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    Entrevista | Thomas Cailley, director de Les combattants

    Thomas Cailley

    «El amor es echarte en brazos de alguien que te puede destrozar»

    Entrevista a Thomas Cailley por Miguel Muñoz Garnica.

    El joven director francés Thomas Cailley ha dado con firmeza su primer paso en el largometraje gracias a Les Combattants, cinta que le valió el premio FIPRESCI en la Quincena de Realizadores de Cannes 2014, además de los César a su magnífica pareja protagonista (Kévin Azaïs y Adèle Haenel) y a la mejor ópera prima. Se trata de una peculiar comedia romántica que a ese tema tan idóneo para un director novel como es el amor de juventud le añade una inusual capa de significado a partir de la obsesión por la supervivencia de su protagonista femenina y la presencia del Ejército en su argumento. El resultado es una refrescante exploración por choque del amor y el instinto de conservación, dos opuestos condenados a entenderse.


    ¿Cómo surgió la inspiración para crear esta mezcla de temas tan particular?

    Yo quería contar una historia de amor. Pero resultó cuando empecé a escribir el guion solía ver siempre el mismo programa de televisión, uno que iba sobre supervivencia en el bosque y que daban de madrugada. Salía siempre el mismo tipo, un antiguo militar inglés que trataba de sobrevivir en los lugares más hostiles del planeta. Y al final terminé cogiéndole cariño, porque tenía algo tierno en su manera de ser. Creo que es alguien que está un poco perdido y para quien la supervivencia se ha convertido en algo más importante que la propia vida. Me pareció que había una idea interesante y bastante contemporánea en eso, y esa idea dio nacimiento al personaje de Madeleine (Adèle Haenel). No hay conceptos más opuestos que la supervivencia y el amor. Por lo que de ahí salió una buena forma de escribir una comedia romántica un poco innovadora.

    Madeleine, tan obsesionada por sobrevivir sin depender de nadie, con todas esas ideas sobre el fin del mundo, es un personaje un tanto... Digamos que especial. ¿Cómo ha trabajado el hacerla más cercana al espectador?

    Bueno, la primera parte de la película funciona un poco como si fuera policíaca. Como espectadores nos situamos en la mente de Arnaud (Kévin Azaïs) y tratamos de comprender junto a él qué es lo que Madeleine tiene en la cabeza. Así, el acercamiento que planteo es a partir del misterio que existe en torno a ella. En este sentido, me parece muy importante que no la comprendamos totalmente. Porque este misterio es lo que la hace atractiva, lo que la hace fascinante. Desde los ojos de Arnaud vemos a una joven independiente, fuerte, autónoma, que no hace concesión alguna, a la que le da absolutamente igual lo que piensen los demás... Que es algo que le cautiva, porque él es la antítesis de todo eso.

    Ya el primer contacto de Arnaud con Madeleine es una pelea en la que él no quiere participar. Parece que así funciona toda la trama. Él tiene su vida, su familia, su trabajo seguro, no quiere complicarse... Y sin embargo lo termina haciendo para seguirla. ¿Qué quería contar con esta evolución del personaje?

    Es la historia de alguien que está dormido. Al principio de la película asistimos a un evento importante, que es el duelo de Arnaud por la muerte de su padre. Un evento que le pone en flotación, por decirlo de alguna manera. Hace que se deje llevar por la corriente. Y su problema es que cree que no tiene problemas. No se aferra a nada, no decide sobre nada, acepta todo lo que se le propone... Pero cuando ve a Madeleine ocurre algo. Porque ella no acepta nada de nadie. Eso hace que su relación con el mundo, que al principio es una relación muy dócil, empiece a cambiar. El trayecto personal que le vemos recorrer en la película es su manera de despertar. Es su construcción como héroe cinematográfico. Por decirlo de otro modo, Arnaud está planteado como un vaso vacío que se va a ir llenando.

    ¿Le parece, entonces, que el amor tiene que ser una ruptura de la comodidad?

    Sí. El amor es salir de tu zona de confort. Arriesgarte. Arnaud estaba determinado por el instinto de conservación. Hasta que Madeleine hace que decida arriesgarlo todo por ella. Eso es el amor. Dejar de protegerte, dejar de pensar en ti mismo. Correr el riesgo de echarte en brazos de alguien que te puede destrozar.

    ¿Qué cree que han aportado Kévin Azaïs y Adèle Haenel a esas ideas que quería expresar?

    Bueno, lo que me hizo escoger a Adèle es que tiene una presencia muy concreta y a la vez muy misteriosa e inaprehensible. Además de una torpeza que me parece muy divertida, una torpeza que la hace tierna y vulnerable. En cuanto a Kévin, para mí lo más importante es su mirada. Porque tiene algo muy poco común, que no he visto en ningún otro actor: en su forma de mirar no hay ningún tipo de juicio. De modo que cuando vemos a su personaje mirar a Madeleine sin juzgarla, es imposible que la odiemos. Nos fuerza a amarla. Es una mirada que absorbe, que atrae hacia él. Y me parece que hace más fascinante a Arnaud, porque es un personaje muy permeable, que absorbe las experiencias. Y eso me parece muy difícil de interpretar, porque exige una generosidad profunda y una gran amabilidad.

    ¿Y qué quería contar con la presencia de los elementos militares?

    En primer lugar, me parece bastante curioso lo que ha ocurrido con el Ejército en Francia desde hace unos diez años. El servicio militar ya no es obligatorio, por lo que se ha convertido en una empresa privada que necesita reclutar a gente y que ha desarrollado métodos de promoción para ello. Y esta promoción ha crecido mucho últimamente. Hay publicidad en la tele, hay un camión de reclutamiento como el que se ve en la película que se va desplazando de ciudad en ciudad, hay muchas acciones en internet... Lo llamativo es que el eslógan del Ejército es “conviértete en ti mismo”. Que es algo que me parece bastante irónico. Porque no creo que entres en el Ejército para convertirte en ti mismo, sino en uno más de los que están ahí. En cualquier caso, creo que estas campañas de promoción funcionan porque son muy astutas. Tocan la tecla justa, saben apelar al corazón de la crisis existencial de toda una generación con un eslógan que podría ser de cualquier reality show. Eso es lo que creo que aporta el Ejército a la película. Es una especie de teatro que permite desnudar esa crisis generacional.

    El fulgor efímero

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