaciones irreversibles, a condenas tan desgarradoras como la que canta Scotty en esa estremecedora House of the Rising Sun. Esta tanda de episodios se esfuerza por sacar a la luz las inquinas, imperfecciones y temores del ahora cuarteto protagonista, formando una temporada más madura, menos centrada exclusivamente en los conflictos sentimentales y con interés en ahondar en los dilemas existenciales, las pulsiones sexuales o los problemas entre padres e hijos. Nos chocamos con cuatro adultos que arrastran sus losas y sus sueños por donde quiera que pisan, que van a salir escarmentados de sus errores y arrebatos y que, perseguidos por las consecuencias de su propio libre albedrío, deberán pagar a un precio caro el coste de sus decisiones. No era tan sencillo librarse de los fantasmas de Montauk para Alison, ni para Noah jugar a ser un Peter Pan de cuarenta y tantos con un pie en la fama literaria y la cabeza entre instintos protectores o salvajes. Tampoco Helen y Cole gestionan siempre a su favor la recién estrenada libertad matrimonial. En definitiva, en esta segunda temporada de The Affair (casi) todos escuchan más al demonio que al ángel de su hombro. Y eso los vuelve débiles e imperfectos, en ocasiones insoportables, pero tan tremendamente humanos que sus ecos resonarán en tu cabeza cuando apagues la televisión. | ★★★★★ | 


    Andrea Núñez-Torrón Stock
    © Revista EAM / Santiago de Compostela


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