Introduce tu búsqueda

  • In sanguis veritas.
    The neon demon, de Nicolas Winding Refn.

    ¿Cuántos poetas se necesitan para elogiar a una ciudad?
    Paterson, de Jim Jarmusch.

    El castigo de Hedoné.
    La doncella, de Park Chan-wook.

    Especial Oscar Race 2017.

    Epicedio appassionato.
    Solo el fin del mundo, de Xavier Dolan.

    Crítica | Sorrow and Joy, de Nils Malmros

    Sorrow and Joy, de Nils Malmros

    El extraño que vive en nosotros

    crítica a Sorrow and Joy (Sorg og glæde, Nils Malmros, Dinamarca, 2013).

    Nils Malmros recibía en esta edición del festival compostelano uno de los tres premios Cineuropa (los dos restantes caen en manos del productor Paolo Branco y de la actriz Barbara Lennie protagonista de Magical Girl). En su discurso previo al visionado de esta gélida y brillante Sorrow and Joy (Sorg og glæde en su danés original), este cineasta de la Europa septentrional, con más de una decena de títulos a sus espaldas, nos contaba que todas sus películas versan en el fondo sobre el amor no correspondido, la imposibilidad de amar o la necesidad de aprender a querer. Y nos advertía, con razón, de que su nueva obra no es una de esas historias que hacen sentir bien a los espectadores, pero que esperaba que este drama infundiese en nosotros una catarsis. Si existen filmes capaces de liberar la angustia que anida en su público o que funcionan como una pastilla para quitar penas colocada debajo de la lengua, este trabajo no pertenece a esa clase. Tras los créditos finales, regresaremos a la realidad con un considerable peso en los hombros y una comezón en las tripas, en parte porque Malmros confirma con serenidad lo autobiográfico de una historia capaz de estremecer al más imperturbable. Imposible no sentirse afligido o furioso ante lo que vemos, una odisea conyugal contada con acierto desde un distanciamiento estético y narrativo que la hace fría y a la vez sobrecogedora. El creador danés nos lleva de la mano a las peores cicatrices de su propio febrero de 1984, momento en el que su mujer, conducida por la enajenación mental, degolló a su hija de nueve meses en su hogar mientras el director impartía clase en una universidad en la isla de Fionia. Es paradójico el hecho de que a priori el argumento nos pueda resultar una losa insoportable, una idea incluso demasiado retorcida para germinar una película, y descubramos de antemano que precisamente, nos hallamos frente a una creación artística fruto del dolor y ula experiencia que desemboca en una cinta con ineludible trasfondo metacinematográfico. Un reflejo catártico de algo terrible, un intento de canalizar la rabia y demostrar la supervivencia del amor doméstico bajo las peores circunstancias. Una triste alegoría que hace justicia a ese sabio dicho de que la vida sigue.

    Partir de una vivencia tan traumática, tomar la decisión de llevarla al cine con otros nombres y escoger un tratamiento adecuado para que la historia permanezca pura y no se corrompa en un afectado melodrama o se empape de morbo ya es de por sí un ejercicio complicado. Malmros halla afortunadamente el tono adecuado y nos sumerge (y aquí el verbo sumergir es casi literal, porque visionar Sorrow and Joy es bajar a las profundidades abisales de un infierno cotidiano, y penetrar en el subconsciente y en la memoria de unos personajes perversos y destruidos) en un relato circular cuya sordidez reside en una marcada óptica impersonal. Malmros prefiere no adornar con artificios ni recursos lacrimógenos aquella fracción espantosa de su propia vida trasladada a la de otros y decide escribir un guión escandalosamente perturbador, un texto inteligente que nos horroriza primero con la consciencia de la trágica muerte de Marie y luego nos permite desentrañar los altibajos matrimoniales, el trastorno bipolar y la alexitimia emocional que atraviesa la relación de pareja. Precisamente, el poso que deja el filme al finalizar se fundamenta más en el amor que en la tragedia, en ese amor enfermo, vapuleado y flaco que sobrevive a meses de pesadilla e insomnio. Los escenarios semiluminados, las potentes secuencias invernales, los colores gélidos y los días oscuros que bajo la dirección fotográfica de Jan Weincke acogen los encuadres de la historia corroboran el estado psíquico de sus personajes y pesan en la retina del espectador.

    Sorrow and Joy, de Nils Malmros

    Los protagonistas son Johannes, alter ego de su creador e interpretado por un grave y acertadísimo Jacob Cedergren, y su frágil y cambiante esposa Signe, un magnífico papel de Helle Fragalid. Los contrastes entre la psique de ambos ocupan el papel central en el largometraje, pues las fantásticas actuaciones y las líneas de diálogo sutiles, perversas y duras nos mostrarán lo complejo de un amor turbulento y de dos perfiles psicológicos casi antagónicos. Cuando Johannes regresa de trabajar una noche a su domicilio y las luces de la cocina no están encendidas, su intuición ya se inclina por el fatalismo inminente. Su esposa ha degollado, presa de un brote psicótico, a su hija de nueve meses, y la mayor parte del metraje acontece a partir de entonces en el hospital psiquiátrico, combinando el tiempo real con los flashbacks regresivos que nos dan cuenta de los comienzos y pormenores de la relación sentimental de ambos. El mayor potencial argumental de la historia se halla en su centro, y se trata de la profunda conversación que el protagonista, al principio reticente, entabla con el psicólogo encargado del caso (Nicolas Bro), con el que desguaza y revisa los problemas que desde hace años atañen a su matrimonio. Así pues, con ese viaje visual al pasado empezamos a palpar el contorno de las personalidades de un tándem peliaguado; la de un hombre introvertido, director enamorado del séptimo arte, a veces frío, distante, incómodo, contenido y la de una mujer de pasado familiar lleno de heridas, profesora con vocación en un centro infantil, celosa, dulce, obsesiva, fascinada, ávida de amor y aprobación. Podremos atisbar en ellos componentes pertenecientes a un imaginario erótico implícito pero inmoral, perversiones psicológicas que remiten al daño, al deseo, al malo que nos atemoriza cada mañana en el espejo. Y también al perdón, la expiación de la culpa representada en todos aquellos padres del colegio que redimen a Signe a través de su petición de regreso y que arrojan un poco de luz sobre tanto negro.

    La buena acogida de Sorrow and Joy se tradujo en la presencia de la cinta en festivales como Roma Edimburgo, las once nominaciones a los Premios Robert 2013, entre las que Helle Fagralid logró hacerse con el galardón a la mejor actriz, y, sobre todo, su elección como candidata a Mejor Película Extranjera de los próximos Oscars. Tras su proyección en Santiago de Compostela, más de uno le daría la estatuilla dorada. Malmros explora y rasca la costra de la herida sin miedo al recuerdo y alzando una voz narrativa muy personal. Nos regala este cuento sobre la fragilidad, el amor y el fatalismo, llenándolo también de depravación sexual y sentimental y ambigüedad emocional. Sentiremos perplejidad, turbación y desorden, contendremos nuestras glándulas, gestionaremos los pocos miligramos de esperanza, y sabremos que la experiencia, aunque sórdida, merece la pena. | ★★ |

    Andrea Núñez-Torrón Stock
    Redacción Santiago de Compostela


    Ficha técnica
    Dinamarca, 2013, Sorg og glæde (Sorrow and Joy). Director: Nils Malmros. Guión: Nils Malmros, John Mogensen. Productora: Nordisk Film Production A/S. Fotografía: Jan Weincke, DFF. Música: Jan Juhler. Reparto: Jakob Cedergren, Helle Fagralid, Nicolas Bro, Ida Dwinger, Kristian Halken, Maja Dybboe. Presentación oficial: 70 Mostra de Venecia.


    Póster Sorrow and Joy, de Nils Malmros
    Feelmakers

    0 comentarios:

    Publicar un comentario en la entrada

    "Sueñen. Vean cine."

    Críticas

    Classics

    • Retrospectiva de Jacques Becker

      Por José Luis Forte / «A golpe de escoplo y martillo un hombre perfora el suelo de hormigón de una celda. Cada impacto hace saltar esquirlas y polvo de cemento en una tarea que se nos antoja imposible. Hay poco tiempo, el ruido es infernal, los guardias de la prisión pueden pasar en cualquier momento y solo la casualidad de que haya obras en el edificio permite que los golpes no llamen la atención. Como un péndulo que marca los segundos con una perfección milimétrica, como gotas de agua que fueran cayendo de un grifo inagotable, la secuencia del trabajo se desarrolla maquinalmente, pero es un hombre quien incansable mantiene el hipnótico ritmo».
    • El cine de Hou Hsiao-Hsien, un espacio para habitar. Apuntes sobre The Assassin

      Por Miguel Muñoz Garnica. «Estamos en el sur de Taiwán, a principios de los años cincuenta. Un pueblecito rural de calles sin pavimentar y casas humildes donde las duchas con agua caliente se dan calentando un barreño de agua sobre una hoguera. Un grupo de niños, descalzos y vestidos de blanco, juega con peonzas en la plaza del pueblo».
    • Las 10 mejores películas de Akira Kurosawa

      Por José Luis Forte. «De nuevo el juego está en marcha, como diría nuestro adorado Sherlock Holmes: destacar las diez mejores obras de un director de cine. En esta ocasión es el gran Akira Kurosawa el elegido, quizá el autor japonés más popular y con más merecido prestigio de la lejana isla. Y otra vez nos encontramos con la habitual problemática: dejar fuera películas que deberían incluirse en la lista».

    Premios

    Festivales

    [12][Trailers][slider3top]