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    Reseña TV | Better Call Saul

    Better Call Saul

    Cuando Saúl era Jimmy

    crítica a Better Call Saul | Episodio piloto.

    AMC | EE.UU, 2015. Director: Vince Gilligan. Guión: Vince Gilligan & Peter Gould. Reparto: Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Rhea Seehorn, Patrick Fabian, Michael McKean, Julie Ann Emery, Jeremy Shamos, Miriam Colon, Eileen Fogarty, Steven Levine, Daniel Spenser Levine. Fotografía: Arthur Albert. Música: Dave Porter.

    Lo que empezó como un chiste dicho a media voz por Vince Gilligan se ha convertido en realidad, y de qué manera. Con ganas de mantenerse en la terna de las cadenas premiadas y apostar sobre seguro, AMC logró convencer al creador de Breaking bad (2008-2013) de extrapolar a uno de sus personajes secundarios más carismáticos, y la fuente de comedia de la serie en sus últimas temporadas, para darle serie propia. Una oportunidad más para seguir explorando el universo de los turbios negocios en Nuevo México. El resultado se ha hecho esperar pero aterrizó hace unos días en las noches de domingo de la cadena, acompañando el regreso de la 5ª temporada de The walking dead (2010-) tras su parón navideño, y creando, por si hiciera falta, un colchón de audiencia espectacular. Ha funcionado, en ambos sentidos. Better Call Saul es el mejor estreno de cable de la historia para la franja de edad preferente por las cadenas (18-49), con 4.400.000 de espectadores y un total de 6.900.000. La otra buena noticia es que el capítulo es estupendo, unos vibrantes 53 minutos que sirven de introducción no solo a Jimmy McGill, verdadero nombre de Saúl, allá por 2002, sino al Saúl del futuro (en un precioso prólogo en blanco y negro), el que cambia su identidad tras pagar por los servicios de Ed en el penúltimo capítulo de la serie madre.

    La serie rima entonces con Breaking bad en cuanto que un hombre que se sabe especial –aunque su talento sea cuestionable– se siente infravalorado en su actual piel, añadiendo el miedo que “Gene” tiene miedo de que alguien reconozca al abogado de los anuncios que antes era. Un vistazo a dichos anuncios en VHS disparará su memoria hacia casi una década antes, y así arranca la acción que nos ocupa. De entrada hay que alabar el trabajo de Bob Odenkirk, ahora también productor, que junto al espectador está descubriendo quién es su personaje. Y le bastan unos momentos para mostrarnos varias de las facetas del hombre, desde la bravuconería y labia que ya le conocemos hasta el apuro de no saber qué hacer con su vida, algo nuevo porque para nosotros era solo un robaescenas de libro siempre tras su escritorio y con algo bajo la manga. Gilligan dirige el episodio, y lo hace con la pericia y personalidad que ya demostró en su obra magna, estableciendo un patrón visual interesante que se beneficia de la popular apuesta de colocar varias cámaras en lugares poco habituales y luego mezclar las imágenes en el montaje.

    A riesgo de ser demasiado optimista, porque ya se sabe que los análisis de un piloto son siempre algo que valorar con distancia, está claro que la intención es que Better Call Saul funcione como su propia serie, y lo logra. Para cuando termina el metraje, uno está implicado en el drama de los McGill, intrigado por las relaciones que hasta ahora nos son ambiguas y muy contento con la presencia de personajes de la serie madre, cuyos momentos vitales preceden el estado en que les conoceremos. Los creadores ponen en marcha la que parece ser la trama principal de la temporada con unas pinceladas de información aquí y allí, involucrando al exitoso hermano de Jimmy, también abogado, que ha desarrollado una fobia que le impide salir a su casa; y los intentos de sus compañeros en la directiva del bufete de documentar mediante cheques su ausencia para jugársela tarde o temprano. Una subtrama donde quiere conseguir un potencial cliente de los gordos accionará la parte más legalmente cuestionable de la serie, y nos conducirá a un cliffhanger de primera. El episodio va construyendo a base de gestos y pistas la personalidad de su protagonista en el momento en que le estamos viendo, aunque parte del atractivo desaparece cuando el espectador conoce el destino del abogado. Lo interesante entonces, lo que nutrirá la historia, es ese hueco de seis años y las cosas que pasen en él. Si la fábula de Jimmy el Escurridizo, como le cuenta a los hermanos patinadores, es indicativa de lo lejos que está dispuesto a llegar, entonces nos espera un viaje movidito. 90|100.

    Adrián González Viña
    Redacción Sevilla


    El fulgor efímero

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