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    Crítica | Listen up Philip

    Listen up Philip

    El escritor maldito

    crítica de Listen up Philip (Alex Ross Perry, EE.UU, 2014).

    En la recientemente estrenada Mientras seamos jóvenes (2014), Noah Baumbach hace desfilar en pantalla una parodiada retahíla de estereotipos hípsters. Todos sonreímos en la butaca recordando a algún conocido que saca fotos con su polaroid al tiempo que consulta la hora en su iPhone. Alex Ross Perry, en su tercera película, se mueve en las mismas coordenadas que Baumbach. Con un estilo totalmente diferente, con demasiada pose y un deje cansino provocado por la desidiosa voz del innecesario narrador. Pero al fin y al cabo se diseccionan temas similares. Listen Up Philip (2014) es una película sobre las crisis existenciales en un contexto acomodado y cultureta. Perry realiza un certero análisis de trances creativos, las crisis de la edad (toda década tiene la suya), la búsqueda de la naturalidad y del cliché como garantía de autenticidad. Philip es un joven escritor (que aparecerá en la lista 35 under 35) víctima de su “éxito”. Se erige a lo largo del metraje como el representante antipático de esos jóvenes bohemios asociados a tendencias culturales alternativas y alejados de lo mainstream. Todo el filme gira entorno a él y su ridículamente enfatizada vida. Cámara en mano nos reímos de nosotros mismos; sin darnos cuenta. Como ese que tiene sobrepeso y no cesa de mofarse de los rollizos (en todos los institutos hay uno).

    Las vicisitudes de este áspero literato nos reconcilian con nuestro “yo” más capullo, resabidillo e impertinente. No podría ser de otra manera. Nos hacemos acopio de todas las poses y actitudes de este afamado (en círculos reducidos) pseudointelectual. Cualquier amante del cine, la literatura, el arte o la música, en general, es un poco gafapasta. Pero hay quien extrapola eso a más ámbitos vitales y lo exterioriza con su forma de vestir, de peinarse e incluso los hay que se convierten en una caricatura. Hablo de esos que se transforman en hipérboles fácilmente parodiables (Baumbach los retrata con tino cartesiano). Uno lee a Cortázar, ve cine iraní, y escucha a Sigur Rós y ya se cree con el derecho de despreciar a los que tienen placeres mundanos. Detrás a algo tan contemporáneo y frívolo nos topamos con un pozo sin fondo de tristeza mal entendida. Nuestro protagonista es un escritor que tiene vocación de literato maldito. Su gran ambición es escribir libros sin someterse al engranaje de la industria editorial, los convencionalismos sociales. Su codicia es ser leído por pocos, no ser accesible ni asequible. Un cretino, que mecanografía su desdicha impostada, al que le gustaría habitar perpetuamente el territorio del cliché: el escritor maldito por excelencia, excéntrico e inestable emocionalmente. Un contador de historias que huye de las etiquetas para convertirse en un producto mil veces retratado por la crítica. Un Van Gogh del siglo XXI, fracasos en vida para conocer el éxito en la muerte. Un Hemingway, Allan Poe, un casi nada de Baudelaire. Todo bien sazonado. Pero en realidad este personaje esconde a un ser humano destrozado. Un ser horrible, insoportable, levemente deprimido. Un bicho capaz de no emocionarse con su novia, de ser inmune al rechazo y de admirar a un vejestorio que vive rodeado de una inquieta soledad.

    Listen up Philip

    «Los subtextos menos triviales son con los que el director enriquece la narración. No en vano se nos sumerge en el oscuro desasosiego de los llamados adultescentes, esos desubicados que alargan su inmadura juventud allende los lustros».


    Y es que en esta pretensión por reírse de los tópicos no podía faltar (sobre todo en una película sobre prosistas) el maestro que adoctrina (apadrina) a su pupilo. Adoptando las formas de todos los mentores de la historia del cine: la del anciano sabio, la del guía espiritual, la del inmutable instructor, y la del alter ego entrado en años... Esa función del tutor, que habita en infinidad de ejercicios narrativos, como preparador del héroe (antihéroe en este caso) ante lo desconocido, es simulada en Listen Up Philip desde la caricatura ácida (como todo). El longevo escritor de laureado venido a menos se dedica a azotar a su huésped (le invita a vivir en su casa del campo, para que mejore su proceso creativo) con el látigo de la detracción supuestamente constructiva. Sin embargo, al contrario de los filmes convencionales, el consejero no se erige como una figura de referencia que empuja al protagonista al objetivo, si no que se constituye como una decadente premonición de lo que le puede pasar a Philip. Al fin y al cabo fue un triunfador cuyo bagaje lo componen una hija que no le quiere y la cómica incomunicación que trata de compensar con fiestecillas de personaje trasnochado. Obviamente, la lectura del cuentacuentos atormentado, en busca del éxito en cotas relativamente bajas (que garantice el respeto de la crítica y el dinero suficiente para seguir viviendo), es el estrato más elemental de la cinta. Sin embargo, los subtextos menos triviales, mencionados en las líneas anteriores, son con los que el director enriquece la narración. No en vano se nos sumerge en el oscuro desasosiego de los llamados adultescentes, esos desubicados que alargan su inmadura juventud allende los lustros.

    Pero a pesar de la gracia, la sorna, la autocrítica, los múltiples análisis y el buen tono prevalece la sensación de ser un producto que resulta, en cierta manera, como todo lo que en ella se reprocha. Listen Up Philip es como el propio Philip. Algo que pretende alejarse de las corrientes predominantes, con un tufillo progre, con un sentido del humor ácido que se hace eco de una sensibilidad por lo excéntrico. Será exitosa si solo gusta a unos pocos, un fracaso si le gusta a todo el mundo. En definitiva un proyecto cuya ambición radica en la escasa distribución, en ser vista en un festival internacional, juzgada por unos pocos críticos en un pase a deshoras y si acaso contar con el beneplácito de unos fervorosos aplausos. O no. Su Premio Especial del Jurado en el Festival de Locarno en 2014 no sé si corrobora lo que estoy diciendo o ratifica lo opuesto. Indudablemente, con todos sus tics y defectos, resulta agradable. Ya no solo por su escarnio a un target cultural concreto sino porque unos cuantos nos veremos reflejados tanto en su vertiente humorística como en su repecho dramático. | ★★★ |


    Andrés Tallón Castro.
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos, 2014, Listen Up Philip. Director: Alex Ross Perry. Guion: Alex Ross Perry. Productora: Tribeca Film / Sailor Bear / Washington Square Films / Faliro House Productions. Presentación oficial: Premio Especial del Jurado en el Festival de Locarno. Fotografía: Sean Price Williams. Música: Keegan DeWitt. Reparto: Jason Schwartzman, Jonathan Pryce, Krysten Ritter, Joséphine de La Baume,Elisabeth Moss, Jess Weixler, Dree Hemingway, Keith Poulson, Kate Lyn Sheil,Yusef Bulos, Maïté Alina, Daniel London, Samantha Jacober, Lee Wilkof, Joanne Tucker.

    Póster: Listen up Philip
    Feelmakers

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