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    Crítica en serie | House of Lies / Temporada 4

    House of Lies

    Mantener el poder cueste lo que cueste

    crítica a House of Lies (2012-) | Cuarta temporada

    Showtime / 4ª temporada: 12 capítulos | EEUU, 2015. Creador: Matthew Carnahan. Directores: Daisy Von Scherler Mayer, Matthew Carnahan, John Dahl, Michael Uppendahl, Don Cheadle, Victor Nelli, Jr., Michael Lehmann. Guionistas: Matthew Carnahan, David Walpert, Wesley S. Nickerson III, Theo Travers, Jessica Borsiczky, Taii K. Austin. Reparto: Don Cheadle, Kristen Bell, Ben Schwartz, Josh Lawson, Donis Leonard, Jr., Glynn Turman, Dawn Olivieri, Mary McCormack, Demetri Martin, Valorie Curry, Fred Melamed, Michael Gladis, Larenz Tate, Alice Hunter, Jenny Slate. Fotografía: Peter Levy. Música: Clinton Shorter.

    Tras la espectacular tesitura en que quedó la trama en la tercera temporada, con Marty arrestado y posiblemente condenado y Jeannie como nueva jefa en funciones (justo después de decirse con honestidad el primer “te quiero”), las circunstancias de la vida real trastocaron un poco los planes de Matthew Carnahan. El segundo embarazo de Kristen Bell les hizo pensarse de otra forma la línea temporal de esta nueva tanda de episodios. En lugar de ignorarlo y rodar a la actriz desde ángulos concretos o usando efectos digitales para borrar su barriga de mujer encinta, como ya hicieron en la segunda temporada de la serie, el creador decidió preñar al personaje por obra de nuestro protagonista, complicando aún más la maraña sentimental y profesional de una pareja tóxica como pocas. Así, la temporada arranca descontertando varios meses después de la poderosa imagen de Marty Kaan en el desierto. Y durante los primeros episodios irá hacia detrás y hacia adelante en el tiempo, no sea que parezca que el protagonista tuvo el mejor de los descansos en prisión. Aunque lo usara para conseguir un negocio. Porque es así es Marty Kaan y así lo interpreta un entregado Don Cheadle; como un inquieto hombre de negocios hasta el fin, de lamentables habilidades sociales y una mentalidad hiperactiva, capaz de aprovechar cualquier situación. Pura energía que sigue rompiendo la cuarta pared con frecuencia para cachondearse de situaciones concretas con nosotros, y también explicarnos mejor lo que está pasando, la parte más difícil de seguir de la trama debido a la abundante terminología del mundo de las consultorías.

    En cuatro temporadas las vidas de los personajes han cambiado. Pero ellos, su esencia, permanece inalterable hasta límites malsanos. Y es que si algo tienen en común todos los miembros del cuarteto protagonista es que son autodestructivos. De manera más (Jeannie) o menos (Doug) sutil, pero en igual proporción. Por ello están condenados a repetir los mismos errores y decepcionarse con las mismas cosas. Se dan de bruces con una realidad que no es suya por derecho, porque en el mundo corporativo de la Norteamérica del siglo XXI, el trabajo duro a veces no es suficiente. Hay que tomar atajos, arriesgarse y tener suerte. Y la suerte es fundamental en la vida de dicho cuarteto, y como viene, se va. El problema es que a veces para que los guionistas confunden esto con la directa manipulación de la vida de sus creaciones, siendo la diferencia que esos reveses del destino sean creíbles o frustrantes. Momentos caprichosos o que sirvan para enriquecer la trama. Tras cuatro temporadas, House of lies empieza a ser aburrida, y sus 28 minutos de metraje empiezan a notarse. Los personajes parecen impermeables a las cosas que les están pasando, y el reparto hace lo que puede con el material, defendiéndolo con solidez pero ya sin especial brillantez. Solo el magnetismo y el evidente disfrute con el aspecto más juguetón de su personaje de Kristen Bell acaban destacando, así como las tres intervenciones de Dawn Olivieri (ya no fija en la serie) dando vida a la compleja Mónica. El que peor sale parado es Ben Schwartz, porque esta temporada ha tenido una subtrama dramática con la visita y muerte de su padre, y no la ha sacado adelante muy bien.

    House of Lies

    Continúa, eso sí, la esterilidad del aspecto familiar de Marty. El hogar de los Kaan, habitado por el abuelo Jeremiah, Marty y el joven Roscoe, con ocasionales visitas de la veinteañera novia del patriarca y el hermano caradura de nuestro protagonista, es un nido de problemas que a la postre suelen estar supeficialmente explorados. Interés sobre el papel (Roscoe como representante de la sexualidad desprejuiciada) y a veces en pantalla –el discurso de Jeremiah a la cara de su nieto en el último capítulo de la temporada, poderoso gracias al talento de Glynn Turman–, pero no como para sostener las historias sin que uno pierda el interés. Hasta la paternidad del personaje central, que marca el final de estos episodios, no parece hacerle especial mella ni a él ni a la mamá en cuestión, y la trama del embarazo funciona más como elemento cómico –muy divertido, eso sí– que como acicate dramático. Avanza así esta temporada, cambiando las vidas de los protagonistas (Doug se divorcia, Clyde y él empiezan una relación a tres bandas con la directa Kelsey –magnífica Valorie Curry–, Marty deja claro que no puede perdonar a Jeannie) y usando la empresa, Kaan y Asociados, como gran sueño a mantener a flote. El retrato de este un mundo tan superficial y veloz, algo que transmite un montaje, movimientos de cámara y música de pura inspiración visual del mundo del videoclip, se adueña a veces del tono de la serie, pero también la hace una experiencia ágil y nada pesada de consumir como espectador. Y en ese tono visual tenía mucho que ver Stephen Hopkins, director/productor de la serie que dirigió 24 de sus primeros 36 episodios y que ha sido la baja más llamativa en esta entrega (junto a la del compositor Mark Mothersbaugh), seguramente en parte por su trabajo en Race, su séptimo largometraje y una mirada biográfica al legendario Jesse Owens, con especial interés en las Olimpiadas de Berlín de 1936. Pero su ausencia no se ha notado especialmente, ya que la pauta visual estaba más que marcada y Peter Levy sigue siendo el director de fotografía.

    Los personajes no fijos de las tramas profesionales entran y salen de la historia con una facilidad pasmosa, parte de una política de tramas autoconclusivas que ayuda y a la vez daña a la serie. La ayuda porque encaja en el veloz y voraz mundo que refleja, donde se pasa a lo siguiente enseguida y cuesta mantener la atención. La daña porque crea una rutina previsible, y sabemos que la mayoría tienen fecha de caducidad, además de transmitir una sensación, probablemente nada realista, de facilidad para librarse de alguien en un mundo de negocios donde se traiciona y se guardan rencores por ello. La trama de Ellis Hightower es el mejor ejemplo de esta tendencia, porque es vital y su súbita salida no tiene mucho sentido. Por otra parte, la historia con Denna (espléndida Mary McCormack) sí está mejor perfilada y desarrollada, aunque el desenlace se siente apresurado. Quizá vuelvan en la 5ª temporada con una venganza mayor y mejor. No sería la primera vez que House of lies demuestra que en el universo corporativo los mandamases se recuperan de cualquier golpe, hasta de ir a la cárcel. Y por eso sabemos que la nueva realidad de los personajes principales, ya sea como hombres de negocios o progenitores de una cría preciosa, solo puede seguir hacia delante y lidiar con lo que venga sin mucha calma. Hacia los diez capítulos que Showtime estrenará en enero de 2016, donde habrá que ver cómo siguen manteniendo su poder, su trono de influencia. Por lo que está claro, y nos lo dice Marty mirándonos a la cara, es que no lo van a soltar. | ★★ |

    Adrián González Viña
    Redacción Sevilla


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