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    Crítica en serie | The bastard executioner

    The bastard executioner

    Excéntrico juguetito

    crítica de The Bastard Executioner (2015) | Primera y última temporada.

    FX / 1 temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2015. Creador: Kurt Sutter. Directores: Paris Barclay, Ciaran Donnelly, Kari Skogland, Billy Gierhart, Ashley Way. Guionistas: Kurt Sutter, Charles Murray, Nichole Beattie, Curtis Gwinn, Roberto Patino, John Barcheski, Carly Wray, Ryan Scott. Reparto: Lee Jones, Stephen Moyer, Katey Sagal, Flora Spencer-Longhurst, Sam Spruell, Timothy V. Murphy, Sarah White, Sarah Sweeney, Ethan Griffiths, Darren Evans, Danny Sapani, Kurt Sutter, Elen Rhys, Alec Newman, Ross O'Hennessy, Kyle Rees, Sophie Lovell Anderson, Trevor Sellers, James Rousseau, Eloise Lovell Anderson, Francis Magee, Matthieu Charneau, Tim McDonnell, Llew Davies, Ed Sheeran, Matthew Rhys, Tom Forbes. Fotografía: Mike Sprag, Henry Braham, Denis Crossan, Sam McCurdy. Música: Bob Thiele Jr.

    A veces sucede en el mundo del entretenimiento que si uno ha hecho un trabajo de resonancias tanto críticas como de público, tiene algo de cancha para afrontar su siguiente proyecto. La primera vez que oímos hablar de The Bastard Executioner, Kurt Sutter no había terminado todavía con Hijos de la Anarquía (2008-2014), pero no le faltaba mucho. Se unió entonces la buena relación que tiene con FX (una cadena que cuida muy bien a los suyos) desde 2002 y que el renombrado productor de cine Brian Grazer escuchó su idea y mostró interés. Menos de seis meses después del final de su drama motero se estaba rodando el piloto de la serie que nos ocupa, que recibió la luz verde casi automáticamente y ha estrenado su primera temporada en la misma franja que Hijos de la Anarquía, exactamente un año después. Y deberíamos decir ya que esa primera temporada será también la única, ya que “el capricho” de Sutter le ha salido caro a la cadena, y esto, unido a unos índices de audiencia más bien discretos y a que a grandes rasgos se han cerrado muchas tramas, ha hecho que la serie se convierta en un proyecto cancelado. Una pena, aunque a su vez es entendible. En la crítica del piloto de la serie ya dijimos que al creador no se le daban especialmente bien los episodios de arranque y que su talento se podía ver mejor a largo plazo. Que cuanto más tiempo tuviera, la cosa mejoraría bastante.

    Ese largo plazo han sido finalmente ocho entregas más, que los responsables han aprovechado exhaustivamente para contar esta extraña historia de religión, sangre, política y venganza. A grandes rasgos y simplificando un poco, la premisa nos lleva al siglo XIV y a Gales, cuando el catolicismo castigaba con fuerza y el duro sistema de diezmos tenía a los pueblos en una difícil situación. Bajo el reinado de Eduardo II, la tensa situación entre galeses e ingleses se filtra a través de ataques a cosechas y poblados. Nuestro protagonista es ese verdugo por accidente del título (el casi debutante e imponente Lee Jones), un antiguo soldado que pierde a su familia en un ataque del Barón de Ventriss, y que para beneficio del chambelán de la corte (un Stephen Moyer que se debe haber divertido mucho con el rol) sustituirá al verdugo, metiéndose en una peligrosa nueva vida. Pero no es solo es quien experimenta estos cambios en el mundo, ya que la serie tiene hasta trece personajes fijos y unos cuantos más semiregulares, de manera que los guionistas tienen muchas subtramas que ofrecer y diferentes situaciones que equilibrar. Los episodios duran 55/60 minutos, y aunque no todas las historias están bien desarrolladas y su interés es intermitente (Petra no existe como personaje, los intrigantes desmembramientos se abandonan y retoman a capricho), uno no puede decir que The Bastard Executioner no entretenga.

    The bastard executioner

    «Demasiado excéntrica como serie de corte histórico, demasiado coral para que los dramas de cada uno conmovieran especialmente y en general demasiado abultada como para que el interés no estuviera disperso, presa de tantos personajes e idas y venidas».


    Algunas de las constantes de la obra televisiva de Sutter se mantienen y desarrollan con talento, principalmente su fijación casi digna de estudio con la representación del sufrimiento, la descripción de las dinámicas de la amistad masculina y la visceralidad de las historias de amor. Escrito suena a irreconciliable, pero cuando el hombre pone a sufrir y a quererse a sus criaturas, se crea en ambas instancias una sensación de credibilidad y conseguida intimidad que son muy loables. Por temáticas, sus trabajos seriados no pueden ser más distintos, pero la prueba de su marcada voz autoral es que logra hablar de sus temas eternos en distintos contextos. Sutter tiene un discurso, uno que aquí además ha explotado más que nunca la religión católica, para él una fuente inagotable de discurso e imaginería tenebrosa, filtrada aquí tanto en las alucinaciones de protagonista como en la misteriosa pareja que forman Annora y el Mudo Oscuro (la gran Katey Sagal y el propio Sutter, matrimonio en la vida real) y en los villanos de la temporada, una facción representativa de la Iglesia con la función de erradicar otras opciones de fe por incómodas. Cuando termine la serie, sabremos la descabellada idea que une al protagonista con otros personajes y que explica en parte sus visiones, y es una pena que nunca vayamos a saber y ver cómo se usaría la noción en el futuro. Queda por tanto el consuelo de que al menos en esta decena de entregas se ha aprendido sobre las políticas y batallas terreras de una época no muy explorada en el cine y la televisión, de haber disfrutado de unos personajes femeninos de lo más interesantes (con la estupenda Flora Spencer-Longhurst destacando en el reparto), de haber reído con el intacto sentido del humor socarrón y muy negro y de haber visto algo original, único en su combinación de elementos a priori dispares y que en última instancia han casado con la suficiente eficacia como para que nada chirriara especialmente. Simplemente era una apuesta demasiado arriesgada por parte de Sutter y FX como para esperar que funcionara con la misma eficacia que su anterior creación. Demasiado excéntrica como serie de corte histórico, demasiado coral para que los dramas de cada uno conmovieran especialmente y en general demasiado abultada como para que el interés no estuviera disperso, presa de tantos personajes e idas y venidas. Que sea vista en un contexto y tomada con algo hecho en un estado de libertad creativa, y así The Bastard Executioner podrá gustar, y mucho, a más de uno. Para el resto, pasará sin pena ni gloria, pero agradeciendo la voluntad de diferencia que es su mera existencia. | ★★★ |


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla


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