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    BFI London Film Festival | Día 3

    High Rise se estrena en Londres

    Ben Wheatley es profeta en su tierra

    crónica de la tercera jornada del BFI London Film Festival 2015.

    Tercer día de festival, y las cosas se van posicionando: ya empieza a haber claras favoritas, tanto a los premios como al ranking general, y también han empezado a darse las primeras espantadas en los pases de prensa. Y si existe una película capaz de conseguir las dos cosas a la vez, esa es High-Rise. El filme de Ben Wheatley ha provocado más de una huida despavorida de la sala (alguna de ellas a apenas 20 minutos del inicio), pero la opinión general es muy, muy favorable. Ya sea por convicción o por barrer para casa (o quizás dada la actual situación en Reino Unido, con el gobierno señalando que quieren que los británicos se asemejen más a los americanos en temas laborales y de prestaciones sociales), la crítica londinense la ha adorado, señalándola como la crítica al capitalismo desaforado definitiva. En el momento de escribir estas líneas, High-Rise se está proyectando para el público por primera vez, así que sus reacciones aún están por ver, pero seguro que no serán indiferentes.

    Dejando de lado a Wheatley y su desquiciada sátira, hemos podido ver también la más curiosa de las integrantes de la sección oficial. Tangerine, de Sean Baker, llegaba anunciada como “la película que se ha rodado con un iPhone”. En realidad ha sido con tres, pero eso es lo de menos. Acostumbrados a que Los Ángeles muestre su lado más cool, Tangerine [crítica] consigue retratar un L.A. multicultural, sucio y realista, con un estilo crudo y directo, y una gran habilidad para saltar de la comedia al drama y viceversa. Aunque sigue teniéndolo difícil de cara al premio, ha salido más que airosa de la prueba, y no extrañaría verla muy pronto en pantalla en alguna que otra sala arthouse británica. También la danesa Land of Mine ha pasado con nota. Esta historia sobre un grupo de prisioneros alemanes obligados a limpiar de minas las playas de Dinamarca al finalizar la Segunda Guerra Mundial consigue mezclar una historia de humanización de la guerra bastante dramática con momentos insoportablemente tensos. Además, su reparto es excelente, a pesar de ser casi todos muy jóvenes (con la excepción de Roland Møller, que interpreta al sargento danés a cargo del grupo, y al que vimos brevemente en Una segunda oportunidad, de Susanne Bier). Es una lástima que la premisa de la que parte haya sido exprimida hasta la saciedad por Hollywood, porque su acercamiento es mucho más interesante que la mayoría de propuestas del estilo, pero eso provoca, tristemente, que todo suene un poco a ya visto.

    «High Rise, Land of Mine & Tangerine entusiasman. El asesinato de  Choi Dong-hoon entretiene a la platea. Marco Bellocchio aburre».


    Algo que ocurre con la premisa de Assassination, de Choi Dong-hoon. De hecho, por decirlo claramente, estamos ante la muy particular versión coreana de Malditos Bastardos (Quentin Tarantino, 2010), con una heroína principal de la que el cine occidental debería de tomar alguna que otra nota a la hora de crear personajes femeninos en películas de acción. Divertida, trepidante y desprejuiciada, no hay absolutamente nada en ella que no hayamos visto mil veces, pero lo lleva de forma tan entretenida y con tanta falta de presunción que uno sale del cine encantado del rato que acaba de pasar. Es una pena que pasara desapercibida para la prensa (los conflictos a la hora de cuadrar horarios suelen provocar estas cosas), pero parece que los pases de público están siendo todo un éxito. Y acabamos con la primera nota negativa de la jornada. La última obra de Marco Bellocchio, Sangue del mio sangue, se ha llevado los primeros varapalos auténticos del festival. Salvando algún que otro crítico que parece haber visto algo distinto al resto, la mayor parte de la prensa se lleva las manos a la cabeza intentando averiguar qué le vio el jurado del FIPRESCI en Venecia a semejante desaguisado. Nadie parece saber muy bien de qué va el trabajo de Bellocchio, si es que realmente tiene un argumento, y de momento encabeza la carrera de abandonos de sala.

    Mañana, comienzo del primer fin de semana de festival, las cosas se relajan y llegan producciones “menores” y también de género. El western caníbal Bone Tomahawk (S. Craig Zahler, 2015), la extravaganza danesa Men & Chicken (Anders Thomas Jensen, 2015) y la producción española Don’t Grow Up (Thierry Poiraud, 2015) son las citas más relevantes del día. Con la excepción, claro, de la sección oficial. Mañana llega, precedida de una enorme expectación, la gran favorita al premio a la Mejor Película, la húngara Son of Saul (Lázsló Nemes, 2015). Todas las miradas estarán puestas en ella, y desde El antepenúltimo mohicano os contaremos si conseguirá estar a la altura del monumental entusiasmo con que se la espera.


    Judith Romero Esquerra
    © Revista EAM / 59º London Film Festival



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