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    Crítica en serie | Una vacante imprevista

    The Casual Vacancy

    De puertas para fuera

    crítica a Una vacante imprevista

    BBC, HBO | Miniserie de 3 capítulos | Reino Unido, 2015, The Casual Vacancy. Dirección: Jonny Campbell. Guión: Sarah Phelps, basada en la novela homónima de J.K. Rowling. Reparto: Michael Gambon, Julia McKenzie, Abigail Lawrie, Joe Hurst, Brian Vernel, Rory Kinnear, Keeley Forsyth, Rufus Jones, Keeley Hawes, Lolita Chakrabarti, Monica Dolan, Simon McBurney, Richard Glover, Marie Critchley, Michelle Austin. Productora: Brontë Film and TV. Fotografía: Tony Slater Ling. Música: Solomon Grey.

    Apenas tres años ha tardado el engranaje del mundo del espectáculo en volver a adaptar una obra de la escritora J.K. Rowling, madre del fenómeno superventas Harry Potter. En 2012 publicó la novela que da base a ésta algo decepcionante miniserie, que ha contado con la supervisión de la mujer en su faceta de productora. Rodada el verano pasado, llega a nuestras pantallas Una vacante imprevista, co-producción de la BBC y HBO que se ha emitido primero en Reino Unido. Al canal estrella de cable de Estados Unidos llegará el 29 de abril. Nos encontramos con casi 180 minutos de metraje, dividos en tres partes, para una obra de más de 600 páginas, lo que ha obligado a la guionista Sarah Phelps a condensar elementos, eliminar subtramas y quedarse con lo que ha considerado esencial. Pero también, y esto es lo más sorprendente, se han eliminado personajes importantes, se han inventado parentescos y cambiado la personalidad y destino de otros tantos. Esto llama poderosamente la atención a cualquier lector, pero la miniserie, como cualquier adaptación de un formato previo (libro, cine, teatro, etc) debería ser valorada como una entidad independiente, como una historia que nunca hemos oído (o leído).

    Una historia que comienza con la decisión que debe tomar el consejo parroquial de un pequeño pueblo inglés sobre qué hacer con su zona más conflictiva, un grupo de viviendas lleno de drogas y pobreza. Cuando uno de los mayores defensores de mantener Los Prados, Barry Fairbrother, muere súbitamente, se abre un puesto en el consejo que desencadena una batalla local de posturas enfrentadas. Surge así un proceso que expondrá lo peor de los personajes y dejará sus miserias al descubierto. Directa o indirectamente, porque la historia es lo suficientemente amplia como para tener distintos personajes en las áreas afectadas por esta crucial decisión, así que la intención es mostrarnos múltiples perspectivas. Una vacante imprevista es eficaz como mosaico de personajes cruzados porque entendemos los problemas que cada uno tiene, pero también es insuficiente para el tiempo del que dispone. Tres entregas no son suficientes si se están observando hasta siete núcleos familiares de varios miembros, cuando existe un intento de análisis penetrante de las cosas más vergonzosas que cada familia tiene, y que tratan de ocultar de cara al exterior. Convocadas prácticamente todas las edades, queda más bien un recorrido superficial por una serie de elementos que hemos visto ya en otras ocasiones.

    The Casual Vacancy

    El envoltorio técnico es irreprochable y el director Jonny Campbell es capaz de ofrecer algunas soluciones visuales que hablan de las dinámicas de los personajes sin tener que verbalizarlas, pero terminada la miniserie uno no queda especialmente satisfecho. Tiene una variante onírica que resulta deslucida por ser intermitente, y una clásica estructura de flashbacks que el montaje enlaza por pericia, hablándonos de la influencia e importancia de Barry en varios de los habitantes del lugar. Sus mejores armas residen en el amplio reparto elegido para dar vida a los más de veinte personajes que pueblan la localidad de Pagford, una combinación actoral de talentos reconocidos (Michael Gambon, una Julia McKenzie perfecta para su rol, Rory Kinnear) con unos jóvenes de lo más eficaces, sobre todo la estupenda debutante Abigail Lawrie, encargada del papel de Krystal Weedon, que podría haber caído en el tópico. La siempre estupenda escuela interpretativa británica al servicio de unos roles que a veces se quedan en esbozos, en un par de pinceladas que los intérpretes saben hacer suyas para crear un poco de tridimensionalidad, aunque sea un poco.

    El tema de partida es candente e interesante, aglutinando muchas vertientes: la casi ancestral tendencia a revelar qué esconden las apariencias; una crítica social a la mentalidad de la clase media que se cree alta y el desdén con el que miran a aquellos desfavorecidos; la impotencia de los que quieren fomentar un cambio ante una maquinaria inhumana que no lo permite (llámese el sistema, vecinos acomodados); la dificultad de mantener una familia en un ambiente opresor; cuánto tiene de pose la actitud de los adolescentes; lo mucho que puede influir el qué dirán en nuestro día a día; el egocentrismo reinante; y más cosas. El guion recurre a más de un parche y tira de convenciones y lugares comunes para tomar la temperatura a este ficticio pueblo de intencionado carácter universal. Pero a pesar del evidente esfuerzo de todos los implicados, como una banda sonora que ayuda a la propuesta y algún que otro diálogo brillante, el resultado es más insustancial que memorable, presa del limitado metraje para una propuesta tan coral. Una pena. | ★★ |

    Adrián González Viña
    Redacción Sevilla



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