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    Crítica | The Voices

    The Voices

    Macabra realidad alternativa

    crítica a The Voices (Marjane Satrapi, 2014) | ★★★ |

    Marjane Satrapi logró labrarse cierto prestigio gracias a su autobiográfico cómic Persépolis, donde reflejó su difícil infancia en el opresivo Irán del régimen del Sha. Narrada con un encomiable sentido del humor, aquella novela gráfica fue espléndidamente trasladada al cine en la cinta homónima Persépolis (2007), que ella misma codirigió junto a Vincent Paronnaud, logrando acaparar multitud de reconocimientos, entre ellos el Premio del jurado en el Festival de Cannes. El tándem de realizadores volvió a repetir éxito (en menor medida) con Pollo con ciruelas (2011), donde aparcaba un poco la ironía de su anterior obra para sumergirse en las aguas del realismo mágico. Tras emprender su primer trabajo en solitario con la fallida The Gang of the Jotas (2012), Satrapi sorprende a propios y extraños eligiendo una comedia negra como The Voices para debutar en el cine americano. Sin duda, un cambio de registro, tono y aspiraciones cuanto menos desconcertante que, bajo su apariencia amable y doméstica oculta unas elevadas dosis de mala baba.

    El juguetón guion de Michael R. Perry ofrece una divertida relectura del típico asesino en serie con apariencia de tipo inofensivo y agradable, ese que tan bien ejemplificara Anthony Perkins con su encarnación de Norman Bates en la indispensable Psicosis (Alfred Hitchcok, 1960). Aquí es un atinado Ryan Reynolds –demostrando que su gran trabajo en Buried (Rodrigo Cortés, 2010) no fue fruto de la casualidad– el encargado de personificar al lobo con piel de cordero; ese simpático vecino de al lado que cualquiera podemos tener y bajo cuya anodina fachada se puede ocultar al más letal de los psicópatas. La construcción del personaje no puede considerarse excesivamente original, ya que vuelve a incidir en los traumas de la infancia, la sexualidad ambigua y la figura de la madre como detonante de los conflictos emocionales, presentes en cintas como la ya citada Psicosis o aquella sucia joya del slasher que fue Maniac (William Lustig, 1980). De hecho, The Voices casi podría considerarse un remake velado de ésta última, solo que en tono de comedia indie y sustituyendo la obsesión del asesino de arrancar las cabelleras de sus víctimas para exponerlas en maniquís por la no menos enfermiza fijación de guardar las cabezas en la nevera de casa. El filme comienza con las formas de una típica comedia romántica de las de toda la vida, jugando con las tonalidades rosas y pastel de la lograda fotografía de Maxime Alexandre, para mostrarnos una realidad distorsionada y excesivamente dulcificada del personaje cuando toma su medicación. Este universo colorista choca con el ambiente gris y triste de la vivienda del protagonista, solo visible por éste cuando deja de consumir las pastillas que le mantienen emocionalmente controlado. El Jerry interpretado por Reynolds lucha en todo momento por superar el recuerdo de su dramática infancia, acudiendo a terapia con una psiquiatra (acertadísima Jacki Weaver) e intentando reinsertarse en la sociedad a través de su trabajo en una fábrica de accesorios de baño. Gemma Arterton y Anna Kendrick interpretan a dos estereotipos de mujer totalmente opuestos que entran en la vida de Jerry para desestabilizarla todavía más. Mientras la primera está estupenda en su rol de mujer explosiva, superficial y antipática, la Kendrick vuelve a reincidir en su habitual registro de chica mona y adorable de la que te podrías enamorar a segunda vista, algo que sabemos que se le da muy bien.

    The Voices

    Lo que eleva a la propuesta por encima de la media y la hace tan especial es el radical cambio de tono en su segunda mitad. Ya en la chocante escena de apertura, The Voices nos había presentado a las dos mascotas de Jerry: el perro Bosco y un gato que responde al nombre de Mr. Whiskers. En estos dos animales focaliza Jerry los dos polos de su personalidad, llegando a creer que le hablan y manteniendo tensas conversaciones con ellos (magnífica es, en este sentido, la labor de Reynolds poniendo voz a los distintos personajes en la versión original). En estas manifestaciones de esquizofrenia, el can representa a su Pepito Grillo particular, que le avisa de lo que es correcto y coherente, mientras que sobre el minino recae la faceta más perturbada de su psique, convirtiéndose en un memorable diablillo que le incita continuamente a cometer sus crímenes. Conforme avanzan los minutos, la película se va acercando peligrosamente al género de terror, con imprevistas salidas de tono sangrientas y una atmósfera que se va enrareciendo a medida que Jerry entra en su imparable espiral de asesinatos. The Voices acierta de lleno a la hora de mantener un difícil equilibrio entre todos sus ingredientes, aun cuando éstos son tan opuestos como la comedia romántica y el thriller psicológico, y lo hace gracias a la astucia del libreto de Perry y la enérgica actuación de su estrella principal, mucho más convincente cuando se mete en personajes al límite como éste que cuando ejerce de héroe de acción. Bizarra e imprevisible, pasando de lo divertido y liviano a lo tenebroso y enfermizo con facilidad pasmosa, la cinta es de las que no dejan indiferente a nadie. Solo por el personaje del gato, capaz de robar todas las escenas con su maldad sin límites, y el surrealista número musical Technicolor Disco Heaven de los créditos finales, el filme ya merece figurar entre las sorpresas más originales del 2014 que acabó.  | |

    José Antonio Martín
    Redacción Las Palmas de Gran Canaria


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2014. Título original: The Voices. Directora: Marjane Satrapi. Guión: Michael R. Perry. Productora: Lionsgate / 1984 / Mandalay Vision / Vertigo Entertainment. Presentación oficial: Festival de Toronto 2014. Fotografía: Maxime Alexandre. Música: Olivier Bernet. Montaje: Stéphane Roche. Intérpretes: Ryan Reynolds, Gemma Arterton, Anna Kendrick, Jacki Weaver, Ella Smith, Stanley Townsend.


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