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    Crítica | Misión imposible: Nación secreta

    Misión imposible: Nación secreta

    Más que un héroe, un equipo

    crítica de Misión imposible: Nación secreta (Mission Impossible: Rogue Nation, Christopher McQuarrie, 2015).

    A mediados de los 90, en plena fiebre hollywoodiense por trasladar a la gran pantalla toda mítica serie televisiva de antaño (llámese Los Picapiedra, Los vengadores o El fugitivo), el siempre estiloso Brian De Palma se hizo cargo de la adaptación de Misión imposible, emitida con gran éxito por la CBS entre 1966 y 1973, y que ofrecía las aventuras de los sofisticados espías de la F.M.I. (Fuerza de Misiones Imposibles) en su lucha contra el mal. La cinta, a medio camino entre el espectáculo pirotécnico creado para exclusivo lucimiento de la superestrella Tom Cruise, y el ejercicio de estilo (y cinefilia) propio de un autor con una personalidad tan marcada como la de De Palma, funcionó muy bien a todos los niveles, convirtiéndose en toda una gallina de los huevos de oro que continuó manteniendo al actor en la cresta de la ola durante las dos décadas siguientes. Diferentes directores han dejado su impronta en cada nuevo episodio de la franquicia. John Woo entregó en 2000 una segunda parte cargada de escenas de acción a cámara lenta, palomas al viento, divertidas licencias geográficas por parte de los guionistas (esas fallas sevillanas) y la épica música de Hans Zimmer subrayando una trama pseudo romántica que escondía un velado homenaje a Encadenados (Alfred Hitchcock, 1946). Las críticas se ensañaron, tal vez demasiado, con la cinta, por lo que la llegada, en 2006, del televisivo J.J. Abrams (triunfaba con Lost) al frente de la tercera película fue recibida con gran entusiasmo. Ciertamente, Abrams contribuyó a lograr que la saga comenzara a encontrar su estilo propio, fichando a Simon Pegg como contrapunto cómico en medio de tanta adrenalina, y ofreciendo al gran Philip Seymour Hoffman la oportunidad de encarnar a un villano de excepción. Por su parte, Brad Bird, responsable de maravillas animadas como El gigante de hierro (1999) o Los increíbles (2004), continuó en la misma linea ascendente con la espectacular y mucho más cachonda Misión imposible: Protocolo fantasma (2011), a la que se incorporó Jeremy Renner como nuevo miembro del equipo, y que es recordada por momentos tan potentes como el que tiene lugar en los rascacielos de Dubái.

    Buenos beneficios en taquilla y críticas, por lo general, muy positivas han sido una constante en una saga que ha tenido que competir en las carteleras con otros productos de corte tan similar como los de las últimas hazañas del James Bond encarnado por Daniel Craig o las de Matt Damon en las cintas de Bourne, suerte de alumno aventajado del agente 007. Por ello, a nadie extraña la llegada, en plena efervescencia del verano, de Misión imposible: Nación secreta (2015), quinto asalto de Ethan Hunt y compañía a la gran pantalla. El listón no podía estar más alto, ya que, tanto Abrams como Bird habían conseguido pillarle la medida a la fórmula, logrando el perfecto equilibrio entre acción sin límites y las adecuadas dosis de humor que hacen de la saga un referente en su género. En esta ocasión, la tarea de perpetuar aquel éxito ha sido Christopher McQuarrie, ganador del Óscar al mejor guion original por la brillante Sospechosos habituales (1995), y realizador que ya tuvo a Cruise bajo sus órdenes en la irregular Jack Reacher (2012). La apuesta no ha podido ser más acertada, ya que McQuarrie se encarga, además, de escribir un libreto bastante más inteligente y trabajado de lo que cabría exigirle a un proyecto de estas características. La historia presenta a la F.M.I. intentando pararle los pies a una organización secreta denominada Sindicato, formada por cualificados agentes especiales internacionales que pretenden construir un nuevo orden mundial provocando continuos ataques terroristas. Nada nuevo bajo el sol, pero sí un argumento funcional y bien dialogado que consigue mezclar de manera eficiente los tópicos del cine de espionaje de toda la vida (conspiraciones, traiciones, códigos de lealtad, dobles identidades) con numerosos guiños a las anteriores entregas de la serie.

    Misión imposible: Nación secreta

    «Si Eva Green le dio una nueva dimensión al típico papel de “chica Bond” en Casino Royale, la estupenda Rebecca Ferguson hace lo propio como la aguerrida compañera de aventuras del protagonista, que hace olvidar a anteriores “chicas Hunt” tan ilustres como Kristin Scott Thomas, Thandie Newton, Maggie Q o Paula Patton».


    Misión imposible: Nación secreta es, al igual que sus antecesoras, una sucesión de modélicas secuencias de acción en donde cada una resulta más impactante que la anterior. Como plus añadido, un Tom Cruise pletórico en su encarnación del agente Ethan Hunt, que continúa estando igual de entregado a la causa que siempre, rodando él mismo la mayoría de escenas de riesgo. En este sentido, hay una par de momentos que resultan especialmente vibrantes: la explosiva escena de apertura en la que Hunt se encarama a la compuerta de un avión en pleno despegue o el acuático pasaje en la cámara acorazada sumergida, que multiplica por diez la complejidad de aquella famosa entrada en los cuarteles de la CIA, suspendido desde el aire, de la primera película. No es este el único homenaje a De Palma de la cinta: la visualmente espléndida escena que tiene lugar en la ópera de Viena, con los diferentes puntos de vista de varios agentes que cruzan sus misiones en el mismo escenario, podría ser la más elaborada a nivel de montaje, remitiéndonos a piezas del reconocido alumno de Hitchcock como el prodigioso plano secuencia de 13 minutos con que se abría Snake Eyes (1998) o a aquella intriga de El tercer hombre (Carol Reed, 1949) que también se desarrollaba en la capital austriaca. La representación de la obra Turandot, de Giacomo Puccini, sirve de excusa para que los emocionantes acordes de Nessun Dorma se conviertan en la banda sonora de una lucha sin cuartel entre bambalinas, del mismo modo que el tema será convenientemente adaptado por Joe Kramer para acompañar a los momentos más íntimos entre los personajes de Hunt y la espía británica Ilsa, sin duda, la mejor aportación femenina a la saga hasta el momento. Si Eva Green le dio una nueva dimensión al típico papel de “chica Bond” en la celebrada Casino Royale (Martin Campbell, 2006), la estupenda Rebecca Ferguson hace lo propio como la aguerrida compañera de aventuras del protagonista, que hace olvidar a anteriores “chicas Hunt” tan ilustres como Kristin Scott Thomas, Thandie Newton, Maggie Q o Paula Patton. Por una vez, en una jugada que recuerda a la del último Mad Max, el otrora héroe solitario ve como su protagonismo mengua en beneficio de Ferguson y un Simon Pegg mucho más involucrado en la acción que nunca. De hecho, resulta todo un hallazgo el divertido tono de buddy movie que el filme adopta en las escenas trepidantes que comparten Hunt y Benji, destacando la imposible persecución automovilística por las calles de Marruecos.

    Misión imposible: Nación secreta

    «Una vertiginosa montaña rusa plagada de algunas de las set pieces más memorables que ha dado el cine de acción en los últimos años, con un sano sentido del humor que en ningún momento chirría o entorpece a la intriga (todo lo contrario, la complementa con acierto), y una fascinante química romántica / sexual entre Tom Cruise y Rebecca Ferguson que hace que salten chispas en cada fotograma que comparten sus personajes».


    Sin ser un artefacto trilero tan formalmente portentoso como el capítulo inaugural de De Palma, esta quinta entrega bien podría considerarse la más redonda de todas las que le siguieron. Se le podría reprochar a sus responsables el no haberle dado más cancha al magnífico villano encarnado por el inquietante Sean Harris, así como el papel tan secundario que le ha tocado en esta ocasión a Jeremy Renner, relegado a un nivel de comparsa idéntico al de Ving Rhames. Sin embargo, son pequeños detalles sin importancia que no deberían enturbiar las innumerables virtudes de uno de los mejores blockbusters que vamos a tener en el verano de 2015. Una vertiginosa montaña rusa plagada de algunas de las set pieces más memorables que ha dado el cine de acción en los últimos años, con un sano sentido del humor que en ningún momento chirría o entorpece a la intriga (todo lo contrario, la complementa con acierto), y una fascinante química romántica / sexual entre Tom Cruise y Rebecca Ferguson que hace que salten chispas en cada fotograma que comparten sus personajes. Misión imposible: Nación secreta aporta a la época estival un ejemplar entretenimiento de calidad que ofrece todo lo que se espera de él e incluso más, consiguiendo que la fórmula, lejos de evidenciar agotamiento alguno, recobre fuerzas suficientes como para perpetuar la saga durante varios episodios más. De hecho, vistas las primeras cifras de recaudación, es fácil vaticinar que tendremos Ethan Hunt para rato. | |


    José Antonio Martín León
    © Revista EAM / Las Palmas de Gran Canaria


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2015. Título original: Mission Impossible: Rogue Nation. Director: Christopher McQuarrie. Guión: Christopher McQuarrie (Historia: Christopher McQuarrie, Drew Pearce; Personajes: Bruce Geller. Productores: J.J. Abrams, Bryan Burk, David Ellison, Tom Cruise, Don Granger. Productoras: Paramount Pictures / Skydance Productions. Fotografía: Robert Elswit. Música: Joe Kraemer. Montaje: Eddie Hamilton. Diseño de producción: James D. Bissell. Reparto: Tom Cruise, Rebecca Ferguson, Simon Pegg, Sean Harris, Jeremy Renner, Vin Rhames, Alec Baldwin.

    Póster: Misión imposible: Nación secreta
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