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    La noche de Edoardo Winspeare

    Edoardo Winspeare | Fuente: MCIB Facebook
    | Crónica de la primera jornada de la 3ª Mostra de Cine Italiano de Barcelona |

    La tercera edición de la Mostra de Cine Italiano de Barcelona se inauguró la noche del viernes con la presencia del talentoso realizador Edoardo Winspeare en los Cines Verdi, quién recibió el Premio CSCI de Honor por su trayectoria. El director, nacido en Austria pero afincado en Salento desde su infancia, debutó dos décadas atrás con Pizzicata (1996). Su opera prima se paseó por Cannes, Berlín y San Francisco, presentándose ante la crítica como uno de los cineastas transalpinos del momento. Desde entonces su carrera ha crecido a gran escala, avalada por los festivales internacionales de más prestigio. Su siguiente película Sangue Viva (2000) fue presentada en el Festival de Sundance, Il Miracola (2003) consiguió la premier en la Mostra de Venecia e I galatuomini (2008) en Festival de Roma, certamen en el que la intérprete Donatella Finocchiaro obtuvo el Premio Marc’Aurelio a la Mejor Actriz. Por otro lado, el camaleónico Edoardo Winspeare probó suerte en el mundo de la actuación con la ayuda de Nico Cirasola en su largometraje Bell’Epoker (2003). Aunque su cameo más elogiado fue en el film Noi Credevamo (2010), del célebre director napolitano Mario Martone; cineasta cuya última película Il giovane favoloso también será presentada en la Mostra de Cine Italiano de Barcelona tras su exitoso estreno el pasado mes de noviembre en Italia. Toda la filmografía de Edoardo Winspeare está rodada en dialecto salentino, pero en su documental Sotto il Celio Azzurro (2009) y el espectáculo teatral Festa teatrale per i 150 anni dell’Unità d’Italia (2011) Winspeare ostenta aún más el amor por su tierra. Después de tres años de esterilidad creativa el artista presentó en la sección Panorama de la 64º edición de la Berlinale In grazia di Dio (2014), el film que para muchos críticos ha significado el renacer de este gran autor. Tras la entrega del premio honorífico con la presencia de su mujer y actriz debutante Celeste Casciaro, el público barcelonés pudo asistir a la premier de In grazia di Dio.

    In grazia di Dio

    In grazia di Dio, Edoardo Winspeare (Italia, 2014)

    En la primera escena de In grazia di Dio, Edoardo Winspeare conjetura sobre la tranquilidad y la austeridad de la vida campestre. En ella se percibe el viento agitando los olivos, mientras la sexagenaria Salvatrice (Anna Boccadamo) recita el rosario junto a su amante. Pronto el autor sustituye los breves y sosegados planos rurales por la descripción de la trágica situación financiera en la que están sumidos los habitantes de la región sureña de Salento. Concretamente, se centra en una familia cuyos miembros poseen una fábrica textil a punto de declararse en bancarrota. Sus ingresos, que dependían de compradores del norte de Italia, han caído en picado porque los inversores se han decantado por la comodidad que ofrece el mercado chino. Con los hombres probando suerte en el extranjero o cumpliendo condenas en prisión, las mujeres salentinas son las únicas capaces de abastecer a todos sus parientes cercanos. En este sentido, el sexto largometraje de Edoardo Winspeare ofrece una visión prismática de las vicisitudes a las que se enfrentan cuatro mujeres de tres generaciones diferentes, que tras ser abandonadas por sus maridos y hermanos establecen un forzado matriarcado que les permite vencer su precariedad monetaria. Si bien la tradición cinematográfica italiana nos ha brindado innumerables ejemplos que demuestran la aceptada cultura machista de su país desde el punto de vista masculino, In grazia di Dio revela la otra cara de la desdicha con la actual crisis económica de telón de fondo. Edoardo Winspeare no tiene el menor interés en caricaturizar la tiranía y ridiculez de los personajes masculinos de su filme como Pier Paolo Pasolini en Accattone (1961), más bien prefiere exhibir la fortaleza inmaterial que desprenden dichas heroínas cotidianas. El director señaló después de la entrega de su Premio CSCI de Honor que “In grazia di Dio no es una película feminista, pues se trata de una obra femenina que elogia a las anónimas mujeres supervivientes del Sur de Italia”.

    Pese a que In grazia di Dio posea los ingredientes fundamentales del cansino melodrama (romances en viñedos, embarazos no deseados, bodas y violencia de género), el espectador no se enfrenta a un remake de Mujercitas (1949) o Tomates verdes fritos (1991). Aunque Winspeare recurra a situaciones arquetípicas, su filme vence los clichés porque la trama en sí es un elemento secundario. La grandeza de In grazia di Dio se halla en su valor antropológico. El realizador pone de manifiesto la laberíntica e impredecible psicología femenina mediante cuatro sujetos que experimentan profundas dosis de tristeza y sufrimiento desde cuatro perspectivas totalmente distintas. Maria Concetta (Barbara De Matteis) que fantasea con ser actriz, la imperecedera matriarca Adele (Celeste Casciaro), su hija adolescente Ina (Laura Licchetta) y la anciana viuda Salvatrice viven el forzoso éxodo al mundo rural de una forma tan peculiar y disímil que podrían extraerse cuatro películas paralelas. En el momento en que se asientan en ese viejo caserío que se ha convertido a su nuevo hogar, el caos reina por doquier, poniendo al límite su capacidad cristiana de amar al prójimo. Paradójicamente la religión es el único elemento que las mantiene unidas. Rezan solas o en compañía, pero siguen culpándose las unas a las otras pereciendo cada vez más ante el común pesimismo contemporáneo. Como indicó Edoardo Winspeare en la nocturna ceremonia conmemorativa: “la película no alberga mensaje alguno, sólo aniquila el cinismo derrotista que actualmente hemos adoptado para hablar de la vigente crisis económica”. Su largometraje no propone la vuelta al campo, cual paraíso perdido, para vencer dicha crisis. In grazia di Dio es un interesante documento sociológico que evidencia una analogía entre el sentimiento de comunidad en una familia y el poder unitario que consigue la religión en el Sur de Italia. | ★★★★ |

    Carlota Moseguí
    Redacción Barcelona
    El fulgor efímero

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