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    Crítica en serie | Shameless / Temporada 5

    Shameless / Temporada 5

    Unidades familiares independientes

    crítica a Shameless (2011-) | Quinta temporada

    Showtime / 5ª temporada: 12 capítulos | EE.UU, 2015. Creador: John Wells. Directores: Mimi Leder, Sanaa Hamri, Peter Segal, Christopher Chulack, Anthony Hemingway, Alex Graves, William H. Macy, Wendey Stanzler, Michael Uppendahl. Guionistas: John Wells, Nancy M. Pimental, Sheila Callaghan, Etan Frankel, Davey Holmes, Krista Vernoff. Reparto: William H. Macy, Emmy Rossum, Jeremy Allen White, Emma Kenney, Steve Howey, Shanola Hampton, Cameron Monaghan, Noel Fisher, Ethan Cutkosky, Emily Bergl, Dermot Mulroney, Steve Kazee, Kellen Michael, Isidora Goresther, Nichole Bloom, Luca Oriel, Vanessa Bell Calloway, Dichen Lachman, Bojana Novakovic, Sasha Alexander, Michael Reilly Burke, Justin Chatwin, Emma Greenwell, Joan Cusack, Chloe Webb. Fotografía: Kevin McKnight.

    Aunque cueste reconocerlo, los años han pasado en el hogar de los Gallagher, y lo que una vez fue un núcleo familia inquebrantable de siete hermanos donde solo la primogénita era mayor de edad, con el paso del tiempo se ha sesgado en pequeños núcleos emocionales, y también narrativos. El hogar de la familia ha dejado de ser el lugar donde transcurre la mayor parte de los episodios, y en esta temporada los guionistas han decidido seguir directamente a los personajes a sus núcleos (in)dependientes. Documentar así con la voz baja y paciencia una dura realidad: que ya no están tan unidos. Y por ello ahora pelean más. Por eso, y porque se continúa (era inevitable) la senda de meterlos en problemas y conflictos a cada paso del camino, un cúmulo de desgracias que afrontan con resignación pero que, es inevitable, acaban cansando al espectador, aunque se toquen temas de relevancia en el intento. Es interesante ver crecer a los personajes, de eso sí que no hay duda, observar cómo los jóvenes van formando sus personalidades y cómo los mayores entran en el mundo adulto. Respecto al mayor del clan, el patriarca a su pesar, Frank (magnífico William H. Macy, último ganador del premio de la Unión de Actores por la serie) también ha mostrado un lado inédito en esta docena de episodios.

    Ha sido la temporada del cambio, del comportamiento sorprendente, aunque no inesperado. Fiona dudando entre dos hombres y haciéndose daño por el camino; Frank controlando lo que bebe y ocupándose de otro ser humano con cariño y preocupación; Lip teniendo que elegir un entorno; Ian rechazando el diagnóstico de la bipolaridad que comparte con su madre; Deb queriendo crecer más rápido de lo debido y Verónica y Kevin en plena crisis por sus diferentes enfoques respecto a ser progenitores. Carl es el único que ha seguido la senda que se podía adivinar para él desde un principio, y progresa en el mundo de la delincuencia juvenil al convertirse en un orgulloso camello. Si Shameless se salva de que la tachemos de culebrón, que en esencia lo es, es por el tono de comedia negrísima y brutal, que escupe chistes y da puñetazos de cinismo en lugar de llorar y gritar sentimientos. En esa casi morbosa atracción por ver la próxima burrada que los responsables van a ejecutar lo que hace que muchos volvamos año tras año, aunque los personajes resulten ya más antipáticos que otra cosa (no es que esto sea un problema de entrada) y que los dramas personales de cada uno tengan tal marcado cariz sentimental. La gran novedad que vendían los avances de la temporada, el aburguesamiento de la parte de Chicago donde viven los protagonistas, se ha saldado de manera irregular. Una subtrama olvidada a ratos y solo potenciada cuando convenía a los guionistas.

    Shameless / Temporada 5

    La temporada ha estado marcada por varios regresos y otras tantas salidas. El más notable el de Jimmy/Steve, que ya cerró la cuarta tanda con sorpresa y que se prepara en ésta a fuego lento, primero con las apariciones de su nueva compañera criminal (estupenda Dichen Lachman) y luego en un arco descaradamente autocombustible de tres episodios, centrados exclusivamente en hacer que Fiona pueda olvidarle de una vez por todas, después de echar uno de sus ya célebres polvos salvajes. Las escenas de despedida de la pareja, donde Emmy Rossum en particular pero también Justin Chatwin están soberbios, ponen el punto ¿final, seguido? a la tempestuosa relación. Las otras salidas se producen curiosamente en el mismo episodio, The two Lisas (5.3), aunque los personajes no están unidos ni su adiós tiene que ver el uno con el otro. Tras aguantar lo indecible y hacer algunas de las mayores locuras de los 60 episodios de existencia de Shameless, Sheila deja la serie tras ver explotar su casa y conduciendo desquiciada un camión recién robado. Por otra parte, Mandy toma la decisión de mudarse con su novio, que le pega, fuera de Chicago, aunque Lip trata de detenerla. Ambos casos parecen tener más que ver con que los personajes se han gastado que con otras razones, habida cuenta de que ninguna de las dos salidas es definitiva. Pero pueden serlo, si así lo deciden los guionistas o las actrices. Se echará de menos el talento de Joan Cusack y Emma Greenwell, eso está claro. La última aparición es el regreso de Monica, único rescoldo de seguridad y comprensión que Ian cree que le queda, pero que resulta ser más que nada un clásico ejemplo de “terapia-de-choque” para que el joven bipolar se dé cuenta de lo mal que puede ir su vida si no confronta la verdad de su enfermedad.

    Y a base de choques ha funcionado esta temporada. Los personajes aprenden a base de darse batacazos de impresión, son el resultado de un clima familiar repleto de carencias afectivas, algo normal con padres como Frank y Monica. Y aunque digan que no serán como ellos, en cada uno existen esas semillas. Fiona, la protagonista más presente, es una adicta al riesgo y por eso desea tanto a su nuevo jefe, un ex-yonqui que da buenos consejos. Por otro lado va y se casa a los dos días de empezar a salir con Gus, un músico que representa lo más cercano a la estabilidad y una presencia de pura bondad. Lip es un universitario, con todo lo que eso conlleva. La volcánica historia de amor de Ian y Mickey, la única creada desde el inicio de la serie que puede durar para siempre, es por eso sometida a las más duras pruebas, a la paciencia y lo desconocido. Muchos de los males que azotan a los personajes son en el fondo metáforas de sus emociones, y sus reacciones ante ellas son lo que delimita cómo son como personas. Por el camino, eso sí, se exploran con esas tramas ideas estimulantes y que espolean debates. La realidad de una persona bipolar en un mundo que quiere neutralizarlo todo, el orgánico rechazo de Veronica y la desaforada protección de Kevin ante sus bebés, la estabilidad que puede otorgar un embarazo adolescente, lo lejos que puede llegar Tammi una vez herida a través de Chuckie, la radical decisión de la joven médico Bianca de no tratar su cáncer letal. Son solo ejemplos de lo mucho que Shameless abarca. Con humor, siempre con humor. Y sexo, que no puede faltar.

    Junto a las idas y venidas en el reparto, el detrás de las cámaras también tuvo una pequeña sorpresa con el debut en la dirección de la serie del gran William H. Macy, que el año pasado se estrenó en el cine con Rudderless (2014) y aquí se encarga de Tell me you fucking love me (5.7), donde se lidia con la estancia de Ian en el hospital y se revela definitivamente el carácter extremo de Tammi (estupenda Emily Bergl), llegando a disparar a su padre para sacarle unas palabras de amor y agradecimiento. Lo extremo es la seña de la serie, que con humor y un clima de cachondeo lidia con duras realidades y lleva a sus personajes por lugares, como mínimo, emocionantes. Al menos para el espectador. Y al acercarse un desenlace más abierto que nunca, y con la renovación por una sexta temporada confirmada desde hace meses, Shameless se despide hasta 2016 con sorpresas, revelaciones y unos personajes que nunca volverán a ser los mismos. Tocados para siempre por estos sucesos y, ojalá, más maduros tras la experiencia. | |

    Adrián González Viña
    Redacción Sevilla



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