Introduce tu búsqueda

  • Cenotafio faraónico.
    «Blade Runner 2049», de Denis Villeneuve.

    Especial Festival de San Sebastián.
    Cobertura completa de la 65ª edición.

    Sensualidad praxiteliana.
    «Call me by your name», de Luca Guadagnino.

    Insert Coin.
    «Good Time», de los hermanos Safdie.

    Dos ventanas al vacío.
    «A Ghost Story», de David Lowery.

    Crítica | Cop Car

    Cop Car

    David contra Goliat

    crítica de Coche policial (Cop Car, John Watts, 2015).

    Our Robocop Remake (2014) fue un curioso proyecto surgido del amor que un grupo de fans profesaba hacia el clásico Robocop (1987) de Paul Verhoeven, construyendo una particular (y muy delirante) versión de éste en clave de parodia, mezclando todo tipo de géneros y formatos a lo largo de 60 escenas, siendo cada una de las mismas dirigida por un realizador diferente. John Watts fue uno de ellos y, tras tan peculiar carta de presentación, se embarcó en su primer largometraje en solitario con Clown (2014), modesta serie B de terror cargada de humor negro que contó con el empuje de Eli Roth desde la silla del productor y desempeñando un papel en su más discutible faceta de actor. Pese a que no se tratara de una ópera prima excesivamente brillante, aquella vuelta de tuerca al manido tema de los payasos asesinos tuvo su encanto y no fue del todo mal recibida por la crítica, sirviendo, además, para unir a Watts, por primera vez, con Christopher D. Ford, co-guionista con quien vuelve a repetir en Cop Car (2015). Este segundo trabajo sí parece haber logrado que su nombre comience a oírse con mayor fuerza dentro de los circuitos del cine independiente americano y más allá, ya que los avispados grandes estudios de Hollywood, que reconocen el talento a la legua, ya se han fijado en él, confiándole la realización del nuevo reboot de Spider-Man, superproducción que no hará más que confirmar su meteórica trayectoria.

    “Nunca juegues con extraños” sería la primera norma básica que, con gran asiduidad, se rompe por los protagonistas de un tipo de películas de suspense que, tras el éxito del aclamado telefilme El diablo sobre ruedas (Steven Spielberg, 1971) y sucedáneos como Carretera al infierno (Robert Harmon, 1986), crearon todo un subgénero que combinaba, a partes iguales, road movie (o película de carretera) con ingredientes más propios del terror psicológico. Cop Car podría catalogarse dentro de este tipo de cine, más por su premisa inicial que por la manera en la que después ésta es plasmada en la pantalla. La historia, lejos de aportar algo novedoso, destaca por su sencillez: Dos niños de unos diez años que pasean por un campo descubren un coche de policía aparentemente abandonado. Con la curiosidad y entusiasmo propios de la edad, entre juegos, los chavales arrancan el automóvil y se disponen a dar una vuelta, sin sopesar las posibles consecuencias de su acto. Es ahí donde comienza una auténtica pesadilla cuando se conviertan en el objetivo del dueño del vehículo, el trastornado y corrupto sheriff local, que ve en los chicos una amenaza que podría destapar el secreto que oculta en su maletero. Estamos ante la enésima variante del juego del gato y el ratón, o, lo que es lo mismo, David contra Goliat (por la inicial desigualdad de condiciones entre perseguidor y presas), pero Watts, ya desde las primeras escenas, parece querer dejar constancia de su intención de esquivar la habitual sucesión de momentos efectistas y acción sin tregua que hasta ahora a caracterizado a este tipo de cacerías humanas. En su lugar, el primer tercio, pausado y contemplativo, nos hace una presentación, a grandes rasgos, de los niños, haciendo hincapié en su carácter atrevido y una gran facilidad para meterse en problemas. Por el contrario, el villano, tal vez en una estrategia para hacerlo más enigmático, está mucho menos definido y en ningún momento se profundiza en el porqué de su conducta ni explica los trapicheos en que anda metido. El choque entre el bien y el mal se hace esperar pero, hacia mitad de la cinta, cuando el policía cobra consciencia de que su coche está en manos de unos chiquillos, ésta comienza a ganar en intensidad, tomando unos caminos más reconocibles en este tipo de productos.

    Cop Car

    «Un pequeño ejercicio de suspense, muy bien rodado (especialmente, la fotografía de Matthew J. Lloyd y Larkin Seiple está muy por encima de la modestia del proyecto) y con algunas resoluciones argumentales que escapan de lo habitual, atravesando la línea de lo políticamente correcto».


    El primer gran acierto de Cop Car habría que buscarlo en el excelente trabajo de casting realizado para elegir a James Freedson-Jackson y Hays Wellford, los jóvenes actores sobre quienes recae la mayor parte del peso de la acción. Dos niños sin experiencia anterior que, en última instancia, demuestran una prodigiosa naturalidad ante las cámaras, logrando, pese a la rebeldía de sus roles, no resultar en ningún momento insoportables o cargantes como suele ocurrir en otras películas protagonizadas por niños prodigio de Hollywood. No solo resultan auténticos en su complicidad, sino que también aprueban con nota el reto de aguantar estoicamente la réplica de un monstruo de la interpretación como es un Kevin Bacon del que ya conocíamos, sobradamente, lo bien que le sienta este tipo de personajes oscuros y trastornados. Éste, en concreto, es todo un bombón que el veterano actor acierta a exprimir al máximo, entregando uno de sus mejores trabajos de los últimos años. Su inquietante presencia le basta para que perdonemos que el villano al que da vida carece de suficiente entidad como para pasar a los anales del género del modo que lo hizo, por ejemplo, el Harry Powell encarnado por Robert Mitchum en la fundamental La noche del cazador (Charles Laughton, 1955). Y sin embargo, Cop Car bien podría ser una actualización de aquel cuento de horror con el que comparte el modo en que un adulto desalmado le arrebata, de manera violenta, la inocencia a dos indefensos niños. Especialmente retorcida, en este aspecto, es la tensa escena en la que el sheriff amenaza a los pequeños con asesinar brutalmente a la abuela de uno de ellos y a sus mascotas. Afortunadamente, el guion de Watts y Ford, pese a su linealidad y casi total ausencia de sorpresas, se las apaña para incluir unas pequeñas dosis de humor negro con las que rebajar el alto componente macabro de una historia que, con un poco más de energía y ambición, bien podría parecer dirigida por los hermanos Coen. Se conforma, de esta forma, con ser un pequeño ejercicio de suspense, muy bien rodado (especialmente, la fotografía de Matthew J. Lloyd y Larkin Seiple está muy por encima de la modestia del proyecto) y con algunas resoluciones argumentales que escapan de lo habitual, atravesando la línea de lo políticamente correcto. Razones suficientes para continuar siguiéndole la pista al amigo Watts en el futuro. | ★★★ |


    José Antonio Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2015. Título original: Cop Car. Director: John Watts. Guión: John Watts, Christopher D. Ford. Productores: Sam Bisbee, Andrew Kortschak, Cody Ryder, John Watts, Alicia Van Couvering. Productoras: Audax Films | Dark Arts Film | Park Pictures. Fotografía: Matthew J. Lloyd, Larkin Seiple. Música: Phil Mossman. Montaje: Megan Brooks, Andrew Hasse. Dirección artística: Nate Oldham. Reparto: Kevin Bacon, James Freedson-Jackson, Hays Wellford, Camryn Manheim, Shea Whigham.

    Póster: Cop Car
    El jardín

    0 comentarios:

    Publicar un comentario

    "Sueñen. Vean cine."

    Estrenos

    Festivales

    • Cuaderno de viaje: análisis visual y narrativo de Twin Peaks

      «Aviso al lector: este texto, como la anterior entrega que publicamos, está plagado de spoilers que detallan información de los capítulos reseñados. Está concebido con la esperanza de ser un acompañamiento a las experiencias de visionado previas de cada uno, y como tal asume la incompletitud de su análisis. Ni ofrece, ni lo pretende, una lectura totalizadora de la serie. Sino una serie de fragmentos rescatados, puestos en una relación más o menos arbitraria y leídos bajo una serie de constantes que se adivinan en Lynch, pero que quizá tengan mucho de las propias inquietudes de quien escribe...».
    • El cine de Maya Deren. Una mirada a su filmografía

      «La consolidación de la mujer en la industria del cine es algo tan reciente y, por desgracia, tan condenado a un inevitable período de reafirmación presumiblemente extenso, que resulta muy difícil establecer una lectura del papel femenino en el cine y, mucho menos, en el cine de vanguardia, pues su relación parece más coincidente que desencadenante. Sólo en las últimas entregas de los grandes festivales, ha sido motivo de indignación y debate la ausencia de una participación femenina más cuantiosa...».
    • El tedio según Sofia Coppola

      «Si nos detenemos a analizar la filmografía de Sofía Coppola, encontramos un denominador común en todas sus historias. Los personajes que retrata la realizadora neoyorquina están embriagados por el aburrimiento, por una sensación de pesadumbre que les arrastra y que, de un modo u otro, actúa como catalizador de sus actos. Puede ser un elemento impuesto, como ocurre en Las vírgenes suicidas, y del que solo hay una manera de escapar; que viene dado por el entorno, como en Lost in translation, donde se materializa en un sentimiento de extrañeza que acaba por unir a dos almas solitarias...».

    Extras

    Premios

    [12][Trailers][slider3top]