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    Entrevista | Christian Wagner

    Christian Wagner y Christoph Hochhäusler
    Christian Wagner y Christoph Hochhäusler.

    Siguiendo con las entrevistas a los invitados al 17º Festival de Cine Alemán, hablamos con Christian Wagner, director de El fin de la paciencia, quien afirma sentirse siempre muy bien recibido por los españoles; después de todo, hace años fue galardonado en el Festival de Valladolid por su ópera prima, Wallers letzter Gang (1989), también premiada en Cannes. Su filmografía posterior incluye el drama fantástico Transatlantis (1995, Sección Oficial de la Berlinale), la coproducción germano-eslovena Warchild (2006) y el documental musical Live in Germany (2011), todas ellas tristemente poco conocidas en nuestro país.


    ¿Es su primera vez en este festival?

    Sí, he estado con German Films en Londres, París, Tokio y Dublín, pero es mi primera vez en Madrid. Aunque mi primera película se estrenó en Valladolid, donde gané el premio a mejor director novel, así que tengo buena experiencia con el público español. Creo que ayer el público del Palafox estaba bastante conmovido, pues al término del filme quería saber más por la situación planteada.

    ¿Qué le parece que Madrid tenga su propio festival de cine alemán?

    Creo que es bueno que las películas viajen de este modo, porque la situación comercial es muy complicada: si no inviertes en promoción, no llegas a la audiencia, pero, si no tienes una audiencia clara, no recuperas el dinero. Estrenar un filme es muy caro. Además, sin una gran estrella como Sean Penn, por ejemplo, es aún más difícil lograrlo. Sin embargo, creo que poco a poco la audiencia se está acostumbrando a películas distintas, de otros países y culturas.

    ¿Debe ayudarse el cine europeo con coproducciones, quizá?

    Yo las he hecho con Eslovenia, por ejemplo, y claro que ayuda. Pero en Europa tenemos la barrera del lenguaje. O doblas o tienes subtítulos. En Alemania mucha gente odia los subtítulos. El buen doblaje, por su parte, es caro. En Europa todos somos muy diferentes. Con respecto a la comedia es aún peor: en Alemania, por ejemplo hay comedias que sólo funcionan en el norte del país y no se entienden en el sur.

    ¿Usted habla al público alemán o a una audiencia internacional?

    Yo soy siempre soy internacional porque el lenguaje de una película debe ser universal. Ayer noté que la gente estaba conmovida y quería saber más sobre la situación presentada de los inmigrantes en Alemania.

    ¿Y qué opina de la situación del cine alemán comparado con el resto de Europa?

    La situación es muy variada; hay cine comercial y cine de autor, un poco de todo. Pero es muy difícil estrenar películas porque la industria de la televisión es muy fuerte y se lleva el talento al tener dinero para producir. Tenemos un par de directores que hacen constantemente grandes películas pero son muy pocos, con lo que la industria es frágil. Hay dinero, claro, pero yo diría que en nuestro país es más complicado conseguirlo que en países pequeños. También depende del tipo de proyecto.

    ¿Cómo y por qué se involucró en este proyecto concreto?

    Bueno, yo soy el productor y llevé la idea al guionista, Stefan Dähnert. Hablé con productoras para coproducir. Al buscar un personaje fuerte enfrentado a la sociedad y me encontré con esta jueza, que resultó muy interesante para la película.

    Obviamente, el protagonismo de El fin de la paciencia pertenece a un personaje femenino, ¿qué opina de la situación de la mujer en el cine hoy en día?

    Bueno, tenemos un eterno debate sobre ello en Alemania y hay un movimiento de mujeres que quieren tener el 50% de las producciones. Yo no sé qué decir al respecto. En mi opinión, esta cuestión de género no es un tema importante porque creo que el talento es lo único que importa y eso no puede crearse en una mesa. Yo hace años fui a una tienda y pedí tomar prestada la cámara, muy cara, en vez de comprarla. La usé durante diez días para hacer mi primera película en Super 8 y la devolví. Hoy en día nadie tiene barreras: mira a Jodie Foster. Si quieres contar algo, no me digas que no puedes encontrar el equipo para hacerlo. Vale, el sistema es muy malo y hay que luchar, pero hay que ser fuerte y no dejar que nadie te lo impida. Yo trabajaba día y noche para conseguir dinero y hacer mis películas. Nadie debería decirme que no tiene medios de hacer lo mismo.

    Pero lo cierto es que los protagonistas de los filmes de éxito suelen ser hombres… ¿Realmente cree que no importa el género?

    Quizá hay situaciones complicadas, pero yo no veo que las mujeres carezcan de privilegios. Yo trabajo con muchas mujeres en mis producciones y no veo problema alguno. La era digital ha democratizado los medios. Cuando yo empecé era muy difícil conseguir una cámara de 35mm, pero ya no. Si quieres hacer una película, la haces. Es complicado, pero lo haces. Si necesitas buen sonido y no lo tienes, puedes informarte y hablar con gente hasta conseguirlo. Y hay películas de mujeres iguales a las de los hombres, como las de Katheryn Bigelow, que ha demostrado que el género no marca necesariamente una diferencia. Sin embargo, está claro que El francotirador llena la sala de varones y Dando la nota hace lo propio con mujeres.

    ¿Y usted siempre quiso ser director?

    Quería ser pintor, actor… pero al final confirmé que mi lugar estaba tras la cámara, donde puedo controlar todo el proceso creativo, que incluye todos mis intereses.

    ¿Cree que tienes un estilo personal común a todas sus producciones?

    Justo mi coproductor me dijo que había reconocido mi mano en El fin de la paciencia, pero yo no lo tengo claro; supongo que tendrías que preguntar a otros…

    ¿Cómo se siente al trabajar con una estrella como Martina Gedeck junto a intérpretes jóvenes sin experiencia?

    Como director es muy interesante. Trabajar con Martina era exigente pero también un alivio porque ella está muy bien preparada, siempre concentrada en el papel. Quizá por eso es tal estrella en Alemania e incluso fuera. Respecto a los jóvenes, ya había tenido experiencia en películas anteriores y sé cómo acercarme a ellos. Pero el casting es muy importante: hay que encontrar a la gente apropiada y dedicar el tiempo que haga falta. Por ejemplo, si necesitas concretamente actores árabes en Alemania, no es tan fácil dar con la persona adecuada y debes preverlo. Pero encontrar a los intérpretes es imprescindible para que la historia que se desea contar resulte realista.

    ¿Había algo en concreto que quisiera contar?

    El mensaje es el filme como tal. Pero antes de oponerme a hacer una película necesito una meta y esa era mostrar una persona fuerte haciendo algo especial, no alguien dormido en su trabajo. No me gusta la gente que se considera impotente. La protagonista no exigió más rigidez, sino llevar las leyes ya escritas a la realidad con sensatez. En Alemania hay muchos prejuicios sobre los inmigrantes y no hacemos nada por conocerlos bien. Pero también da miedo: el otro día en Múnich vi a muchos africanos sin trabajo y eso puede acabar en catástrofe. Hay que tener responsabilidad. No eres solo habitante de Bavaria, Alemania, Europa… si no que formas parte de un único mundo. Todos compartimos un mundo, un proyecto común.

    ¿Tomó usted la historia real al pie de la letra o la abordó desde la ficción?

    La cinta está basada en un libro escrito por la jueza poco antes de morir, pero a partir de ahí creamos una historia ficticia. O sea que tuvimos que buscar un modo de sacar emociones de los personajes sin olvidar los hechos reales. La realidad siempre es más fuerte que la ficción.

    ¿Y conocía los temas del filme?

    Sí, pero nunca antes me había interesado en jueces o la policía. A nadie la gusta la policía, a fin de cuentas. Sin embargo, tras leer el libro hablé con diferentes jueces para conocer su forma de trabajar y me fui metiendo más en el proyecto.

    Y en sus próximos proyectos, ¿seguirá por este camino?

    Quién sabe. Me interesan mucho los años 30. También me gustaría hacer una comedia profunda (no estúpida); tengo planes, pero debo pensarlo con calma porque cada película me lleva 4 años. No puedo lanzarme a un proyecto sin tenerlo muy claro.


    Entrevista: Juan Roures.
    Imagen: Festival de Cine Alemán de Madrid.


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