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  • Especial Festival de Sundance.
    Cobertura completa de la edición 2018.

    Repetir lo irrepetible.
    «En la playa sola de noche», de Hong Sang-soo.

    Sensualidad praxiteliana.
    «Call me by your name», de Luca Guadagnino.

    Insert Coin.
    «Good Time», de los hermanos Safdie.

    Fargo

    Concluye un 2014 televisivo que ha ampliado la propuesta de Netflix con la confirmación de que Amazon ha llegado al negocio para quedarse, con la novedad de ofrecer pilotos para que sean los internautas los que decidan qué quieren ver en una temporada entera. La multidifusión de estos portales siguen cambiando la manera en que consumimos televisión, atrayendo además cada vez más talento para fortalecer su oferta de series, hechas con mucha libertad. Y a disposición del espectador, para que las consuma como quiera como viene haciendo con el resto de series en gran parte de los casos. Lo demás no ha cambiado demasiado, con eternos remakes, precuelas, spin-offs, populares novelas adaptadas, descontextualizaciones de personajes, revisiones de figuras reales, tramas mil veces vistas, los valores seguros y los proyectos arriesgados… para todo hay lugar. No hay una fórmula que garantice un éxito seguro, aunque a veces lo parezca.

    Prosigue también el escrutinio social en las diferentes redes sociales, algo que algunas series (Scandal, Hijos de la Anarquía) han sabido incorporar a sus programaciones y que otras rehúyen como si fuera un mal mayúsculo (Mad Men). El año empezó con la vuelta de Sherlock y el boom de True detective, se asentó con la arriesgada apuesta de Fargo y confirmó la posición de Starz como cadena para los seriales exóticos con Black sails, Power y Outlander. Los fenómenos sociales que son Juego de tronos y The walking dead, unidos a las despedidas de Boardwalk empire, Museo Coconut, True blood, Wilfred, Californication ó Cómo conocí a vuestra madre. Resurrecciones con Community, The comeback y The killing, y la confirmación de que los grandes nombres del cine siguen pasándose a la televisión. Steven Soderbergh, como primera espada, Jonathan Demme, Jodie Foster o Vincenzo Natali como nombres más rutilantes. Y los que vendrán. Las cadenas en abierto siguen sufriendo y gastando dinero para lograr un éxito, tratando de acompasar el fulgor del cable con temporadas más cortas (Hannibal, The following) o historias contenidas (Gracepoint).

    En Europa se continúa innovando en las narrativas, sirviendo premisas jugosas para ser adaptadas en USA y creando una escuela de técnicos que acaban trabajando en el país de las oportunidades. El prestigio internacional es lo que tiene. Y una tendencia, la de renovar historia cada temporada, cada vez más extendida y perfecta para los tiempos catódicos que vivimos, donde los espectadores tenemos una capacidad de atención limitada como resultado de la navegación por internet y los constantes bombardeos visuales que asimilamos por minuto. A veces uno desearía que en lugar de tanto gran concepto, los guionistas se centraran más en ofrecer un nivel estable de calidad en sus series, ya que en muchas ocasiones se abre con fuerza pero la cosa se desinfla conforme pasan los episodios, y no hablo solo de las series con una veintena de capítulos que producir. Un 2014 con destellos de genio y momentos muy olvidables. A continuación, las diez mejores series según El antepenúltimo mohicano, considerando tantos aquellas estrenadas en la temporada 2013/2014 como las que han emitido temporadas en su totalidad en 2014.

    por Adrián González Viña
    diciembre 30, 2014

    Resumen 2014 | Las 10 mejores series del año


    ¿Qué hace que un episodio merezca ser destacado cómo lo mejor del año? Que sea perfecto, que funcione como ejemplo de lo mejor que puede ofrecer una serie. Un capítulo que pueda destacarse por múltiples razones, que transmita la sensación de un todo compacto y que sea capaz de maravillar a los espectadores y quedarse en el recuerdo. Puede jugar al desconcierto, ser un acontecimiento especial dentro de la serie o emerger como la más bienvenida de las sorpresas. Puede ser el principio o final de una temporada, o estar marcado por haber recogido un acontecimiento clave en el desarrollo de la serie. O todo lo contrario. Hay series que funcionan como una historia tan precisa que no se pueden sacar partes y destacarlas sobre otras, o series cuyos problemas, aunque sean pequeños, persisten en cada entrega, de manera que no se puede decir que el metraje sea intachable. Esas no tienen cabida aquí.

    Sea como fuere, estas entregas de todo tipo y condición, que están ordenadas cronológicamente porque una no es mejor que otra, dejan testimonio del excelente estado de salud de la televisión y de que la magia es posible si se juntan las circunstancias creativas y de producción adecuadas. Si el guionista de turno tiene la historia ideal, los técnicos ofrecen su mejor juego, el reparto está en simbiosis plena con sus personajes y la posproducción termina de perfilar la redondez del capítulo. Ver un episodio inmejorable de una serie es algo especial, es la sensación de acabar de ver una pequeña obra de arte, una pieza audiovisual que conecta con tu interior por la razón que sea. Es ser testigo de un generoso despliegue de medios cuya máxima intención es hacerte pasar el mejor rato posible, hacerte pensar o evadirte, comunicarte una historia o una parte de una historia más grande y que tu mente la emplace en su lugar adecuado. A continuación, los 14 mejores episodios del año según El antepenúltimo mohicano.

    | Por orden cronológico |

    por Adrián González Viña
    diciembre 30, 2014

    Resumen 2014 | Los 14 mejores episodios del año

    Loreak

    Por fin lo podemos decir. 2014 ha sido el mejor año para el cine español, a nivel de taquilla, de la historia, alcanzando una espectacular cuota de mercado del 25,5%, lograda gracias a los 21 millones de espectadores que han elegido el producto nacional a la hora de acudir a los cines. A esto hay que añadirle una gran diversidad de propuestas, de todos los géneros, y una calidad más que notable en una de las mejores cosechas cinematográficas de los últimos años. La comedia 8 apellidos vascos de Emilio Martínez-Lázaro hizo historia al recaudar la friolera de 56 millones de euros que la convierten en la cinta más taquillera de nuestro cine, difícilmente alcanzable por cualquier otro título en mucho tiempo. La divertida historia de amor entre el andaluz Dani Rovira y la vasca Clara Lago encandiló a un público ávido de buen rollo y cero pretensiones. El cine de género policiaco también pegó fuerte gracias a dos notables cintas como El niño (Daniel Monzón) y La isla mínima (Alberto Rodríguez) que también funcionaron muy bien en taquilla. Calidad y rentabilidad, por una vez, vinieron unidas. 

    El cine español recurrió de nuevo a nuevas entregas de algunos de sus grandes éxitos, con resultados desiguales. Mientras Santiago Segura, con 11 millones de euros recaudados con Torrente 5: Operación Eurovegas, perdió seguidores por el camino, sí recuperó buena parte del apoyo de la crítica. Javier Fesser logró una de las cintas de animación más logradas de nuestra puberal industria con Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo, que hizo olvidar el mal sabor de boca dejado por la segunda aventura de estos personajes, perpetrada por Miguel Bardem en 2008. Paco León triunfó de nuevo con Carmina y amén, que limaba los errores típicos de cualquier ópera prima de la ya asombrosa Carmina o revienta, de la misma forma que Carlos Iglesias retomó las peripecias de la familia Martín en la Suiza de los 70 con 2 francos, 40 pesetas, que no gozó de la misma aceptación que aquella notable Un franco, 14 pesetas con la que debutó como director en 2006. Aún peor le fue a Jaume Balagueró y a su REC 4: Apocalipsis, que cerró con más pena que gloria una de las sagas más aclamadas del cine fantástico de los últimos años, dándose de bruces con el rechazo de la crítica y la indiferencia de un público para el que la fórmula ya había quedado agotada tras la excelente (e incomprendida) tercera entrega. Loreak (José María Goenaga, Jon Garaño ) y Magical Girl (Carlos Vermut) compitieron duramente por hacerse con la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián, llevándose finalmente el gato al agua la segunda. 

    Marsella (Belén Macías) y Hermosa juventud (Jaime Rosales) pusieron la nota dramática y con trasfondo social, mientras que Nacho Vigalondo con Open Windows o Jorge Torregrossa con La vida inesperada ambientaron sus historias en Estados Unidos. Algunas de las mayores alegrías volvieron a llegar de manos de nuevos realizadores. De este modo, la traviesa Musarañas (Juanfer Andrés, Esteban Roel) y Todos están muertos compartieron a una protagonista principal víctima de agorafobia como detonante de sus historias. Purgatorio (Pau Teixidor) y La cueva (Alfredo Montero) lograron atemorizar con estilo y elegancia, mientras que A escondidas (Mikel Rueda), Kamikaze (Álex Pina), 321 días en Michigan (Enrique García) –Premio del público en el Festival de Málaga– y, sobre todo, la sobresaliente 10.000 km lograron calar hondo entre el público que buscaba historias más intimistas. En definitiva, 2014 se despide dejando un sensacional buen sabor de boca y la esperanza de que 2015 sea un año tan productivo e interesante como éste. No lo ha tenido fácil EAM para seleccionar diez títulos entre tan destacada cosecha, pero aquí están los que nos han parecido los más relevantes.

    por Jose Martín
    diciembre 29, 2014

    Resumen 2014 | Las 10 mejores películas españolas del año


    No ha resultado sencillo elegir las diez bandas sonoras más destacadas de este 2014. Un año donde se prodigaron las compilaciones de temas, casi al mismo nivel que la música instrumental extradiegética. Películas como Begin Again, Bajo la misma estrella, Whiplash o Mommy basan su poder en  una playlist tan personal como representativa, social y cronológicamente hablando. Por otro lado, los grandes compositores han estado, de nuevo, a la vanguardia. Alexandre Desplat, Trent Reznor, Atticus Finch, Jóhann Jóhannsson y el renacido Hans Zimmer (con su excelente partitura para Interstellar) han dejado su huella en los filmes más importantes de este año y de comienzos del próximo. Ahora es turno de la música; junto a Max Richter —que el año pasado estuvo en este recopilatorio con Lore—, les presentamos nuestra selección de scores 2014 con una pequeña (pero justificada) licencia televisiva. Próxima parada: fotografía.

    La banda sonora de este artículo



    Mención de honor| Under the Skin (Mica Levi), Her (Arcade Fire), El gran hotel Budapest (Alexandre Desplat), Puro vicio (Jonny Greenwood), Whiplash (Justin Hurwitz y varios autores), Bajo la misma estrella (varios autores), Begin Again (varios autores), Joe (David Wingo), La teoría del todo (Jóhann Jóhannsson), Fuerza mayor (Ola Fløttum), The Kings of Summer (Ryan Miller) y Sólo los amantes sobreviven (SQÜRL).

    por Emilio Luna
    diciembre 27, 2014

    Resumen 2014 | Las 10 mejores bandas sonoras del año

    Violet de Bas Devos

    Comenzamos a hacer balance en El antepenúltimo mohicano. A lo largo de los próximos días, iremos publicando las diferentes listas que resumen lo mejor de un 2014 que llega a su fin. Clasificaciones con lo mejor en bandas sonoras, trabajos de fotografía, largometrajes de factura nacional, episodios y series televisivas y películas estrenadas en España según el equipo de redactores de EAM. Una tradición, un ejercicio de memoria, una guía de lo mejor de un curso a nivel audiovisual más que notable. Y comenzamos con una novedad. Por primera vez, valoramos los debuts más interesantes. Para ello, hemos recopilado una selección de las óperas primas más destacadas que se han exhibido en diferentes festivales o que se han estrenado en nuestro país a lo largo de estas cincuenta y dos semanas.

    Una relación donde no aparece la ganadora del FIPRESCI-Discovery de los EFA, la ucraniana The Tribe. Ni su paso por Karlovy Vary ni por el Cineuropa de Santiago de Compostela dejó en nuestros redactores las sensaciones que transmitió al resto de la prensa, salvo hastío. No se pueden negar algunas de la originales virtudes del filme de Miroslav Slaboshpitsky, pero, como largometraje, no es más que un vano intento de transgresión. Lo mismo ocurre con la animada Rocks in my Pockets, FIPRESCI en Karlovy Vary y uno de los trabajos más valorados en Zabaltegi. Lejos del esnobismo de sendos largos, este 2014 nos ha dejado primeras creaciones tan reseñables –y que conforman nuestra mención de honor— como la española 10.000 km de Carlos Marques Marcet (triunfadora en el SXSW y Málaga), la rusa Corrections Class (mejor película en el East of the West de Karlovy Vary), la mexicana Güeros (Mejor ópera prima en Berlín), la serbia Varvari (de Ivan Ikic), la sueca Something Must Break (ganadora en Róterdam) las estadounidenses Palo Alto (dirigida por Gia Coppola), Lost River (de Ryan Gosling) e It Felt Like Love (de Eliza Hittman) o la francesa Party Girl (ganadora de la Cámara de oro de Cannes). Sin más dilación, estas son las 10 mejores óperas primas del año para El antepenúltimo mohicano.

    por Emilio Luna
    diciembre 26, 2014

    Resumen 2014 | Las 10 mejores óperas primas del año

    Las vacaciones de Dice

    crítica a Lucia de B. (Paula van der Oest, Países Bajos, 2014).

    Corría el año 2004 y Lucía de Berk, una enfermera pediátrica, era condenada a cadena perpetua por la justicia holandesa. A sus espaldas siete asesinatos y tres en grado de tentativa. En 2010, después de 6 años de litigios, era puesta en libertad. Una odisea que la realizadora Paula van der Oest ha llevado a la gran pantalla con el film Lucía de B. (2014). Un thriller judicial inmerso en la carrera por el Óscar a Mejor Película de habla no inglesa. La película arranca en 2001 con la muerte un bebé de cinco meses enfermo del corazón. El fallecimiento, repentino, se produce durante el turno de Lucía. Los doctores son incapaces de determinar las causas, y la enfermera es suspendida de empleo y sueldo. A raíz de ello, salen a la luz una decena de muertes extrañas en los tres hospitales donde había trabajado previamente. Todas tuvieron lugar cuando estaba de guardia. A eso hay que sumarle un pasado turbio y un diario un tanto críptico en el que reconocía haber sucumbido a su "compulsión". Blanco y en botella. Círculo mediático incluido. Una historia basada en hechos reales, muy recientes además. Una denuncia (liviana) sobre las grietas del sistema judicial holandés. Otro drama judicial sobrio y competente, a la altura de El veredicto (2013) de sus vecinos los belgas. Este subgénero siempre ha gozado de una particular atención por parte del público. Especialmente el americano, más dispuesto en la pirotecnia dramática y en la espectacularidad retórica de sus letrados. Quizá por ello apuesten en el Viejo Continente por prodigarse en estas lides.

    Desde el punto de vista estrictamente fílmico, Lucia de B., no aporta nada sustancialmente reseñable. Lo sugestivo es que no se limita a ser una simple trama cuya resolución estriba íntegramente en el desarrollo de un proceso jurídico. Hay un duelo psicológico. Una peregrinación, un infierno de desamparo que se aprecia en el rostro de la protagonista (Ariane Schluter). Un pulso entre la vida y a muerte ¿Para qué seguir viviendo esta pesadilla? parece decir la acusada en los momentos más críticos. Pero que nadie se lleve a engaño, los ineludibles esbozos temáticos sobre el funcionamiento del sistema judicial no sirven para ponerlo en tela de juicio. Lo digo porque no se discute una condena como la cadena perpetua. No se pone en duda una pena tan punitiva en un sistema que en teoría aboga por la reinserción. Sólo se hace hincapié en la falta de rigor de la fiscalía o los jueces y la repercusión de la actitud de la prensa en el juicio mediático paralelo; en el que calificativos como "Ángel de la muerte" dictan sentencia con la inflexibilidad de lo "evidente". Lo único que consiguen, directora y guionistas, con esa falta de determinación es que se resienta el fondo argumental y la trama se rebaje a cotas alejadas del cine trascendental. Como en todos los dramas de este palo, Lucia de B. es un canto a "la verdad" que se quiere contar, con las ambigüedades pertinentes en lo que a los claroscuros se refiere. Sin embargo, ofrece poco margen para el posicionamiento. Todo viene servido bien mascadito para que huela a injusticia por doquier, dejando entrever intereses políticos y empresariales (una posible fusión del hospital) detrás del encarcelamiento. Es cierto que esta infamia estuvo sustentada en cábalas, estadísticas ficticias, sin testigos y sólo consiguieron "probar" dos muertes, el resto le fueron atribuidas por la vía de la presunción. Pero en la película, a parte de su paso de puntillas por su oscuro pasado y un par de apuntes sobre su diario, no hay atisbo de sospecha. Por ejemplo, no se menciona que mintió sobre su título de enfermería.

    por Andrés Tallón Castro
    diciembre 26, 2014

    Crítica | Lucia de B.

    The Dark Valley

    Un Western alpino

    crítica a The Dark Valley (Das finstere Tal, Andreas Prochaska, Austria, 2013).

    A pesar de ser el género americano por excelencia (con permiso del musical), el western rebasó lo local para hacerse con un auditorio universal. Nadie puede obviar que Estados Unidos fundamenta sus orígenes en las mitologías del oeste. Es el género a través del que América se proyecta tal y como se imagina. El western es a Estados Unidos lo que el Cantar de mio Cid a Castilla, El Cantar de Roldán a Francia o la Ilíada a Grecia. Por ello, sorprenden la arrestos del cine europeo a la hora de llevar a la gran pantalla historias con una denominación de origen tan yanqui, del mismo modo que sorprende la osadía hollywoodiense para llevar a cabo péplums. Una (maravillosa) temeridad que vivió sus años de oro en los 60 y 70. En los últimos tiempos están surgiendo algunos western interesantes salidos del Viejo Continente, como Gold (Alemania, 2013), Blackthorn. Sin destino (España, 2011), The Salvation (Dinamarca, 2014) y el que es objeto de esta crítica The Dark Valley (Austria, 2014). Dirigido por Andreas Prochaska y protagonizado por un hierático Sam Riley, ganador en los Premios del Cine Europeo al Mejor diseño de producción y vestuario. Una historia de desquite. Otro ejemplo de lo que parece un nostálgico intento, de una generación de directores europeos, por homenajear un género que tantas alegrías le ha dado al séptimo arte.

    Un fotógrafo americano aparece en un remoto pueblo, dominado por una familia de desalmados (Don Brenner y sus vástagos), de un valle de los Alpes. Con tiranía feudal imponen a sus habitantes un régimen de terror, en el que el derecho de pernada y la violencia están monopolizados por sus rifles. El forastero solicitará cobijo en sus dominios y uno tras otro, los hijos de Brenner, empezarán a caer. Una estructura argumental tan revenida como placentera. La sediciosa venganza que permanece oculta, casi genética, y se consuma al paso de los lustros tiene en The Dark Valley un nuevo episodio. Otro capítulo de la lucha entre los poderosos y los menesterosos, otra vez el enfrentamiento entre buenos y malos, en una época en que solo se atiende a la razón de la pólvora y la sangre. En esta historia, tantas veces contada, el protagonista (tan maniqueo como sus antagonistas) no solo buscará vendetta, sino que tratará de establecer la paz en un microcosmos al margen de toda justicia. Y lo hará en solitario, auxiliado por algún compañero eventual (si se tercia). Su hazaña, o el intento de la misma lo canonizarán en la memoria colectica de la comunidad de turno. Nada nuevo bajo el sol. Nada reprochable salvo que en su afán por ser fiel a la falta de verbo, propia del género, los personajes se deshumanizan, en especial Sam Riley y todo resulta en exceso esquemático. Para solucionarlo, guionista y director, tiran de voz en off en momentos puntuales para empatizar con el personaje principal y ya de paso, como se trata de la adaptación de una novela, introducir el punto de vista del narrador literario en la cinta. Pequeños trucos que intentan, sin conseguirlo, maquillar lo anoréxico de la trama.

    por Andrés Tallón Castro
    diciembre 26, 2014

    Crítica | The Dark Valley

    Microcosmos de violencia

    crítica a The Tribe (Plemya, Miroslav Slaboshpitsky, Ucrania, 2014).

    Si la adolescencia ya es de por sí un campo minado gobernado por leyes no escritas, complejos códigos de conducta y pulsiones que campan a sus anchas atrincherándose por los diferentes órganos del cuerpo, imaginemos a un grupo de jóvenes sordomudos en un centro escolar aislado donde el crimen se institucionaliza como modus vivendi y la ética brilla por su ausencia. ¿No parece una opción demasiado pragmática a la hora de sobrevivir, verdad? Un entorno salvaje, desangelado y sórdido, de tintes deshumanizados es el escenario que el ucraniano Miroslav Slaboshpitsky escogió para contarnos The tribe (Plemya en su versión original), un largometraje denso y pesado de más de dos horas de duración que salió de la Semana de la Crítica de Cannes con el premio a Mejor Película. La premisa de esta, a priori, original ópera prima era perseguir a su protagonista Sergey (Grugoriy Fesenko) por un mar de simétricos y estáticos planos secuencia que nos muestran la vida y el día a día en esta cruenta institución en la que el muchacho es internado. El instituto es la metáfora de una pequeña ciudad sin ley donde los más fuertes se comen a los débiles y la compasión no existe.

    Es necesario puntualizar previamente que nos hallamos ante una cinta única en su especie y nada sencilla en su visionado, puesto que se presentaba como la primera ficción cinematográfica de la historia interpretada en su totalidad por un reparto de personas sordomudas, y, por lo tanto, narrada a lo largo de todo su desarrollo en lenguaje de signos. Esto podría constituir un valor añadido o dibujar un esqueleto narrativo original, pero lo cierto es que The tribe se queda en agua de borrajas, salvando un par de momentos tremendistas donde gobiernan el instinto y el impulso físico. La película nos sume en un silencio casi absoluto, sin banda sonora ni ningún tipo de música de acompañamiento, y es por eso que todo el peso narrativo y expresivo de la historia recae en el lenguaje corporal y silente, que provoca que el filme articule un universo de emociones propio, pero que lo deja un tanto huérfano de diálogo al hallarse exento de subtítulos. Los planos en los que la carga dramática se concentra en la gestualidad y la comunicación no verbal son un poco más digeribles para el espectador, pero éstos se intercalan con otros de varios minutos de duración en los que presenciamos conversaciones en lengua de signos de las que apenas podemos extraer información alguna, lo cual hace que su transcurso discurra a trompicones y la mayoría de pasajes resulten arduos y frustrantes, estériles en cuánto a contenido y además, bastante pobres a nivel estético. En definitiva, si al comienzo del filme nos inyectasen un suero de paciencia, no quedaría nada de él al rebasar la primera hora de metraje.

    por Andrea Núñez-Torrón Stock
    diciembre 26, 2014

    Crítica | The Tribe

    Tusk

    De New Jersey a Canadá

    crítica a Tusk (Kevin Smith, Estados Unidos, 2014).

    20 años separan a Clerks (1994), la inmejorable ópera prima de Kevin Smith, de su última película estrenada hasta la fecha, Tusk (2014), que fue presentada en el Festival de Toronto con división de opiniones. Mucho ha llovido desde que las peripecias de aquellos dos cajeros de supermercado conquistaran a crítica y público a base de irreverencia, descacharrantes diálogos plagados de referencias cinéfilas y una frescura encantadora. El Premio de la juventud a la mejor película extranjera en Cannes y el Trofeo cineastas de Sundance pusieron el listón muy alto para Smith a la hora de estar a la altura de la genialidad de Clerks con sus siguientes trabajos. El cineasta de New Jersey se ha visto obligado a demostrar, película tras película, que aquel éxito no fue flor de un día, aunque también es cierto que, exceptuando la agridulce Persiguiendo a Amy (1997) –notable retrato de las relaciones de pareja que podría calificarse como su obra de madurez– Smith se ha prodigado demasiado en comedias que bebían del espíritu y los aciertos de su debut, incluyendo en la mayoría de ellas el cameo de los inefables Jay y Bob el Silencioso, sus personajes fetiche y toda una marca de la casa. Era necesario un cambio de aires en su carrera y ese llegó con la destacable Red State (2011), violenta visión del fanatismo religioso que sorprendió a propios y extraños, logrando el premio a la Mejor película en Sitges. Con Tusk intenta el director dar un paso más allá en el género del terror, sin desvincularse del todo de ese humor friki que siempre le ha caracterizado.

    Concebida como la primera parte de la denominada Trilogía del Verdadero Norte, compuesta por historias construidas a partir de la mitología canadiense, Tusk cuenta la historia de Wallace, el egocéntrico conductor de un programa radiofónico que, en su viaje hasta Canadá para entrevistar a un friki que arrasa con su sangriento video en Youtube, termina descubriendo la historia de Howard Howe, un tipo que fue salvado de morir en el mar por una morsa. Buscando documentarse sobre este curioso suceso, Wallace acaba prisionero del misántropo Howe, aficionado a someter a seres humanos a una serie de operaciones que les convierte en animales. Un punto de partida que, sobre el papel, recuerda demasiado al planteamiento de la violenta The Human Centipede (Tom Six, 2009), pequeño éxito proveniente de los Países Bajos, que también compartía su gusto por el humor negro y escatológico, incluyendo otro villano que también se valía de sus conocimientos de cirugía para realizar auténticas aberraciones con sus víctimas. Si el Dr. Heiter de aquel filme estaba obsesionado con diseñar un ciempiés humano, uniendo los cuerpos de varias personas, el no menos perturbado Howard Howe se dedica a convertir a sus prisioneros en morsas. La diferencia entre ambas obras reside en que Smith no se regodea en la violencia gráfica, siendo ésta mucho menos explícita que en la cinta holandesa. En su lugar, opta por no tomarse demasiado en serio la historia que está contando, dando prioridad a la sátira por encima de la sangre o las vísceras.

    por Jose Martín
    diciembre 26, 2014

    Crítica | Tusk


    La Southeastern Film Critics Association (SEFCA, 1997) ha determinado que El gran hotel Budapest es la mejor película del año en sus premios anuales. Es el tercer entorchado para la cinta de Wes Anderson esta temporada.

    Mejor película: El gran hotel Budapest

    Mejor director: Richard Linklater por Boyhood
    Finalista: Wes Anderson por El gran hotel Budapest

    Mejor actor protagonista: Michael Keaton por Birdman
    Finalista: Eddie Redmayne por La teoría del todo

    Mejor actriz protagonista: Julianne Moore por Siempre Alice
    Finalista: Reese Witherspoon por Alma salvaje

    Mejor actor secundario: J.K. Simmons por Whiplash
    Finalista: Edward Norton por Birdman

    Mejor actriz secundaria: Patricia Arquette por Boyhood
    Finalista: Tilda Swinton por Snowpiercer

    Mejor guión original: El gran hotel Budapest
    Finalista: Birdman

    Mejor guión adaptado: Perdida
    Finalista: Alma salvaje

    Mejor película de habla no inglesa: Fuerza mayor (Suecia)
    Finalista: Ida (Polonia)

    Mejor película de animación: La Lego película
    Finalista: Big Hero 6

    Mejor documental: Life Itself
    Finalista: Citizenfour

    Mejor reparto: El gran hotel Budapest

    Premio gene wyatt (A la película que mejor retrata el Sur): Selma

    Top 2014:
    Birdman
    Boyhood
    Descifrando Enigma
    Foxcatcher
    El gran hotel Budapest
    Nightcrawler
    Perdida
    Snowpiercer
    La teoría del todo
    Whiplash
    por Emilio Luna
    diciembre 23, 2014

    Premios de la Crítica del Sudeste 2014


    Las Vegas Film Critics Society (LVFCS, 1997) ha elegido por unanimidad a Birdman como la mejor película del año. Seis premios y la constatación de que en el balance de la prensa especializada se ha equilibrado la batalla entre los filmes de Linklater (Boyhood) e Iñárritu.

    Mejor película: Birdman
    Mejor director: Alejandro González Iñárritu por Birdman
    Mejor actor protagonista: Michael Keaton por Birdman
    Mejor actriz protagonista: Reese Witherspoon por Alma salvaje
    Mejor actor secundario: J.K. Simmons por Whiplash
    Mejor actriz secundaria: Tilda Swinton por Snowpiercer
    Mejor guión: Birdman
    Mejor diseño de producción: El gran hotel Budapest
    Mejor fotografía: Birdman
    Mejor diseño de vestuario: Guardianes de la Galaxia
    Mejor montaje: Al filo del mañana
    Mejor música original: Birdman
    Mejor canción original: Frank, I Love You All
    Mejor película de animación: La Lego película
    Mejor película extranjera: Ida
    Mejor película documental: Citizenfour
    Mejor película de acción: Guardianes de la Galaxia
    Mejor película de comedia: Top Five
    Mejor película de terror / sci-fi: The Babadook
    Mejor película familiar: La Lego película
    Mejor reparto: Birdman
    Mejor cineasta revelación: Damien Chazelle por Whiplash
    La juventud en el cine: Jaeden Lieberher por St. Vincent
    Premio William Holden a toda una vida: Bill Murray

    TOP 10 DE 2014
    1. Birdman
    2. Boyhood
    3. Whiplash
    4. Nightcrawler
    5. El gran hotel Budapest
    6. Alma salvaje
    7. Selma
    8. Descifrando Enigma
    9. Snowpiercer
    10. Under the Skin
    por Emilio Luna
    diciembre 22, 2014

    Premios de la Crítica de Las Vegas 2014

    Big Hero 6

    Cuando Disney encontró a Marvel

    crítica a Big Hero 6 (íd, Don Hall, Chris Williams, Estados Unidos, 2014).

    Disney parece estar recuperando, poco a poco, su prestigio de antaño dentro del cine de animación. Con la absorción de Pixar –que desde Toy Story 3 (2010) no entrega una joya a la altura de sus grandes éxitos–, la compañía del ratón Mickey ha sabido ponerse las pilas, entendiendo que no todo en este tipo de propuestas deben ser cuentos de princesas rebozados de cancioncitas, tomando el ejemplo del título más destacado de la competencia en estos últimos años, el Cómo entrenar a tu dragón (2010) de Dreamworks, más preocupado en ofrecer una aventura de fantasía capaz de complacer a niños y adultos por igual. Aun cuando se ha acercado a los cuentos de hadas de nuevo, Disney ha sabido imprimirle la sana ironía y subversión de tópicos propios de la saga de Shrek (otra que hizo tambalear el monopolio desde Dreamworks durante años) en divertidas cintas como Enredados (2010) y, sobre todo, el megaéxito Frozen: El reino del hielo (2013). Tras hacerse con los Estudios Marvel, Disney ha encontrado otro filón en las películas de superhéroes, logrando enormes recaudaciones con la distribución de las aventuras de Iron Man, Capitán América, Thor o la reunión de todos ellos en Los Vengadores (2012). Por eso, la última producción animada rebusca en el universo Marvel para contar las peripecias del equipo Big Hero 6, creado por Steven T. Seagle y Duncan Rouleau, cuya primera aparición en los cómics se remonta a 1998.

    La historia nos traslada a la espectacular urbe futurista de San Fransokyo (algo así como una mezcolanza imaginaria entre San Francisco y Tokyo), algo que supone un auténtico reto para los animadores, que inundan la pantalla de monumentales edificios de imposibles estructuras y sofisticados trenes que recorren sus superpobladas calles. El protagonista es Hiro, un adolescente de 14 años, genio de la robótica, que tras la muerte de su hermano mayor en extrañas circunstancias, recluta a los amigos de éste para formar un grupo de superhéroes compuesto por Wasabi-No-Ginger, Honey Lemon, GoGo Tomago, Fred y Baymax, un simpático robot con apariencia de enorme globo hinchable blanco, diseñado para asegurar el bienestar y la salud de Hero. La película bebe claramente de la estética del anime japonés, especialmente en el diseño de Baymax, una creación que puede recordar, lejanamente, a personajes del maestro Miyazaki como el entrañable rey del bosque de Mi vecino Totoro (1988). El dibujo de los héroes es muy deudor de uno de los mayores éxitos de Pixar, Los increíbles (2004), que, a su vez, era una velada parodia de Los cuatro fantásticos de Marvel, mientras que la relación de amistad que se establece entre Hero y Baymax tiene evidentes ecos de aquella otra maravillosa fantasía animada de Brad Bird (también director de Los increíbles, casualmente) que fue El gigante de hierro (1999). Un emocionante y sentido homenaje a la ciencia ficción de los 50 que fue un injusto fracaso comercial para Warner pero que, con el paso del tiempo, ha ido alcanzando la categoría de obra de culto para todo buen aficionado al género. Muchas escenas de Big Hero 6 nos remiten a El gigante de hierro –los divertidos intentos de Hiro por ocultar a Baymax de la vista de su madrastra; el dilema del robot a la hora de poder convertirse en un arma de destrucción cuando, en principio, ha sido creado con unas coordenadas que no le permiten hacer daño a ninguna vida humana–, pero también nos hace recordar a la pareja formada por el vikingo Hipo y su dragón Desdentao en el díptico Cómo entrenar a tu dragón, por la manera en que su protagonista va dejando atrás la infancia para entrar en la madurez, ayudándose de la estrecha relación que fragua junto a un ser que, pese a su diferente condición, es capaz de transmitir auténticas lecciones de humanidad.

    por Jose Martín
    diciembre 22, 2014

    Crítica | Big Hero 6

    White God

    Homo homini lupus

    crítica a White God (Fehér isten, Kornél Mundruczo, Hungría, 2014).

    Si alguien me preguntase qué tienen en común Corre, Lola, corre (1998), Lilya Forever (2002), Closer (2004), Shortbus (2006), Canino (2009), Shame (2011) o esta reciente White God (2014) de la que voy a hablar a continuación con irremediable entusiasmo, reconocería que comparten escasas similitudes, a excepción de que todas ellas forman parte de mi lista de películas favoritas y tienen algo en su esencia que a mi parecer las hace diferentes, especiales y perdurables en el tiempo, algunas de ellas admirables y transgresoras en su género y argumento. Todas las aquí nombradas poseen secuencias y momentos que, de una u otra manera, siempre acaban volviendo a mi memoria sin pretenderlo, como el catecismo a la cabeza de un monaguillo o las olas a la retina del surfero. Violenta, genuina y áspera aterrizaba en las pantallas del festival Cineuropa esta magnífica y rabiosa White God (Fehér isten en su título original), sexto filme del cineasta Kornél Mundruczo, con los alicientes de haber sido laureada en la última edición de Cannes como mejor película de la sección Un Certain Regard y de ser la próxima representante húngara de cara a los Oscars de 2015.

    Definir en pocas palabras el envoltorio, el argumento e incluso el género mismo de esta cinta tan peculiar se me antoja complicado, precisamente porque Mundruczo da pie a un amplio abanico de interpretaciones y lecturas; y amparada en una estética oscura y urbana de regusto tormentoso, incluso apocalíptico, construye un atrapante juego mental para el espectador del que no es nada sencillo salir. Apostando por un camino difícil y pocas veces recorrido en el séptimo arte, el director nos inyecta en vena un drama subversivo mezclado con acción trepidante que funciona en nuestra mente como un cóctel molotov de desamparo, pánico, venganza e instinto de supervivencia. Así, esta White God, impactante y ruda de principio a fin, gira las tornas habituales en términos de elenco para situar a un can sin pureza de raza y sus camaradas callejeros como protagonistas de la historia, cuestionando desde los primeros instantes si es el hombre merecedor de llamarse mejor amigo del perro, y empleando el paso de la trama para (de)mostrar la crueldad tiránica y las relaciones de dominación y autoridad que son el pan de cada día de una sociedad deshumanizada: la nuestra, claro. Las preguntas en torno a la desembocadura de este río de sangre serán muchas, pero sin duda nos sentiremos partícipes de esta particular toma canina de la Bastilla extendida por los barrios aquineos, un ladrido desde el cine en el que caben todas las minorías étnicas, raciales y espirituales del mundo. Porque, a pesar de que las cámaras de Mundruczo apunten hacia la rebelión de los chuchos, en el mordaz punto de mira del húngaro está ese autoencumbrado hombre blanco, como emblema de falsa superioridad moral. Y bajo su subyugación, el resto de seres enjaulados que protagonizan esta película.

    por Andrea Núñez-Torrón Stock
    diciembre 21, 2014

    Crítica | White God


    Aclaraciones sobre los spoilers. 

    ¿Quién puede leer este artículo? El seguimiento que se ha realizado sobre Otto nos ha llevado a desvelar detalles comprometedores de la trama hasta el comienzo de la sexta temporada. Todos los lectores que ya hayan visto lo sucedido hasta ese punto, están a salvo de leer el artículo sin riesgo de sufrir un trauma post-spoiler. Las conclusiones obtenidas sobre la séptima y última temporada se detallarán respetando la integridad de los contenidos susceptibles de causar sorpresa en el lector.

    Una trama shakesperiana. 

    El sacrificio personal es uno de los métodos más arcaicos que tiene la ficción para llevar a cabo la justicia retributiva, usado como medio de expiar los pecados o reconciliarnos con nuestra conciencia por algún incidente del que no se está especialmente orgulloso. Algo que el cine nos ha dejado muy claro es que, cuanto mayor es el poder del sujeto, ese sacrificio resulta más difícil de asumir y así, aunque siga siendo personal, perderá la voluntariedad dejando de ser auto-inducido, para ser más bien asistido. Se buscará algún cabeza de turco que pagará por los errores de un líder demasiado acomodado en su trono. Hijos de la anarquía representa claramente la corrupción causada por el poder y la pérdida de los valores principales que se defendían antes de alcanzarlo. La avaricia y la insaciable sed de dominio son los factores principales que llevan a cualquier ideología a la podredumbre. La serie actúa por lo tanto como crítica a los partidos políticos y a cualquier sistema jerárquico en general. El objetivo del presente artículo es analizar ese sacrificio personal en función de los que lo aceptan y lo sufren por un bien mayor (antihéroe), y los que lo evitan o dan la orden en beneficio propio, aunque escudándose en el bien común (héroe). Para ello nos centraremos en la figura de Otto como paradigma de la lealtad y el sufrimiento, uno de los personajes principales de la serie, aunque su figura haya permanecido en todo momento oculta tras las rejas de la prisión de Stockton.

    Es un hecho probado que con el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas engañamos al diablo mismo. Hamlet (Circa 1599).

    El rey Hamlet fue asesinado por su hermano Claudio, quien se alzó con el trono de Dinamarca y contrajo matrimonio con la reina madre, Gertrudis. Vemos cómo la base de la trama de una de las obras capitales de Shakespeare resulta muy similar a la de Hijos de la anarquía, al igual que el nombre de los protagonistas: Claudio y Clay, Gertrudis y Gemma, y el personaje principal, Jax, al que se le denomina “el príncipe” en varias ocasiones. Mientras en el drama del bardo de Avon el fantasma del rey Hamlet aparece para pedir venganza a su hijo, en la serie de Kurt Sutter esas manifestaciones espirituales llegan en forma epistolar, gracias a un diario en el que John Teller explica el complot que hubo en su contra, hecho que lleva al joven a buscar la muerte de Clay. Por otra parte, la constante lucha entre sexos deja un claro bando vencedor, el de las mujeres. Su condición les impide entrar a formar parte activa del club, pero sí se les concede la posibilidad de aconsejar a los miembros de la banda en las tareas más delicadas. Aquí puede apreciarse hasta qué punto, la inteligencia femenina las llevará a convertirse, una vez asumida su inferioridad jerárquica, en las auténticas líderes. Gemma es uno de los mayores ejemplos de mente fría y manipuladora que ha dado la pantalla pequeña. Sus movimientos, calculados hasta el extremo, convierten a los hombres en marionetas que actúan a su antojo. Su poder sólo se verá interrumpido por la presencia de otra mujer, la aspirante al trono, Tara, prometida de Jax.

    En cuanto a los miembros masculinos se distinguen dos tipos de figuras: el héroe, y el antihéroe. El héroe, es el líder, Jax y Clay serían los ejemplos más claros. Sus decisiones son respaldadas por el resto y siempre parecen acertadas, producto de la delegación de las tareas más comprometidas a miembros inferiores. Siempre consigue salvar a “la chica en apuros”, ganándose de esta forma la confianza y el favor del espectador. Su afán de supervivencia puede llevarle a convertirse en antihéroe, siempre que se enfrente directamente con otro igual, aunque terminará por recuperar su estatus original en algún momento, mediante un acto de redención. El antihéroe, por el contrario, pese a estar sus acciones destinadas a conseguir el bien común y el orden general, no dudará en sacrificar a la chica (daños colaterales) o a él mismo en favor del héroe. No busca la condescendencia, ni la obtendrá de un público que, pese a simpatizar ocasionalmente con él, tendrá muy clara su función de soldado, eterno sufridor. Su perfil es muy similar en todos los casos, inteligentemente inferior aunque con un sentido de la lealtad muy desarrollado. Mientras que los héroes no dudan en traicionarse constantemente por su egoísmo, personajes como Opie, Tig u Otto, siempre permanecerán fieles a su jefe, al que consideran un amigo que haría lo mismo por ellos. Sin embargo, pagarán cara su lealtad.

    por Alberto Sáez Villarino
    diciembre 21, 2014

    El sufrimiento y el precio de la lealtad. Apuntes finales de Hijos de la anarquía a través del personaje de Otto

    Sons of Anarchy (2008-2014)

    Familia y legado escritos con sangre

    análisis final de Hijos de la anarquía (2008-2014).

    FX / Sons of Anarchy / 7 temporadas: 92 capítulos | EE.UU, 2008, 2009, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014. Creador: Kurt Sutter. Directores: Paris Barclay, Guy Ferland, Gwyneth Horder-Payton, Peter Weller, Billy Gierhart, Kurt Sutter, Stephen Kay, Adam Arkin, Terrence O´Hara, Paul Maibaum, Phil Abraham, otros. Guionistas: Kurt Sutter, Chris Collins, Charles Murray, Kem Nunn, Roberto Patino, Mike Daniels, Dave Erickson, Liz Sagal, Regina Corrado, Gladys Rodriguez, Jack LoGiudice, otros. Reparto: Charlie Hunnam, Katey Sagal, Kim Coates, Tommy Flanagan, Theo Rossi, Mark Boone Junior, Dayton Callie, Maggie Siff, Ron Perlman, David Labrava, Ryan Hurst, Drea de Matteo, Michael Ornstein, Winter Ave Zoli, William Lucking, Jimmy Smits, Kurt Sutter, McNally Sagal, Niko Nicotera, Jeff Kober, Robin Weigert, Kenneth Choi, Michael Beach. Fotografía: Paul Maibaum, David Boyd, John C. Flinn III, otros. Música: Bob Thiele.

    Cuando una serie muestra desde su primer capítulo como una yonqui embarazada de nueve meses se inyecta hasta la inconsciencia, con la subsecuente operación a corazón abierto para salvar al bebé, uno sabe que está viendo algo fuera de la norma. Algo especial, capaz de conciliar brutalidad con sensibilidad. Como carta de presentación, el piloto de Hijos de la anarquía fue imponente, estableciendo las relaciones de un grupo de moteros que viven al margen de la ley y su entorno familiar. 91 capítulos más tarde, la despedida de la serie ha logrado establecer una poderosa conexión con la idea inicial, lo cual revela que Kurt Sutter, creador/director/actor de la serie, tenía un plan desde el comienzo. Es de vital importancia tener las cosas claras cuando se empieza una serie, porque entonces la experiencia de verla entera a lo largo de los años adquiere un nuevo nivel de significado. Hijos de la anarquía ha sido, dicho sin segundas intenciones, todo un viaje. Un viaje violento, existencial, corrompido con manipulaciones, mentiras y amor. Amor de madre, de padre, de hermanos, de hijos. Amor a la tragedia clásica, con el Hamlet de William Shakespeare como referencia constante desde el principio, y hasta el final. Y del amor a odio, como se dice, hay un paso. Y la serie está repleta de odio, de decisiones que enemistan para siempre, pecados imperdonables y una atmósfera de muerte sobrevolando cada fotograma. Esa es la parte buena de la serie, porque también ha estado vertebrada por una opción narrativa que presentaba conflictos no especialmente interesantes. Con decenas de persecuciones en moto, charlas explicativas donde los moteros discuten sus opciones, violentas tramas autoconclusivas, maquinaciones y más maquinaciones de los personajes. El tapiz de relaciones personales era tan tupido que se necesitaban momentos donde los personajes se sentaran a hablar de lo que les estaba pasando, y en esas escenas es donde la serie perdía más. Quizá eran necesarias, pero también creaban una rutina impropia del convulso ADN de una serie donde la barbarie dolía. Cuando la violencia es a veces tan exagerada que anestesia al espectador, aquí cada herida sangrante, cada brutal agresión, hacía que el espectador se viera afectado casi físicamente. El via crucis de los personajes tenía que ser tortuoso, porque nadie está limpio en este mundo.

    A nivel argumental, la serie se ha regido por tramas que el creador ha cultivado durante años, y cuyo centro de atracción es el club que da título a la serie. Latinos, nazis, negros, irlandeses y asiáticos, todos en facciones criminales que han cruzado caminos con limpieza en las siete temporadas, sin que los guiones fuercen sus encuentros. Una vez Jax se quiera cortar todos los lazos ilegítimos y sacar dinero de forma legal, entrará también en escena el negocio del porno y una casa de citas. Esto le ha dado a la serie una idea global muy lograda, perfecta para transmitir la sensación de Charming como ciudad sin ley tradicionalmente hablando, donde el más astuto era el ganador. En las primeras temporadas se podía ver una corriente de idealismo en lo que SAMCRO hacía para mejorar la vida de los ciudadanos, pero el desarrollo de la serie trajo una pérdida de la inocencia como consecuencia de la inmersión de Jax en la gestión del club.

    por Adrián González Viña
    diciembre 21, 2014

    Crítica en serie | Hijos de la anarquía (2008-2014). Análisis final

    La quijotesca tarea de dar bien las noticias

    crítica a The Newsroom (2012-2014) | Balance final

    HBO | 3 temporadas: 25 capítulos | EE.UU, 2012, 2013, 2014. Creador: Aaron Sorkin. Directores: Alan Poul, Greg Mottola, Anthony Hemingway, Jeremy Podeswa, Lesli Linka Glatter, otros. Guionistas: Aaron Sorkin, Gideon Yago y Dana Ledoux Miller, Elizabeth Peterson, Jon Lovett, Deborah Schoeneman como argumentistas. Reparto: Jeff Daniels, Emily Mortimer, John Gallagher Jr., Alison Pill, Thomas Sadoski, Sam Waterston, Olivia Munn, Chris Chalk, Margaret Hudson, Charlie Weirauch, Adina Porter, John F. Carpenter, Wynn Everett, Thomas Matthews, Dev Patel, David Harbour, Chris Messina, Marcia Gay Harden, Riley Voekel, Grace Gummer, Jane Fonda, Kelen Coleman, Hope Davis. Fotografía: Todd McMullen, David J. Miller, Barry Ackroyd. Música: Alex Wurman, Johnny Klimek, Jeff Beal.

    Cuando se anunció, poco después de ganar el Óscar por la extraordinaria La red social (The social network, David Fincher, 2010), que Aaron Sorkin volvía a la televisión con una serie para HBO, saltaron las alarmas de todo aquel aficionado a la pequeña pantalla, ya que la larga ausencia de una serie del guionista en nuestras pantallas se notaba. Terminada The newsroom hace unos días tras tres temporadas y unos escasos 25 capítulos, cabe plantearse si el regreso de Aaron Sorkin a la pequeña pantalla estaba condenado desde antes de nacer a vivir como lo ha hecho, con ataques constantes y críticas que han ido desde razonables hasta demenciales. El hombre ha sufrido estas acometidas con resignación, capacidad de reacción en algunos casos (cada temporada ha sido distinta a la anterior, casi como un catálogo de muestras para la audiencia) y la determinación de aprender la lección. ¿Resultado? No se ve trabajando en televisión de nuevo, y es que como él mismo apuntó con elocuencia: “He hecho cuatro series, y solo una fue El ala oeste de la Casa Blanca”. Es cierto que Studio 60 (2006-2007) fue cancelada tras una temporada, pero el caso de Sports Night (1998-2000) y The newsroom es distinto porque ambas terminaron por decisión del propio responsible. De hecho, HBO renovó la serie por una tercera temporada, hecho que fue prematuramente confirmado por Jeff Daniels en Twitter, ya que destapó una verdad: que era el propio Sorkin el que no sabía si quería hacer otra temporada. Esto revela que cadena y equipo estaban de acuerdo con contar más historias, pero faltaba la voz decisiva para poner en marcha la maquinaria. Election night: part II (2.9) cerraba la historia de manera que podría considerarse un final decente, aunque no satisfactorio. La historia sigue con que el oscarizado guionista encontró unas ideas que le gustaban lo suficiente para vertebrar una última ración de seis capítulos, y así finiquitar la historia con tiempo y planeando las cosas. Así lo ha hecho, y así tenemos en What kind of day it has been (3.6) una conclusión bastante lograda, aunque no especialmente sorprendente. Como curiosidad, destacar que Aaron Sorkin ha titulado en todas sus series un final de temporada con esta frase, reflejando la interconexión entre sus trabajos. Y es que el escritor es uno de los pocos en su gremio que ha logrado hacerse un nombre tan popular, con un estilo personal e intransferible que repite temás y bebe de las eternas fuentes de inspiración.

    The newsroom trata sobre la complicada misión en que un equipo de redactores y técnicos se embarcan para ofrecer el mejor tratamiento informativo posible en un telediario de máxima audiencia. Por mediación de Charlie Skinner, director de la empresa de noticias de una gran multinacional, Will McAvoy (excelente Jeff Daniels, ganador de un Emmy por su trabajo) cambia el enfoque complaciente y servicial de su informativo cuando su ex-novia Mackenzie McHale acepta el trabajo de productora en el programa. El enfoque agresivo de la mujer y su compañero Jim Harper, curtidos en periodismo de guerra, desatará una corriente de excitante cambio en el equipo de ACN, la empresa, que empezarán a diagnosticar los problemas del mundo y ofrecer un comentario crítico sobre el estado de las cosas, sin salvar a nadie. Y a esto es a lo que Aaron Sorkin se ha dedicado durante 25 interesantes entregas, a evidenciar muchos de los problemas de la sociedad y a convocar varias perspectivas en torno a ellos, poniéndolas en funcionamiento como mejor sabe: con diálogos. Diálogos gloriosos, veloces, inteligentes, relamidos y cargados de sentido. La estrategia era tan obvia como complicada de hacer: presentar un tema y escribir alrededor de él, haciendo que sea poliédrico y sin emitir ningún juicio certero del todo.

    por Adrián González Viña
    diciembre 21, 2014

    Crítica en serie | The Newsroom (2012-2014). Análisis final

    Black Mirror: White Christmas

    Las trampas de la mente

    crítica a Black Mirror: White Christmas (2014-).

    Especial de Navidad | Channel 4 | Reino Unido, 2014. Director: Carl Tibbetts. Guión: Charlie Brooker. Reparto: Jon Hamm, Rafe Spall, Oona Chaplin, Janet Montgomery, Rasmus Hardiker, Natalia Tena, Dan Li, Gráinne Keenan. Fotografía: George Steel. Música: Jon Opstad.

    La noticia de que Charlie Brooker había decidido escribir, por primera vez desde su estreno en 2011, un especial de Navidad para Black mirror se supo el pasado verano, y fue sin duda una de las mayores alegrías del momento. Casi dos años después de la segunda temporada, la antología de terror tecnológico por excelencia regresa a nuestras pantallas con el relato más largo hasta la fecha y aquel de narrativas más condensadas. Hasta cuatro historias tienen lugar de forma interconectada a lo largo de estos estupendos 74 minutos de metraje, y es mérito del guionista que cada una de las tramas fluya con independencia y sin trompicones de ritmo. Si las seis historias contadas hasta la fecha en Black mirror acreditaban a Brooker como un maestro del relato portátil, White Christmas lo lanza a otra dimensión. Tiene menos de media hora para contar cada una de estas parábolas sobre los avances tecnológicos, y lo logra sacar adelante con nota. Todo es entendible sin ser obvio, y los múltiples giros de guión están muy bien dosificados. El mejor ejemplo de esto se da en la primera de las historias, la relación entre Harry y Jennifer en una fiesta de empresa y una lección de narraciones cruzadas y capacidad de desasosegar con un cambio sutil de tono.

    Con la dirección de Carl Tibbetts, responsable del mejor capítulo de la serie hasta el momento, White bear (2.2), el creador empieza su narración lanzando al espectador a lo desconocido. Un hombre se despierta en una cabaña sitiada por la nieve y sus haces de luz blanco y se dirige hacia la cocina, donde otro hombre cocina un almuerzo navideño. Sus gestos, palabras y actitudes nos informan de que están atrapados en el lugar desde hace un lustro, y que el primero no habla mucho con el segundo. Son Potter y Matt (espléndidos Rafe Spall y Jon Hamm), y por la insistencia del segundo, vamos a saber cómo acabaron en esa especie de sitio de castigo. Y lo que sigue es lo que ha hecho de Black mirror una de las series más especiales de los últimos años: la descripción de un futuro cercano donde la tecnología está integrada en la sociedad hasta límites malsanos. En este caso, todos los protagonistas tienen puestas de manera permanente unas lentillas Zed, que permite no solo alterar la vista sino bloquear a la gente en la vida real. Este bloqueo, crucial en la historia, impide a la gente a la que se le impone hablar y escuchar a la persona que lo ha impuesto, además de verlos como una silueta indeterminada. También está presente la perversión de la función de las lentillas con una conexión externa que permite compartir la visión, que es a lo que se dedica Matt, o también la posibilidad de hacer una copia de uno mismo en forma de inteligencia artificial, ya sea para ayudar a controlar tu vida o con fines más oscuros. La descripción de estos procedimientos y lo realistas que parecen son el fuerte de la serie, cuyos responsables han sido siempre capaces de crear una atmósfera inquietante y limpia. Como la narración está capitaneada por el personaje de Hamm, que curiosamente declaró su admiración por la serie en una mesa redonda para The Hollywood Reporter hace unos meses, gran parte de la peripecia tiene un tono de sorna, porque Matt es un personaje cínico que está de vuelta de todo.

    por Adrián González Viña
    diciembre 21, 2014

    Crítica en serie | Black Mirror: White Christmas

    Eludiendo culpas y salvando vidas

    crítica a Getting On (2013-) | Temporada 2

    HBO / 2ª temporada: 6 capítulos | EE.UU, 2014. Creadores: Mark V. Olsen & Will Scheffer. Directores: Howard Deutch, Becky Martin, Miguel Arteta. Guionistas: Mark V. Olsen & Will Scheffer. Reparto: Laurie Metcalf, Alex Borstein, Niecy Nash, Mel Rodríguez, Ann Guilbert, Mark Harelik, Brandon Fobbs, Joel Johnstone, Lindsey Kraft, Kimberly Celemen, Mary Kay Place, Jayma Mays, Alia Shawkat, Kasey Mahaffy. Fotografía: Rodney Taylor.

    Hubo que esperar desde finales de diciembre hasta mediados de febrero para saber que HBO había decidido renovar Getting on por una segunda temporada, cumpliendo una de sus máximas más populares: es la cadena que potencia la parte creativa sobre la financiera. Aunque algunas de sus series no consiguieron una nueva oportunidad de seguir contando sus historias, otras sí que lo han hecho. La parte negativa del trato es que la cadena solo les daba a los creadores Mark V. Olsen & Will Scheffer otros seis capítulos, y de nuevo una franja complicada para aumentar el número de seguidores: noviembre/diciembre. A su favor, decir que se ha emitido junto a la despedida de The newsroom (2012-2014) y la inesperada segunda temporada de The comeback (2005-), así que no se puede decir que el gigante del premium cable no esté tratando de asentarla en su parrilla. Los números no han mejorado especialmente, así que estamos ante la misma situación que hace un año, con la duda sobre si Getting on tendrá una nueva ración de capítulos. Quizá previsores de esto, los creadores y de nuevo únicos guionistas han dejado la temporada en suspenso, tanto con un cliffhanger de peso muy bien trazado a lo largo de los seis episodios como con una escena impactante y completamente simbólica de la voluntad de la serie para quedarse, para resistir un poco más.

    Lo mejor que se puede decir de esta temporada es que no se ha hecho ninguna modificación de peso para querer complacer a nadie ni atraer una mayor audiencia de manera facilona. No. Se retoma la actividad del ala de cuidados a mayores del hospital donde trabajan los protagonistas un tiempo después del final de la primera tanda, con Dawn y Patsy envueltos en una relación bastante estable, Jenna batallando para sacar adelante su estudio fecal y Didi equilibrando su vida personal y profesional. Continúa el retrato de una sociedad egoísta como la que vivimos, donde los adultos se dedican a eludir responsabilidades, pasarse la pelota unos a otros y a no comunicarse. En un momento dado, Didi comenta un serio problema a Patsy, a lo que éste replica sin pararse a pensarlo que no puede lidiar con eso ahora mismo con lo que tiene encima. Es un instante perfecto que sirve como medida de lo que aquí se ofrece, una visión de la sociedad donde cada uno está demasiado ocupado escuchándose a sí mismo y asegurándose de que sus necesidades están cubiertas para poder oír al otro. Y eso da lugar a un bucle del absurdo, especialmente visible en las escenas donde los trabajadores del hospital se reúnen de manera oficial para discutir asuntos ridículos (el jabón abrasivo, las quejas sobre “esclavismo”) o serios (la foto genital, los fondos mal invertidos), pero siempre priorizando lo que cada uno siente y defendiendo su pequeña parcela de dominio. Esto es lo que nutre cómicamente a la serie y proporciona algunos de los momentos más divertidos, aunque también más desesperantes.

    por Adrián González Viña
    diciembre 21, 2014

    Crítica en serie | Getting On (Temporada 2)

    American Horror Story: Freak Show (4x10)

    Empieza la interconexión

    crítica a Orphans (4x10) | American Horror Story: Freak Show.

    FX | EE.UU, 2014. Director: Bradley Buecker. Guión: James Wong. Creadores: Ryan Murphy & Brad Falchuk. Reparto: Sarah Paulson, Evan Peters, Michael Chiklis, Denis O´Hare, Emma Roberts, Angela Bassett, Jessica Lange, Naomi Grossman, Lily Rabe, Celia Weston, Mare Winningham, Matthew Glave, Malcolm-Jamal Warner, Jyoti Amge, Erika Ervin, Mat Fraser, Rose Siggins. Fotografía: Michael Goi. Música: Mac Quayle.

    Guste más o menos, y al abajo firmante le ha gustado mucho, este episodio de American horror story, el número 48, hará historia. Y es que hasta hace unos meses, siempre se había sostenido que las historias de la franquicia (Murder House, Asylum, Coven, Freak show) existían en mundos independientes, lo cual propiciaba la gran novedad de la apuesta: repetir intérpretes que cada año interpretarían personajes nuevos y, con suerte, opuestos a los del año anterior. Pero en julio se filtró una hoja de rodaje en la que parecía que Naomi Grossman repetiría el papel de Pepper (de Asylum) en Freak show, situada doce años antes en el tiempo. En septiembre se confirmó esto, y entonces comenzaron las teorías. Muchos lo acabaron achacando a un guiño simpático de los guionistas, pero entonces se supo que Lily Rabe volvería a ser la hermana Mary Eunice en esta entrega, hecho que propició que el co-creador Ryan Murphy confirmara lo que muchos decían cada vez más: las temporadas están comectadas. Con el tiempo iremos sabiendo más del nexo. Es difícil que la explicación final sea satisfactoria, aunque esta gente sabe lo que se hace. ¿Cuál será la conexión de las narraciones del terror? ¿Reencarnación, vidas pasadas? Hagan sus cábalas, que así lo quieren ellos. Todo esto se vio por fin realizado en pantalla hace unos días, y el resultado fue de lo más satisfactorio para el nostálgico. Ver a Lily Rabe dando vida a la Mary Eunice pre-posesión demoniaca ha sido una delicia, amén de la participación de Mare Winningham dando vida a la hermana de Pepper, en una nueva encarnación tras ser la madre incestuosa de Kyle en Coven. Es curioso ver como se retoma un hecho que Pepper nos contó en The name game (2.10), el asesinato de un bebé que le valió a la mujer el ingreso en Briarclif.

    La parte más emotiva del capítulo recayó en los recuerdos y futuro de estos personajes. Es sin duda el episodio más conmovedor de Freak show, lo cual tampoco es decir mucho para una serie que prima el impacto sobre la lágrima. La historia comienza con la muerte de Salty, el marido de Pepper, lo que lanza a la mujer a un estado de desconsuelo irreparable. Elsa decide entonces contarle a Desiree cómo empezó su colección de monstruos, y resulta que Pepper fue la primera. Más tarde llegarían Ma Petite y el resto de los integrandes del espectáculo, pero el vínculo entre la alemana y la microcefálica era especial. Tanto, que Elsa se preocupa de darle un hogar ante lo que cree es su inminente partida a Hollywood. Así es como Pepper acaba en casa de su hermana, donde será violada por su cuñado para que la pareja pueda tener un bebé, criatura que será deforme y despertará instintos asesinos en el matrimonio. La historia es mucho más triste entonces de lo que sabíamos, ya que Lucas era de Pepper y su mutilación y muerte una simple estrategia para ser libres de una carga. La segunda mitad del episodio está dedicada al completo a relatar esta historia, dejando claro por el camino que Naomi Grossman es una actriz espléndida y, gran sorpresa, que en 1958 Elsa será la reina de la televisión. Un detalle que descoloca y crea muchas cuestiones y con el que los guionistas nos lanzan el parón navideño, hasta que la serie retome las emisiones de sus tres últimas entregas el 7 de enero.

    por Adrián González Viña
    diciembre 21, 2014

    Recap | American Horror Story: Freak Show (4x10)

    Emociones habladas

    crítica a Tupperware Party Massacre (4x09) | American Horror Story: Freak Show.

    FX | EE.UU, 2014. Director: Loni Peristere. Guión: Brad Falchuk. Creadores: Ryan Murphy & Brad Falchuk. Reparto: Sarah Paulson, Evan Peters, Michael Chiklis, Frances Conroy, Denis O´Hare, Emma Roberts, Finn Wittrock, Angela Bassett, Kathy Bates, Jessica Lange, Naomi Grossman, Gabourey Sidibe, Chrissy Metz, Malcolm-Jamal Warner, Jyoti Amge, Erika Ervin, Mat Fraser, Rose Siggins. Fotografía: Michael Goi. Música: Mac Quayle.

    Este extraño episodio, ante el cual el primer impulso puede ser calificarlo de flojo, de lioso o de mal escrito, puede a la vez ser una de las entregas más estimulantes que la franquicia American horror story ha dado en sus más de tres años de vida. Escrito por el co-creador Brad Falchuk, la narración se concentra principalmente en los diálogos, a veces hasta en forma de intensos monólogos donde los personajes lidian con su torturada psique. Desde el comienzo de la temporada, el abajo firmante ha pensado que la intención de los guionistas, la tesis de la temporada, era hablar de la Otredad y su rechazo. Pero pasan los capítulos y ese leitmotiv pierde fuerza, hasta el punto de que toca plantearse si esa era realmente la idea detrás de este espectáculo de rarezas en la Florida de 1952. Con nueve capítulos vistos, quizá la tesis sea la locura que puede producir la insatisfacción personal, el no poder vivir lo que uno quiere como quiere. Todos los personajes viven frustrados porque lo que más desean se les escapa, porque parecen incapaces de lograrlo. Y Falchuk aprovecha estos 43 minutos de metraje para recapitular y verbalizar varias de las obsesiones de los protagonistas. Sobran algunas repeticiones, pero el talento del superlativo reparto hace que los momentos conjuren una especie de magia que hipnotiza. En este episodio en concreto, Finn Wittrock está espléndido en la demente seguridad en sí mismo de Dandy, desde la secuencia de arranque con Maggie hasta las charlas con Regina y el policía. La Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood parece estar de acuerdo también, ya que Jessica Lange y Kathy Bates han recibido sendas nominaciones a los Globos de Oro por su trabajo en Freak show.

    Hablando de Bates, el asesinato de su personaje en el último capítulo sembraba la duda de si la actriz desaparecería del resto de la temporada, pero Tupperware party massacre resuelve la incógnita al usar a Ethel como espíritu atrapado en la frágil mente de Jimmy y Dell, ya que ambos la ven en momentos de derrumbe máximo. El hijo de la Mujer Barbuda está ahogando sus penas botella tras botella, además de redirigiendo sus afectos de la forma más malsana. Ima representa tanto una opción fácil de complacer como una suerte de figura maternal, con ese abrazo cálido que le hace sentir reconfortado. La aparición de Ethel para Dell no es la única para el Hombre Forzudo, ya que mientras firma una nota de suicidio por no poder vivir con su homosexualidad reprimida ni un segundo más, Ma Petite aparece como un destello ante sus ebrios ojos. Todo el segmento de la caravana del hombre, desde sus intentos de empezar a escribir la nota hasta que Desiree corta la soga, es muy intenso. Freak show sigue yendo más lejos cada semana en su interés por representar estados de malestar, aquí conseguido con el cambio de perspectiva de Dell mientras se ahorca (vemos su forcejeo con la soga tanto desde sus ojos como desde fuera, y es muy agobiante).

    por Adrián González Viña
    diciembre 21, 2014

    Recap | American Horror Story: Freak Show (4x09)

    Polonia y Suecia, mano a mano por el Óscar

    Seminalistas por el Óscar 2015 a la Mejor Película de Habla No Inglesa.

    Si hay una categoría atractiva en los Óscar es la dedicada a la producción foránea. Principalmente, por el extraño criterio de los académicos, auténticos devoradores de favoritos y outsiders. A sus ojos, poco importan Cannes, Berlín, Venecia, San Sebastián o los EFA; una mirada endogámica donde temática, duración y estilo se debe acercar al canon anglosajón. En los Óscar no hay lugar fijo para experimentos, auteurs o enfant terribles. Sí, en cambio, para eminencias y actores estrella que retornan a sus naciones de origen otorgando ese plus de interés. Dicho esto, no se puede tildar de desacertado el primer corte del apartado anunciado esta semana, con los nueve títulos que buscarán esos cinco huecos de febrero en Los Ángeles. Ida (Polonia), Leviatán (Rusia) y Fuerza mayor (Suecia), parecían las fijas de la temporada; y los pronósticos se han cumplido. La cinta de Pawel Pawlikowski es la gran favorita, por calidad y por palmarés –que contiene 5 Premios del Cine Europeo, FIPRESCI en Toronto, y los máximos galardones en Londres y Gijón— pero no hay que perder de vista a Fuerza mayor, de Ruben Östlund, que se ha hecho fuerte entre la crítica. Los otros dos lugares restantes están abiertos a cualquier tipo de opción. Aparentemente, una de las sensaciones del año, Relatos salvajes (Argentina), debería formar de la partida. La ganadora de Karlovy Vary, la sensacional Corn Island, es, también, una posibilidad muy válida. Igual que la representante de Estonia, Tangerines, nominada al Globo de Oro. Sendas propuestas retratan de diferente modo el conflicto georgiano-abjasio. Completan la terna de nueve, la representante de Países Bajos, Lucia de B. (que en breve estará en EAM de la mano de Andrés Tallón), la estupenda Timbuktu (Mauritania), una de las mejores obras de la pasada edición de Cannes, y, la venezolana Libertador, biopic de Simón Bolívar encabezado por Édgar Ramírez.

    Argentina: Relatos salvajes, de Damián Szifrón.
    Estonia: Tangerines, de Zaza Urushadze.
    Georgia: Corn Island, de George Ovashvili.
    Mauritania: Timbuktu, de Abderrahmane Sissako.
    Países Bajos: Lucia de B., de Paula van der Oest.
    Polonia: Ida, de Paweł Pawlikowski.
    Rusia: Leviatán, de Andrey Zvyagintsev.
    Suecia: Fuerza mayor, de Ruben Östlund.
    Venezuela: Libertador, de Alberto Arvelo.

    Las ausencias

    Casi tan protagonistas como las elegidas. Este año destaca la no-elección de Mommy, de Xavier Dolan; Dos días, una noche, de los hermanos Dardenne; y, Sueño de invierno, de Nuri Bilge Ceylan. En el caso de la primera, se veía venir. Los premios de la crítica y los Globos de Oro ya la habían ignorado. Aún le queda al joven cineasta canadiense para hacerse un nombre kilómetros más abajo. Para Estados Unidos, Almodóvar solo hay uno. Sorprende un poco más la ausencia de Dos días, una noche, básicamente porque su protagonista tiene muchas opciones de entrar en la sección de Mejor actriz principal. El alegato laboral de los hermanos belgas, sin embargo, tenía pocas chances de calar en la ortodoxia norteamericana. Lo mismo ocurre con la verbosidad que desprende la obra de Nuri Bilge Ceylan, Palma de Oro de Cannes. Su más de tres horas son una losa complicada para un espectador acostumbrado a los 120 minutos. Seguramente, el director otomano ni se habrá inmutado ante la decisión. No podemos decir lo mismo del enfant canadiense que ha mostrado su decepción en la red. Otras cintas que pudieran haber formado en el listado final sin provocar recelo eran White God (Hungría), El capital humano (Italia), No quiero volver solito (Brasil), Matar a un hombre (Chile), Saint-Laurent (Francia) o Little England (Grecia). ¿Y España? ¿Qué decir? La película de David Trueba, Vivir es fácil con los ojos cerrados, es más que notable pero no es lo que el académico estadounidense demanda, tampoco ha tenido una campaña potente. La opción era 10.000 km, cine independiente de ejecución original. Habrá que esperar, de nuevo, al director manchego para volver a sentir esos nervios en los aledaños del Kodak Theatre.

    Los tráileres de las nueve preseleccionadas


    por Emilio Luna
    diciembre 21, 2014

    9 películas lucharán por el Óscar de habla no inglesa


    Perdida, una de las tapadas de la carrera, consigue su primera victoria en Nevada (NFCS), asociación que celebra la cuarta edición de sus premios anuales. Además del triunfo del filme de Fincher, interesantes ganadores con Dan Gilroy, Ellar Coltrane y los galardones técnicos a Interstellar.

    Mejor película: Perdida
    Mejor director: Dan Gilroy por Nightcrawler
    Mejor actor protagonista: Jake Gyllenhaal por Nightcrawler
    Mejor actriz protagonista: Rosamund Pike por Perdida
    Mejor actor secundario: J.K. Simmons por Whiplash
    Mejor actriz secundaria: Patricia Arquette por Boyhood y Jessica Chastain por A Most Violent Year
    Mejor intérprete joven: Ellar Coltrane por Boyhood
    Mejor reparto: Guardianes de la galaxia
    Mejor película de animación: Big Hero 6
    Mejor documental: Citizenfour
    Mejor fotografía: Interstellar
    Mejor diseño de producción: El gran hotel Budapest
    Mejores efectos visuales: Interstellar
    por Emilio Luna
    diciembre 20, 2014

    Premios de la Crítica de Nevada 2014


    El círculo de críticos de Florida (FFCC, 1996) ha elegido a Birdman como mejor película del año en una selección de premios bastante repartidos y donde sobresale El gran hotel Budapest con 3 entorchados. La segunda parte de The Raid ha dado la sorpresa en el apartado foráneo imponiéndose a Fuerza mayor e Ida.

    MEJOR PELÍCULA

    Birdman ✪
    Boyhood [2º puesto]
    El gran hotel Budapest

    MEJOR DIRECTOR

    Wes Anderson, El gran hotel Budapest
    Alejandro Gonzalez Iñárritu, Birdman [2º puesto]
    Richard Linklater, Boyhood ✪

    MEJOR ACTOR PROTAGONISTA

    Jake Gyllenhaal, Nightcrawler [2º puesto]
    Michael Keaton, Birdman ✪
    Eddie Redmayne, La teoría del todo

    MEJOR ACTRIZ PROTAGONISTA

    Julianne Moore, Siempre Alice [2º puesto]
    Rosamund Pike, Perdida
    Reese Witherspoon, Alma salvaje ✪

    MEJOR ACTOR SECUNDARIO

    Edward Norton, Birdman [2º puesto]
    Mark Ruffalo, Foxcatcher
    J.K. Simmons, Whiplash ✪

    MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA

    Patricia Arquette, Boyhood ✪
    Jessica Chastain, A Most Violent Year
    Emma Stone, Birdman [2º puesto]

    MEJOR GUIÓN ORIGINAL

    Birdman [2º puesto]
    Boyhood
    El gran hotel Budapest ✪

    MEJOR GUIÓN ADAPTADO

    Perdida ✪
    Inherent Vice [2º puesto]
    La teoría del todo

    MEJOR PELÍCULA DE HABLA NO INGLESA

    Ida
    Fuerza mayor [2º puesto]
    The Raid 2 ✪

    MEJOR PELÍCULA DE ANIMACIÓN

    Big Hero 6
    Cómo entrenar a tu dragón 2 [2º puesto]
    La Lego película ✪

    MEJOR DOCUMENTAL

    Citizenfour ✪
    Life Itself [2º puesto]
    Jodorowsky’s Dune

    MEJOR FOTOGRAFÍA

    Birdman
    El gran hotel Budapest [2º puesto]
    Interstellar ✪

    MEJOR DIRECCIÓN DE ARTE

    El gran hotel Budapest ✪
    Interstellar [2º puesto]
    Into the Woods

    MEJOR BANDA SONORA

    Perdida [2º puesto]
    Interstellar
    Under the Skin ✪

    MEJOR REPARTO

    Birdman [2º puesto]
    Boyhood
    El gran hotel Budapest ✪

    MEJORES EFECTOS VISUALES

    El amanecer en el planeta de los simios
    Guardianes de la galaxia [2º puesto]
    Interstellar ✪

    PREMIO REVELACIÓN PAULINE KAEL

    Pauline Kael Breakout Award
    Jennifer Kent, The Babadook
    Damien Chazelle, Whiplash ✪
    Gugu Mbatha-Raw, Belle/Beyond the Lights [2º puesto]
    por Emilio Luna
    diciembre 20, 2014

    Premios de la Crítica de Florida 2014

    Estrenos

    Premios

    • Cuaderno de viaje: análisis visual y narrativo de Twin Peaks

      «Aviso al lector: este texto, como la anterior entrega que publicamos, está plagado de spoilers que detallan información de los capítulos reseñados. Está concebido con la esperanza de ser un acompañamiento a las experiencias de visionado previas de cada uno, y como tal asume la incompletitud de su análisis. Ni ofrece, ni lo pretende, una lectura totalizadora de la serie. Sino una serie de fragmentos rescatados, puestos en una relación más o menos arbitraria y leídos bajo una serie de constantes que se adivinan en Lynch, pero que quizá tengan mucho de las propias inquietudes de quien escribe...».
    • El cine de Maya Deren. Una mirada a su filmografía

      «La consolidación de la mujer en la industria del cine es algo tan reciente y, por desgracia, tan condenado a un inevitable período de reafirmación presumiblemente extenso, que resulta muy difícil establecer una lectura del papel femenino en el cine y, mucho menos, en el cine de vanguardia, pues su relación parece más coincidente que desencadenante. Sólo en las últimas entregas de los grandes festivales, ha sido motivo de indignación y debate la ausencia de una participación femenina más cuantiosa...».
    • El tedio según Sofia Coppola

      «Si nos detenemos a analizar la filmografía de Sofía Coppola, encontramos un denominador común en todas sus historias. Los personajes que retrata la realizadora neoyorquina están embriagados por el aburrimiento, por una sensación de pesadumbre que les arrastra y que, de un modo u otro, actúa como catalizador de sus actos. Puede ser un elemento impuesto, como ocurre en Las vírgenes suicidas, y del que solo hay una manera de escapar; que viene dado por el entorno, como en Lost in translation, donde se materializa en un sentimiento de extrañeza que acaba por unir a dos almas solitarias...».

    Festivales

    Extras

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