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    Crítica en serie | The Strain (T2)

    The Strain. Season 2

    El ser humano lucha y resiste

    crítica de The Strain (2014-) | Segunda temporada.

    FX / 2ª temporada: 13 capítulos | EE.UU, 2015. Creadores: Guillermo del Toro & Chuck Hogan. Directores: Guy Ferland, Phil Abraham, J. Miles Dale, Howard Deutch, Kevin Dowling, Vincenzo Natali, Gregory Hoblit, TJ Scott, Guillermo Del Toro. Guionistas: Chuck Hogan, Carlton Cuse, David Weddle, Bradley Thompson, Regina Corrado, Justin Britt-Gibson, Liz Phang. Reparto: Corey Stoll, David Bradley, Mia Maestro, Kevin Durand, Richard Sammel, Jonathan Hyde, Max Charles, Ruta Gedmintas, Miguel Gomez, Natalie Brown, Jack Kesy, Robin Atkin Downes, Lizzie Brocheré, Joaquín Cosio, Rupert Penry-Jones, Samantha Mathis, Ron Canada, Jamie Hector, Nicola Correia-Damude. Fotografía: Colin Hoult, Miroslaw Baszak. Música: Ramin Djawadi.

    Aunque han mantenido la mejor esencia de la serie y a grandes rasgos no ha habido ningún elemento perjudicial para el conjunto, la segunda temporada de The Strain es inferior a la primera. Quizá el problema recaiga, como pueden haberse dado cuenta sus responsables, en que 13 capítulos son demasiados para lo que quieren contar (según cuentan ellos mismos tienen desde el principio la serie dividida argumentalmente en cinco tandas), así que los episodios que retrasan el avance de la historia general están presentes, aunque sabiamente usados para profundizar en el pasado a través de flashbacks, como sucede con el carismático Eichorst y su pasado pre-nazismo, la primera vez que Eph y Nora se conocieron o el momento en que Setrakian y Palmer eligieron caminos opuestos en la búsqueda del Occido Lumen, gran artefacto narrativo que puede ser la solución al problema vampírico. Quizá el problema sea otro, como la intermitente presencia de algunos personajes o el directamente mal uso de otros, lamentablemente los femeninos en concreto (Nora ha perdido tridimensionalidad a pesar del gran talento de Mía Maestro, Coco ha sido puramente instrumental en última instancia). Quizá sea otra cosa, pero lo único que está claro es que cuando el eficaz y desolador final de temporada llega, uno se da cuenta del todo de que algo se ha perdido respecto a lo ya visto.

    La temporada comienza y los personajes reagrupan fuerzas tras los eventos que cerraron la primera, con el parcialmente fallido ataque contra el Maestro y los Ancianos organizados con Gus y Vaun para atacar a Palmer y cortar el suministro de dinero del vampiro. A pesar de los desvíos ya nombrados en forma de viajes al pasado, The Strain sigue una estructura bastante lineal y clásica, alternando sus diferentes grandes puntos narrativos y gestionando el uso de los secundarios (ya sabemos la razón por la que Bolivar/Jack Kesy estaba fijo en los créditos) con sabiduría, como el poderoso pandillero Alonso Creem o Barnes, el jefe de Eph antes de la catástrofe. Ben Hyland ha sido sustituido por Max Charles en el papel de Zach, algo que sucede en ocasiones con los menores de edad en televisión, pero el público ha salido perdiendo por el camino, ya que Charles es peor actor y el personaje tenía un arco más complejo esta temporada, así que se han unido ambos elementos y la mezcla no sale especialmente bien. Lo que sí ha funcionado mejor es la idea de ampliar el campo de acción de los personajes y mostrarnos un poco cómo la esfera política y poderosa está tratando el mortal problema, especialmente con la creación de un personaje estupendo, la concejala Justine Ferraldo, a la que da magnífica vida Samantha Mathis. Ferraldo plantea la idea de enfrentarse de manera práctica y de frente, y supone un poco de oxígeno a la habitual descripción simplona de los poderes fácticos en dramas así.

    The Strain. Season 2

    «De cara a la tercera temporada, que tendrá diez entregas, los guionistas tienen la complicada tarea de lidiar con honestidad con sus personajes, una colección de corazones rotos y seres en busca de sangrienta venganza. Es una perspectiva muy emocionante, y ojalá se recupere el excelente rumbo del comienzo al concentrar más la acción y se perfilen mejor los personajes femeninos, ya que The Strain tiene el potencial de la grandeza».


    La otra gran novedad es la entrada en el juego de uno de los personajes más populares de la trilogía de novelas que da base a la serie, el híbrido de vampiro y humano Quinlan, aquí modificado –habla y tiene nariz y orejas– y de inmediato garante de nuestra simpatía por la eficacia asesina con que actúa y el carisma con que campa por la vida. Con esos diferentes frentes abiertos, The Strain evoluciona en su estructura y tiene el mérito de no resultar estática, sino que la acción está en constante movimiento. Aprendemos cosas de los personajes, se exploran sus luces y sombras y comprobamos que algunos se mueven en la zona gris de la moralidad, aunque quedan claros los bandos y la línea que de cruzarse marca cada uno de estos. Es un pequeño mundo post apocalíptico, donde algunos resisten y otros caen de inmediato, donde el folclore rumano tiene la respuesta originaria y el vampirismo se puede analizar con un mero virus invasor. Ese cruce de tonos e intenciones es el punto fuerte de la serie, lo que la hace tan interesante, tan atractiva. Es capaz de ofrecer el mayor de los horrores el claustrofóbico Dead End (2.11), súmmum de la crueldad y el sadismo, los niños ciegos reconvertidos en criaturas— sin dejar de destilar un socarrón sentido del humor para aliviar la intensidad de la experiencia. Puede ser romántica y emotiva como emocionante y llena de acción, plantear un triángulo amoroso bisexual o la resurrección artística y personal de un actor/luchador mexicano (cuya presentación en blanco y negro es cortesía del propio Del Toro). Todo tiene cabida, y sí funciona es porque la maquinaria está bien montada.

    Sorprende que en apenas 26 entregas la serie tenga ya un elemento autorreferencial tan fuerte, pero eso se debe a que su concepción narrativa y visual es puramente cinematográfica, sin dejar de ser nunca televisiva (esos careos entre los malos y los buenos que nunca se resuelven). De cara a la tercera temporada, que tendrá diez entregas, los guionistas tienen la complicada tarea de lidiar con honestidad con sus personajes, una colección de corazones rotos y seres en busca de sangrienta venganza. Es una perspectiva muy emocionante, y ojalá se recupere el excelente rumbo del comienzo al concentrar más la acción y se perfilen mejor los personajes femeninos, ya que The Strain tiene el potencial de la grandeza. | ★★★ |


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla


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