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    TV Review | True Detective II

    True Detective (2 temporada)

    Negra y corrupta ciudad de Los Ángeles

    crítica a The Western Book of the Dead (2014) | Episodio piloto de la segunda temporada de True Detective.

    HBO | EE.UU, 2015. Director: Justin Lin. Guión: Nic Pizzolatto. Reparto: Colin Farrell, Rachel McAdams, Taylor Kitsch, Kelly Reilly, Vince Vaugh, Ritchie Coster, David Morse, Christopher James Baker, Timothy V. Murphy, W. Earl Brown, James Frain, Michael Irby, Matt Battaglia, Leven Ranbim, Trevor Larcom, Afemo Omilami. Fotografía: Nigel Bluck. Música: T Bone Burnett.

    Decir que las expectativas eran altas ante esta nueva encarnación de True detective es quedarse corto. La primera temporada de la creación de Nic Pizzolatto tuvo tal repercusión de crítica y público que hasta el propio novelista ha comentado en más de una ocasión que se encontraba en una situación complicada, aunque gratificante. Y tras más de un año de espera por fin ha llegado The Western Book of the Dead, una suerte de “episodio piloto” que presenta en nuevo caso y toda una galería de personajes a los que empezar a descifrar en su enigmático dolor. Otro quinteto central, aunque esta vez un auténtico quinteto protagonista y ninguna distinción entre personajes más o menos secundarios. Los detectives Ray Velcoro y Ani Bezzerides, el oficial en suspensión temporal Paul Woodrugh y el poderoso matrimonio de Frank y Jordan Semyon conectados con la misteriosa muerte de Ben Caspere, socio de Frank cuya desaparición investigaba Ray, que es encontrado por Paul y que por pura geografía está en territorio de Ani. Hasta llegar a ese punto climático donde los tres agentes de la ley comparten pantalla, Pizzolatto nos ha enseñado sus desastrosas vidas por separado, un clásico de su escritura. El ser humano que no puede vivir consigo mismo, con su pasado o con las elecciones que ha hecho. Y que adormece su mente con alcohol, drogas o ambas cosas. Durante gran parte del metraje, sabremos un poco más de las causas del comportamiento del trío, con ese flashback que a la vez ilustra la relación de Ray con Frank; la charla de Ani con su peculiar padre y las pistas sobre un turbio incidente que involucró y marcó (física y mentalmente) a Paul, y que le convierte en un temerario que disfruta de la situación límite.

    Al ritmo de “Nevermind”, tema de Leonard Cohen que pone a tono a la audiencia desde el principio, arranca una cabecera que sigue el mismo patrón visual, y hasta se permite un par de juguetones momentos idénticos a la primera tanda. Un tono de rojo sangre para indicar que nos espera un viaje movidito, uno que de momento ya ha incluido unas cuantas agresiones y desencuentros personales. Los personajes presentados están metidos en intensos conflictos, y el guionista usa la clásica estrategia de informarnos sobre ellos a través de otros personajes (a veces hasta de manera muy evidente, como la charla entre Ani y su hermana Athena). Esta temporada trae también la novedad de usar varios directores para encargarse de los ocho capítulos, lo que probablemente juegue en su contra porque al eficaz trabajo de Justin Lin le seguirán el de otros profesionales competentes en nómina de HBO, pero que finalmente dejarán menos huella visual, algo a lo que también ayudará el cambio de director de fotografía. Entre las decisiones más acertadas, el asalto de Ray a un periodista que escribe sobre la corrupción en la ciudad de Vichi, apuntando directamente al mafioso Frank Seymon, con quien el personaje de Colin Farrell tiene una gran deuda y algo parecido a una amistad interesada. El inquietante gesto de un Ray encapuchado a la cámara y la subsecuente agresión fuera de campo logran que la rutinaria acción deje algo de poso.

    True Detective (2 temporada)

    «Seguimos en un mundo oscuro y turbio, donde los intérpretes pueden lucirse en la exploración de las tortuosas almas que interpretan pero que no deja apenas momentos grabados a fuego».


    Como arranque no es especialmente deslumbrante. Nada nuevo bajo el sol, ni en el subgénero en general ni en True detective en particular, pero los fans de la serie sabemos que se cuece a fuego lento, y las subtramas que apunta son prometedoras. Ahora, los que argumentaban que la inclusión de dos mujeres con poder en el grupo protagonista fue una reacción a las críticas de misoginia a Nic Pizzolatto, estaban equivocados. Hay varios personajes femeninos sexualizados al completo, reprobados por otros personajes o directamente marcados (la tierna camarera, la ex-mujer de Ray) para el resto de su vida. Seguimos en un mundo oscuro y turbio, donde los intérpretes pueden lucirse en la exploración de las tortuosas almas que interpretan pero que no deja apenas momentos grabados a fuego. Quizá sea que Los Ángeles no es un lugar tan interesante visualmente como Luisiana, o simplemente que los responsables están calentando (con algún chispazo en forma de agresión al padre de un matón). Al fin y al cabo, no tienen tanto que demostrar como hace año y medio, así que el caso –que es muy distinto– puede desarrollarse de otra forma sin que esto sea necesariamente malo. Paciencia para ver cómo se resuelve el misterio del hombre sin ojos. 75/100.

    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla



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