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    Crítica en serie | Community (Temporada 6)

    Community

    Un milagro excéntrico y desternillante

    crítica a Community (2009-) | Sexta temporada.

    Yahoo! / 6ª temporada: 13 capítulos | EE.UU, 2015. Creador: Dan Harmon. Directores: Rob Schrab, Jay Chandrasekhar, Jim Rash & Nat Faxon, Adam Davidson, Bobcat Goldthwait, Victor Nelli, Jr. Guionistas: Dan Harmon, Chris McKenna, Alex Rubens, Monica Podrick, Matt Lawton, Dean Young, Matt Roller, Carol Kolb, Clay Lapari, Ryan Ridley, Dan Gutterman, Mark Stegemann, Briggs Hatton. Reparto: Joel McHale, Gillian Jacobs, Danny Pudi, Alison Brie, Jim Rash, Ken Yeong, Paget Brewster, Keith David, Richard Erdman, Erik Charles Nielsen, Danielle Kaplowitz, Craig Cackowski, David Neher, Yvette Nicole Brown. Fotografía: Buzz Feitshans IV. Música: Ludwig Göransson.

    Fe de errores: el 13 de mayo de 2014 se publicó en esta revista una crítica de lo que en ese momento era Community como serie finalizada. A este crítico le pudo la aparente seguridad de que no sería rescatada. Pura impaciencia, porque un mes después y para sorpresa del todo el mundo se anunció la renovación por una sexta entrega, con cambio de hogar a Yahoo! y 13 nuevos capítulos a estrenar en 2015. Los fans estábamos entusiasmados, aunque pronto se supo que Community perdía su tercer personaje fijo en dos años, Shirley, a la que daba fascinante vida Yvette Nicole Brown, y que John Oliver (Duncan) y Jonathan Banks (profesor Hickey) no regresarían a la sexta por problemas de agenda. Se anunció la creación de dos nuevos personajes para el grupo de estudio y Brown acabó haciendo un par de cameos muy satisfactorios en el principio y fin de temporada. La curiosidad de saber cómo el creador Dan Harmon y su co-showrunner Chris McKenna se enfrentarían no solo a la casi mítica “sexta temporada” de la consigna “#sixseasonsandamovie”, sino a trabajar sin muchas cortapisas, se tradujo en altas expectativas y ha dado lugar a una tanda extraña, que ha combinado la sensación de no tener ya muchas ideas con unos niveles de autoconsciencia –los juegos metarreferenciales que son marca de la casa– inéditos, a veces hasta desconcertantes (el juego de mesa de “Community” y la advertencia en voz en off), pero muy, muy estimulantes.

    La temporada arranca poco después del final de la quinta y encuentra a muchos de nuestros protagonistas reunidos de nuevo, como miembros del Comité “Salvar a Greendale”. Se explica la ausencia de Shirley con el acostumbrado metahumor (se ha ido a cuidar a su padre enfermo –como la propia Brown hizo– y trabaja como la secretaria de un brillante pero atormentado detective que se ha quedado en silla de ruedas trabajando). La cuestionable gestión de los chicos hace que el decano Pelton (extraordinario Jim Rash, que también dirige un par de episodios junto a su compañero Nat Faxon) contrate a una experta gestora, que –puras leyes de la comedia– contrasta lo más posible con nuestro grupo de personajes. Así entra Frankie (estupenda Paget Brewster), tan casual y forzadamente como Elroy, experto informático que vive en su caravana como la gloria de lo que nunca pudo ser. Tanto Brewster como Keith David y sus personajes suponen un bienvenido cambio a la dinámica grupal de Community y permiten a Harmon y sus guionistas hacer cosas que no habían podido con otros personajes, pero –y quizás sea porque solo han estado 12/13 capítulos– no han terminado de encajar en el universo de la serie. Eso sí, ha sido fascinante ver lo que tenían que aportar.

    Community

    «Solo el futuro dirá si la pandilla se vuelve a reunir y en qué condiciones, pero como Adiós autoconsciente –el tipo de adiós que mejor encaja en televisión y más en una comedia como ésta–, tiene las cantidades ideales de desconcierto, gracia y sentimiento».


    Y es que la serie, por su carácter metaficticio, conjuga siempre con efectividad una sensación de chiste privado con reacciones realistas ante las locas situaciones que se plantean en cada episodio. No es la intención del que les escribe decir que Community es creíble ni que esa es su intención, sino que los guionistas e intérpretes disfrutan mucho, como nosotros los espectadores, jugando con la “ficción”, tanto la evidente (son actores dando vida a unos personajes en una serie de televisión escrita con unos guionistas) como la falsa (la que usa el personaje de Abed –soberbio Danny Pudi– para sobrellevar la vida y filtrar lo que pasa a su alrededor). Una dinámica compleja que se traduce en argumentos hilarantes (la efímera fama de Chang), subtramas autoconscientes de serlo e interacciones de gran inteligencia. Una mezcla de seriedad, exageración cómico-dramática (con el personaje del decano Pelton como ejemplo perfecto de esto) y diversión que continúa funcionando, aunque esta temporada ha ido más lejos que nunca en la exploración de esas posibilidades narrativas (las miradas “detrás-de-las-cámaras”). Algo que se debe también al hecho de que cuando un guionista elige un camino como contador de historias, y profundiza en él cada vez más, no tiene otra opción que seguir haciéndolo. O tratar de dar un vuelco completo a su producto, pero ésa no es la intención de Harmon. Aunque esto no quiere decir que todas sus decisiones hayan sido un acierto, ni mucho menos. En concreto, las entregas dejan la impresión de que Annie apenas ha tenido subtramas propias, y que no ha existido tanto como personaje sino como un unidimensional simulacro cómico de personaje, basado en repeticiones de rasgos y manías para arrancar la carcajada. Un mecanismo que si ha funcionado ha sido gracias a la fabulosa Alison Brie, pero que a la larga resulta previsible y un poco triste. En ocasiones la extrañeza ha ganado a la gracia, y hay chistes demasiado conceptuales o privados para funcionar como pretenden. Algunos simplemente son fallidos. Más que nunca, esta temporada ha explorado los peligros y riesgos de alargar una fórmula efectiva, y ha sustituido la perdida frescura inicial por las acostumbradas toneladas de ingenio. Una apuesta total y absoluta, hecha con todas sus consecuencias.

    El paso del tiempo afecta a los personajes, hace que se cuestionen lo que han conseguido en sus vidas y cuánto debe pesar la amistad en su toma de decisiones futuras. La gente avanza en la vida, y puede que no cambie, pero tampoco debería quedarse estancada. Los responsables de Community hablan de esto y más y lo hacen alternando sabiamente el humor con la emoción. Un reparto en auténtico y sostenido estado de gracia ayuda mucho a que la experiencia sea lo más entretenida posible, y si la libertad de trabajar en Yahoo! se ha notado en algo (aparte de una mayor duración, un par de palabrotas y más exteriores) es en el hecho de que apenas se ha notado, lo que significa que Harmon ha trabajado sin presiones ni demandas de cambios, sino en un estado de felicidad creativa. Las concienzudas parodias de los subgéneros cinematográficos y sus momentos clásicos, repitiendo su lenguaje sin que parezca falso en ningún momento, son la mejor prueba de esto. O la toma de sucesos reales (los ataques de pirateo informático) y su conversión en material alrededor del cual construir un episodio. También la mirada hacia la propia historia de Community, algo que alcanza su culmen en el ejemplar cierre de temporada. ¿O quizás de la serie? Todavía no se sabe con seguridad, pero la impresión ahora mismo es que nos hemos despedido del grupo de estudio en formato seriado. Solo el futuro dirá si la pandilla se vuelve a reunir y en qué condiciones, pero como Adiós autoconsciente –el tipo de adiós que mejor encaja en televisión y más en una comedia como ésta–, tiene las cantidades ideales de desconcierto, gracia y sentimiento. | |

    Adrián González Viña
    Redacción Sevilla


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