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    Mediterranea

    Noviembre es el peor mes en los países escandinavos. Las temperaturas apenas superan los 6 o 7 grados pero tampoco hace el suficiente frío que provoque los primeros copos de nieve, a lo que se le añade que la luz del día solo les (nos) acompaña desde las 8 de la mañana hasta las 3 de la tarde. Por suerte, Estocolmo encuentra la mejor medicina para superar este triste etapa del otoño en el Festival Internacional de Cine, que este año se celebra del 11 al 22 de noviembre. Y es que en las pantallas del Skandia, Park, Victoria y Klarabiografen se proyectarán todo tipo de películas, mayoritariamente europeas y reconocidas en numerosos festivales. Trabajos de la talla de Son of Saul, The Lobster o Carol, entre muchas otras, llamada a copar los podios de las principales entregas de premios. Además de la sección oficial a competición de ficcion y documental, destacan los apartados Latin visions, Asian images, US. Indie y Twilight zone y los Special Screenings, que subrayan el poderío de un certamen con cada vez más fuerza en el panorama internacional.

    Como inauguración, el filme escogido ha sido Mediterranea, dirigido por Jonas Carpignano. La ópera prima del realizador de origen italiano afincado en Estados Unidos llega a la capital de Suecia tras su paso por Cannes y el reconocimiento mediante nominaciones en los Gotham Awards y los premios LUX del Parlamento Europeo. La obra porta un potente leitmotiv que bien pudiera ser el estandarte de esta 25ª edición: los movimientos migratorios y el conflicto social que habitualmente comportan. Una razón que, auguramos, será protagonista durante el próximo lustro en la cinematografía mundial. Mediterranea nos cuenta la historia de Ayiva, un hombre originario de Burkina Faso que anhela llegar a Europa en busca de una vida mejor. Para ello le aguarda un largo viaje por los desiertos africanos hasta Libia, donde subirá a un barco que le llevará a Sicilia, Italia. Como era de esperar, el filme es una lucha constante del protagonista con el entorno y con su propia condición para llegar al idílico edén. Desgraciadamente, la recompensa a tales sacrificios poco tiene que ver con lo que dictan las apariencias desde la maquillada versión europea. La direccion de Carpignano se muestra cómplice con esa lucha con un estilo vibrante, mostrándonos una Europa oscura y turbia, un laberinto sin salida, sin apenas oxígeno. Su temática, de terrible actualidad, y la buena actuación de su protagonista, Koudous Seihon, suplen las carencias de un filme que adolece de falta de riesgo y una realización demasiado tópica. Una apertura digna, sin más.
    El fulgor efímero

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