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    Crítica en serie | Black Sails / Temporada 2

    Black Sails

    Maquinar y matar, la vida del pirata

    crítica a Black Sails (2014-) | Segunda temporada

    Starz / 2ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2015. Creadores: Jonathan E. Steinberg & Robert Levine. Directores: Steve Boyum, Clark Johnson, Stefan Schwartz, Alik Sakharov, Michael Nankin, Lukas Ettlin. Guionistas: Jonathan E. Steinberg, Robert Levine, Brad Caleb Kane, Heather Bellson, Michael Chernuchin, Dan Shotz, Aaron Helbing, Todd Helbing, Lisa Schultz Boyd & Julie Siege, Marc Berzenski, Maria Melnik como argumentistas. Reparto: Toby Stephens, Luke Arnold, Zach McGowan, Toby Schmitz, Hannah New, Clara Paget, Hakeem Kae-Kazim, Jessica Parker Kennedy, Tom Hopper, Winston Chong, Louise Barnes, Sean Cameron Mitchel, Lise Slabber, Andre Jacobs, Lawrence Joffee, Patrick Lyster, Roland Reed, Meganne Young, Robert Hobbs, Rupert Penry-Jones, Nick Boraine, Tadhg Murphy. Fotografía: Jules O`Loughlin, Lukas Ettlin, Gavin Struthers. Música: Bear McCreary.

    Trabajar como lo hacen Jonathan E. Steinberg & Robert Levine debe ser un lujazo. Por segundo año consecutivo, Starz renovó Black sails por una nueva temporada meses antes del estreno de la anterior. De hecho, mientras esa notable segunda tanda de episodios ha sido emitida, los nuevos capítulos ya se están grabando, así que los creadores tienen mucho margen para planear meticulosamente dónde quieren llevar este emocionante relato de piratas, que con apenas 18 episodios ya ha contado muchísimas cosas y que deja el camino abierto para más. Como en la primera temporada, aquí nos despedimos con un cliffhanger de peso, y la cuenta atrás hasta enero/febrero de 2016 comienza, sabiendo ya que las nuevas entregas tendrán al mítico Barbanegra como personaje, interpretado para la ocasión por Ray Stevenson, inolvidable Titus Pullo de la magnífica Roma (2005-2007). Steinberg y Levine no son las únicas personas que trabajan en tan buenas condiciones, pero susodicho margen es importante para una serie como Black sails, donde nada está hecho al azar y todo desprende la sensación de estar sometido a un riguroso control. Pero esa impresión se obtiene a posteriori, cuando se ponen las cosas en perspectiva, así que el elemento sorpresa de los múltiples giros de guión queda intacto.

    La acción se retoma justo donde la dejamos, con Flint y Silver derrotados tras el motín de su tripulación y la poderosa visión del oro del Urca ante sus ojos. En Nasáu, Eleanor debe lidiar con la nueva posición de poder de Vane, y con la amenaza de un escalofriante y sanguinario capitán que tiene en sus manos un tesoro muy importante. Max es ahora la dueña del burdel junto a Jack, y Anne está perdida al vérselas con el desprecio de todos por matar a varios piratas. Los hechos que van a regir esta temporada irán aconteciendo como toca dentro del plan maestro de los guionistas, que son lo suficientemente buenos como para haber plantado las semillas en su momento. Estamos ante una serie muy coral, orquestada en varias tramas que van a cruzarse cuando toque, que tienen ramificaciones interconectadas y que a veces funcionan como una suerte de Péndulo de Newton, donde toda acción repercute en el resto de subtramas irremediablemente. Lo que no ha cambiado, y de hecho se ha intensificado un poco, es la tendencia de la serie a recapitular lo sucedido en escenas donde los personajes se sientan y repasan sus opciones, cuentan sus planes y piensan el siguiente movimiento. Así, gran parte de su tiempo en pantalla lo pasan maquinando. Hasta el punto de que se pierde el interés y acabas temiendo cada escena con Silver y otro personaje en cualquier espacio con asientos. Es todo alianzas, requiebros de las normas y escenas que parecen inacabables y acaban haciendo que el metraje pese. La pega no es que el diálogo prevalezca sobre la acción, sino que acabe dando algo de estatismo a las tramas. Sobre todo cuando sabes que lo discutido puede cambiar en cualquier momento, porque los piratas no son de fiar. Este rasgo de es parte del ADN de Black sails, y habrá que aceptarlo, pero acaba siendo agotador.

    Black Sails

    Cuando la temporada de cualquier serie termina y uno echa la vista atrás, las cosas siempre tienen más sentido. En el caso de Black sails, los convulsos e inesperados acontecimientos de los dos últimos capítulos hacen que una de las decisiones narativas más curiosas adquiera sean aún más pertinente. Durante la primera mitad de la temporada, los capítulos estuvieron puntuados con flashbacks que explican en gran medida cómo James McGraw se convirtió en el capitán Flint. Su estancia en Londres como oficial y sobre todo su relación con el matrimonio Hamilton, fundamental para entender el presente de Flint y Miranda (magnífica Louise Barnes). Este pasado es más complejo de lo esperado, porque entran en juego sentimientos intensos y una revelación en XIII. (2.5) que le otra dimensión a todo. E influye también en las escenas de Charles Town y ante la presencia de Lord Ashe, en un clímax de dos horas verdaderamente vibrante. Su hija Abigail es una de las piezas clave de estos episodios, toda una revelación con misterio dentro desde el primer capítulo y que acaba siendo fundamental en el último tercio de la tanda.

    De vuelta a la isla y continuando con la faceta más puramente histórica de este cuento de aventuras, Eleanor quiere continuar su régimen en Nasáu, entendida ésta como remanso de independencia pero sujeto a unas normas. Pero como prueba la historia, tratar de poner normas en una situación así, y más si provienen de una mujer, está destinado a ocasionar conflicto. Ese escalofriante villano que ya hemos nombrado es Ned Low, y su desafío a la joven Guthrie es tan brutal como claro. Siendo esto Starz la violencia no es un problema, y en una serie de piratas las cosas tienen que doler si se quiere ser creíble. La fisicidad de Low, su manera de ser amenazante, se queda grabada en la memoria del espectador, y su destino demuestra que los guionistas no quieren hacernos perder el tiempo. Por eso también han hecho una exploración del pasado no solo de Flint, sino de Jack Rackham y Anne Bonny –piratas reales, por cierto, junto a Charles Vane–, aunque no en flashbacks sino con una suerte de triángulo amoroso con Max como nexo de unión y deseo que despierta los recuerdos. Anne (estupenda Clara Paget) ha sufrido un interesante proceso de introspección que la ha cambiado para siempre, y que marca el destino de los tres personajes para lo que está por venir. Una de las grandes incógnitas de la primera temporada era el destino de Billy Bones, cuya muerte nadie se creía. El misterio residía en si Flint le había empujado al mar, si el joven había saltado ante la amenaza del capitán o si había resbalado y el otro simplemente no había hecho nada por salvarlo. Steinberg y Levine no tardan en reverlarnos que está vivo, y su regreso a la isla va a marcar los planes del capitán para el resto de la serie. Como casi todos los personajes, la promesa del oro y el instinto de supervivencia ha cambiado al chico, que se da cuenta de una de las grandes máximas de Black sails: es mejor estar del lado de Flint, porque siempre tiene una solución o un ángel de la guarda a su lado.

    Black Sails

    Y en torno a este grupo de personajes se moverán las muchísimas presencias secundarias, como satélites orbitando en torno a unos planetas que prometen soluciones definitivas. Lo más gracioso es que están improvisando sobre la marcha, y los espectadores lo saben. Un punto de socarronería que enlaza bien con el tono de aventuras y emoción de una serie que en cada entrega presenta más dificultades y explosivas soluciones a las mismas, que enreda con maestría los destinos de los personajes. Crea así no solo un clima de desconfianza sino que encandena momentos límite que aceleran el pulso. Como esos dos últimos episodios de la temporada, que le dan la vuelta a todo lo que habíamos visto hasta ahora a base de sorpresas (el tiro en la cabeza que elimina a uno de los mejores personajes de la serie, una pena) y de planes que germinan en unas escenas de acción estupendas. Además, por supuesto, del guiño que hace a La isla del tesoro, su fuente de inspiración y obra magna de Robert Louis Stevenson, al explicarnos cómo John Silver perdió la pierna. Se marca un nuevo sendero narrativo, un camino en la vida de los personajes donde han perdido sus asideros y abrazan por completo su condición de piratas. Lástima que la serie sea tan caprichosa con el discurrir del tiempo, alargando o condensando travesías en barco a capricho, para llegar antes o después a los puntos que los guionistan quieren (el mismo final de temporada en la capital bahameña, por ejemplo). Si no se hicieran esas trampas y se regulara mejor el ya nombrado asunto de las maquinaciones, estaríamos ante una serie grandiosa. Disfrutamos, sin embargo, de un producto notable y muy entretenido, que examina los comportamientos humanos más básicos y llega a la dura conclusión de que haríamos lo que sea por sobrevivir. Bueno, y por también un poco de oro que brille sobre nuestros rostros. | |

    Adrián González Viña
    Redacción Sevilla



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