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    Crítica | L'Abri, de Fernand Melgar

    L'Abri, de Fernand Melgar

    La inmigración como tema tridimensional

    crítica a L’Abri (Fernand Melgar, Suiza, 2014).

    Ver L'Abri es asistir a un trago duro pero necesario, un ejemplo de cine usado en una de sus variantes más enriquecedoras pero menos populares. Entendiendo populares como bienvenidas por el gran público. Es difícil no salir de L'Abri tocado. El documental de Fernand Melgar pone su foco en una realidad que todos experimentamos diariamente, pero que seguro preferimos evadir. Basta con mirar hacia abajo, evitar contacto visual, fingir que no se ha oído una súplica desesperada o un saludo cortés y acelerar el paso sin que se note demasiado. Pues aquí no se puede hacer eso. Durante casi dos horas, Melgar nos va a confrontar con la dura realidad de un amplio grupo de inmigrantes en Suiza a lo largo de varios meses, aunque la familiaridad de sus acciones y la variedad de idiomas aquí convocados, incluido el español (lo que duele aún más), da universalidad a la propuesta del director. Es Suiza, pero podría ser cualquier país, porque las historias que recoge la cámara de Melgar, también director de fotografía son plenamente reconocibles e identificables para cualquiera con la ambición de dar un cambio en su vida. Lo más escalofriante de toda la peripecia es pensar que uno está a cuatro pasos de acabar así si se dan las circunstancias equivocadas en su vida. Muchos dirán que ya vemos cosas como éstas en reportajes televisivos de las distintas cadenas semanalmente, pero la diferencia, que es sustancial, reside en que el director ofrece una panorámica completa de una problemática compleja, evitando el morbo que podría traer sacar niños en pantalla y con la capacidad de vertebrar tramas dentro de la historia.

    Sin maniqueísmos y con una cámara casi siempre invisible, Fernand Melgar ha hecho un documental conmovedor que recibió el recién creado Premio Rosario Valpuesta en el último Festival de Sevilla de Cine Europeo, donde también ganó el segundo premio en la sección "Las nueva Olas”. El Rosario Valpuesta, premio que lleva el nombre de la primera rectora de la Universidad Pablo de Olavide, ha sido instaurado por el SEFF y la Facultad para reconocer a cineastas que defiendan los derechos sociales en sus creaciones. Todo un merecido logro para una cinta capaz de hablar de lo que habla con honestidad, sin endulzar nada pero tampoco revolcándose en los muchos instantes en que todo podría haberse enfocado con amarillismo. No hay condenas firmes para ninguna de las partes implicadas, solo la oportunidad de explicarse ante la cámara. Casualidad o no, durante el rodaje de L'Abri el país suizo estableció un sistema de tarjetas para tratar de regular el acceso de la gente sin hogar a los refugios y albergues. Melgar documenta el intento de racionalizar algo tan duro como la entrada de los vagabundos a centros así, mostrando el proceso, la disposición de los empleados públicos y la frustración de los usuarios ante lo absurdo que puede ser este sistema, dándote techo para el jueves y viernes cuando lo estás sacando un lunes.

    L'Abri

    El refugio al que alude el título está en Suiza y cobra 5 euros por una noche de cama, ducha, cena y desayuno. Durante los meses en que está abierto, cubriendo el invierno y hasta mediados de abril, Melgar seguirá las jornadas en el sitio y centrará más su mirada en un grupo de inmigrantes que tratan de salir adelante en una ciudad con inviernos de hasta 11 grados bajo 0. Aunque hay vistazos a otros centros y no-lugares donde los sin techo tratan de sobrevivir, será en este sitio donde pasemos más tiempo, conociendo a los trabajadores y a los inquilinos más habituales. Una vez están todos cómodos ante el objetivo de la cámara, sus rituales diarios serán recogidos sin adornos de ninguna clase. Aquí es donde encontraremos algunos de los momentos más duros de la cinta, cuando llega el proceso de selección cada noche y hay gente que se puede quedar fuera. Mujeres y niños primero, pero sin victimizar a nadie. Lo que reina es la impotencia de gente que no tiene respuestas a las grandes preguntas planteadas indirectamente. Gente que solo está haciendo su trabajo, aunque también hay algo de caritativo en su labor. Muchos espectadores no verán esto, y esta estimulante contradicción seguro que es parte de las intenciones del documentalista.

    En las paredes de este lugar, pero también a sus puertas, en la calle, en estaciones de metro y cuartuchos abandonados transcurren muchas historias, ya que todas las personas tienen su cuento de desgracia. La cámara se pone a la altura de sus ojos cuando la comparten, nunca por encima de los dolorosos dramas. La historia más completa es la de Amadou, que dejó un negocio estable en Mauritania por una promesa de vida mejor en el viejo continente, pasó siete años en España y ahora espera un posible trabajo, mientras miente a su madre en cada llamada de teléfono. Pero también conoceremos la dura rutina de una familia de cinco miembros cuyas hijas se amparan en la ilusión de una partida más en salones de videojuegos, la historia de una pareja hispanoparlante cuyo destino cambiará ante nuestros ojos y también las relaciones entre los trabajadores del refugio más prominente, con un jefe que hay que ver para creer. Existe la esperanza de una vida mejor en un país donde, según se dice en la película, 800 euros no es ni la mitad de un salario. Pero el sistema parece diseñado para poner las cosas difíciles.

    L'Abri, de Fernand Melgar

    Aunque es improbable que haya sido su modelo, la propuesta del director recuerda en ocasiones a la magnífica Balseros (Carles Bosch & Josep María Doménech, 2002), nominada al Óscar en su momento, y la crónica de la huida de Cuba de muchos ciudadanos en busca de nuevas oportunidades en Estados Unidos, contada en 1994 y 2001. La similitud de la huida en busca de algo mejor y, sobre todo, la continuidad temporal de ambas historias es lo que establece la conexión para el abajo firmante. Es otro de los logros del cine documental sobre un reportaje de televisión de consumo semanal, que con más tiempo se puede documentar una evolución en los sujetos retratados Con todo expuesto y los créditos desfilando por la pantalla con frialdad, se llega a la conclusión de que L'Abri es la crónica de varios fracasos, de que finalmente las intenciones de Melgar, ayudado por el montaje y la recreación o dramatización de ciertos eventos (la última llamada a Amadou), es dar un mazazo demoledor de realidad para enviarnos al fundido a negro con algo en qué pensar. La película parece apuntar un hilo esperanza cuando Amadou tiene ante sí la posibilidad de lograr un trabajo y ver regularizada su situación, pero no puede ser. Minutos antes de esto, el verdadero L'Abri ha cerrado sus puertas por última vez hasta que se acerque el invierno, y somos testigos también del proceso de limpieza de las instalaciones, casi una metafórica desinfección para erradicar la humanidad de esas cuatro paredes. El cineasta no ofrece respuestas porque no las tiene, y se limita a materializar conclusiones para que el espectador piense un poco la próxima vez que desprecie o ignore a gente en dura situación. Cine hecho para remover, y bien que lo consigue. | |

    Adrián González Viña
    Redacción Sevilla


    Ficha técnica
    Suiza, 2014. Dirección, guión y fotografía: Fernand Melgar. Productora: Climage / Radio Télévision Suisse / SSR SRG. Presentación oficial: Locarno 2014.


    Póster L'Abri, de Fernand Melgar
    El fulgor efímero

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