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    Crítica | Antígona despierta

    Antígona despierta

    Cine con enigma.

    crítica a Antígona despierta (Lupe Pérez García, 2014) / ★★★★.

    Estrenada en España en el marco del Festival de Sevilla de Cine Europeo, Antígona despierta (ese “despierta” es el participio, no la 3ª persona del singular, un detalle importante) es una película libre de las ataduras de la lógica narrativa, que difumina la manida barrera entre realidad y ficción, y propone un gratificante juego al espectador. Que éste lo acepte o no es cosa suya, porque todavía puede que no estemos listos para abrazar propuestas así de estimulantes sin cerrarnos en banda. Clara y transparente aproximación a lo que el arte y la vida pueden ofrecer en comunión, la película de la argentina Lupe Pérez García tiene mucho que ofrecer en su subyugante metraje, donde realidad y mito se entremezclan en Huesca y los castillos colindantes, perfecto escenario para esta revisión libertina del atemporal conflicto de Antígona, que ante la muerte de su hermano Polinices y la posterior negativa de su tío Creonte a darle un entierro apropiado, decide hacerlo ella misma. Parte del equipo de La jungla interior (Juan Barrero, 2013) regresó al SEFF tras el casi obligado paso por el Festival de Locarno con una visión que no se compromete con nada ni nadie, que propone estímulo tras estímulo y que debe ser revisada en más de una ocasión, casi como una necesidad imperiosa.

    El mito es revisitado con humildad a través de varias perspectivas, desde una puramente ficticia –donde vemos a Gala Pérez Iñesta, también responsable de la música, dar vida a Antígona con autoridad–; otra versión a caballo entre géneros –donde Antígona lidia con actores y técnicos de la película en sí–; y otra directamente real, donde asistimos al proceso laboral de una sonidista que visita localizaciones antiguas tratando de captar la historia encerrada en sus paredes. Estas perspectivas se combinan con eficacia con escapadas a lo que la directora/guionista/montadora denominó, en una sesión de preguntas con público, el Olimpo, con dos niños dioses como Inteligencia Suprema y Pura que juegan y se divierten en plena naturaleza, y además con fragmentos claramente documentales sobre una serie de recreaciones de diferentes conflictos bélicos que muchos hacen por diversión en los fines de semana, además de la vida y rutina de un aeródromo. ¿El propósito de mostrar esto último? Está abierto a interpretaciones, pero lo que se puede concluir seguro es que no es baladí que se usen ficciones donde disciplina y poder se representan con un compromiso e intención de verosimilitud, y esto esté combinado con la historia de una mujer que por amor fraternal desobedeció órdenes y fue condenada a muerte.

    Antígona despierta

    Con parte de la familia del equipo de la película como partícipes en el proyecto, la historia de Antígona es el núcleo dramático y artístico de esta fascinante hora de metraje, que demuestra lo necesarios que son los festivales en ocasiones. Funcionan como escaparate para un cine que se sale con gusto de lo convencional, y tratan de encontrarles un hueco para la distribución. En su sección puramente documental, Antígona despierta contiene unos hallazgos increíbles –la teoría de uno de los entrevistados, Manuel, sobre los buitres como grupo republicano y ángeles majestuosos no tiene precio–, pero es en lo híbrido donde la cinta alcanza las mayores cotas de sentido, amén de la ocasional imagen de potencia abrumadora (el sempiterno caballo blanco acariciado por dos siglos distintos a la vez). Es parte de un tipo de cine que invita a la audiencia a sacar sus propias conclusiones, que le pide algo de paciencia y trata de borrar la barrera genérica porque entiende el séptimo arte como parte de la vida y viceversa. Es una operación tan inteligente como exigente, pero hecha desde una modestia loable y que merece ser vista.

    En apenas 64 minutos que dan para mucho, la cineasta reflexiona sobre la fuerza del mito y su actualidad, la importancia política que desprende y la utilidad de perder las finas líneas que separan las maneras de acercarse al cine, haciéndolo con un afán renovador. El montaje salta de historia a historia con limpieza, añadiendo más niveles de sentido al yuxtaponer el mito con la realidad, el dolor de Antígona con la molestia de uno de los trabajadores del aeródromo y con la pelea de unos niños cuya inocencia es la gran respuesta. Conforme se acerca el desenlace, se mezclan cada vez más las secciones sin que nadie le haga referencia explícita, una suerte de disolución de los tiempos y lugares que espolea la reflexión en el público. Como montadora, Pérez García ha trabajado en largometrajes documentales tan estimulantes como El cielo gira (Mercedes Álvarez, 2004) o la extraordiaria El cuaderno de barro (Isaki Lacuesta, 2011), la parte más valiosa de aquél galardonado díptico de Lacuesta, junto a Los pasos dobles (2011). Los espíritus afines se atraen, como se suele decir, y eso se puede ver en la carrera de la argentina y sus elecciones en la cinta que nos ocupa. Al final, lo que queda es la certeza de estar viendo algo especial, una película generosa en su despliegue de ideas, práctica desde el punto de vista de la producción, que opera a la caza de la imagen hermosa y en la que cuesta entrar. Ahora, una vez se habite su interior, uno sabe que está en el mejor lugar posible, donde cine y vida, arte y realidad, respiran al unísono. | |

    Adrián González Viña
    Enviado especial al XI Festival de Cine Europeo de Sevilla


    Ficha técnica
    España, 2014. Dirección, guión y montaje: Lupe Pérez García. Reparto: Gala Pérez Iñesta, Sibel Tresaco Lera, Francisco Javier Lera Terés, María Lera Gracia, Manuel Tresaco Lera, Javier de Pablo, Jesús Abizanda, Silvia Llanto. Fotografía: Juan Barrero. Música: Gala Pérez Iñesta. Productoras: Labyrint Films / Toma 78.


    Póster: Antígona despierta
    Feelmakers

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