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    D'A 2015 | Día 8: The forbidden room / Chorus / Land ho!

    The forbidden room

    Pérdidas

    Octava jornada del D'A 2015

    En las tres películas que nos ocupan hoy, la pérdida está, de algún modo, presente en todas ellas. En Land ho!, de Aaron Kartz y Martha Stephens, la pérdida del amor obliga a sus protagonistas a emprender un viaje a Islandia y nos regalan una amable comedia. La pérdida de un hijo es el centro de la historia de Chorus, del canadiense François Deslile. Y en The forbidden room la pérdida de toda lógica en la imagen y en el relato crea una película fascinante por la que solo queda dejarnos llevar.

    The forbidden room

    Guy Maddin, Eva Johnson, Canadá, 2015

    Hablar de The forbidden room de una manera racional es tan difícil como lo es acercarse a cualquier obra de Guy Maddin. Acompañado en la dirección por Eva Johnson, ambos crean un universo inabarcable, en constante movimiento y cambio, que se reproduce y transita hacia territorios desconocidos, pero fascinantes. La película se inicia con un extraño vídeo tutorial de cómo tomarse el baño. Es como un aviso, las instrucciones de cómo relajarse para sumergirse en una obra que desafía todas las reglas del relato. Sueños, visiones y locuras que salen unas de otras, imágenes dentro de imágenes, historias que se propagan para crear una paranoia interminable. Una de las claves del trabajo de Maddin es no tomarse demasiado en serio el no-argumento que tiene entre manos. De este modo, al igual que en la imagen y en el sonido, hay lugar para todo: el humor absurdo, el terror y el drama se dan la mano en una misma escena para crear un mindfuck en el que hay que adentrarse o morir, no hay término medio.

    En su obsesión por el paso del mudo al sonoro y del blanco y negro al color, Maddin utiliza el digital para colocar su obra en una época donde el cine ni tan siquiera se planteaba nada más allá del celuloide. El filme alterna intertítulos con diálogos hablados, y en una misma escena un personaje puede estar hablando «en sonoro» mientras que el otro le contesta a través de intertítulos. La imagen se quema, se desintegra en segundos para en tan solo un par de fotogramas adquirir una nueva tonalidad y cambiar de trama. Una misma escena pasa del rojo anaranjado de la cueva a los tonos azul y blanco pastel de una tormenta de nieve. No hay lógica, pero no importa. No tiene que haberla. Maddin y Johnson juegan, se divierten, arriesgan, se lanzan de historia en historia sin red. Y nosotros, si queremos entrar en su juego, nos tenemos que olvidar todo aquello que sabíamos hasta ahora y dejarnos llevar por la experimentación propuesta a todos los niveles. [79|100]

    Chorus

    Chorus

    François Delisle, Canadá, 2015

    François Delisle se enfrenta a la siempre dramática pérdida de un hijo tratando la imagen de una manera casi aséptica. Con la ayuda del blanco y negro y con una cámara fija, que apenas se mueve, Delisle refuerza en la puesta en escena la soledad y el aislamiento que ha dejado la muerte de Hugo en sus protagonistas. Sin embargo, lo que diferencia a Chorus de otros acercamientos a este drama como La habitación del hijo, de Nanni Moretti, o En la habitación, de Todd Field, es el tamiz que el tiempo inflige en la historia. La policía encuentra el cadáver del joven Hugo 10 años después de su desaparición, cuando la pareja ya se ha separado: él vive ahora en México, donde intenta sin éxito olvidar todo lo ocurrido, y ella se ha quedado en Montreal, donde intenta pasar página entre sus participaciones en el coro y el día a día.

    La distancia que impone el tiempo entre el suceso y el momento del descubrimiento del cadáver permite al director analizar aspectos tan dispares como la venganza, la pareja o las formas de afrontar el duelo desde una frialdad que se rompe por momentos con escenas puntuales de explosión dramática. Chorus se rige por los códigos del melodrama a nivel de construcción de la historia y de diálogos (algunos de ellos un tanto evidentes), pero renuncia a otros elementos superfluos propios del género (como la música de subrayado, que aquí se limita puntualmente a las melodías medievales del coro, o los primeros planos del rostro compungido de los personajes, inexistentes en la película) para ahondar en este distanciamiento de los personajes de sus propias vidas y del entorno. El uso de la voz en off, como vehículo de expresión de unos sentimientos que son incapaces de verbalizar, no hace más que reforzar este planteamiento. [80|100]

    Land Ho!

    Land Ho!

    Aaron Karts y Martha Stephens, Estados Unidos, 2014

    ¿Recuerdan Ahora o nunca, filme protagonizado por Morgan Freeman y Jack Nicholson? Ambos interpretaban a dos enfermos terminales que decidían escaparse y exprimir los últimos momentos de vida que les quedaban. Bien, pues Land ho! sería su versión indie desechando cualquier sentimentalismo y aparcando el fácil recurso de la enfermedad. Dirigida a cuatro manos por Aaron Katz y Martha Stephens, Land ho! es una película sencilla (sin que ello tenga que ser negativo) que transita por los terrenos del feel-good movie pero sin dejarse llevar por los derroteros lacrimógenos y exaltadores de la amistad de los que en ocasiones abusan este tipo de cintas. Land ho! nos cuenta la historia de dos excuñados que viajan a Islandia para que uno de ellos, Colin, logre reponerse de la ruptura de su segundo matrimonio. No debe entenderse la cinta como una comedia simple y plana. Hay momento para explorar la amistad, el amor en la vejez, las diferencias generacionales… pero lo que resulta verdaderamente importante es que estos temas se introducen de manera natural, sin calzadores diseñados para jugar con el espectador. Y todo aderezado con uno de los sellos de identidad del cine independiente americano: una banda sonora con una fuerte personalidad. En este caso, los ritmos pop y rock alternativos de la década de los ochenta acompañan a los vastos paisajes salvajes de Islandia que recorren Mitch y Colin. Una mezcla más que interesante. Uno de los mayores aciertos de la cinta es la pareja protagonista, y especialmente el personaje de Mitch, interpretado por el actor Earl Lynn Nelson. Su carácter deslenguado y socarrón proporciona al conjunto un tono juguetón del que tanto se beneficia. Earl, que hasta ahora solo había actuado en las dos películas anteriores de Martha Stephens, es sin duda el alma de la película; un verdadero robaescenas a quien esperamos ver en nuevas historias. [70|100]

    Víctor Blanes Picó
    Enviado especial al D'A 2015


    El fulgor efímero

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