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    Epicedio appassionato.
    Solo el fin del mundo, de Xavier Dolan.

    Los héroes están muertos

    Laura Pulver (Sherlock)

    Apasionante deconstrucción del héroe en televisión

    crítica a Los héroes están muertos (2014) | Dolmen Editorial.

    Lo que proponen Juan J. Vargas-Iglesias y sus 25 compañeros en Los héroes están muertos no es fácil. Ahí es nada la tarea de hablar de una figura tan generalmente difusa como es la del héroe. Pero aún más si se emplaza en la televisión actual, verdadero caldo de cultivo para las propuestas más variadas, originales, rompedoras y subversivas que uno puede encontrar en el mundo audiovisual. En un momento cinematográfico donde el superhéroe parece ser lo que más lleva a la gente al cine, en televisión es su anverso oscuro lo que mejor funciona. Antihéroe, villano, antivillano... da igual cómo se llame. El coordinador y su equipo componen, logrando la estimable hazaña de sonar como una misma voz, sin muchas disonancias, un repaso a los últimos 15 años de televisión, con especial énfasis en la influencia de los atentados del 11 de septiembre de 2001 y el estallido de la crisis económica, además de vistazos fuera de Estados Unidos, concretamente a Japón y Reino Unido.

    La lectura de este libro, tan interesante y rica en contexto, es puro deleite para el espectador que se pregunta qué hay detrás del producto final que consume. Aquel interesado en los discursos subterráneos o los detrás de las cámaras. Su lectura propicia una reflexión sobre las cargas ideológicas que lleva cualquier creación artística, y más la audiovisual, que trata de contar una historia articulando imagen y sonido para llevarlo a otro nivel de consciencia. Además, la televisión es para muchos un medio ante el que relajar la mente, de forma que los mensajes son más fáciles de asumir. Muchas de las series seleccionadas en este generoso volumen se asocian con el entretenimiento, otras ofrecen sus regalos internos para la audiencia más atenta y algunas pueden ser pura novedad, como lo fueron para el abajo firmante. La selección no se encorseta en la visión única del país por excelencia en cuanto a calidad televisiva se refiere, sino que abre las fronteras para reflexionar sobre el interesante concepto del héroe en Oriente o la entidad heroica británica atravesada por viajes temporales. Se pueden achacar ausencias que el lector considere importantes, pero por algo es una selección. No están todas las que son, pero sí son todas las que están.

    Boardwalk Empire
    Boardwalk Empire (2010-2014, HBO)

    El libro se divide en tres grandes bloques, una decisión útil aunque solo sea porque la compartimentación de los conceptos ayuda mejor a digerirlos. Cada uno tiene sus correspondientes series, donde los autores explicarán en un espacio de entre seis y diez páginas su posición dentro del discurso global del libro. Los autores enarbolan alegatos de todo tipo, desde los densamente teóricos (Juego de tronos -pág. 289-, Deadwood -pág. 191-, el fascinante capítulo sobre Doctor Who -pág. 199-), los que razonan y argumentan de manera accesible su discurso (The Shield -pág. 29-, Boardwalk empire -pág. 153-, The walking dead -pág. 261-) y los que además son capaces de ser críticos con el contenido de la serie (Fringe y la domesticación de la heroína, -pág. 239-). Hay espacio para la bienvenida sorpresa (¿Cómo conocí a vuestra madre, Hora de aventuras?) y ante todo una referencia constante a los grandes nombres que sembraron el camino con sus reflexiones para sostener las teorías aquí esgrimidas. Se habla de la figura del héroe como mera construcción cultural, la superación moral del villano, la simpatía de los malvados o nuestro deseo oculto de ser como ellos en su momento más bajo (moralmente). No se olvida tampoco la faceta lúdica del heroísmo entendido como juego (Sherlock -pág. 59, imagen de cabecera- , Hora de aventuras -pág. 271-) y su concepción diametralmente opuesta, la cuestión de vida o muerte (24 -pág. 19-, Monster -pág. 173-, The walking dead). Los bloques son:

    ■  La forja del centinela -pág. 18-: 24, The Shield, The wire, House, Sherlock, Arrow, Homeland / El héroe como guardián de la seguridad y las consecuencias de la presión de su trabajo sobre él.

    ■  El buen villano -pág. 94-: Los Soprano, Nip/Tuck, Cómo conocí a vuestra madre, Dexter, Mad Men, Breaking bad, Boardwalk empire / El villano/antihéroe como protagonista y su poder empático.

    ■  Un mundo extraño -pág. 162-: Firefly, Monster, Perdidos, Deadwood, Doctor Who, Life on Mars, Héroes, Death note, Fringe, True blood, The walking dead, Hora de aventuras, Grimm, Juego de tronos / Lo heroico fuera de lo común, con la irrupción del fantástico o maravilloso, incluida la religión, como desafío a lo real.

    Matthew McConaughey en True Detective
    True Detective (2014-, HBO)

    Para rematar, unas páginas sobre True detective (La imposibilidad del epílogo, -pág. 299-) que evidencian no solo la novedosa propuesta de Nic Pizzolatto sino el carácter mutante de un discurso que continúa ofreciendo estímulos. Uno dudaba sobre la idoneidad de escribir sobre una serie que en ese momento no tenía ni seis meses de edad, pero la explicación de Vargas-Iglesias hace su inclusión pertinente y nada oportunista. El tiempo es un factor a tener en cuenta cuando se escribe sobre series. De la misma manera que el certero análisis sobre Breaking bad (pág. 145) la completa en su totalidad, los 62 capítulos, el ocurrente repaso a Cómo conocí a vuestra madre -pág. 115- y en concreto la argumentación alrededor de Barney como héroe/villano/honorable/sombra/hombre light está limitado por el hecho de que la serie no había terminado en el momento de la escritura. También se da el caso de series que sí habían terminado (Dexter -pág. 125-, Nip/Tuck -pág. 105-) pero cuyo final no cuajaba con el tono de la diatriba. Esto no es un repaso al desarrollo de las series, sino un ambicioso y humilde intento, acertado siempre, de explicar los discursos que los creadores y showrunners ofrecen con la serie.

    El sustrato es lo que importa en una recopilación jugosa y libre de prejuicios (el purista puede arquear la ceja ante la presencia de Arrow o True blood en las páginas) que deconstruye la noción del protagonista cuyo viaje seguimos. La implicación emocional del espectador es vital para cimentar una audiencia fiel, pero Los héroes están muertos alude a algo más profundo. Las series están siempre planteadas de manera que sigamos a un protagonista, con una historia construida, de forma compleja, para que él nos importe. También existe una fantasía alrededor de este héroe/antihéroe/villano: el hombre que hace cosas, sean buenas, terribles, cuestionables o irreprochables, y al que no podemos evitar apoyar porque es una representación de una fantasía masculina que a la gente le encanta ver en acción. Todo está más validado en el terreno de la ficción. Y el libro apunta esto al cuestionarse la figura de Tony Soprano, Rick Grimes, Nicholas Brody o Walter White.

    Anna Torv en Fringe
    Fringe (2008-2013, FOX)

    ¿Y qué pasa con ellas? Solo cuatro autores se centran en las mujeres. Víctor Hernández-Santaolalla y Javier Lozano Delmar en su capítulo sobre Homeland (“Héroes rotos, good villains, terrorismo y televisión”), donde hablan de la heroína/antinheroína (pág. 90) con Carrie Mathison y las protagonistas de Weeds, Nurse Jackie, United States of Tara o Daños y perjuicios, la única posible villana injustificable del grupo. Elisa G. McCausland y sus escritos sobre Firefly (“El espíritu de la frontera tras el 11-S”) y Fringe (“La ciencia ficción como excusa”), casi cara y cruz del empoderamiento modelo Joss Whedon (págs. 167-169) y la sumisión de Olivia Dunham ante el ideal masculino en cinco temporadas (págs. 141-143). Y Milagros Expósito Barea con True blood (“El fantástico mundo de Sookie Stackhouse”) y la doble variante de heroína de la protagonista (págs. 257-258).

    No es una lectura ligera porque hay una profusa fundamentación teórica en lo contado, siendo esto muy positivo porque da una coartada sólida a las intenciones de los firmantes. Es lo que diferencia Los héroes están muertos de un libro sobre televisión escrito por fans que tengan cosas que decir pero que al final se quedan en la superficie e incluyen muchas fotos y descripciones. A veces parece incluso que la teoría ahoga el potencial lúdico de la serie en cuestión, como para refutar cualquier duda de la seriedad de la empresa. Es necesaria para que la disertación general sea coherente. Y sin destacar ninguna aportación sobre otra, ya que todas están recorridas por la pasión ante las series y ofrecen una penetrante reflexión sobre sus mecanismos interiores. Eso sí, algunos de los datos ofrecidos no son correctos (Deadwood acabó en 2006, no en 2007; Pizzolatto escribió en The killing, no The following), pero son parte comprensible del factor humano en un tomo de autoría múltiple. Comprendiéndolo, se puede disfrutar, y mucho, de Los héroes están muertos. Es un libro imprescindible para entender mejor la ficción seriada de nuestros días y los discursos cambiantes del poder que se filtran en el espectáculo de masas.

    Adrián González Viña
    Redacción Sevilla


    Los héroes están muertos
    de Juan J. Vargas-Iglesias (2014), coordinador
    con las aportaciones de Miguel Á. Refoyo, Javier Alcázar, Mónica Barrientos Bueno, Diego Matos Agudo, Víctor Hernández-Santaolalla, Javier Lozano Delmar, Antonio Macarro, Ana I. Barragán, María del Mar Ramírez Alvarado, Inmaculada Gordillo, Cristina Pérez de Algaba Chicano, Óscar García, Joaquín Marín Montín, Elisa G. McCausland, Miguel Á. Pérez-Gómez, Virginia Guarinos, Luis Navarrete-Cardero, Mario Barranco Navea, Carmen Itamad Cremades Romero, Sergio Cobo Durán, Irene Raya Bravo, Francisco Javier López Rodríguez, Milagros Expósito Barea, José Patricio Pérez Rufi, José María Calvo Moreno.
    editorial | Dolmen Editorial
    ISBN | 978-84-15932-42-0
    precio | 19,95 €
    nº de páginas | 318 | encuadernación | Tapa dura
    ★★★★
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