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    Crítica | Muerte en Buenos Aires

    Muerte en Buenos Aires

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    crítica a Muerte en Buenos Aires (2014), dirigida por Natalia Meta. | ★★★ |

    Nada es lo que parece, reza la frase promocional de Muerte en Buenos Aires (2014), primer trabajo tras las cámaras de Natalia Meta. Por una vez y sin que sirva de precedente, la publicidad no engaña, ya que si existe un calificativo que le venga como anillo al dedo a este arriesgado cóctel de cine negro en su vertiente más clásica, imposible romance homosexual y sorprendentes gotas de humor, ese es el de imprevisible. Apoyada por un generoso presupuesto que se refleja en una perfecta ambientación y un interesante look visual, la película se ambienta en el Buenos Aires de la década de los 80, mostrando cómo la corrupción y la doble moral invadía a las altas esferas de la justicia y las clases sociales más adineradas. La historia se inicia con la aparición del cuerpo sin vida de un maduro millonario que, al parecer, ha sido asesinado en su cama mientras mantenía relaciones sexuales con alguno de sus amantes ocasionales. El escándalo sería enorme si los detalles del crimen se hicieran públicos, por lo que la policía se ve obligada a mantener una forzada discreción sobre el mismo. Dos personajes muy diferentes se ponen al mando de la investigación. Por un lado, el inspector Chávez, con un amplio historial a sus espaldas, rudo y de vuelta de todo. Por otro, el joven e impulsivo agente Gómez, alias El Ganso, cuyo poderoso físico resulta perfecto para inmiscuirse en los ambientes gays en donde se movía la víctima, para así intentar acercarse al asesino.

    El mexicano Damién Bichir se pone en la piel de Chávez, supliendo un acento porteño algo impostado con su acostumbrada energía y presencia escénica, mientras que Chino Darín, el vástago de Ricardo Darín, consigue robarle todos los planos gracias a su magnética mirada y unas innatas dotes de seductor que le vienen de perlas a su ambiguo personaje. La química entre ambos es notable, respirándose una tensión sexual insospechada para tratarse de dos roles, en principio, heterosexuales, con sus respectivas familias creadas. La galería de secundarios es muy viva, desde el cocainómano Comisario Sanfilippo –al que da vida un ocurrente Hugo Arana– hasta Kevin, un artista homosexual que será relevante en la ejecución de la investigación. Éste último está encarnado con gran acierto por Carlos Casella, que también se ocupa de interpretar los temas musicales que componen la espectacular y muy ochentera banda sonora del filme. Resulta curiosa la manera en que las canciones acompañan, casi a modo de culebrón, a la evolución de la relación entre los dos compañeros de patrulla, con la tensión y enemistad inicial dando paso a unos sentimientos más cercanos al deseo y los celos obsesivos. Esto hace que lo que podría haberse convertido en un turbio thriller criminal al estilo de A la caza (William Friedkin, 1980) o de Plata quemada (Marcelo Piñeyro, 2000) –con las que comparte intriga con trasfondo homosexual– se muestre más cercano a la tragicomedia propia del Pedro Almodóvar de sus inicios, casi una especie de La ley del deseo (1986) en clave policial.

    Muerte en Buenos Aires

    No estamos ante una cinta perfecta, ni mucho menos. El espectador debe dejar los prejuicios a un lado y no ser demasiado exigente con la credibilidad del relato para poder disfrutar plenamente de un filme travieso y divertido, que va desvelando sus trucos con suficiente gracia como para mantenerle atento hasta su desenlace. Muerte en Buenos Aires es una atípica buddy movie que parece más preocupada en extraer impagables momentos homoeróticos de Darín que en la tradicional ensalada de tiros y acción propia de este tipo de obras. Es un trabajo en el que la forma está en todo momento por encima del fondo, priorizando más el cómo se cuenta la historia que ésta en sí misma. Meta aprueba con buena nota en su primer asalto como directora, no sólo a nivel visual, donde ha entregado un filme de factura elegante y colorista –las escenas que se desarrollan en el interior de la discoteca Manila, especialmente, rescatan muy bien el liberal espíritu de los 80–, sino también a la hora de llevar a buen puerto una historia tan kamikaze, bebiendo del film noir americano de los 40, sus ambientes y sus tics, para acabar ofreciendo algo totalmente nuevo y diferente. Solo por este descaro, ya merece un voto de confianza la película. | ★★ |

    Jose Antonio Martín
    redacción Las Palmas de Gran Canaria


    Ficha técnica
    Argentina. 2014. Título original: Muerte en Buenos Aires. Directora: Natalia Meta. Guión: Natalia Meta, Laura Farhi, Gustavo Malajovich, Luz Orlando Brennan. Productora: Utópica Group / Picnic Producciones. Fotografía: Rolo Pulpeiro, Marcelo Lavintman, Guillermo Nieto. Música: Daniel Melero. Montaje: Eliane D. Katz. Intérpretes: Demián Bichir, Chino Darín, Mónica Antonópulos, Carlos Casella, Emilio Disi, Luisa Kuliok, Jorgelina Aruzzi, Hugo Arana, Gino Renni, Humberto Tortonese, Fabián Arenillas.


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