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    Crítica | Toc Toc

    Toc Toc

    La tentación llama a la puerta

    crítica de Toc Toc (Knock Knock, Eli Roth, 2015).

    Hablar de Eli Roth es hacerlo de uno de esos jóvenes cineastas surgidos durante los últimos quince años como revulsivo para una industria, la del cine de terror, francamente necesitada de nuevos aires. Director, productor guionista, actor —especialmente celebrado fue su papel de Donny Donowitz en Malditos bastardos (Quentin Tarantino, 2009)—, no hay palo que se le resista a este enfant terrible de la serie B que irrumpió con fuerza allá por 2002 con su supurante Cabin Fever, una particular contribución al subgénero de pandemias que, tras su paso por el Festival de Sitges, le convirtió en toda una promesa que quedaría ampliamente confirmada con las dos primeras entregas de Hostel. Con una violencia inusitadamente explícita y unas buenas dosis de humor negro, este exitoso díptico metió el miedo en el cuerpo a los jóvenes estadounidenses a la hora de plantearse unas vacaciones por el centro de Europa, sirviendo como avanzadilla de ese festín gore que ha sido The Green Inferno (2013), su homenaje a la exploitation italiana de Ruggero Deodato en Holocausto caníbal (1980), que ha permanecido dos años pendiente de estreno en salas comerciales. Durante la espera, Roth tuvo tiempo de colaborar junto al realizador chileno Nicolás López en Aftershock (2012), una de las cintas catastróficas más gamberras y sangrientas de todos los tiempos, que, pese a ser ninguneada por crítica y público, sentó las bases de una relación profesional que ha continuado en la reciente Knock Knock (2015).

    La película viene a ser una especie de versión actualizada de Death Game (Peter S. Traynor, 1977), que, estrenada en España con el título de Los sádicos, no fue otra cosa que una de las numerosas copias que surgieron a raíz del éxito de La última casa a la izquierda (Wes Craven, 1972), aquella violenta pionera en ese subgénero de invasiones domésticas —Michael Haneke no inventó nada con su perturbadora Funny Games (1997)— que plantean los peligros de abrirle las puertas de casa a desconocidos. Colleen Camp —que, curiosamente, ejerce de productora y tiene un pequeño papel en el filme de Roth— y Sondra Locke dieron vida en Death Game a dos peligrosas mujeres que le hacen la vida imposible al protagonista cuando éste las invita a pasar un fin de semana en su casa, aprovechando la ausencia de su familia. En Knock Knock estos roles se ven más sexualizados si cabe, siendo sus protagonistas unas psicópatas mucho más lolitescas y provocativas. Keanu Reeves, viviendo un nuevo resurgir después del éxito de la estupenda John Wick (Chad Stahelski, David Leitch, 2014), da vida a un arquitecto felizmente casado y padre de dos niños que ve cómo dos chicas se presentan en la puerta de su casa, en medio de una noche lluviosa en la que está solo en casa, pidiendo poder realizar una llamada telefónica. Lo que comienza como un desinteresado ejercicio de ayuda al prójimo, pronto se transforma en un sádico juego de connotaciones eróticas al que el protagonista termina prestándose, llevado por las bajas pasiones propias de la crisis de los cuarenta. Y es que, como dice en una línea de guion, “qué hombre sería capaz de rechazar pizza gratis cuando llega a la puerta de tu casa”. El libreto, escrito a seis manos por Roth, López y Guillermo Amoedo, esconde ese mismo mensaje ultraconservador —cómo un polvo de una noche es capaz de arruinar toda una vida idílica— que ya hemos recibido antes a través de otras historias de hombres infieles destinados a purgar sus pecados, siendo Atracción fatal (Adrian Lyne, 1987) su exponente más emblemático hasta la fecha.

    Toc Toc

    «Knock Knock podría definirse perfectamente como el sueño lúbrico, transformado en pesadilla, de cualquier hombre heterosexual de mediana edad, aquel que ve cumplidas sus más inconfesables fantasías pero que, a la postre, deja en evidencia sus mayores miedos y debilidades».


    Cabe destacar que, por una vez, Roth se distancia de la violencia gráfica presente en la totalidad de su obra anterior, relegando la sangre y la profusión de vísceras en beneficio de unas torturas mucho más psicológicas que físicas, así como de una mayor recreación en la vertiente erótica del asunto que su modelo original. Eso sí, como viene siendo habitual en ese Hollywood machista, son las chicas quienes ponen (literalmente) toda la carne en el asador en los momentos más calientes, ya sea vestidas de colegialas, con un simple albornoz o sin prenda alguna que les cubra. Las tentadoras Bel y Génesis, más que buscar una venganza como la de Ellen Page en Hard Candy (David Slade, 2005) contra el presunto depredador sexual al que daba vida Patrick Wilson, se divierten practicando un juego en el que ponen a prueba la capacidad de sus víctimas a resistirse a sus encantos, con el consiguiente castigo que conlleva sucumbir a los instintos más básicos. A pesar de la tosca construcción de sus “villanas”, carentes de una motivación concreta que les empuje a actuar como lo hacen, las sorprendentes Lorenza Izzo y Ana de Armas saben transmitir la suficiente ambigüedad y locura (o no tanto, ya que casi estamos más ante una excedida travesura adolescente que ante auténtico desequilibrio mental) requeridas para adueñarse fácilmente de una función en la que Keanu Reeves, pese a estar más sobreactuado que de costumbre, se limita a ser un mero juguete en sus manos. Knock Knock no pretende innovar en ningún momento, limitándose a presentar situaciones que ya hemos visitado, con mayor o menor fortuna, en otras propuestas similares, pero sí acierta de pleno a la hora de mantener un buen ritmo a lo largo de todo el metraje, pese a transcurrir la historia íntegramente entre las cuatro paredes de una casa. Entre el thriller psicológico y la comedia negra, la última (y divertida) obra de Roth ofrece una enésima revisión de la eterna batalla entre David y Goliat en la que las redes sociales juegan un papel tan espeluznante como terroríficamente real como espejo de nuestras miserias. Knock Knock podría definirse perfectamente como el sueño lúbrico, transformado en pesadilla, de cualquier hombre heterosexual de mediana edad, aquel que ve cumplidas sus más inconfesables fantasías pero que, a la postre, deja en evidencia sus mayores miedos y debilidades. | ★★★ |


    José Antonio Martín
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2015. Título original: Knock Knock. Director: Eli Roth. Guión: Eli Roth. Nicolás López, Guillermo Amoedo. Productores: Miguel Asensio, Colleen Camp, John T. Degraye, Cassian Elwes, Nicolás López, Eli Roth. Productoras: Coproducción EEUU-Chile; Dragonfly Entertainment / Sobras International Pictures. Fotografía: Antonio Quercia. Música: Manu Riveiro. Montaje: Diego Macho Gómez. Dirección artística: Fernando Alé. Reparto: Keanu Reeves, Lorenza Izzo, Ana de Armas, Ignacia Allamand, Aaron Burns, Colleen Camp.

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