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    52 FICX | Día 7

    Concrete Clouds

    La segunda mitad del planisferio

    Crónica de la séptima jornada de la 52ª edición del Festival de Gijón.

    La presencia de Vivian Qu marcó el arranque del día, con el pase de prensa de su debut como directora, Trap Street. No obstante, Qu llegaba con sus credenciales como productora de la ganadora del Oso de Oro del último Festival de Berlín, Black Coal Thin Ice, y por eso había bastante expectación y esperanzas puestas en su primer paso como realizadora, con el que pretende hacer una crítica a la vigilancia a la que estamos sometidos en la sociedad actual y, muy particularmente, en la china, donde estos sistemas ya están normalizados. Trap Street compite en la Sección Oficial del festival. Al igual que la coproducción El 5 de Talleres, de Adrián Biniez, una comedia sobre la vida después del fútbol, la religión incondicional de las masas. Una propuesta, en un principio, a tener en cuenta buscando, sobre todo, el porcentaje de crítica que podría encontrarse en ella. Finalmente acaba siendo más bien la historia de una crisis de edad en clave de comedia. Fuera de competición y en la Sección Convergencias se proyectaba la película tailandesa Concrete Clouds, de Lee Chatamatikool, su primer largometraje tras una valorada carrera como editor de montaje, donde aborda una historia a cuatro bandas sobre la pérdida y la soledad. Una cinta de corte muy intimista y existencial.

    Trap Street

    Trap Street (Shuiyin jie, Vivian Qu, China, 2013)

    Li Qiuming trabaja como topógrafo para una empresa, manteniendo actualizados los planos de la ciudad. Un día tiene un encuentro casual con una joven por la que queda fascinado y vuelve a la calle donde la vio para buscarla. Precisamente, esa calle no aparece en los mapas y nunca queda registrada. La investigación que Li inicia por su cuenta sobre esa calle es lo que le hará verse envuelto en problemas. Partiendo de este argumento que sobre papel resulta interesante, Qu desarrolla una historia que queda deslavazada, sin profundizar en las dos vertientes que abre. Por un lado, el relato que podríamos enmarcar como comedia romántica entre sus protagonistas, que en realidad queda en simple amago mojigato, carente de fuerza interpretativa o de química alguna. Resulta torpe y poco creíble. Y por otro, el intento también de crear una línea de suspense con respecto a la investigación que inicia Li sobre la calle que no aparece en los mapas. Ninguna de las dos tramas arrancan o tienen el ritmo adecuado, que se vuelve soporífero, difícil de seguir o incluso de entender. No hay conclusiones, ni pistas ni alicientes para el espectador. Con el motor de estas dos tramas encendidas el protagonista comienza un proceso de paranoia personal sobre el hecho de ser visto, escuchado, vigilado o perseguido. Si existe una crítica a la vigilancia excesiva en las sociedad actuales tampoco la encontramos, y desde luego no se transmite esa sensación de desasosiego o ahogo que pudiera producir dicha situación. Tal vez debido a la falta de carga dramática en los actores pero, sobre todo, por la falta de profundidad y motivación en ambos ejes narrativos. Ni con un atlas saldría indemne Qu. | ★★★ |

    El 5 de Talleres

    El 5 de Talleres (Adrián Biniez, Uruguay, 2014)

    Patón Bonassiolle tiene 35 años y es capitán de fútbol del Talleres de Remedios de Escalada, un equipo de la primera C argentina. En todo su entorno el fútbol se vive como una religión y él ha disfrutado en gran medida de un status cercano al de héroe por ello, pero su carrera se va acercando a su fin y tendrá que reciclarse y replantearse la vida después del deporte rey. A pesar de ser una comedia de testosterona, hay una crítica, leve y tratada con mano suave, a las sociedades en las que el fútbol y sus jugadores son tratados como dioses. Patón ve cómo tiene que replantearse su medio de vida, decidir a qué puede dedicarse, en ese camino de reinvención que sigue al abandono del balompié. Hasta ese momento, ha tenido todo el apoyo de su entorno y su educación o cultura han quedado en un segundo plano. Ha vivido en cierta forma una vida de adolescente al que se le permite vivir su sueño. El 5 de talleres se centra más en el proceso de superación del protagonista que un reproche a esta doctrina procompetitiva imperante. Al alejarse de crítica más negra y mordaz, pierde interés y originalidad. A fin de cuentas no deja de ser un filme sobre la crisis cronológica. Una comedia bastante blanca, donde la nota alta se la llevan los actores cuya naturalidad es la que sostiene la atención del espectador, sobre todo el papel de Ale (esposa de Patón), interpretado por Julieta Zylberberg, a la que vimos en relatos Salvajes. Es una sátira entretenida con momentos divertidos cuya temática seguro que resultará atractiva a quienes gusten de esa religión extrema llamada fútbol. A los demás nos ha regalado hora y media de entretenimiento, que no es poco. | ★★ |

    Concrete Clouds

    Concrete Clouds (Pavang rak, Lee Chatametikool, Tailandia, 2014)

    Mutt vuelve a Tailanda tras varios años en los Estados Unidos, a causa de la muerte de su padre, para ocuparse su hermano pequeño Nic. En ese retorno a su país natal se reencontrará con Sai, un antiguo amor de juventud que ha reconducido su carrera. Mutt afrontará una crisis existencial que no es solo personal e individual también se extiende al resto de protagonistas. El tono de la película es tremendamente intimista y lúgubre, lo que la hace por momentos inaccesible o demasiado grandilocuente. Discurre en gran medida en espacios cerrados, con poca luz, por la noche o al atardecer, aumentando la sensación de soledad. La crisis existencial que afronta Mutt tras la muerte de su padre y la vuelta a su país, es compartida con los otros tres protagonistas, todo ellos aquejados por el miedo al abandono, a la separación o al sentimiento de pérdida. Pero, sobre todo, habla de la tentación de querer volver al pasado como quien se aferra a un clavo ardiendo, que es el caso de Mutt queriendo recuperar su historia con Sai. Y enfoca el tema de la melancolía desde dos perspectivas muy separadas en el tiempo: la de Mutt y Sai ya como adultos y la de Nic y su novia como adolescentes que se ven abocados a una posible separación. El ritmo tan lento y sombrío sí transmite bien esa sensación de desamparo sentimental pero sin lograr emocionar. Y eso que su maravilloso envoltorio visual es un potente apoyo. Chatamatikool completa su particular visión de crisis existencial con la inserción de canciones pop a modo de karaoke desconcertante o videoclip adolescente melodramático, según el caso. Y la verdad es que no ayuda mucho pensar que los temas planteados se puedan solventar vía radio fórmula. En definitiva, Concrete Clouds es un compendio de reflexiones existenciales, acertadas pero aburridas. | ★★★★ |


    Eva Hernando Romero
    Enviada especial a la 52ª edición del Festival de Gijón
    Feelmakers

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